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palabra virtual

Poemas mayores    
    Editora del fonograma:    
    Entre voces. FCE    
por Eduardo Lizalde    

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

Angelus Domini


I

Rompe el alba el botn de la maana
con sus dedos de niebla luminosa
y en el declive del alcor se posa
una nube de aerea porcelana.

Abajo se despierta la sabana,
el valle tiembla, yerguese la rosa,
canta el madrugador y rumorosa
re cuchicheando la fontana.

Desde el redil hasta la loma albean,
como el granizo, los corderos blancos
que entre riscos y zarzas juguetean

y de la cima oriente por los flancos
rios de luz descienden y chorrean
hasta petrificarse en los barrancos.


Estalla el seno de la nube y brota,
en explosin de ntida blancura,
un querubn, en cuya frente pura
el lucero gentil palpita y flota.

Astro de inmensa luz, como una gota,
del mar, del ether, inmortal fulgura
derramando torrentes de ventura
que funde el universo en una nota.

La nota del amor, los aires hiende,
por todos los espacios se dilata
y hasta el empreo su clamor extiende,

el ngel tae su clarn de plata
y el sol, que nace, a sus espaldas prende
una clmide regia de esacarlata.


II

En la cimera del volcn descuella
un rojo airn que a intervalos se esconde
so la flagante horadacin por donde
el pulmn de los cclopes resuella.

Del sol canicular, una centella,
hiere a la ardiente boca que responde
la destruccin encaminando adonde
el mounstro imprime su abrazante huella.

De la montaa al pie, duerme la costa,
baten las olas los cantiles rojos
sumido el cuervo entre peascos ladra

y el fuego de los trpicos agosta
el llano en que despuntan los rastrojos,
la res bermeja y la salvaje cabra.


El espacio es un mar de fuego y oro,
y de sus ondas surge de repente
arcngel poderoso cuya frente
reververa como igno meteoro.

Tiende las alas con fragor sonoro,
chispea su mirada refulgente
y a su voz, como trueno de torrente,
cantan todos los ngeles en coro.

Oh Salmo de las Fuerzas! Soberana voz
que el clamor universal encierra
y vibra por los mbitos profundos

como el gigante son de una campana
fundida en las entraas de la tierra
o forjada en los yunques de los mundos.


III

Sobre el tranquilo lago, occiduo el dia,
flota impalpable y misteriosa bruma
y a lo lejos vagusima se esfuma
profundamente azul, la serrana.

Del cielo en la cerlea lejana
desfallece la luz. Tiembla la espuma
sobre las ondas de zafir, y ahma
la chimenea gris de la alquera.

Suenan los cantos del labriego; cava
la tarda yunta el surco postrimero.
Los ltimos reflejos de luz flava

en el lmite brillan del potrero
y, a media voz, la golondrina acaba
su grrulo trinar, bajo el alero.


Ondulante y azul, trmulo y vago,
el ngel de la noche se avecina,
del crepsculo envuelto en la neblina
y en los vapores grciles del lago.

Del septentrin al murmurante halago
los pliegues de su tnica divina
se extienden sobre el valle y la colina,
para librarlos del nocturno estrago.

Su voz tristezas y consuelo vierte.
Humedecen sus ojos de zafiro
auras de vida y rfagas de muerte.

Levanta el vuelo en silencioso giro
y, al llegar a la altura, se convierte
en oracin, y lgrima, y suspiro.



MANUEL JOS OTHN






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