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Blanca Orozco de Mateos

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Yerma (III)
de Federico García Lorca

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Odeón

    
    Editora del fonograma:
    Odeón

por Nuria Espert, Enrique A. Diosdado y Aurora Bautista        
  


Yerma (III)


                              POEMA TRÁGICO EN TRES ACTOS Y SEIS CUADROS



ACTO TERCERO


CUADRO PRIMERO



(Casa de la Dolores, la conjuradora. Está amaneciendo. Entra Yerma con Dolores y dos viejas.)


DOLORES Has estado valiente.

VIEJA 1 No hay en el mundo fuerza como la del deseo.

VIEJA 2 Pero el cementerio estaba demasiado oscuro.

DOLORES Muchas veces yo he hecho estas oraciones en el cementerio con mujeres que ansiaban críos, y todas han pasado miedo. Todas, menos tú.

YERMA Yo he venido por el resultado. Creo que no eres mujer engañadora.

DOLORES No soy. Que mi lengua se llene de hormigas, como está la boca de los muertos, si alguna vez he mentido. La última vez hice la oración con una mujer mendicante, que estaba seca más tiempo que tú, y se le endulzó el vientre de manera tan hermosa que tuvo dos criaturas ahí abajo, en el río, porque no le daba tiempo a llegar a las casas, y ella misma las trajo en un pañal para que yo las arreglase.

YERMA ¿Y pudo venir andando desde el río?

DOLORES Vino. Con los zapatos y las enaguas empapadas en sangre..., pero con la cara reluciente.

YERMA ¿Y no le pasó nada?

DOLORES ¿Qué le iba a pasar? Dios es Dios.

YERMA Naturalmente. No le podía pasar nada, sino agarrar las criaturas y lavarlas con agua viva. Los animales los lamen, ¿verdad? A mí no me da asco de mi hijo. Yo tengo la idea de que las recién paridas están como iluminadas por dentro, y los niños se duermen horas y horas sobre ellas oyendo ese arroyo de leche tibia que les va llenando los pechos para que ellos mamen, para que ellos jueguen, hasta que no quieran más, hasta que retiren la cabeza: "otro poquito más, niño... ", y se les llene la cara y el pecho de gotas blancas.

DOLORES Ahora tendrás un hijo. Te lo puedo asegurar.

YERMA Lo tendré porque lo tengo que tener. O no entiendo el mundo. A veces, cuando ya estoy segura de que jamás, jamás..., me sube como una oleada de fuego por los pies y se me quedan vacías todas las cosas, y los hombres que andan por la calle y los toros y las piedras me parecen como cosas de algodón. Y me pregunto: ¿para qué estarán ahí puestos?

VIEJA 1 Está bien que una casada quiera hijos, pero si no los tiene, ¿por qué ese ansia de ellos? Lo importante de este mundo es dejarse llevar por los años. No te critico. Ya has visto cómo he ayudado a los rezos. Pero, ¿qué vega esperas dar a tu hijo, ni qué felicidad, ni qué silla de plata?

YERMA Yo no pienso en el mañana; pienso en el hoy. Tú estás vieja y lo ves ya todo como un libro leído. Yo pienso que tengo sed y no tengo libertad. Yo quiero tener a mi hijo en los brazos para dormir tranquila y, óyelo bien y no te espantes de lo que te digo, aunque yo supiera que mi hijo me iba a martirizar después y me iba a odiar y me iba a llevar de los cabellos por las calles, recibiría con gozo su nacimiento, porque es mucho mejor llorar por un hombre vivo que nos apuñala, que llorar por este fantasma sentado año tras año encima de mi corazón.

VIEJA 1 Eres demasiado joven para oír consejo. Pero, mientras esperas la gracia de Dios, debes ampararte en el amor de tu marido.

YERMA ¡Ay! Has puesto el dedo en la llaga más honda que tienen mis carnes.

DOLORES Tu marido es bueno.

YERMA (Se levanta) ¡Es bueno! ¡Es bueno! ¿Y qué? Ojalá fuera malo. Pero no. Él va con sus ovejas por sus caminos y cuenta el dinero por las noches. Cuando me cubre, cumple con su deber, pero yo le noto la cintura fría como si tuviera el cuerpo muerto, y yo, que siempre he tenido asco de las mujeres calientes, quisiera ser en aquel instante como una montaña de fuego.

