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Saúl Ibargoyen

 
 

CAPÍTULO XXXVI


MUHAMED Y SU PRESUNTO DUEÑO SE CRUZAN CON EL DIOS VERDE Y SUS VISIONES FINALISTAS; LUEGO VEN PASAR UNA RECONOCIBLE CARROZA Y DAN SU VOZ A LA VOZ QUE CIERRA ESTA INACABADA NARRACIÓN: QUIEN TENGA OJOS QUE LEA MÁS ALLÁ DE LEER*



"Buenos ratos hace que seguimos este rumbo hacia la Vila Saraiba, mi envejecido Muahmed, ¿o añejado fuiste siempre? ¿Has llevado cuenta de cuántos añales hemos caminado, a la velocidad de tus duras y pacientes patas, por las sendas que el Señor de los Cielos Altos, ¡bendecido sea su solo nombre!, ha ido construyendo delante de nuestro destino? Alguien me comentó, leguas atrás, allá por Notembó o Palo Seco, que era imposible la existencia de un burro que tuviera las medidas de tu edad. Solamente Él, ¡que él mismo se bendiga, pues mi pensamiento es indigno de alabarlo!, puede saber el tiempo de cada una de sus diversas criaturas que tan tercamente se mueven y tiemblan entre las polvaredas confusas de estas estériles fronteras. Dirás, burrito más de ti que mío, que por qué me ha dado por hablar de este yeito. Pues, quizá de tanto haber leído a esos plumarios escribas del Jornal do Rivamento, de El Norteño o del Notembó Tribune, ¿quién, digo, lo sabe? La lectura es el hombre, Muahmed, por eso soy tan imperfecto: nunca leí las páginas eternas del Gran Libro que el mensajero del Misericordioso entre los misericordiosos, ¡elogiado sea!, recibió de las alturas divinas para enseñarlo a los tristes y erráticos mortales que andamos suspirando en estos mundos. Apenas si malamente repito los tonos con que mi padre carnal, ya disuelto en el espíritu sin límites del cielo, me ayudara para guiarme en mi trazado destino...
"Pero, ¿y esa aparición humana que se acerca, esa visión de un hombre o lo que sea, surgiendo de las últimas neblinas de la mañana, luego del momento de mi pasada oración? ¿Has visto persona parecida, buen Muahmed? ¡Mira qué flacos son esos huesos! ¡Y qué largura la de esas sucias y piojentas pelambreras! Y esa tal túnica verde, ni profeta o juez que fuera el raro tipo, que estas comarcas no son precisamente un lugar propicio para líderes de profetería. ¡Escucha, Muahmed, el llamado de este hombre, su invocación, que de seguro tiene más hambre de un asado de oveja flaca que de su mero Dios!"
"¿Quiénes son esos dos que ahí aparecieron en medio de este ancho desierto? ¿Qué espantos, qué fantoches de Satanás son? ¡Escuchadme, vosotros de las grandes orejas y las seis patas y una única cola! ¿Qué hacéis en estas regiones vaciadas de esperanza? ¿No sabéis acaso la horrorosa nueva, el negro evangelio, o nadie os enteró del crimen, allá, del otro lado? El hijo primogénito, la primicia más tierna, fue borrada a pólvora y engaño y fuego: siete espadas ardientes traspasaron el cuerpo sin defensa de Batista Benjamín. ¡Yo vi todo el sacrificio dibujado en el doble firmamento: como espejos hay en los aires del Señor, y allí todavía permanecen la sangre volcada y los jugos dispersos! ¡Mirad, contemplad, espantajos dos que uno solo parecen ser! ¡Cuando crezca el sol crecerán la sangre y los coágulos de esa misma sangre, hasta que el crepúsculo también y así desaparezca! ¡Hoy es el día de la ira roja del Dios escondido! ¡Y de los mares espumosos de arena inmunda y suero colorado, saltarán los tremendísimos desastres que habrán de llevar, junto con la peste, la hambruna y la espada, a que reine la justicia humana entre estas naciones fronterizas! ¡Tres ranchos, allá en los nortes, habrán de quemarse, y madres y niños de teta, y mozo de buena edad, y ancianos ya caducos, todos serán acuchillados, baleados, descuartizados y metidos hasta abrasarse en la mera raíz del incendio final!"
"Ay, mi casi Muahmed, mira cómo esta especie de dios verde grita hacia nosotros noticias tan horrendas; mira cómo nos pide, sin hablar y sin nueva gritaría, algo de tragar, charque o galleta. Le damos, sí, y mastica, se atora, come, eructa, babease, se nos va bien a la rápida, ¿cuándo lo veremos otra vez? ¿Por qué nos dejó ansí, gritados y noticiados de espantosa manera? Sigamos, Muahmed: para el caminador, toda distancia siempre es larga... Y llegar es abrir otro camino, sólo.
"Y agora, ¿qué? ¿Ves esa carroza de cuatro ruedas anchas, y cuatro caballos todos negros, justo como para un entierro parecen dispuestos, látigo y rebenque los cocheros, barro último de allá misturándose con el polvo tempranero de aquí, sudores y vapores...?, ¡es la carroza de doña Almendorina, la Condesa de Canguçueiro! Para Siete Árboles sin duda se está dirigiendo, la patria de Coralia Amelia, nuestra dienta. ¿No crees que va como huyendo de un pecado, de un crimen? ¿O tratará de escapar de un sufrimiento? ¿Es que aínda no sabe que huir del dolor es penar inútilmente? ¿Ves?, ya se nos perdió el tal carro de gente señorona, con todo y propietaria: un perfil enredado, de ojo duramente abierto ella llevaba, como quien tiene resuelto dejar de dormir...
"La Vila Saraiba, paraje de conflictos, ya nos muestra sus avisos de humo, Muahmed, pero mucho más allá, como si hubiera un cielo doble según dijo el dios verde, ¿puedes ver una polvazón destamañada?, ¿puedes sentir un temblor de miles de patas y cascos llegando por debajo de nosotros?, ¿puedes oler distintas mierdas desprendiéndose y mezclándose? ¿Qué sucede en estas bandas, Señor Altísimo, ¡loados por siempre tu nombre y tu luz!, o es que la extinción de los tiempos parece haber llegado? ¿Quién nos ha puesto en tales marcas y lindes, quién y para qué: para dar testimonio de esto? ¿Sólo? Pero hay muchísimas señales de pájaros, hasta las hormigas se esconden o trabajan, y las mariposas engordan o se equivocan de flor... Confiemos, sí, buen y añoso Muahmed, que si el Señor de la Alta Misericordia, ¡bendito por cada uno de los siempres sea!, no nos envió advertencia de que ahorita mismo esta era se acaba, entonces debemos aceptar de que se trata, tanto rebullicio, de los señores y dueños paseando el poder de sus vacas por esta toda fronteriza tierra."

"En carroza béin ligera
con su pena sin igual muy
lejos de esta frontera
la señora se nos va..."

¿Quién cantaba esta copla, dígame usté, como yéndose con todo y voz hacia las polvazones y los aires y los pastos de la hacienda Siete Árboles? ¿Y quiénes la escuchan ahora, y quiénes la recordarán después? ¿Quiénes, quién?



México, D.F. 1992-1996.



_______________________________________________________________ * QUIEN TENGA OJOS QUE LEA MÁS ALLÁ DE LO QUE AQUÍ SE ESCRIBIÓ.



De: Toda la tierra Grupo Editorial Eón/ Centro Universitario de Tijuana, México, 2000.


 

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