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Cuerpo del delfín (fragmento)


A José Lezama Lima


En el palacio de la memoria, en el humo del cuerpo,
una palpitación extraña, un remoto aleteo:
la sombra roja de un delfín entra suavemente.
¿Qué importa la marca del arpón?
¿Qué importa si el nombre del barco es "Little Fish" o "Cheval"?
¿Qué importa el rostro encendido del arponero?
¿Qué importa un delfín muriéndose en la memoria?
Nada. Un delfín muerto no importa nada, lo mismo que una hormiga.
El delfín y la hormiga son realmente dos monstruos, pero no importan nada.
Sin embargo, yo veo ahora un muro y escucho una ciudad;
y ahora veo una ciudad y escucho un muro.
Y pienso que sí importa la muerte de un delfín, porque su aleteo
es cada vez menos remoto en mi memoria.
Pero el delfín no acaba de morir y yo siento que me pierdo
y que mi pérdida es menos bella y menos perceptible que la muerte de una hormiga.
En el jadeo de las aguas, en la incesante eclosión de las verdosas aguas,
¿qué cuerpo es más durable que la espuma?
¿qué arrecife salta más arriba que la espuma?
¿qué templo es más inmóvil que el templo de la espuma?
La ciudad está aquí, el mar está aquí,
tú y yo estamos aquí, entre el mar y la ciudad,
miedoso del mar y la ciudad,
amando el mar y la ciudad,
y olvidando el mar y la ciudad por temernos y amarnos y olvidarnos a nosotros mismos.
¿Me oyes?, ¿me conoces?, ¿estás viva?
Mi cuerpo vacío habla para un cuerpo vacío.
Yo soy un caracol, una piedra, un simple cuerpo vacío que habla sobre el muro,
para otro cuerpo vacío que duerme sobre el muro.
Y las olas estrellándose, y la noche estrellándose,
¿qué son sino brillos deshabitados, hielo y sal sobre el muro?
Oh, cuerpo de mi cuerpo, qué lejos, imposible, la roca henchida de la espuma,
el opulento, inmortal, blanco muro.



FAYAD JAMÍS






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