DOLORES ¡Yerma!

YERMA No soy una casada indecente; pero yo sé que los hijos nacen del hombre y de la mujer. ¡Ay, si los pudiera tener yo sola!

DOLORES Piensa que tu marido también sufre.

YERMA No sufre. Lo que pasa es que él no ansía hijos.

VIEJA 1 ¡No digas eso!

YERMA Se lo conozco en la mirada y, como no los ansía, no me los da. No lo quiero, no lo quiero y, sin embargo, es mi única salvación. Por honra y por casta. Mi única salvación.

VIEJA 1 (Con miedo.) Pronto empezará a amanecer. Debes irte a tu casa.

DOLORES Antes de nada saldrán los rebaños y no conviene que te vean sola.

YERMA Necesitaba este desahogo. ¿Cuántas veces repito las oraciones?

DOLORES La oración del laurel, dos veces, y al mediodía, la oración de santa Ana. Cuando te sientas encinta me traes la fanega de trigo que me has prometido.

VIEJA 1 Por encima de los montes ya empieza a clarear. Vete.

DOLORES Como en seguida empezarán a abrir los portones, te vas dando un rodeo por la acequia.

YERMA (Con desaliento.) ¡No sé por qué he venido!

DOLORES ¿Te arrepientes?

YERMA ¡No!

DOLORES (Turbada.) Si tienes miedo, te acompañaré hasta la esquina.

YERMA ¡Quita!

VIEJA 1 (Con inquietud) Van a ser las claras del día cuando llegues a tu puerta. (Se oyen voces)

DOLORES ¡Calla! (Escuchan)

VIEJA 1 No es nadie. Anda con Dios. (Yerma se dirige a la puerta y en este momento llaman a ella. Las tres mujeres quedan paradas.)

DOLORES ¿Quién es?

JUAN Soy yo.

YERMA Abre. (Dolores duda.) ¿Abres o no?

       (Se oyen murmullos. Aparece Juan con las dos Cuñadas.)

HERMANA 2 Aquí está.

YERMA ¡Aquí estoy!

JUAN ¿Qué haces en este sitio? Si pudiera dar voces, levantaría a todo el pueblo, para que viera dónde iba la honra de mi casa; pero he de ahogarlo todo y callarme porque eres mi mujer.

YERMA Si pudiera dar voces, también las daría yo, para que se levantaran hasta los muertos y vieran esta limpieza que me cubre.

JUAN ¡No, eso no! Todo lo aguanto menos eso. Me engañas, me envuelves y, como soy un hombre que trabaja la tierra, no tengo ideas para tus astucias.

DOLORES ¡Juan!

JUAN ¡Vosotras, ni palabra!

DOLORES (Fuerte.) Tu mujer no ha hecho nada malo.

JUAN Lo está haciendo desde el mismo día de la boda. Mirándome con dos agujas, pasando las noches en vela con los ojos abiertos al lado mío, y llenando de malos suspiros mis almohadas.

YERMA ¡Cállate!

JUAN Y yo no puedo más. Porque se necesita ser de bronce para ver a tu lado una mujer que te quiere meter los dedos dentro del corazón y que se sale de noche fuera de su casa, ¿en busca de qué? ¡Dime!, ¿buscando qué? Las calles están llenas de machos. En las calles no hay flores que cortar.

YERMA No te dejo hablar ni una sola palabra. Ni una más. Te figuras tú y tu gente que sois vosotros los únicos que guardáis honra, y no sabes que mi casta no ha tenido nunca nada que ocultar. Anda. Acércate a mí y huele mis vestidos, ¡acércate!, a ver dónde encuentras un olor que no sea tuyo, que no sea de tu cuerpo. Me pones desnuda en mitad de la plaza y me escupes. Haz conmigo lo que quieras, que soy tu mujer, pero guárdate de poner nombre de varón sobre mis pechos.

JUAN No soy yo quien lo pone; lo pones tú con tu conducta y el pueblo lo empieza a decir. Lo empieza a decir claramente. Cuando llego a un corro, todos callan; cuando voy a pesar la harina, todos callan; y hasta de noche en el campo, cuando despierto, me parece que también se callan las ramas de los árboles.

YERMA Yo no sé por qué empiezan los malos aires que revuelcan al trigo y ¡mira tú si el trigo es bueno!

