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palabra virtual

La poesa de Julio Flrez    
    Editora del fonograma:    
    H.J.C.K.    
por Vctor Mallarino    
Colaboracin: lvaro Castao Castillo, fundador y director de la emisora HJCK    

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

La araa


Entre las hojas de laurel, marchitas,
de la corona vieja,
que en lo alto de mi lecho suspendida,
un triunfo no alcanzado me recuerda,
una araa ha formado
su lbrega vivienda
con hilos tembladores
ms blancos que la seda,
donde aguarda a las moscas
haciendo centinela
a las moscas incautas
que all prisin encuentran,
y que la araa chupa
con ansiedad suprema.

He querido matarla:
Mas... imposible! Al verla
con sus patas peludas
y su cabeza negra,
la compasin invade
mi corazn, y aquella
criatura vil, entonces,
como si comprendiera
mi pensamiento, avanza
sin temor, se me acerca
como queriendo darme
las gracias, y se aleja .
despus, a su escondite
desde el cual me contempla.

Bien sabe que la odio
por lo horrible y perversa;
y que me alegrara
si la encontrara muerta;
mas ya de m no huye,
ni ante mis ojos tiembla;
un leal enemigo
quizs me juzga, y piensa
al ver que la ventaja
es ma, por la fuerza,
que no extinguir nunca
su msera existencia!
En los das amargos
en que gimo, y las quejas
de mis labios se escapan
en forma de blasfemias,
alzo los tristes ojos .
a mi corona Vieja,
y encuentro all la araa,
la misma araa fea
con sus patas peludas
Y su cabeza negra,
como oyendo las frases
que en mi boca aletean!

En las noches sombras
cuando todas mis penas
como negros vampiros
sobre mi lecho vuelan,
cuando el insomnio pinta
las moradas ojeras,
y las rojizas manchas
en mi faz macilenta,
me parece que baja
la araa de su celda,
y camina y camina...
y camina sin tregua
por mi semblante mustio
hasta que el alba llega.
Es compasiva? Es mala?
Indiferente? Vela
mi sueo, y, cuando escribo,
silenciosa me observa.
Me compadece acaso?
De mi dolor se alegra?
Dime quin eres, monstruo!
En tu cuerpo se alberga
un espritu? Dime:
Es el alma de aquella
mujer que me persigue,
todava, aunque muerta?
La que mat mi dicha
y me inund en tristeza?

Dime: Acaso dejaste
la vibradora selva,
donde enredar solas,
tus plateadas hebras,
en las obscuras ramas
de las frondosas ceibas,
por venir a mi alcoba,
en el misterio envuelta,
como una envidia muda,
como una viva mueca?
Te hablo y t nada dices,
te hablo y no me contestas!
Aparta, monstruo, huye
otra vez, a tu celda!

Quizs maana mismo,
cuando en mi lecho muera,
cuando la ardiente sangre
se cuaje entre mis venas
y mis ojos se enturbien,
t, alimaa siniestra,
bajars silenciosa
y en mi obscura melena
formars otro asilo,
formars otra tela,
slo por perseguirme
hasta en la misma huesa!

Qu importa!... nos odiamos,
pero escucha: no temas,
no temas por tu vida,
es toda tuya, entera!
Jams romper el hilo
de tu muda existencia!
Sigue viviendo, sigue,
pero... oculta en tu cueva!
No salgas! No me mires!
No escuches ms mis quejas,
ni me muestres tus patas,
ni tu cabeza negra!...
Sigue viviendo sigue,
inmunda compaera,
entre las hojas de laurel marchitas
de la corona vieja,
que en lo alto de mi lecho suspendida
un triunfo, no alcanzado, me recuerda!



De: Fronda lrica



JULIO FLREZ






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