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25 poemas aleatorios

 

   El guerrero

   Orfila Bardesio

primeros versos

Los violines levantan a sus ojos delicadas columnas. La orquesta construye siempre de nuevo el mundo . Los bailarines victoriosos en un salto vibrante se vuelven más que hombres, fuego. Los cuadros abren puertas con ritmo. Los retratos desembarcan personas . ...

 

   Juntar

   Virgilio López Lemus

primeros versos

Junto a Dios en mis manos, oro, truena el viento, se filtra, anuncia lluvia torrencial. Junto a Dios. Reúno en la oración palabra y sueño. Dejo tenue el vuelo del poema entre algas reflotadas de un pantano. Dios me perdona el ansia de imitarlo y conversa, baja a la montaña, ...

 

   El dío

   Jesús Munárriz

primeros versos

Eran muchos los dioses. Los judíos los redujeron a uno. Los cristianos lo usaron, lo royeron. Los filósofos lo dieron por difunto. Los banqueros le financiaron la resurrección: sólo un dios, el dinero, nuevo...

 

   Leonardo y la última cena

   Daniel Chirom

primeros versos

Por encargo de Ludovico el moro deletreé durante tres años la Ultima Cena. No cometí ningún error, fue mi voluntad que Cristo y sus apóstoles se fueran desintegrando con el tiempo. Cuando la cena sea nuevamente servida otro Ludovico me encargará rehacerla hasta que el vino ...

 

   Nido de soles (8)

   Juana Rosa Pita

primeros versos

Dos ochos juntos forman infinito magnífico y en pie. Es mi certeza desde que echaba barcas de papel a navegar por la redonda fuente. Con soledad se paga ese saber de fibra íntimoastral. Ecuación intuitiva insuperable apenas figurada entonces. Cómo iba a saber yo de niña que un poeta...

 

   Sin conocer...

   Hugo Gola

primeros versos

¿Sin conocer no puede el avecantar? ¿O sí puede el ave? Cantar no essino un sol ¿Sabe el avede su sol? ¿Sabe versasobre lo que el ave cantarno puede? Pero igualel avecantasin saber ¿Qué es entonces saber? Si el avesin saber canta el río sin saber ríe el vientosin saber filtra su suave sonido ...

 

   Piedras blancas o negras

   Saúl Ibargoyen

primeros versos

Están allí pueden ser vistas o imaginadas fuera de sus caminos o rumbos o carreteras o calles habituales o montañas o playas. Están allí con sus millones de décadas atrapadas en moléculas que giran en su propio vacío: hecho con la nada de incontables vacíos de innumerables...

 

   Ultimos meses

   Jaime Gil de Biedma

primeros versos

Eti, Etinini Habitaba un país delimitado por la cercana costa de la muerte y el jardín de la infancia, que ella nunca olvidó. Otro mundo más cándido era el suyo. Misterioso, por simple, como un reloj de sol.

 

   Habitación de los niños

   Justo Navarro

primeros versos

En la tiniebla está perdido el viejo niño que se asustaba de lo oscuro: era su soledad de miedo puro, y a oscuras ni encontraba su reflejo en el espejo de su dormitorio. Un fantasma será: no duerme nunca, y huye del sueño, de la vida trunca de la noche sin fin, laboratorio de oscuridad ...

 

   Río turbio

   Gonzalo Rojas

primeros versos

La Cerrazón Amé a una muchacha de vidrio transparente y bestial este verano, adoré su nariz, su largo pelo negro hizo estragos en mi concupiscencia, era, ¿cómo decirlo? Olfato y piel, toda ella era olfato y piel, la envolvía una especie de ...

 

   Lo fugaz

   Ricardo Jaimes Freyre

primeros versos

La rosa temblorosa se desprendió del tallo, y la arrastró la brisa sobre las aguas turbias del pantano. Una onda fugitiva le abrió su seno amargo y estrechando a la rosa temblorosa la deshizo en sus brazos. Flotaron sobre el agua las hojas como miembros mutilados y confundidas ...

 

   Dote

   Juana Rosa Pita

primeros versos

Doble el exilio nuestro: de la isla improbable que alimenta mitos y de la siempre verde ciudad soñada en prójima intención por algún mago etrusco. Doble la soledad: ser huérfanos de calles suficientes con vecinos de mármol (soportales) y carecer de techo que se preste al apremiante impulso ...

 

   La canción desesperada

   Pablo Neruda

primeros versos

Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras ...

