☰ menú
 


listado de poemas en audio por primeros versos letra c

a-b-c-d-e-f-g-h-i-j-k-l-m-n-o-p-q-r-s-t-u-v-w-x-y-z

286 poemas con la letra "c"

1 2 3 4 5 6 > .

Los doce apóstoles mandan por Tamayo de Alejandro Aura
Caballeros sentados en el éter cantaban espasmódicas salmodias y en el gusto y color de sus melodías dibujábanse gréculas de suéter, grequillas de zigzagues como el rayo, cenefas que entreveran masallases, columnatas, ribetes, antifaces, hojitas de septiembre, enero y mayo. Pensando entretener eternidades...
Ifigenia Cruel (III) de Alfonso Reyes
Cabra de sol y Amaltea de plata que, en la última ráfaga, suspiras aire de rosas, palabras de liras, sueño de sombras que los astros desata; al viejo Dios leche difusa y grata, y, del reflejo mismo en que te miras, hacendosa hilandera, porque estiras en hebra y copos el vellón...
Luego de Rolando Faget
cada casa encontrada toda calle que tenga un nombre antiguo sol / retama la madreselva aún cierta capilla el fino atardecer del arrabalde crepusculea aún y hay sol entero ardiente invierno pueblo aquestas gentes aquel la hermana aquel la río comarca de sol de invierno hirviente pueblo entero comarca el alto ocre ...
Noticia de Juan Bañuelos
Cada día al llegar a la oficina Saludamos con ese ademán Dejado a la costumbre, Nos miramos la risa polvorienta, Queremos que alguien hable por teléfono Y callamos. Los días van escribiendo en nosotros, Nos sellan como actas de juzgado Y luego hablamos de ellos Como si fueran personas conocidas...
Cada día levanto... de Rubén Bonifaz Nuño
Cada día levanto, entre mi corazón y el sufrimiento que tú sabes hacer, una delgada pared, un muro simple. Con trabajo solícito, con material de paz, con silenciosos bienamados instantes, alzo un muro que rompes cada día. No estás para saberlo. Cuando a solas camino...
Noche proteica de Carmen Alardín
Cada hora vendrá un hombre distinto. Llegará con la voz distorsionada por el zureo de las aves y ensayará el papel de amante sobre el cuerpo fugaz de la mujer de arena. Cada hora distinta un hombre nuevo renacerá en tu carne y será como amar todos los hombres sobre la tierra muerta...
A tientas de Fabio Morábito
Cada libro que escribo me envejece, me vuelve un descreído. Escribo en contra de mis pensamientos y en contra del ruido de mis hábitos. Con cada libro pago un viaje que no hice. En cada página que acabo cumplo con un acuerdo, me digo adiós desde lo más recóndito, pero sin alcanzar a ir muy lejos...
Ese gran simulacro de Mario Benedetti
Cada vez que nos dan clases de amnesia como si nunca hubieran existido los combustibles ojos del alma o los labios de la pena huérfana cada vez que nos dan clases de amnesia y nos conminan a borrar la ebriedad del sufrimiento me convenzo de que mi región no es la farándula de otros...
La voz más voz de Saúl Ibargoyen
Cada voz que llega a la punta de tus dedos: trae ronqueras de fiebre transporta rasguidos chillidos chasquidos abriéndose un rumbo casual entre gargantas de celo y agonía? ¿Es la voz de aquella niña con su sombrero de fibras azules con sus camisas de pálida transparencia...
Partida de Enrique Díez-Canedo
Cádiz es amigo ejemplar. Te trae a bordo, y, al zarpar, te dice adiós. El mar y el cielo te envuelven, y entre cielo y mar todavía ves blanquear su temblor de último pañuelo...
Alma Atrapada de Nuria del Saz
Cae la noche y venzo al sueño, el perfume de la enredadera es grato y con sus amorosas hojas me invita a descansar... La noche, ¡ah, la penumbra lunar! Modelo despierta la propia fantasía que se cuela entre las rejas. Un segundo sí, un minuto no: ladronzuela de lo cierto que me intenta devorar......
Serenidad de Julio Torres Recinos
Cae la noche. Los remeros dejan de hablar y descansan. Sólo el mar con sus aguas tienta el barco. Tengo miedo. Me hablas de mi hijo. Ha crecido solo y no tiene padre. Triste época, Penélope, triste tiempo para andar de país en país y oír la palabra extranjero en boca de la gente...
