El agujero que ha muerto se
despliega como una sábana para
no poder dormir -yo, al fondo
de él, habiéndome olvidado-
mi cadáver
será un signo -En la pared sombras
de sapos van, una a una, pasando
pensando -no poder dejar de pensar
-en la pared desfilan
lentas las sombras de los sapos
de mi pensamiento-
no estoy sino aquí.
Atravesar el bosque para
saber que está vacío, y por siempre.
Un coro
de gigantescos monos danzará sobre
mi cadáver y uno de ellos, el que
lleva la insignia del jefe, cogerá
en su mano mi pequeño cráneo y reirá, reirá.
Mas mi destino sigue
erguido en pie en un mundo
desierto. Esposa
de un esqueleto, fiel a un muerto, así
eres tú, Helaí.
Y mi madre muere en mi pensamiento.
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