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Saúl Ibargoyen

 
 

CAPÍTULO VII


ACUDE EL MOVIDO PERIODISTA CYRINO TAMANCO A LA VELADA POÉTICA DE UN TAL OLAVIO BRÁS, ADELANTÁNDONOS SU CRÓNICA



Cyrino Tamanco iba de obligada paseata por la mera médula de la Avenida Internacional: jardines incipientes, desprolijos senderos, fuentes balbuceantes, hierbas emparejadas a tijera y canteros apenas alterados por el azadón, y árboles de diversas estaturas y plumajes: pinos, Jacarandas, talas, acacias, eucaliptus, espinillos, aromos, naranjos amargos.
"¡Qué mistura béin entreverada es ésta! ¡Ansí nunca más nos acercaremos a la modernidad que los nuevos tiempos claman y reclaman!"
Andaba aquel fronterizo con algunas prisas, pues debía llegar bien en la hora para escuchar la lectura poética de Olavio Brás, la sala renovada del Club de Comercio y Cultura, allí no lejos, sobre la rúa Hermanos Gonçalves y casi tocando la ecléctica Plaza Osorinho.
“Poco conozco yo de este lírico del norte. Suerte buena que el cura Lucasio Adán me concediera en préstamo su delicado segundo tomo de La vía láctea y otras poesías. Mucho no le entendí, en puridad de verdades, pero sí que me resultó etéreo con su figuras preciosistas y de bastante música. En los versos no se le notan sus mañas políticas."
Así se susurraba Cyrino Tamanco, tranco a tranco y cogitando desde ya el modo de encarar los tres artículos que el director del Jornal do Rivamento le había encargado:
"¡Gloria inmarcesible de las letras brasilianas, que altamente nos honra con su visita a estas aisladas fronteras! No menos de tres crónicas seguidas, Cyrino, tú ya sabes. Y tempranito me las vas entregando, con tus mejores caligrafías, que a veces los cajistas no comprenden tantas comparaciones y parábolas."
La sala magna del Club de Comercio y Cultura había sido hasta fechas próximas y pasadas el lugar de las juntas regulares de la dirigencia de aquella institución, rectora de azares y haciendas. Es decir, "ahí se cocinaban las cotizaciones del ganado vivo, la corambre y el tasajo, de la lana y el arroz; y claro que también el alza o la baja en la bolsa de los asalariados, el apoyo a los gobiernos locales, provinciales, nacionales y foráneos. Hacendados y plantadores, coroneles y empresarios, políticos y contrabandistas cuidaban el desarrollo de las potencias productivas rivamentinas, frenadas siempre -he aquí una dialéctica contradicción- por maneras y vinculaciones de producir instaladas desde antes de la fundación del Primer Imperio, confirmadas con el advenimiento del Imperio Corporativo y desenvueltas con mayor ferocidad, al término del sistema esclavista, por las recientes Repúblicas Corporativas Brasilianas. Además, esta inmensísima nación, más que extenderse por razones de geopolítica, lo hace aún por una desmesurada práctica de la geofagia".
Como usté verá, estas transcripciones poco tienen de relación con el capítulo en que andamos, pero igualito van puestas para ayudar a describir los ámbitos en que Cyrino Tamanco se meneaba. Él mismo conoció el texto transcripto, aunque añares después, en un subversivo semanario uruguaytiano, de Montevidéu.
"El excelso salón mostraba, refacciones mediante, la labor anos aplicadas y barrocas. En el complejo dibujo de los dorados artesones dejaron constancia, que ainda puede admirarse, de versas habilidades generadas, es bien probable, por la reunión de una sensibilidad genéticamente asociada a las sustancias y luces de ancha naturaleza de más al norte de la provincia, con la sabia educación y el abnegado adiestramiento que los dilectos y jesuísticos siervos del Señor Jesucristo, en otras épocas ya algo alejadas, supieron entregar a las naciones avañenses, parientas de las derrotadas machaluhanas..."
Así tramaba Cyrino Tamanco el párrafo inicial de su crónica primera, aunque sospechando que las referencias a los hijos del maíz y a los dueños del venado nada le agradarían al director del diario, al que bautizaremos, para otorgarle confianza en sí mismo y firmeza papelera en sus convicciones de comunicador social, con el apelativo de Alarico Kane Bragança.
"¡Qué nombres me encontraré en el tal evento! Si ya los adivino: Thomazio Albarniz, Dionisio de las Flores, Necrosio Floreal da Cunda Guerra, Timeo Vasco do Punhal, Jócasto Bautista Pavia da Cunda, con sus señoronas mujeres y ainda mais... ¡La más cremosa crema fronteril!"
Pero hubo que detener la lista, como usté percibió, pues esos nombrecitos aparecerán luegoluego, si no es que ya aparecieron y no siempre es adecuado dar mucho adelanto de un suceso. El tiempo es un aire con vientos diversos, y en cualquier momento, en cualquier encrucijada, en cualquier página, las respiraciones de la gente se mezclan, los suspiros, las pedorreras, los soplidos, los últimos alientos también. Al que mueve una brisa, se le cae encima una tormenta...
