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Blanca Orozco de Mateos

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Montada est la escena (El sueo de las escalinatas 5)
de Jorge Zalamea

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La voz de Jorge Zalamea. El sueo de las escalinatas

    
    Editora del fonograma:
    H.J.C.K.

por Jorge Zalamea    
Colaboracin: Alvaro Castao Castillo, fundador y director de la emisora HJCK    
  


Montada est la escena (El sueo de las escalinatas 5)


Montada est la escena.

Plena la audiencia.

Aqu, sobre las escalinatas, frente a los Templos, bajo los Palacios y con el Ro ciendo mis lomos. Una gran audiencia humana que espera, sorbindose los labios amargos y restregando colricamente uno contra otro los nudos de las rodillas, el proceso, la acusacin y la condena de sus ubicuos verdugos.

La audiencia se reanuda y prosigue la acusacin con este largo grito: oh cndidos creyentes!, no estis consintiendo, acaso, mimando e idolatrando aqu mismo, ahora mismo, sobre las escalinatas, a los avisados delegatarios de vuestros verdugos?

Ved a estos altos simios de pelambre rubia, de cenicientas crines, de grisosas lanas e indecente trasero que ostenta la desolladura azulosa y lvida de las grandes heridas; vedlos pululando en torno vuestro, tratando de imitar el lenguaje humano con sus breves ladridos y sus horrendos balbuceos pueriles; mendigando, robando o exigiendo toda cosa; infatigables en la actividad codiciosa de sus largos dedos astutos, de sus engarfiadas uas y de las rosadas palmas de sus manitas siempre aptas para convertir los votos depositados en las urnas en billetes depreciados para usura de los humildes, beneficio de los poderosos y cuantiosa comisin de los intermediarios prestmanos.

Ved a esa despreciable horda que pretende asemejarse al hombre, a nuestra condicin. La horda que diezma las cosechas logradas con tan largo jadeo y tal angustia. La horda que casca con sus pequeos dientes aguzados y rechinantes el cacahuete del Erario. La horda que, despus del vido expolio, se diputa a s misma para ir a chillar y gesticular bajo las cpulas de los Templos y sobre las terrazas de los Palacios.

Ved a esos grandes monos hediondos a sudor de codicia, a orn de consentido vasallaje, tratando de treparse al rbol genealgico del hombre para triturar en sus ms altas ramas, lo mismo que aqu, sobre las escalinatas y entre vosotros, las nueces que les tributa el creyente y mondar las frutas que el creyente les ofrece.

Ved que ni siquiera son la imagen un dios arbitrario, ni el portentoso hbrido de magia y realidad, ni tampoco los cancilleres de vuestra voluntad incierta. Sino apenas la caricatura del ser humano; los ridculos apoderados que lograron de vosotros mismos las cartas credenciales que les abriesen las artesonadas salas del Consejo, las yertas curules del Congreso, las secretas Cmaras Episcopales, los tufosos Cuartos de Banderas para llevar a ellos el yermo testimonio de las promesas incumplidas, los sucios papeles de las componendas clandestinas, la jadeante amenaza de las leyes represivas, el vitriolo de los impuestos y, desde luego, sus propias momias de irrisorios prceres.

Oh creyentes de baja condicin, de voluble memoria y de voluntad incierta: la primera exigencia fiscal en esta audiencia es vuestra desdeosa ignorancia y el definitivo exilio de esa horda que pretende asemejarse al hombre. El fiscal de esta audiencia os pide la proscripcin ahora y para siempre de esa exigua tribu voraz, capaz de devorar en unas horas la cosecha sembrada, cuidada, saneada y recogida en las cuatro largas estaciones en las cuales levanta, amasa y cuece el hombre su pan escaso!

Fuera esa horda gesticulante, mendicante, amenazante, orante, blasfemante, gimiente, demente que es apenas, en sus trances y convulsiones, la mueca obscena de la condicin humana!

No ms simios!

No ms smbolos!

Slo el hombre!

Slo nuestra condicin!

Acusa, acusa la audiencia!



5 de: El sueo de las escalinatas



JORGE ZALAMEA


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