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Epitafio para Anaïs Nin


Dejo en su tumba unas cuantas palabras húmedas
          y silenciosas como un gato.

Para la tumba de Anaïs Nin.
Para su pelo que nunca conocí
          y sus muslos que un día fueron hermosos,
                    lo aseguro.

Para sus sueños donde solía hablar despacio
          en lo redondo de una oreja,
          cuando subía a la corola del amor para cortarle un pétalo.

Para su risa que aún me llama
          con un gesto furtivo que no olvido
          porque por esas rutas me perdí
          arrellanado en la noche
          cuando tenía quince años.

Para Anaïs Nin.

Para su tumba que parece un huerto.
A veces una flor entre el musgo negruzco se entreabre
          con su color violeta
          húmeda por un soplo de tibieza
          cuando la vara del manzano le acaricia los labios.

Para Anaïs Nin.

Para la tumba de ese éxtasis
          que me hizo morir alguna noche
          para resucitarme en un instante.

Para la tumba de Anaïs Nin, un beso,
una puerta de amor no clausurada.

Un día nos veremos en el polvo.
Entonces ya verás
cómo no muere un muerto.



JUAN DOMINGO ARGÜELLES






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