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Saúl Ibargoyen

 
 

NUEVAS DESTRUCCIONES




SOBRE “NUEVAS DESTRUCCIONES”
(BLANCA ESTHER MARTÍNEZ MANJARREZ)



Es de preguntarse
si el asunto del canto
es algo cierto o sustancia indefinida.” P.67



I DESTRUCCIONES

Cuando Saúl Ibargoyen, este escribidor ferido trashumante enlabia su cático cantinela a lo largo de las páginas de su poemario titulado: “Nuevas Destrucciones”, está influenciado por el campo léxico del portuñol, lengua hablada en la frontera entre Uruguay y el Brasil, espacio geográfico reducido y muy complejo, adonde viviera el autor. Cuando Ibargoyen pasa su aliento por estas indefensas páginas, así como cuando: “Un duro pedazo de silencio/ cae sobre la banqueta indefensa”; las vuelve densas, oscuras y torturadas, de difícil digestión. El Poeta remueve los basamentos de la realidad que pensábamos inamovibles, y nos hacemos un poco más conscientes de la miseria cotidiana. Un ardor de indignación se te empieza entonces a retorcer en los intestinos, obligándote a cuestionar el presente, en tanto intentas perseguir el hilo de su imaginario, donde reconocemos lo monstruoso de nuestra propia humanidad.

Pensador socialista no se traiciona y canta pensando primero siempre en los pobres, en las víctimas de esta ignorancia silenciosa, alienación cobarde, que tiene secuestrado al mundo en la pasividad y el silencio. “Debemos poner la voz en barata/ para que nadie se quede sin palabras” P.12 El tema social en él, más que una reiteración, es la razón de su escritura, el demonio que lo tortura hasta hacerlo escribir. “Y volverás a escribir / porque nadie puede quemar/ los restos de su sombra” P. 16. Iniciando el libro nos dice: “sin substancia:/ circunstanciado de mi/voy como si fuera/ el más solo guerrero/ de estos pútridos sueños” P.9, y con ello nos habla de lo difícil que le ha resultado, como a todo gran pensador de izquierda, realizar su labor de forjador de la palabra.

En este mundo donde el capitalismo y el neoliberalismo despersonalizantes y constructores de miseria social y humana, nos han secuestrado tras el ruido blanco en el fondo de cualquier habitación mal ventilada. El zumbido de un televisor.

Sus preocupaciones que emanan descontento, por la injusticia que el poeta descubre en lo cotidiano. El libro entero es un canto de denuncia, un canto contra todo lo que nombra. Nos recuerda entre sus destrucciones el pasado que compartimos los pueblos de Latinoamérica, también nos habla sobre las ciudades pútridas donde fermentamos el miedo, de la palabra, la voz, el origen y todo, para destruirlo sin titubear con cruel análisis y escrutinio busca lo caduco y universal generando de forma cadenciosa e hipnótica una reacción en cadena de destrucciones personales en quien lo lee. Su ritmo evocó en mi imaginación un conjuro donde los demonios internos son obligados a exponerse a la luz de la conciencia, para ser reconocidos e iniciar así, el proceso de dominación y control sobre ellos.

Pero la generalidad que vincula estas “Destrucciones” del inicio del libro y las diferencia de las “Otras destrucciones”, es que penetra y analiza arquetipos y figuras que hemos construido de forma comunitaria, como entes sociales, presos en un sistema y sus estructuras ideológicas. También las “destruye” durante su análisis, utilizando un tono más abierto e incluyente, alejándose de la interiorización que muestra en las “Otras destrucciones”, sobre las que hablaré a continuación.


II OTRAS DESTRUCCIONES

La segunda parte del libro refleja “Otras destrucciones” personales para el autor, pero por la forma en que han sido trabajados estos versos, se vuelven universales. Leemos de alguien “que haría un verso de nada/ un verso tomado de palabras sin nacer” P.59, y de “Un anciano pájaro /tan flemoso y ronco/ luego de buscar su canto/ entre distintos aires y gases crujientes” P.67; más adelante nos pide “Entrégale tus palabras al que sueña/… Y míralo escribir: está naciendo.” Para terminar hablándonos de una hoja de árbol otoñal en la que el autor se reconoce y a través de él, nos reconocemos todos en nuestro paso por el tiempo que se consume mientras “chilla en nuestra panza/ la bestia primordial” P.84.


III LOS SUEÑOS DEL HOMBRE

En esta tercera y última parte de su libro, Ibargoyen nos habla de “Los sueños del hombre” y el sueño de este hombre que el poeta construye como ícono de la humanidad de nuestro siglo que inicia, es la musa, idea utilizada en forma recurrente a lo largo de este poemario para hablar de la otredad del poeta y su relación con ella. Nos cuenta “tu figura pasará tal vez aliviándose de dulces ropas contaminadas/ por el amargor de la ciudad/ y sus gestiones de sórdida violencia.” Pero aquel hombre del que nos habla Ibargoyen, sueña también con la posesión material en nuestra sociedad capitalista y superficial donde todo parece tener precio, hasta ella: “El hombre, aquel hombre/ con brazo interminable/ se reconoce/ en el calor de las frágiles sedas/ que definen tu tensa cintura.”, “Frente a él, de nuevo/ tú la niña con su hembraje/ con su clítoris negro/… y ahora subes/ más allá de tu probable hermosura/ para recibir el mensaje de las fotografías/ que aquel hombre realiza/ con las manos de nadie”P.94, “Como una cambiante moneda amarilla/ ese rostro con su pelo/ se deshace en goterones de oro violento/ ya la moneda única así se multiplica/ y las manos del hombre/ permanecen abiertas/ como si un vértigo de polvo carnal las traspasara.” Pero después, el sueño del hombre se transforma en pesadilla “¿Qué gritan así/ estos ciudadanos del mal soñar/ sin que sus lenguas/ ni sus brazos ni sus voces/ se toquen?” P.96; “contra un muro de polvo ensangrentado:/ su lengua se contrae castigada/ por un ajeno silencio incomprensible.”P.102

Y así el soñante comienza a soñar con despertar “muchas pieles/ se adentran hacia el hueso más rojo/ y veraz/ que el hombre podrá tocar/ cuando su propio sueño/ lo despierte.”P.102 Pero no lo consigue porque Ibargoyen decide como último verso el disolverlo, queriendo quizás vengar así, la ultrajada vida que este hombre dejó tras su paso: “No puede el soñante/ enviar el mensaje ciego/ de sus párpados/ fuera de las cortinas/ o de los vidrios negros/ ni más allá de la congelada cáscara/ con que la noche asfixia/ las vulneradas vísceras del hombre./ Y en un vértigo sombrío/ una voz sola de pronto se desprende/ de sílabas y alientos:/ es un sucio núcleo de luz nunca tocada/ donde cada nombre/ de cada soñada muchacha o mujer/ o sólo hembra/ alcanza a renacer/ y se disuelve.



Saúl Ibargoyen, “Nuevas destrucciones”, 1ra. Reimpresión, Col. El corazón y los confines, Instituto Mexiquense de Cultura, 2013.








 

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