A una flor inmersa de Alí Chumacero
Cae la rosa, cae atravesando el agua, lenta por el cristal de sombra en que su tallo ahoga; desciende imperceptible, clara, ingrávida, pura y las olas la cubren, la desnudan, la vuelven a su aroma, hácenla navegante por la savia que de la tierra nace y asciende temblorosa...
La cajita de Olinalá de Gabriela Mistral
Cajita mía de Olinalá palo-rosa jacaranda. Cuando la abro de golpe da su olor de Reina de Sabá. ¡Ay, bocanada tropical clavo, caoba y el copal! La pongo aquí la dejo allá por corredores viene y va. Hierve de grecas como un país nopal, venado Codorniz. Los volcanes de gran cerviz...
Callados, por la tarde, gravemente de Carilda Oliver Labra
Callados, por la tarde, gravemente, sin elegir el sitio de la tierra, tú y yo nos besaremos como en guerra hasta quedarnos fríos frente a frente. Yo, cada vez más tumba que se ahonda, tú, cada vez más carne renovada, acaso llames y jamás responda cuando te vuelvas en mi cuerpo nada...
Lagarto de Jorge Fernández Granados
Camina como un dragón caído que fue despojado del fuego y de las alas. Sobreviviente de una raza de gigantes, hoy luce el agazapado apetito de la demora, el lento, hastiado zigzaguear de un pesimista. Es una piedra en el centro del desierto. Hay otro tiempo detrás de sus ojos...
Caminando de Nicolás Guillén
Caminando, caminando, ¡caminando! Voy sin rumbo caminando, caminando; voy sin plata caminando, caminando; voy muy triste caminando, caminando. Está lejos quien me busca, caminando; quien me espera está más lejos, caminando; y ya empeñé mi guitarra, caminando...
Romanzón de Carlos Martínez Rivas
Caminantes camineros de Madrid a San Sebastián hemos visto cómo toda la tierra está cantada por el mar. Y al borde de tu misa oímos un océano universal y el rumor de todas las hostias que se venían a quebrar. (...) Y caminantes camineros sacamos en claro esta verdad...
A un viejo poeta de Jorge Luis Borges
Caminas por el campo de Castilla y casi no lo ves. Un intrincado versículo de Juan es tu cuidado y apenas reparaste en la amarilla puesta del sol. La vaga luz delira y en el confín del Este se dilata esa luna de escarnio y de escarlata que es acaso el espejo de la Ira. Alzas los ojos y la miras...
Camino bajo el sol de Saúl Pérez Gadea
Camino bajo el sol, los pensamientos quemados por la luz de un claro día. Una rueda descansa en mis ideas, una grieta el amor abre en sí mismo: tierra roja hasta ser sangre quemada, verde horizonte de escarpada loma sobre el cansancio de algún mal antiguo...
Ultimo viaje de Enrique González Martínez
Camino del silencio se ha ido. Va adelante de mí. Lleva su antorcha a salvo ya de la traición del aire. Va musitando el verso que no pudo decir la última tarde. Se perdió su sonrisa, y en sus ojos tiembla el hondo pavor del que ya sabe. Lo llamo, lo persigo. Ya no vuelve el rostro a mí...
Ruinas del cafetal de los franceses, la Gran Piedra, Sierra Maestra de Eliseo Diego
Campana virginal, la pequeñita de timbre claro, pero no inocente ¿qué te hacemos decir entre la lluvia, campana virginal, vieja terrible, con tu voz pura de revés de infierno? Desde el piso de arriba, el de los amos, mal oliente a humedad, a ruina y nada...
Canto (II) de Mario Bojórquez
Campo de cebollas Para tu triste deambular Con la brisa bordeando Su hoja espiritual En el surco de llamas Abriéndose En la hendidura de la tierra Con su fruto amargo Su corazón de aire En el cielo apretado Su puño de miserias Decantado licor De almendras amarillas...
Mancha de sol de Rogelio Sinán
Campo traviesa, cansada, con el hijo en el cuadril, la moza va hacia el lejano cuchitril. El sol coloca en los árboles sus moneditas de oro. Y el niño suelta la fuente de su lloro... La rapaza saca el seno rozagante a se lo dar... El niño bebe. Ella ríe. Y echa a andar...
