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No estamos nunca a solas...

No estamos nunca a solas. Somos t y yo, intercambiando en nuestras carnes, en nuestros corazones, los secretos signos con que afirma cada uno al otro interrogndolo y en puro ofrecerse est llamndolo, y en que reconoce cada uno de nosotros la respuesta en que es reconocido...

Y adems el dios, oscuro, mudo como una oreja, recinto intacto como el hueco de un pecho vaco y resonante, slo habitado por las plegarias que le damos, lugar donde nuestro coloquio puede ser espiado, donde se hace escuchable lo que es entre nosotros escuchado sin razn, y que as mirado desde la alta urna donde vive esta plegaria, puede alzar su mirada ms all de la locura.



10 de la serie: Algunas piedras de un collar del dios


TOMÁS SEGOVIA




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