JUAN Ni yo sé lo que busca una mujer a todas horas fuera de su tejado.

YERMA (En un arranque y abrazándose a su marido.) Te busco a ti. Te busco a ti. Es a ti a quien busco día y noche sin encontrar sombra donde respirar. Es tu sangre y tu amparo lo que deseo.

JUAN Apártate.

YERMA No me apartes y quiere conmigo.

JUAN ¡Quita!

YERMA Mira que me quedo sola. Como si la luna se buscara ella misma por el cielo. ¡Mírame! (Lo mira.)

JUAN (La mira y la aparta bruscamente.) ¡Déjame ya de una vez!

DOLORES ¡Juan! (Yerma cae al suelo)

YERMA (Alto.) Cuando salía por mis claveles me tropecé con el muro. ¡Ay! ¡Ay! Es en ese muro donde tengo que estrellar mi cabeza.

JUAN Calla. Vamos.

DOLORES ¡Dios mío!

YERMA (A gritos.) Maldito sea mi padre, que me dejó su sangre de padre de cien hijos. Maldita sea mi sangre, que los busca golpeando por las paredes.

JUAN ¡Calla he dicho!

DOLORES ¡Viene gente! Habla bajo.

YERMA No me importa. Dejarme libre siquiera la voz, ahora que voy entrando en lo más oscuro del pozo. (Se levanta.) Dejar que de mi cuerpo salga siquiera esta cosa hermosa y que llene el aire.

      (Se oyen voces)

DOLORES Van a pasar por aquí.

JUAN Silencio.

YERMA ¡Eso! ¡Eso! Silencio. Descuida.

JUAN Vamos. ¡Pronto!

YERMA ¡Ya está! ¡Ya está! ¡Y es inútil que me retuerza las manos! Una cosa es querer con la cabeza...

JUAN Calla.

YERMA (Bajo.) Una cosa es querer con la cabeza y otra cosa es que el cuerpo, maldito sea el cuerpo, no nos responda. Está escrito y no me voy a poner a luchar a brazo partido con los mares. Ya está. ¡Que mi boca se quede muda! (Sale.)



                                                     TELÓN.





CUADRO SEGUNDO


(Alrededores de una ermita en plena montaña. En primer término, unas ruedas de carro y unas mantas formando una tienda rústica, donde está Yerma. Entran las mujeres con ofrendas a la ermita. Vienen descalzas. En la escena está la Vieja Pagana.)


(Canto a telón corrido)

      No te pude ver
      cuando eras soltera,
      mas de casada te encontraré.
      No te pude ver
      cuando eras soltera.
      Te desnudaré,
      casada y romera,
      cuando en lo oscuro las doce den.


VIEJA PAGANA (Con sorna.) ¿Habéis bebido ya el agua santa?

MUJER 1 Sí.

VIEJA PAGANA Y ahora, a ver a ése.

MUJER 2 Creemos en él.

VIEJA PAGANA Venís a pedir hijos al santo y resulta que cada año vienen más hombres solos a esta romería. ¿Qué es lo que pasa? (Ríe.)

MUJER 1 ¿A qué vienes aquí, si no crees?

VIEJA PAGANA A ver. Yo me vuelvo loca por ver. Y a cuidar de mi hijo. El año pasado se mataron dos por una casada seca y quiero vigilar. Y, en último caso, vengo porque me da la gana.

MUJER 1 ¡Que Dios te perdone! (Entran.)

VIEJA PAGANA (Con sarcasmo.) Que te perdone a ti. (Se va. Entra María con la Muchacha 1)

MUCHACHA 1 ¿Y ha venido?

MARÍA Ahí tienes el carro. Me costó mucho que vinieran. Ella ha estado un mes sin levantarse de la silla. Le tengo miedo. Tiene una idea que no sé cuál es, pero desde luego es una idea mala.

MUCHACHA 1 Yo llegué con mi hermana. Lleva ocho años viniendo sin resultado.

MARÍA Tiene hijos la que los tiene que tener.

MUCHACHA 1 Es lo que yo digo. (Se oyen voces)

MARÍA Nunca me gustó esta romería. Vamos a las eras, que es donde está la gente.

MUCHACHA 1 El año pasado, cuando se hizo oscuro, unos mozos atenazaron con sus manos los pechos de mi hermana.

