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El flautista mágico


El flautista del Parque de la Concordia
supura a inmediaciones del país para que
Guatemala
no se olvide de sí misma.
¡Y de ajuste, que mero enfrente de la Policía!

Para que no olvidemos que corre en nuestra
Sangre
Sangre pura.

Que alguien muere arrastrado
por las aguas oscuras
bloqueadas a la fuerza por un sistema de
Cloacas

Made in USA.

El flautista del Parque de la Concordia
es un fregado bien hecho.

El otro día lo sorprendí en la novena calle
entre sexta y séptima
con camisa diferente y otro sombrero.

Y para disimular
¡estaba tocando el tambor!

Claro que en esto no podríamos entrever
nada de maña.

Únicamente lo que sucede es que el tipo,
es decir el flautista del Parque de la Concordia,
asegura irse cada noche para su casa.

Y solamente se va por allí por las afueras.
Da unos cuantos vueltegatos entre oraciones.
A oscuras.
Al día siguiente
ahí tienen ustedes que se ha convertido en
tamborero.

En la noche agoniza en la flauta
Y en el día resurge en el tambor. (Claro que
la limosna
se le duplica)

Nadie lo reconoce. Ninguno sabe que es el mismo.

Pero el llorar de la flauta
y el ronco rumor del tambor
no son más que un latido enfermo en las sienes
de la ciudad.

Allí supura en música lastimera
el flautista del Parque de la Concordia
en la mera cara de la ciudad.

Para que no olvidemos que corre en nuestra
sangre

sangre pura
aguas oscuras averiguando el dónde
y el cuándo de la luz.



ROBERTO OBREGÓN






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