|
25 poemas aleatorios | |
Ya vas rindiendo al tiempo su sórdida alcabala: este rastro de azufre de los hijos del trueno, este limón salobre que hiere la garganta y esta luz de atalaya sobre el cielo morado. Cuando todo presagia la noche por los templos, la soledad del eco gutural en las bocas, ... | |
Encontré el soneto sobre mi cama. Un olvido, aparentemente. Lo he leído a algunos amigos y me dicen que no lo publique, que en realidad no esmío, que no puede serlo, que lo será algún día... Aseguran que me estoy plagiando. ¿Admitirás que lo escribió ella? , me preguntan. Ella. ... | |
A la memoria de mi hijo Nemile Tekij Las araucarias saben que sus raíces sujetan la hamaca de tierra donde duerme el soñador Por sus follajes baja el sol con sus guitarras llenas de rock Las araucarias saben que deben mecerlo todo el tiempo hasta que un día despierte ... | |
Por donde quiera que escrudriña la mirada, sólo encuentra los pálidos pantanos de la Nada; flores marchitas, aves sin rumbo, nubes muertas... Ya no abrió nunca el cielo ni la tierra sus puertas! Días de lasitud, desesperanza y tedio; no hay más para la vida que el fúnebre remedio de la muerte, ... | |
Le digo al amanecer que venga pasito a paso, con su vestido de raso acabado de coser. El sinsonte vuelve ya a lavarse en el cantío... | |
Estoy sentado frente a un vaso de agua. Es igual que sentarse ante un océano. La eternidad se ahoga en una gota, pero el tiempo es un pálido velero. Sentado en popa miro el sol que nace. Sentado en proa miro el sol que muere. ... | |
Algunos años antes, hubo un día de los que dejan también su cicatriz. La luna estaba lejos, yo tenía apenas once años.En el aire del bar se respiraba ese humo espeso que enturbia las tardes y las desgobierna. Kennedy decía adiós al universo de un modo inesperado. Todos en el bar se miraron. ... | |
...Hay en mi corazón furias y penas... Quevedo (En 1934 fue escrito este poema. Cuántas cosas han sobrevidio desde entonces! España, donde lo escribí, es una cintura de ruinas. Ay! si con sólo una gota de poesía o de amor pudiéramos aplacar la ira del mundo, pero eso sólo lo pueden ... | |
Si turbia la razón y roto el sueño paso a ser una sombra entre mortales, quede de mí la luz que ahora me guía antes de ser mi sombra larga noche. Quede de mí la angustia y el anhelo y la risa y el llanto en esa espera. Que algunos ojos para verme un día se asomarán al mar donde me muevo. ... | |
Hoy pienso en el amor, siento la Vida Bullendo en torno a mí. En cada arbusto revelase, palpita enardecida con lascivias y mimos de querida y yo la miro así triste y adusto. Las magnolias entreábrense incitantes Con senos desnudos En que ponen luciolas palpitantes, Con raudos vuelos ... | |
Ligeramente tumefacta pero ofrecida con codicia, llegó la boca hasta el lindero de la precaria intimidad. Iban reptando las parejas que se apiñaban en lo oscuro: no se miraban, se sumían en un compendio de sudores, se convertían en secuaces de la penumbra suspensiva. ... | |
a Irma Egea Hay quien huye hacia dios, no soporta ver visible; otro que huye devorándose mermando su camino; los que huyen hacia la ebriedad y quieren parecerse a todo y están los que no huyen porque el mundo es tan grande como ellos, los mansos que se abren en la atmósfera, ... | |
delgados látigos hostigan tu ciudad sabes que todo está palpitando habitada de relámpagos musitas y el resplandor chasquea sin labios recuerdas penínsulas y besos pasadizos cambiantes y serpientes llena de centellas oscuras la luz se refracta pintando el lodo es poco lo que ilumina ... | |
La muerte del padre se alza en la ventana sale al espacio vestida de blanco. Por las escaleras interiores golpea su cuerpo descendido a hombros bajo espesa madera. Los hijos del padre cruzan las calles, el globo de la tierra gira sobre sus ojos. Están para estallar pero no sollozan. ... | |
Bajo el naranjo lava pañales de algodón. Tiene verdes los ojos y violeta la voz. ¡Ay, amor, bajo el naranjo en flor! El agua de la acequia iba llena de sol, en el olivarito cantaba un gorrión. ¡Ay, amor, bajo el naranjo en flor! Luego, cuando la Lola gaste todo el jabón, vendrán los torerillos. ... | |
De los cabellos pezuñas endiabladas, corazones configurados por la ausencia de los sonidos en la flor azul sobre el tejado rojo Los moribundos no alcanzaron la altura del disco rayado De los peregrinos sobre las huellas bajo los tallos gigantes en las axilas de la mujer santa. ... | |
En la sombra debajo de tierra, donde nunca llegó la mirada, se deslizan en curso infinito silenciosas corrientes de agua. Las primeras, al fin, sorprendidas, por el hierro que rocas taladra, en inmenso penacho de espumas hervorosas y límpidas saltan. Mas las otras, en densa ... | |
Uno es un ser Con toda la soledad que lo habita Uno es uno Con la sal del sol en la cara Uno es uno piedra insondable Carne donde supura Dios con sus evangelios y salmos Con sus yerbas y antibióticos Uno es uno ráfaga recurrente Entre huracanadas espinas Uno es uno entre pájaros... | |
Con los ojos de la despedida os vi aquel día, cosas de nuestra vida. Con los ojos de la despedida, la vida parecía una cosa perdida. La casa estaba vacía en la hora de la despedida, y sin embargo quedaban las cosas de nuestra vida. Fuente: Luz Méndez de la Vega | |
Por el perdón del mar nacen todas las playas sin razón y sin orden, una cada cien mares. Yo nací en una playa de África, mis padres me llevaron al norte, a una ciudad febril, hoy vivo en las montañas, me acostumbré a la altura y no escribo en mi lengua, en ciertos días del año me dan vértigos ... | |
No sirven unos huesos frágiles de sostén seguro ni sostiene la fragancia indómita de la hoja de laurel la brisa ausente. ¿En qué sitio del no ser se alojarán esos mínimos segundos en que es posible volar veloz como los pájaros de la cornisa al suelo? Más acá o más allá el tordo ... | |
No he visto el mar. Mis ojos -vigías horadantes, fantásticas luciérnagas; mis ojos avizores entre la noche; dueños de la estrellada comba; de los astrales mundos; mis ojos errabundos familiares del hórrido vértigo del abismo; mis ojos acerados de viking, oteantes; mis ojos... | |
Ante la urna que guarda los restos de Fray Sebastián de Aparicio. Aquí yace, de aquí sube en su calesa de vidrio, pues era de sal y nieve, Fray Sebastián de Aparicio. Alivio de caminantes y confesor de los lirios, príncipe de carreteros y emperador del silbido. Su cuerpo cristalizado se hace... | |
Con gran dificultad, como un idioma nuevo, mi propio idioma. Asoman las palabras fugazmente y ya dejan un polvo, alguna equívoca sombra, se endurecen se retiran de mí, están cerradas, y como envueltas en sus signos quietas. Cubiertas por su capa de sonidos en una espesa, inerte... | |
Tú vives siempre en tus actos. Con la punta de tus dedos pulsas el mundo, le arrancas auroras, triunfos, colores, alegrías: es tu música. La vida es lo que tú tocas. De tus ojos, sólo de ellos, sale la luz que te guía los pasos. Andas por lo que ves. Nada más. Y si una duda te hace señas ... | |
