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Fatigada del baile... (Rima XVIII)


            Fatigada del baile,
encendido el color, breve el aliento,
            apoyada en mi brazo,
del salón se detuvo en un extremo

            Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno,
            una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento.

            Como cuna de nácar
que empuja al mar y que acaricia el céfiro,
            tal vez allí dormía
al soplo de sus labios entreabiertos.

            ¡Oh! ¿Quién así —pensaba—
dejar pudiera deslizarse el tiempo?
            ¡Oh, si las flores duermen,
            qué dulcísimo sueño!



De: Rimas, leyendas y narraciones



GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER






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