En fin, le digo sólo a usté que las juntas las habían pasado al despacho del alcalde, por eso la sala magna quedó para los usos como el que se verá al tiro. Cada negocio en su sitio y cada nalga en su calzón, digo yo. Y usté, ¿no acredita? En los trueques de poderes unos se conforman con los cambios y otros se guardan lo grueso en la bolsa, ¿héin?
Cyrino Tamanco, veloz y discreto, puso su jadeante huesera] en uno de los aterciopelados sillones rojos dispuestos para la prensa, en tercera fila, a la derecha. A su lado se acomodaría enseguida un tal Saulo Ambrosiano, nuevo y afrancesado representante de asuntos culturosos del único periódico del otro lado, El Norteño, publicación trilingüe, chismorrienta, chafa, chovinista y chapucera. ¿Qué por qué las tres lenguas? Pos, la deportiva, la política y la culturosa, ¿o no?
"El laureado Olavio Brás ingresó en la exornada y remozada sala con el paso de quien conoce su destino. Saludó al nutridísimo auditorio, en verdad un verdadero lote del más patricio, preclaro y encumbrado personal de Rivamento, con una leve reverencia y, antes de que naciera el más espontáneo de los aplausos, colocó su expansiva voz entre aquellos techos y bóvedas y paredes enjabelgados de oro y púrpura:
“Tu Patria no está solamente en el terrón en que naciste, tu Patria no se eleva desde un simple relevamiento topográfico. El suelo que pisas, las aguas donde te reflejas, el cielo que te ilumina, los árboles que te dan voces, frutos y sombras, las fuentes que te des-sedientan, el aire que absorbes, todo lo recibiste en herencia, como todos los hombres sobre la Tierra. ¡Tu Patria no es un accidente geográfico!
“Brasiliano-rivamentino: si te preguntaran: ¿Dónde está tu Patria?, responde: mi Patria está en la geografía ideal que mis grandes muertos grabaron en mi corazón. En la sangre con que fortalecen mis energías. En la misteriosa esencia que traspasaron a mi carácter. En la herencia de los sacrificios que me trasmitieron. En la herencia acuñada a fuego, en el hierro, el bronce y el acero de las ediciones contra los indios ignaros, de las batallas contra los conquistadores venidos de las Naciones Bajas, del ahorcamiento del Heroico Tiramuelas, de la Independencia del Primer Imperio, He la construcción del Imperio Corporativo, de nuestra actual y preciosa República, de las guerras contra los presuntuosos y atrasados paraguaytianos... Mi Patria está en la conciencia que tengo de su grandeza moral, símbolo perenne de tolerancia desmedida y generosidad infinita...
“Mi Patria está en ti, madre mía, en el conmovido orgullo con que arrancaste de las entrañas de mi ser, la más bella de las palabras, el nombre supremo: ¡Brasiliano!”
"Los aplausos ubérrimos consumaron la estremecedora comunión entre el vate orador y un público alucinado que descubrió en sí mismo un renovado furor patriotístico. Hubo nobles señoras que esparcieron sus desnudas lágrimas en un tierno acto de bendición; hubo otras damas que desfallecieron en los férreos brazos de sus dignos esposos.
"El aeda Olavio Brás abrió los brazos para entregarse a aquella clamorosa confirmación de sus propios ideales. Cuando sólo un susurrante rumor encontró habitación en el ámbito de la ornamentada sala, pudo anunciar la lectura de sus versos recientes..."
Con tales estilos Cyrino Tamanco redactaba lo esencial del acontecimiento, aliviándonos así de describir detallísticamente el sofisticado vestuario de las numerosas damas asistentes. De los atuendos varoniles mencionamos: frac a la moda inglesa, galera, pantalón a listas grises y blancas, chaleco rojo o color crema claro con botones de oro, camisa blanquísima de cuello y puños engoma-dos con sus mancuernas de joyas o esplendentes monedas, corbata de moño o larga con su prendedor de brillante, botines de charol o cabritilla, flexible bastón de caña de la India...
Qué habrá preparado el otro cronista, el tal Saulo Ambrosiano, para su analfabeta público de El Norteño, pues nunca se sabrá; sólo consultando los futuros malolientes y humedecidos archivos de la hemeroteca municipal, la que está de junto vecina a la parroquia donde oficia, como cura invitado, don Lucasio Adán La verdad, señor que hasta aquí me acompaña, resulta jodido eso de ir ajustando los tiempos verbales a los caprichosos almanaques de esta ondulante frontera rivamentina.



De: Toda la tierra Grupo Editorial Eón/ Centro Universitario de Tijuana, México, 2000.


 

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