Negra sombra (gallego) de Rosalía de Castro
Cando penso que te fuches, Negra sombra que m asombras, Ô pe d os meus cabezales Tornas facéndome mofa. Cando maxino qu ês ida N o mesmo sol te m amostras, Y eres a estrela que brila, Y eres o vento que zóa. Si cantan, ês tí que cantas, Si choran, ês tí que choras...
Versos, etc de Saúl Ibargoyen
Cansado en re menor y sin sustancia: circunstanciado de mí entre palotes que un trágico niño escribe en su cuaderno: extremoso en frágiles cuidados y en cuitas de insolente singladura: caminado por adentro del zapato que ayer nomás perdió su ardiente suela...
Et noctem quietam concedt dominus... de Julio Herrera y Reissig
Canta la noche salvaje sus ventriloquias de Congo, en un gangoso diptongo de guturación salvaje... La luna muda su viaje de astrólogo girasol, y olímpico caracol, proverbial de los oráculos hunde en el mar sus tentáculos, hipnotizado del sol. Sueña Rodenbach su ambigua quimera azul...
Sonatina en la bemol (noche morena) de León de Greiff
Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Metido por la noche los hilos teje de su cántiga: hilos de bronce que son los hilos ásperos de su tedio; hilos de sangre de su corazón, hilos de laboriosa araña -hilos de seda- que es el ensueño que se arrebuja bajo su melena flava...
Sky line de José Lupiáñez
Cantan dulces baladas con los labios pintados, tienen los corazones rotos por el amor, llevan gemas sombrías en sus dedos tan pálidos y en sus frentes que un astro porque sí decoró. En las noches siniestras beben su bebedizo y pasean su amenaza con amargo desdén...
Cantar, Feliciana, intento... de Sor Juana Inés de la Cruz
Cantar, Feliciana, intento tu belleza celebrada; y pues ha de ser cantada, tú serás el instrumento. De tu cabeza adornada, dice mi amor sin recelo que los tiples de tu pelo la tienen tan entonada; pues con presunción no poca publica con voz süave que, como componer sabe, él solamente te toca...
Tango de Héctor Rosales
Canto con voz de tez dañada en esta soga de papel, canto a los puertos imposibles donde vive lo que tanto nos falta, y canto para vos, hermano timonel del mismo rumbo inmundo en que nos tocó perder. Canto con la rebeldía diezmada en los versos que la nada no acabó de roer...
La niña en el bosque de Eliseo Diego
Caperuza del alma, está en lo oscuro el lobo, donde nunca sospecharías, y te mira desde su roca de miseria, su soledad, su enorme hambre. Tú le preguntas: ¿por qué tienes esos ojos redondos?Y él responde, ciego, para mirarte mejor, llorando. Y en seguida tú vuelves...
En Flandes se ha puesto el sol (fragmento) de Eduardo Marquina
Capitán y español, no está avezado a curarse de herida que ha dejado intacto el corazón dentro del pecho. Ello, ocurrió de suerte que a los favores de un azar villano, pudo llegar el hierro hasta esa mano, que tuvo siempre en hierros a la muerte...
Carcomido es lo que se ve... de Eduardo Milán
Carcomido es lo que se ve, cortado cortada esa página amarilla por el tiempo en su flor, sus tijeras, las de cortar el abedul total, son invisibles. El hilo no: ven esa gente deshilándose, es otra deshilachándose. Lo que no se ve es el ovillo...
Elegía diferente de José Zacarías Tallet
Carlos, mi amigo Carlos, hoy hace varios años que te has muerto. (Mi corazón se encoge ante la persistencia tenaz de tu recuerdo.)Tú no has muerto del tifus ni de la meningitis, como dicen los médicos; Tú te has muerto de asco, de imposible o de tedio.¡Qué bien te conocía, Carlos Riera!...
La noche y el día (II) de José Bergamín
Carmela, más que nubes, más que nieves, más que plumas, que espumas, más que albores, tejen dorados hilos zurcidores la aurora de tu frente en copos leves. No separes tus ojos, no te lleves, gacela huida a tantos resplandores, sus dardos encendidos, heridores...
Delicta carnis de Amado Nervo
Carne, carne maldita que me apartas del cielo; carne tibia y rosada que me impeles al vicio; ya rasgué mis espaldas con cilicio y flagelo por vencer tus impulsos, y es en vano: ¡te anhelo a pesar del flagelo y a pesar del cilicio! Crucifico mi cuerpo con sagrados enojos, y se abraza a mis plantas...
