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Segunda Palinodia: La sangre


...quaerebam aestuans unde sit malum.
(Confessiones VII, 7, 11)



He viajado por la mitad del mundo.
Desde el avión miraba, insaciable, el mar, la tierra.

Sólo veía sangre derramada.

Y yo me preguntaba, ¿cómo?, ¿por qué?,
y quería descender, palpar aquella manta roja,
convencerme de que (quizá) no era sangre
(tal vez un meteoro
desconocido).

Pero no, que era sangre, sangre, sangre.
Y gritaba aterrado,
yo quería parar el frío pájaro de níquel gris sin alma,
y me retorcía, impotente,
colgado allá en la altura,
entre compañeros de viaje que leían su Life
y pilotos albinos que no me comprendían.

Hay que bajar, hay que bajar: peligro.
Inmensos Amazonas vierten sangre en los mares.
Grandes ríos satélites hinchan de roja espuma hirvientes Amazonas.
Sutiles riachuelos escarlata avanzan sigilosos (como
termómetros febriles) sobre los torvos ríos.
Violáceas torrenteras humeantes rugen y se descuelgan
buscando riachuelos donde aplacar su ira.
Sangre, sangre,
inmensa red de sangre riega el mundo.
¿Dónde sus fuentes? Quiero ver las fuentes.

Señores, paren, paren: hay que bajar.
Hay que bajar, ahora mismo.
Porque hay sangre por todo el mundo,
y yo necesito saber quién vierte la sangre,
y por qué se vierte y en nombre de qué se vierte.

Dame, oh gran Dios, los ojos de tu justicia.
Porque en el mundo reina la injusticia.
Tú no creaste la injusticia. Alguien ha creado la injusticia.
Alguien es el injusto, y yo necesito verle la cara al injusto,
Porque hay mentira y quiero ver sus fuentes ocres.
Ojos míos, alerta, alerta:
yo quiero ver qué brazos ahogan la justicia de Dios, qué
bocas retuercen su verdad.



De: Hijos de la Ira



DÁMASO ALONSO






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