☰ men
 
palabra virtual

Grabacin para Palabra Virtual    
    Editora del fonograma:    
    Palabra Virtual    
por Carmen Feito Maeso    

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

Moradas Primeras (fragmento)


Estando hoy suplicando a nuestro Seor hablase por m, porque yo no atinaba a cosa que decir ni cmo comenzar a cumplir esta obediencia, se me ofreci lo que ahora dir, para comenzar con algn fundamento: que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, as como en el cielo hay muchas moradas.

Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un paraso adonde dice l tiene sus deleites. Pues qu tal os parece que ser el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, as como no pueden llegar a considerar a Dios, pues l mismo dice que nos cre a su imagen y semejanza.

Pues si esto es, como lo es, no hay para qu nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo; porque puesto que hay la diferencia de l a Dios que del Criador a la criatura, pues es criatura, basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del nima.


No es pequea lstima y confusin que, por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos ni sepamos quin somos. No sera gran ignorancia, hijas mas, que preguntasen a uno quin es, y no se conociese ni supiese quin fue su padre ni su madre ni de qu tierra? Pues si esto sera gran bestialidad, sin comparacin es mayor la que hay en nosotras cuando no procuramos saber qu cosa somos, sino que nos detenemos en estos cuerpos, y as a bulto, porque lo hemos odo y porque nos lo dice la fe, sabemos que tenemos almas. Mas qu bienes puede haber en esta alma o quin est dentro en esta alma o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos; y as se tiene en tan poco procurar con todo cuidado conservar su hermosura: todo se nos va en la grosera del engaste o cerca de este castillo, que son estos cuerpos.



Fragmento de las Moradas Primeras, Captulo I de Las Moradas o El Castillo Interior



SANTA TERESA DE JESS






regresar