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Batman
de Jos Carlos Becerra

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Jos Carlos Becerra

    
    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Mxico. UNAM

por Julio Trujillo    
  


Batman


Recomenzando siempre el mismo discurso,
el escurrimiento sesgado del discurso, el lenguaje para distraer al silencio;
la persecucin, la prosecucin y el desenlace esperado por todos.
Aguardando siempre la misma seal,
el aviso del amor, de peligro, de como quieran llamarle.
(Quiero decir ese gran reflector encendido de pronto)

La noche enrojeciendo, la situacin previa y el pacto previo enrojeciendo,
durante la sospecha de la gran visita, mientras las costras sagradas se desprenden
del cuerpo antiqusimo de la resurreccin.

Quiero decir
el gran experimento.
buscndole a Dios en las costillas la teora de la costilla faltante,
y perdiendo siempre la cuenta de esos huesos
porque las luces eternamente se apagan de pronto, mientras volvemos a insistir en hablar a travs de ese corto circuito,
de esa saliva interrumpida a lo largo de aquello que llamamos el cuerpo de Dios, el deseo de luz encendida.

Llamando, llamando, llamando.
Llamando desde el radio porttil oculto en cualquier parte,
llamando al sueo con mtodos ciertamente sofocantes, con artificios intilmente reales,
con sentimientos cuidadosa y desesperadamente elegidos,
con argumentos despellejados por el acometimiento que no se produce.
Palabras enchufadas con la corriente elctrica del vaco, con el cable de alta tensin del delirio.
(Acertijos empaados por el aliento de ciertas frases, de ciertos discursos acerca del infinito.)

Recomenzando, pues, el mismo discurso,
recomenzando la misma conjetura,
el Clsico desperfecto en mitad de la carretera,
el Divinal automvil con las llantas ponchadas
entorpeciendo el trfico de las lgrimas y de los muertos, que transitan Clsicamente en sentidos contrarios.
Recomenzando, pues, la misma interrupcin,
La pedorreta histrica de las llantas ponchadas,
el sofisma de cada resurreccin,
el ancla oxidada de cada abrazo,
el movimiento desde adentro del deseo y el movimiento desde afuera de la palabra, como dos gemelos que no se ponen de acuerdo para nacer,
como dos enfermeros que no se coordinan para levantar al mismo tiempo el cuerpo del trapecista herido.

(Aqu el ingenio de la frase ganguea al advertir de pronto su sombrero de copa de ilusionista;
ese jabn perfumado por la literatura con el cual nos lavamos las partes irreales del cuerpo,
o sea el radio de accin de lo que llamamos el alma,
las vsceras sin clave precisa, los actos sin clave precisa,
la danza de los siete velos velada por la transparencia del dilema;
y por la noche, antes de acostarse,
la dentadura postiza en el vaso de agua,
la herida postiza en el vaso de agua, el deseo postizo en el vaso de agua.)

La seal... la seal... la seal...

As sonres sin embargo, confiando otra vez en tu discurso,
mirndote pasar en tus estatuas,
flotando nuevamente en tus palabras.
La seal, la seal, la seal.
Y entretanto paseas por tu habitacin.
S, ests aguardando tan slo el aviso,
ese anuncio de amor, de peligro, de como quieran llamarle,
ese gran reflector encendido de pronto en la noche.

Y entretanto miras tu capa,
contemplas tu traje y tu destreza cuidadosamente doblados sobre la silla, hechos especialmente para ti,
para cuando la luz de ese gran reflector pidiendo tu ayuda, aparezca en el cielo nocturno,
solicitando tu presencia salvadora en el sitio del amor
o en el sitio del crimen.
Solicitando tu alimentacin triunfante, tus aportaciones al progreso,
requiriendo tu rostro amaestrado por el esfuerzo de parecerse a alguien
que acaso fuiste t mismo
o ese pequeo dios, levemente manitico,
que se orina en alguna parte cuando t te contemplas en el espejo.

Miras por la ventana
y esperas...
La noche enrojecida asciende por encima de los edificios traspasando su propio resplandor rojizo,
dejando atrs las calles y las ventanas todava encendidas,
dejando atrs los rostros de las muchachas que te gustaron,
dejando atrs la msica de un radio encendido en algn sitio y lo que sentas cuando escuchabas la msica de un radio encendido en algn sitio.