MARÍA En cuatro leguas a la redonda no se oyen más que palabras terribles.

MUCHACHA 1 Más de cuarenta toneles de vino he visto en las espaldas de la ermita.

MARÍA Un río de hombres solos baja esas sierras.

      (Salen. Se oyen voces. Entra Yerma con seis mujeres que van a la iglesia. Van descalzas y llevan cirios rizados. Empieza el anochecer.)

YERMA

      Señor, que florezca la rosa,
      no me la dejéis en sombra.

MUJER 2

      Sobre su carne marchita
      florezca la rosa amarilla.

MARÍA

Y en el vientre de tus siervas,
la llama oscura de la tierra.

CORO

      Señor, que florezca la rosa,
      no me la dejéis en sombra.

       (Se arrodillan.)

YERMA

      El cielo tiene jardines
      con rosales de alegría:
      entre rosal y rosal,
      la rosa de maravilla.
      Rayo de aurora parece
      y un arcángel la vigila,
      las alas como tormentas,
      los ojos como agonías.
      Alrededor de sus hojas
      arroyos de leche tibia
      juegan y mojan la cara
      de las estrellas tranquilas.
      Señor, abre tu rosal
      sobre mi carne marchita.

      (Se levantan.)

MUJER 2

      Señor, calma con tu mano
      las ascuas de su mejilla.

YERMA

      Escucha a la penitente
      de tu santa romería.
      Abre tu rosa en mi carne
      aunque tenga mil espinas.

CORO

      Señor, que florezca la rosa,
      no me la dejéis en sombra.

YERMA

      Sobre mi carne marchita,
      la rosa de maravilla.

       (Entran.)

      (Salen las muchachas corriendo con largas cintas en las manos, por la izquierda. Por la derecha, otras tres, con largas cintas y mirando hacia atrás. Hay en la escena como un crescendo de voces, con ruidos de cascabeles y colleras de campanillas. En un plano superior aparecen las siete muchachas, que agitan las cintas hacia la izquierda. Crece el ruido y entran dos máscaras populares, una como macho y otra como hembra. Llevan grandes caretas. El macho empuña un cuerno de toro en la mano. No son grotescas de ningún modo, sino de gran belleza y con un sentido de pura tierra. La hembra agita un collar de grandes cascabeles. El fondo se llena de gente que grita y comenta la danza. Está muy anochecido.)

NIÑOS ¡El demonio y su mujer! ¡El demonio y su mujer!

HEMBRA

      En el río de la sierra
      la esposa triste se bañaba.
      Por el cuerpo le subían
      los caracoles del agua.
      La arena de las orillas
      y el aire de la mañana
      le daban fuego a su risa
      y temblor a sus espaldas.
      ¡Ay, qué desnuda estaba
      la doncella en el agua!

NIÑO

      ¡Ay, cómo se quejaba!

HOMBRE 1

      ¡Ay, marchita de amores!

NIÑO

      ¡Con el viento y el agua!

HOMBRE 2

      ¡Que diga a quién espera!

HOMBRE 1

      ¡Que diga a quién aguarda!

HOMBRE 2

      ¡Ay, con el vientre seco
      y la color quebrada!

HEMBRA

Cuando llegue la noche lo diré
cuando llegue la noche clara.
Cuando llegue la noche de la romería
rasgaré los volantes de mi enagua.

NIÑO

      Y en seguida vino la noche.
      ¡Ay, que la noche llegaba!
      Mirad qué oscuro se pone
      el chorro de la montaña.

      (Empiezan a sonar unas guitarras.)

MACHO (Se levanta y agita el cuerno.)

¡Ay qué blanca
la triste casada!
¡Ay cómo se queja entre las ramas!
Amapola y clavel serás luego,
cuando el Macho despliegue su capa.

      (Se acerca.)

Si tú vienes a la romería
a pedir que tu vientre se abra,
no te pongas un velo de luto,
sin dulce camisa de holanda.
Vete sola detrás de los muros,
donde están las higueras cerradas,
y soporta mi cuerpo de tierra
hasta el blanco gemido del alba.
¡Ay, cómo relumbra!
¡Ay, cómo relumbraba,
ay, cómo se cimbrea la casada!