 

   La esperada

   Raimundo Echevarría Larrazábal

primeros versos

No serás como todos, llegarás blancamente con las manos sangrantes de divina piedad; llegarás una noche, que haga luz, suavemente. Con los brazos abiertos a ayudarme a soñar... Tocarás con los ojos un ensueño de cuna y sobre las orejas un rubio de panal; llegarás por las sendas, ...

 

   Señor de la despedida...

   Rodolfo Häsler

primeros versos

Señor de la despedida, su última intervención será la más perfecta. Rápidamente se aleja de la luz más cruda como escorpión atento a todo acontecimiento del subsuelo. Todavía bajo la impresión de lo que acaba de presenciar, vuelve hacia atrás la cabeza. La posición ...

 

   este balbuceo de las hojas...

   Héctor Rosales

primeros versos

este balbuceo de las hojas puede ser excusa de lo que hay tras la nuca del monte y no se deja mirar puede ser boceto del epitafio de algo que no se podrá evitar este balbuceo de las hojas...

 

   Nadie escuche mi voz y triste acento...

   Juan de Tassis y Peralta

primeros versos

Nadie escuche mi voz y triste acento, de suspiros y lágrimas mezclado, si no es que tenga el pecho lastimado de dolor semejante al que yo siento. Que no pretendo ejemplo ni escarmiento que rescate a los otros de mi estado, sino mostrar creído, y no aliviado, de un firme amor el justo sentimiento. ...

 

   Mientras como este pan

   Eliseo Diego

primeros versos

Mientras como este pan que me aprovecha porque en Cuba se fue al exilio el hambre con su madre avaricia de la mano —pues la doña no escucha otro argumento sino el alto clamor de la metralla— pienso en aquel que fui no sé ni cuándo y en el otro que soy en otra parte comiendo a gusto...

 

   Éste

   Carilda Oliver Labra

primeros versos

El mío, el importante, el que me dura; perfecto como el jueves o el verano. Éste que nunca pierdo, casi hermano, lo menos frío, la mayor dulzura. El comparable a un soplo en la cintura, y la inocente mano de mi mano; el acostado a sollozar temprano, el que tiene también de mi locura. ...

 

   Conocimiento del sueño I

   Horacio Preler

primeros versos

Nuestra lucha es evitar que el tiempo se apropie de todo lo valioso. No hay alternativa, sólo el lento acontecer. Una sola razón es la que vale y no puede cambiar, el origen es aquel de costumbre, el que un día no podrá persistir (lo que conduce al sueño en él perecerá). ...

 

   Si la muerte quisiera

   Alfonsina Storni

primeros versos

Tú como yo, viajero, en un día cualquiera Llegamos al camino sin elegir acera. Nos pusimos un traje como el que llevan todos Y adquirimos su aspecto, sus costumbres, sus modos. Hemos andado mucho, sujetados por riendas Invisibles, los ojos fatigados de vendas. Tenemos en las manos...

 

   Precio de la verdad

   Carlos Bousoño

primeros versos

En el desván antiguo de raída memoria, detrás de la cuchara de palo con carcoma, tras el vestuario viejo ha de encontrarse, o junto al muro desconchado, en el polvo de siglos. Ha de encontrarse acaso más allá del pálido gesto de una mano vieja de algún mendigo, o en la ruina del alma...

 

   A la sepultura de Marramaquiz, gato famoso...

   Felix Lope de Vega

primeros versos

Este, si bien sarcófago, no duro pórfido, aquel cadáver bravo observa por quien de mures tímida caterva recóndita cubrió terrestre muro. La Parca, que ni al joven ni al maturo su destinado límite reserva, ministrándole pólvora superba, mentido...

 

   El miedo

   Alejandra Pizarnik

primeros versos

En el eco de mis muertes aún hay miedo. ¿Sabes tú del miedo? Sé del miedo cuando digo mi nombre. Es el miedo, el miedo con sombrero negro escondiendo ratas en mi sangre, o el miedo con labios muertos bebiendo mis deseos. Sí. En el eco de mis muertes aún hay miedo. ...

 

   Villancico

   Juan Timoneda

primeros versos

Soy garridica y vivo penada por ser mal casada Yo soy, no repuno, hermosa sin cuento, amada de uno, querida de ciento. No tengo contento si valgo ya nada por ser mal casada Con estos cabellos de bel parecer haría con ellos los hombres perder. Quien los puede haber no los tiene ...