Sigue la noche subiendo la noche,
y en cada uno de los peldaos que va pisando, una nueva criatura de la oscuridad rompe su cascarn de un picotazo,
y en sus alas que nada retienen, el vuelo balbucea los restos del peldao o cascarn diluido ya en aire;
y mientras tanto t no llegas an para salvarte y salvar a esa mujer
que segn dices
debe ser salvada.

En qu sitio, en qu jadeo
el sueo recorre el apetito reconcentrado de los dormidos?
Qu ola es sa, que al golpear contra el casco
hace que el marinero de guardia ponga atencin por un momento, para decirse despus que no era nada
y torne a pasearse por el cuarto, mirando de vez en cuando por la ventana las luces dispersas de la calle?
Qu ir y venir est gastando el cuerpo de su andanza
contra el casco manchado, cubierto de parsitos marinos?

...porque de pronto has dejado de pasearte por la habitacin.
Acaso escuchas realmente ese ruido? Ese ruido viene del pasillo o viene de tu deseo?
(Cierta especie de ruido que tropieza con cierta especie de silencio dentro de ti,
como alguien que se topa con una silla al caminar a oscuras...)

Tal vez ya prendieron el reflector para pedirte auxilio!
Tal vez fue esa mujer quien lo encendi!

Pero no, todava no,
nadie camina por el pasillo hacia tu puerta, nadie tropieza con una silla dentro de ti,
y all estn doblados tu traje de hroe y tus sentimientos de hroe,
listos para cuando entres en accin.
Pero por qu no han encendido ese gran reflector?
Es slo el ascenso de la noche lo que deja sus cascarones rotos en el aire?
Qu criatura de la oscuridad picotea para que el aire tome forma de cascarn roto, de peldao dejado atrs?
Qu es aquello que detiene de sbito tus paseos por la habitacin mientras te dices "Acaso deba esperar otro rato"?

Y vuelves a asomarte por la ventana.
Es el zumbido de un jet que cruza el cielo rayndolo fugazmente con sus pequeas luces de navegacin?
Y algo dentro de ti que t crees que es la noche all afuera,
cruje pisando cascarones rotos, peldaos donde el cuerpo de su andanza deja un hilo finsimo de baba o soliloquio,
mientras retorna el fantasma de una mujer bandeado por la oscuridad
donde el mar se encaverna despus del zarpazo,
y ese fantasma, que es la otra cara de la espuma, repite contra el casco del barco el golpe del sueo
salpicando al silencio desde lejos.

Y vuelves a asomarte por la ventana.
Es el zumbido de un jet que cruza el cielo?
Qu es ese ruido que te hace mirar tu traje y tu antifaz,
y asomarte despus por la ventana?

Ir y venir alrededor de una silla,
enrevesado viaje alrededor de una silla, guardando el equilibrio difcilmente
al caminar y girar sobre un hilo finsimo de saliva.

Ir y venir, habladura alrededor de una silla donde est un extrao traje doblado,
ir y venir alrededor de un viejo y descompuesto automvil que estorba el trfico en la carretera,
gestos entrecruzados, habladura de ventanas y escaleras
labrando la estatua cuyo sentido griego vacila y se viene abajo en el trayecto entre una ventana y un reflector que no se ha encendido,
mientras los cascarones rotos de la oscuridad crujen y se disuelven bajo el brusco aleteo con que la oscuridad va impulsando la noche.

Y otra vez te paseas,
quieres desovillar el hilo de saliva, el hilo de palabras sobre el que te balanceas en precario equilibrio?
En qu juego de tus frases, en qu humillante silencio has puesto el odo?
Y otra vez te paseas y otra vez te vuelves hacia la ventana,
pero ese resplandor pero ese resplandor que descubres de pronto,
es el amanecer,
palidsimo gesto de esa luz entre los edificios, donde el silencio enhebra las pisadas lejanas de todo lo nocturno.

Y ahora,
qu es lo que sientes que se aleja,
como alguien corriendo descalzo por la playa, entre la niebla que la luz va a ocupar?
Y en esa claridad en aumento, acaso puede todava distinguirse
la seal de un reflector encendido?

Paseos alrededor de una silla donde est un extrao traje doblado,
monlogo alrededor de una silla donde est un simulacro en forma de traje doblado,
mientras el amanecer se deja llevar por su propia marea ascendente, y por el ruido de las barredoras mecnicas y de los primeros camiones urbanos
que aparecen por las calles desiertas.




De: Ejecuciones



JOS CARLOS BECERRA


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