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Blanca Orozco de Mateos

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La carga ahora contra los Palacios (El sueo de las escalinatas 8)
de Jorge Zalamea

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La voz de Jorge Zalamea. El sueo de las escalinatas

    
    Editora del fonograma:
    H.J.C.K.

por Jorge Zalamea    
Colaboracin: lvaro Castao Castillo, fundador y director de la emisora HJCK    
  


La carga ahora contra los Palacios (El sueo de las escalinatas 8)


La carga ahora contra los Palacios!

La carga s contra esa crestera de mrmoles varicosos, de oxidados cobres, de rodos ladrillos amarillos que aqu, sobre las escalinatas, sobre los Templos, frente al Ro y a espaldas de la ciudad cuitada, impone a todos insolentemente sus falsos ttulos de nobleza, ganados con la intriga usurera y el cohecho oportuno; con la traicin ventajosa o la clandestina simona, y todos ellos chorreantes de la sangre leucmica del pobre!

Miremos de nuevo el teatro de nuestra audiencia:

Las escalinatas establecidas como escenario ineludible;

el Ro hipcrita sirviendo de foso de orquesta;

los Templos de bambalina;

los Palacios cegando a la audiencia con las candilejas de la especulacin y los alternos semforos del crdito y el rdito.

Y en tal teatro, los simios actuando de bufones, intermediarios y coimes; las Vacas Sagradas mugiendo su papel de grande farsantes inocentes y de vacuas entelequias engaosas. Y vosotros, hombres de la gran audiencia, condenados a ser el inmenso coro que repita y amplifique las arteras palabras del consueta invisible en el foso de los Palacios;

Y ahora tengo que decir: Oh creyentes, en los Palacios ya no moran los grandes dementes que con la espuela, el ltigo, el fuego y la rueda os sometan!

Pasaron los caudillos, los khanes, emperadores y gobernadores. Se fueron con las aguas del Ro los prncipes y capitanes que llevaban en su carcaj flechas embriagadas de veneno y que no saban dominar la sed de sangre de sus espadas devoradoras.

Tampoco Kasyapa el Fraticida dej herederos que nos explicaran el inefable misterio de las damas de Sigiriya; ni canta ya en sus logias Lorenzo la fugitiva juventud; ni elabora en sus estancias el VI Conde de Derby quejas de amor perdidas; ni desde su cmara se mofa el de Saint-Simon de la alta ralea real; ni edifican Pedro en el Neva y Sawai Jaising en el Rajasthan las ms bellas ciudades del mundo; no hay ya en los Palacios emperadores Tang para coleccionar las ms hermosas cermicas, ni emperadores Yuan para leer los largos rollos de pintura; ni delira en sus terrazas Luis de Baviera; ni hay prncipes en Mnaco que distraigan sus ocios con la absorta contemplacin de los magnficos monstruos submarinos.

Pasaron todos ellos y ahora estn all, en esos mismos Palacios, los gerentes ahtos de poder y de dlares; los planificadores de vuestro conformismo; los pequeos magos de las relaciones pblicas; los pregoneros de la mentira que ya no se atreven a salir a las plazas pblicas entre un destemplado reteir de clarines y un desinflado resonar de tambores, sino que solapadamente y por mano ajena deslizan en la yerta madrugada, por la hendidura baja de las puertas, la voluminosa y cotidiana tergiversacin de vuestra vida, fabricada en las grandes rotativas segn sus propias conveniencias: unas veces ostentando el horror del crimen y la desatada violencia para aumentar el nmero de sus morbosos lectores; otras ocultando las races del mal para que perdure y fructifique su hipcrita traicin a la condicin humana. Y mintiendo siempre, mintiendo siempre, mintiendo siempre con la bendicin de los Templos y la subvencin de los Palacios.

No busquis en estos eco alguno de vuestra angustia, ni correspondencia a vuestra necia lealtad. Ya ni siquiera son los smbolos de un insensato orgullo patrio. Pues qu podran deciros hoy las siglas de los grandes monopolios internacionales, de los poderosos carteles y los ubicuos trusts que acumulan riqueza y poder mientras una erosin incontenible roe las pequeas monedas y los pringosos billetes de los pobres? Y qu podran deciros los nombres, secos como disparos, de los nuevos seores alojados en los Palacios y acolitados por la codicia de los mezquinos merde de Dieu? Qu os dicen esos nombres? Qu os dicen aquellas siglas? Sino que toda la historia memorable del hombre, toda la crnica convulsionada de su angustia y su agona, han venido a parar en este engao: los Palacios habitados por ellos; los Templos manejados por ellos; por ellos usufructuadas las escalinatas; por ellos sacralizado el Ro; los Simios alquilados por ellos en sus diputaciones; las Vacas Sagradas arreadas por ellos para vuestro desconcierto y vuestro engao.

No ms Palacios!

Slo casas!

Slo hogares para el hombre!

Acusa, acusa la audiencia!



8 de: El sueo de las escalinatas



JORGE ZALAMEA


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