Antiguallas de Francisco González Léon
Casas de mi lugar que tienden a desaparecer; raras casas que aun suelo yo encontrar. Es de ver la multitud de los patios empedrados; el brocal con arcadas de ladrillo, los arriates adosados a los muros (altos muros patinados y sin brillo) y la parra que se afianza entre sus grietas...
Casi en mi ser de Clara Silva
Casi en mi ser y por su ser paloma, sólo sé que mi sombra es su guarida, ciega en la luz su noche enrarecida pide mi vida y sólo muerte toma. Pico furtivo en su nocturno idioma sigue y persigue sangre perseguida, toma el morir y vive mi caída si a la vida se asoma o no se asoma...
Castellanos de Castilla (gallego) de Rosalía de Castro
Castellanos de Castilla, tratade ben ós gallegos; cando van, van como rosas; cando vén, vén como negros. Cando foi, iba sorrindo; can do veu, viña morrendo a luciña dos meus ollos, O amantiño do meu peito. Aquel máis que neve branco, aquel de dosuras cheio...
Como una llama de José Agustín Balseiro
Catador esencial de la hora plena, el amor fue mi gloria y mi pecado: que cada instante de placer y pena fue la flor de lo mucho que yo he amado. Bajo la frente de visión serena, cada afán fue un ardor encadenado: como en la playa de sedante arena calma el mar su ansiedad, no su pasado...
Cendal flotante de leve bruma... (Rima XV) de Gustavo Adolfo Bécquer
Cendal flotante de leve bruma, rizada cinta de blanca espuma, rumor sonoro de arpa de oro, beso del aura, onda de luz, eso eres tú. Tú, sombra aérea, que cuantas veces voy a tocarte, te desvanece como la llama, como el sonido, como la niebla, como el gemido del lago azul...
Oda al aceite de Pablo Neruda
Cerca del rumoroso cereal, de las olas del viento en las avenas, el olivo de volumen plateado, severo en su linaje, en su torcido corazón terrestre; las gráciles olivas pulidas por los dedos que hicieron la paloma y el caracol marino: verdes, innumerables, purísimos pezones de la naturaleza...
Figuras de Vilma Vargas
Cerca está el tiempo. En la arcilla se refrescan algunas formas; un hombre trabaja un cantero. Alguien levanta la voz que reposa en las piedras, oculto dice una alabanza a los jardines que un día recorrió, con la mitad del cuerpo hundida en la luz y la otra mitad hundida en la sombra...
Cántica de serrana de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita
Cerca la Tablada la sierra passada falleme con Alda a la madrugada. Ençima del puerto cuidéme ser muerto de nieve e de frío, e desse rucío e de grand elada. Ya ä la deçida, dï una corrida: fallé una serrana , fermosa, lozana, e bien colorada. Dixle yö a ella: Omíllome bella...
Amor constante más allá de la muerte de Francisco de Quevedo
Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día, y podrá desatar esta alma mía hora a su afán ansioso lisonjera; mas no, de esotra parte, en la ribera, dejará la memoria, en donde ardía: nadar sabe mi llama la agua fría, y perder el respeto a ley severa...
Cerraron sus ojos... (Rima LXXIII) de Gustavo Adolfo Bécquer
Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco lienzo; y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se salieron. La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho; y entre aquella sombra veíase a intervalos...
Esbozo para empezar un amor de Thelma Nava
Certero, como el que apunta al corazón dorado de la uva te aposentas en mí. Preciso como el aire de junio, la infatigable luz que se adormece en la tarde o el grito del flamenco desplazando inútiles ocasos. Por ti salgo a encender la pira de los sueños y a cosechar gardenias imposibles...
Delira el hombre de Juan Ríos
Certeza de estar aquí para siempre, no angélicas ilusiones opios celestes , quiere el Hombre, y su delgada muerte delira: Zarpazo de la mañana, lívido mediodía, cabeza ebria del tiempo, sombría permanencia, vino de los abismos, brutal brebaje eterno: ¡Yo veo, yo palpo, yo aspiro...
A una estatua de Alí Chumacero
Cesa tu voz y muere sobre tus labios mi alegría. No habrá palabra que en tu piel levante ni un incierto sabor de brisa oscurecida como el recuerdo que en mis ojos deja el paso de tu aliento, porque vives inmersa en tu silencio, impenetrable a mis sentidos...