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25 poemas aleatorios | |
Eres la estrella de mar sembrada en el cielo raso El invisible metal cuyo único peso es su nombre La ola en hombros del trigo El agua plural y antepasada El astro lapislázuli El astro verde veronés El astro amarillo iluminado El astro que al encenderse pierde los colores Y la alcoba... | |
Al Excmo. Sr. D. Mauel Cepero. Romance primeroEL CANDIL Más ha de quinientos años, en una torcida calle, que, de Sevilla en el centro, da paso a otras principales, cerca de la media noche, cuando la ciudad más grande es de un grande cementerio en silencio y paz imagen, ... | |
Fingiendo realidades con sombra vana, delante del Deseo va la Esperanza; y sus mentiras, como el Fénix, renacen... | |
A DanielEsta ciudad está hecha a la medida del amor. Tú estabas hecho a la medida de mi propio cuerpo. Marguerite Duras Las murallas altas de esta cárcel que enrosca nuestros cuerpos. Las paredes encaladas, engomadas, todo nuestro furor sobre estas paredes ardiendo. ... | |
Mi madre me enseñó que la mejor forma de pasar por la vida era renunciando a la propiedad particular. Ella me convenció de que podría transformar los balbuceos en música de cámara, con mis zapatos. Tus zapatos son mágicos, me dijo. Pierde uno y ganarás un marido... | |
No veo el cielo madre, sólo un pañuelo blanco no sé si aquella noche yo te estaba pensando o si un perfil de sombras me acunaba en sus brazos pero entré en otra historia con el cielo cambiado. No me duele la carne que se fue desgarrando me duele haber perdido las alas... | |
¡Yo quisiera salvar esa distancia, ese abismo fatal que nos divide, y embriagarme de amor con la fragancia mística y pura que tu ser despide! ¡Yo quisiera ser uno de los lazos con que decoras tus radiantes sienes! ¡Yo quisiera, en el cielo de tus brazos, beber la gloria que en los labios tienes! ... | |
Fiebre...La Lupe en la penumbra descalza camina. Ya no la persigue la blanca luz de luna china (en lo alto, al final de un oscuro cabaret), el rostro recién barnizado... Fiebre... derrama el licor, salta su collar de perlas; ha perdido un pendiente en la caja sonora de macillos y cuerdas metálicas. ... | |
No es agua ni arena la orilla del mar. El agua sonora de espuma sencilla, el agua no puede formarse la orilla. Y porque descanse en muelle lugar, no es agua ni arena la orilla del mar. Las cosas discretas, amables, sencillas; las cosas se juntan como las orillas. Lo mismo los labios, si quieren besar. ... | |
Con la pasión secreta y erosiva del agua, el lirio se levanta sobre los albañales, regala su lunar plenitud de blancura a la alquimia secreta de los asperjadores y anuncia la costumbre fluvial de otras mañanas en los tibios jardines dulces del paraíso. ... | |
Sube a nacer conmigo, hermano. Dame la mano desde la profunda zona de tu dolor diseminado. No volverás del fondo de las rocas. No volverás del tiempo subterráneo. No volverá tu voz endurecida. No volverán tus ojos taladrados. Mírame desde el fondo de la tierra, labrador, tejedor, ... | |
A lo lejos, en un atardecer en que el otoño es un lugar en mi pecho, comienzan a encenderse las ventanas, mi nostalgia por estar donde bien sé que al llegar volvería a estar afuera. Duelen los ojos de soñar tan a lo lejos la frente de pensar lo impensable de tanta vida... | |
A los veinte años tu sexo olía profundamente, antiguo, tibio, una raíz sin frío, precaria aun viniendo de un pasado tan hondo, mítico de atreverse a atravesar la selva sin ser visto. Voz de ánima en pena que busca un continente, África donde agarrarse, desgarrada. Pero... | |
Torné a ver la vieja ermita, se halla todo en su lugar: la lámpara moribunda, la flor mustia en el altar. Doquier quedan las señales de la dulce, antigua fe: allí está la Dolorosa, allí el Cristo que adoré. ¡Cuántas veces, siendo niño, el santuario a media luz, me llevó mi tierna madre a besar juntos ... | |
Ya ves que nada pudo, contigo amor, ni las pruebas de los años ni los celos infundidos ni las aventuras secretas ni el beso furtivo ni las ansias nocturnas del deseo prohibido ni las ausencias obligadas del enojo torturante Ni siquiera, amor, el desdén o el odio... ... | |
No he visto el día más que a través de tu ausencia de tu ausencia redonda que envuelve mi paso agitado, mi respiración de mujer sola. Hay días pienso que están hechos para morirse o para llorar, días poblados de fantasmas y ecos en los que ando sobresaltada, pareciéndome ... | |
que el río no es de agua y no trae barcos ni maderos, sólo pequeñas algas crecidas en el pecho de hombres dormidos. Si supieras que ese río corre y que es como nosotros, o como todo lo que tarde o temprano tiene que hundirse... | |
Un viento -cortejo de apariencias-cree recordar el rumor de los puertos, la charla sin fin de las ciudades, zancudas de metal en el perfil, grúas y catedrales entre la niebla, múscias y descargas, destinos y negocios. Y sin embargo en dónde tus orillas, la esperanza que ciega o equivoca, ... | |
Frederique, entre cúpulas recordarás que, siempre de noche, en las brumosas cuchillas de los páramos, se saludan los buses, y el viajero contempla desde el vertiginoso corredor de la fonda alborear la llanura inclinada. Con sus nieblas, sobre el mar estas vagas alusiones... | |
No cambio mi soledad por un poco de amor. Por mucho amor, sí. Pero es que el mucho amor también es soledad... ¡Que lo digan los olivos de Getsemaní! | |
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, ... | |
Cortarme puedo la oreja para tus hambrientos gatitos, así de cruel y bondadoso soy, igual que pirata malayo, para que tú, princesa de las esmeraldas que se ocultan me permitas entrar a tu húmedo africano trópico a celebrar el ritual de los exterminios luminosos Sin... | |
La niña Clara camina por la playa en el límite justo de las olas. El color de su piel toca la espuma. El caracol aprende sus palabras. La niña Clara camina por el bosque con agujas de pino entre los labios. Pasa un azul de plumas invisibles. Una pared de hiedra se levanta. ... | |
Preso mejor. Tal vez así recuerde otra iglesia, la catedral de Taxco, y sus piedras que cambian de forma con la luz de cada hora. Las calles ebrias tambaleándose por cerros y hondonadas, y no lo sé, pero es posible que llore ocultamente, al recorrer en sueños algún nombre: ... | |
En soledad bombea el agua, un chorro que cae con un amargo rumor en el arroyo, y orina bajo las estrellas de esa su noche transparente y lisa. Luego vuelve a subir las escaleras caminando despacio, como ladrón. Y aunque aún no lo entiende, lo atormenta ya ese loco sin Madre ... | |