HEMBRA

      ¡Ay, que el amor le pone
      coronas y guirnaldas,
      y dardos de oro vivo
      en sus pechos se clavan!

MACHO

      Siete veces gemía,
      nueve se levantaba.
      Quince veces juntaron
      jazmines con naranjas.

HOMBRE 3

      ¡Dale ya con el cuerno!

HOMBRE 2

      ¿Con la rosa y la danza!

HOMBRE 1

¡Ay, cómo se cimbrea la casada!

MACHO

      En esta romería
      el varón siempre manda.
      Los maridos son toros,
      el varón siempre manda,
      y las romeras flores,
      para aquel que las gana.

NIÑO

      ¿Dale ya con el aire!

HOMBRE 2

      ¡Dale ya con la rama!

MACHO

      ¡Venid a ver la lumbre
      de la que se bañaba!

HOMBRE 1

      Como junco se curva.

NIÑO

      Y como flor se cansa.

HOMBRES

      ¡Que se aparten las niñas!

MACHO

      ¡Que se queme la danza
      y el cuerpo reluciente
      de la limpia casada!

      (Se van bailando con son de palmas y música. Cantan.)

      El cielo tiene jardines
      con rosales de alegría:
      entre rosal y rosal,
      la rosa de maravilla.

      (Vuelven a pasar dos muchachas gritando. Entra la vieja pagana.)

VIEJA PAGANA A ver si luego nos dejáis dormir. Pero luego será ella. (Entra Yerma.) ¿Tú? (Yerma está abatida y no habla.) Dime ¿para qué has venido?

YERMA No sé.

VIEJA PAGANA ¿No te convences? ¿Y tu esposo?

(Yerma da muestras de cansancio y de persona a la que una idea fija le oprime la cabeza.)

YERMA Ahí está.

VIEJA PAGANA ¿Qué hace?

YERMA Bebe. (Pausa. Llevándose las manos a la frente) ¡Ay!

VIEJA PAGANA Ay, ay. Menos ¡ay! y más alma. Antes no he querido decirte, pero ahora, sí.

YERMA ¡Y qué me vas a decir que ya no sepa.

VIEJA PAGANA Lo que ya no se puede callar. Lo que está puesto encima del tejado. La culpa es de tu marido, ¿lo oyes? Me dejaría cortar las manos. Ni su padre, ni su abuelo, ni su bisabuelo se portaron como hombres de casta. Para tener hijo ha sido necesario que se junte el cielo con la tierra. Están hechos con saliva. En cambio, tu gente, no. Tienes hermanos y primos a cien leguas a la redonda. ¡Mira qué maldición ha venido a caer sobre tu hermosura!

YERMA Una maldición. Un charco de veneno sobre las espigas.

VIEJA PAGANA Pero tú tienes pies para marcharte de tu casa.

YERMA ¿Para marcharme?

VIEJA PAGANA Cuando te vi en la romería me dio un vuelco el corazón. Aquí vienen las mujeres a conocer hombres nuevos y el Santo hace el milagro. Mi hijo está sentado detrás de la ermita esperándote. Mi casa necesita una mujer. Vete con él y viviremos los tres juntos. Mi hijo sí es de sangre. Como yo. Si entras en mi casa, todavía queda olor de cunas. La ceniza de tu colcha se te volverá pan y sal para las crías. Anda. No te importe la gente. Y, en cuanto a tu marido, hay en mi casa entrañas y herramientas para que no cruce siquiera la calle.

YERMA Calla, calla. ¡Si no es eso! Nunca lo haría. Yo no puedo ir a buscar. ¿Te figuras que puedo conocer otro hombre? ¿Dónde pones mi honra? El agua no se puede volver atrás, ni la luna llena sale a mediodía. Vete. Por el camino que voy seguiré. ¿Has pensado en serio que yo me pueda doblar a otro hombre? ¿Que yo vaya a pedirle lo que es mío como una esclava? Conóceme, para que nunca me hables más. Yo no busco.

VIEJA PAGANA Cuando se tiene sed, se agradece el agua.

YERMA Yo soy como un campo seco donde caben arando mil pares de bueyes, y lo que tú me das es un pequeño vaso de agua de pozo. Lo mío es dolor que ya no está en las carnes.

VIEJA PAGANA (Fuerte.) Pues sigue así. Por tu gusto es. Como los cardos del secano. Pinchosa, marchita.

YERMA (Fuerte.) Marchita sí, ¡ya lo sé! ¡Marchita! No es preciso que me lo refriegues por la boca. No vengas a solazarte, como los niños pequeños en la agonía de un animalito. Desde que me casé estoy dándole vueltas a esta palabra, pero es la primera vez que la oigo, la primera vez que me la dicen en la cara. La primera vez que veo que es verdad.

VIEJA PAGANA No me das ninguna lástima, ninguna. Yo buscaré otra mujer para mi hijo.

      (Se va. Se oye un gran coro lejano cantado por los romeros. Yerma se dirige hacia el carro y aparece por detrás del mismo su marido.)

YERMA ¿Estabas ahí?

JUAN Estaba.

YERMA ¿Acechando?

JUAN Acechando.

YERMA ¿Y has oído?

JUAN Sí.

YERMA ¿Y qué? Déjame y vete a los cantos. (Se sienta en las mantas)

JUAN También es hora de que yo hable.

YERMA ¡Habla!

JUAN Y que me queje.

YERMA ¿Con qué motivo?

JUAN Que tengo el amargor en la garganta.

YERMA Y yo en los huesos.

JUAN Ha llegado el último minuto de resistir este continuo lamento por cosas oscuras, fuera de la vida, por cosas que están en el aire.

YERMA (Con asombro dramático.) ¿Fuera de la vida dices? ¿En el aire dices?

JUAN Por cosas que no han pasado y ni tú ni yo dirigimos.

YERMA (Violenta.) ¡Sigue! ¡Sigue!

JUAN Por cosas que a mí no me importan. ¿Lo oyes? Que a mi no me importan. Ya es necesario que te lo diga. A mí me importa lo que tengo entre las manos. Lo que veo por mis ojos.

YERMA (Incorporándose de rodillas, desesperada.) Así, así. Eso es lo que yo quería oír de tus labios. No se siente la verdad cuando está dentro de una misma, pero ¡qué grande y cómo grita cuando se pone fuera y levanta los brazos! ¡No le importa! ¡Ya lo he oído!

JUAN (Acercándose.) Piensa que tenía que pasar así. Óyeme. (La abraza para incorporarla.) Muchas mujeres serían felices de llevar tu vida. Sin hijos es la vida más dulce. Yo soy feliz no teniéndolos. No tenemos culpa ninguna.

YERMA ¿Y qué buscabas en mí?

JUAN A ti misma.

YERMA (Excitada.) ¡Eso! Buscabas la casa, la tranquilidad y una mujer. Pero nada más. ¿Es verdad lo que digo?

JUAN Es verdad. Como todos.

YERMA ¿Y lo demás? ¿Y tú hijo?

JUAN (Fuerte.) ¡No oyes que no me importa! ¡No me preguntes más! ¡Que te lo tengo que gritar al oído para que lo sepas, a ver si de una vez vives ya tranquila!

YERMA ¿Y nunca has pensado en él cuando me has visto desearlo?

JUAN Nunca.

      (Están los dos en el suelo.)

YERMA ¿Y no podré esperarlo?

JUAN No.

YERMA ¿Ni tú?

JUAN Ni yo tampoco. ¡Resígnate!

YERMA ¡Marchita!

JUAN Y a vivir en paz. Uno y otro, con suavidad, con agrado. ¡Abrázame! (La abraza.)

YERMA ¿Qué buscas?

JUAN A ti te busco. Con la luna estás hermosa

YERMA Me buscas como cuando te quieres comer una paloma.

JUAN Bésame... así.

YERMA Eso nunca. Nunca. (Yerma da un grito y aprieta la garganta de su esposo. Éste cae hacia atrás. Le aprieta la garganta hasta matarle. Empieza el coro de la romería). Marchita, marchita, pero segura. Ahora sí que lo sé de cierto. Y sola. (Se levanta. Empieza a llegar gente.) Voy a descansar sin despertarme sobresaltada, para ver si la sangre me anuncia otra sangre nueva. Con el cuerpo seco para siempre. ¿Qué queréis saber? No os acerquéis, porque he matado a mi hijo. ¡Yo misma he matado a mi hijo!

(Acude un grupo que queda parado al fondo. Se oye el coro de la romería.)



                                                     TELÓN.



FEDERICO GARCÍA LORCA


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