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Saúl Ibargoyen

 
 

INGRESO A LA ACADEMIA DE LETRAS DE URUGUAY






INVITACIÓN A LA CEREMONIA



SAÚL IBARGOYEN INGRESA A LA ACADEMIA DE LETRAS DE URUGUAY


El poeta Saúl Ibargoyen, naturalizado mexicano, fue nombrado miembro correspondiente en México de la Academia Nacional de Letras del Uruguay. La ceremonia correspondiente se realizará en la segunda mitad del presente año, en Montevideo, Uruguay.

La Academia Nacional de Letras del Uruguay es una institución pública que vela por la conservación y el enriquecimiento de la lengua española en ese país y que contribuye, en lo pertinente, al desarrollo y a la difusión de la cultura uruguaya.

Saúl Ibargoyen (1930), poeta de origen uruguayo y naturalizado mexicano en 2001, fue reconocido por la Academia Nacional de Letras del Uruguay con el cargo de miembro correspondiente en México. La noticia se le comunicó al escritor vía telefónica y se le informó que la ceremonia correspondiente se realizará en su próxima visita a ese país del Cono Sur, lo que probablemente ocurra en octubre o diciembre del presente año.

Esa institución agrupa a académicos, escritores y otras personalidades consideradas expertos en el uso de la lengua española y tiene cuatro tipos de miembros: Académicos de Honor, de Número, Eméritos y Correspondientes. Estos últimos son miembros que viven fuera del Uruguay, y es al grupo al que pertenece Saúl Ibargoyen.

La Academia Nacional de Letras de Uruguay y las demás Academias del mundo hispánico constituyen la Asociación de Academias de la Lengua Española, que es un organismo internacional reconocido por las Naciones Unidas.

Saúl Ibargoyen es un poeta de la realidad fracturada, violenta; resuelto a narrar y cantar ardientemente la condición opresiva que enfrentaba la Latinoamérica de su juventud. Son características de él, la claridad expresiva, la forma directa de decir, la condensación emotiva y conceptual. Mediante la precisión, la contundencia e impacto consigue asombrar y atrapar a su escucha. También narrador, periodista y promotor cultural, Ibargoyen nació en Montevideo, el 26 de marzo de 1930. Se inició en la literatura durante su escuela primaria, rodeado de las historias contadas por sus familiares y una biblioteca en declive por las dificultades económicas. Su imaginación infantil fue estimulada por la colección Biblioteca Internacional de Obras Famosas.

En 1954 publicó su primer libro: "El pájaro en el pantano"; año en que ingresó al Partido Socialista Uruguayo. Ibargoyen reconoce que ambos ámbitos, el político y el literario, nacen de un mismo impulso: la búsqueda de libertad. Más tarde se involucró con el Partido Comunista. Reconoce su activismo como origen del acercamiento con la gente, con la que trata de comunicarse inclusive con la poesía.

Obligado por el arribo de la dictadura a su país, se estableció en México, donde se involucró en el periodismo con una columna en el diario "Excélsior". De esta época, marcado por el destierro, produce: "Exilios" (1978), "Catálogo" (1979), "El silencio y la furia" (1981), "Erótica mía: escribiré en tu espalda" (1982) y "Epigramas a Valeria" (1984).

Entre 1984 y 1991 vive en Uruguay; para regresar a México, donde decide quedarse desde entonces. Aquí se convirtió en el jefe de la revista "Plural", del diario "Excélsior". En esta etapa publicó "Basura y más poemas" (1991), "Cuaderno de Flavia" (1993), "La última bandera" (1995), "Dispérsions" (2002), "Poeta en México City" (1998), "El escriba de pie" (2001), con el que recibió el Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer 2002, "El poeta y yo" (antología 1956-2000) (2003), y su más reciente título, la novela "La última copa" (2006).

El uruguayo califica su creación dentro del "lirismo materialista o realismo metafísico"; heredera de Drummond de Andrade, Bertolt Brecht, César Vallejo, Pablo Neruda (Nobel de Literatura 1971), Francisco de Quevedo y Villegas, Rainer María Rilke, la poesía oriental, los surrealistas, T.S. Eliot, entre otros.

El laureado poeta argentino Juan Gelman dijo que Ibargoyen "pertenece a la estirpe de los poetas verdaderos, una especie mucho menos abundante de lo que el número de libros de poesía en circulación y la crítica de ciertos críticos permitiría suponer". "Es un poeta original y, en consecuencia, suele padecer el embate de silencio que le dedican quienes están afiliados a lo novedoso y no atienden a lo sustancial", adujo.


NOTIMEX. 03 julio 2008



EL PORTUÑOL, ¿LENGUA LITERARIA?
LECTURA EN LA BIBLIOTECA NACIONAL, A SU NOMBRAMIENTO COMO MIEMBRO DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LETRAS DE URUGUAY


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ABSTRACT DE EL PORTUÑOL, ¿LENGUA LITERARIA?

Se parte de un rápido intento de esbozo de definición de frontera física tanto como de frontera cultural, referido en especial a un punto de encuentro de dos ciudades: San Ana do Livramento, sur de Brasil, y Rivera, norte de Uruguay. El autor vivió durante varios años en esa zona, que aún frecuenta, adonde se practica una forma lingüística muy particular, conocida como "portuñol", derivada de la interacción del español del norte uruguayo con el portugués del sur brasileño.
El autor describe ciertos aspectos socioculturales que entiende de mayor relevancia, para luego referirse a la influencia o presencia del portuñol en su escritura narrativa, la cual, además de la lectura de autores brasileños, le ha permitido configurar un mundo propio y tal vez único en la literatura uruguaya.

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El texto que aquí se ofrece tiene su origen en una ponencia que leímos con ocasión del Encuentro de Escritores de Monterrey, México, en 2005. Hemos realizado ciertas modificaciones, dado que dicha ponencia estaba dirigida a un receptor no habituado, en general, a estas temáticas; lo más parecido con el portuñol sería, para el receptor mexicano, el spanglish de la conflictiva frontera México-Estados Unidos, esa mezcla lingüística que ha pasado exitosamente a la literatura de ficción, con diversas y ricas variantes. Pero vayamos a nuestro asunto.

El término frontera (del latín frons, frontis: frente) admite en general dos significados o interpretaciones: la primera muy precisa ("puesta y colocada enfrente") y la segunda tan precisa como aquélla pero de cuestionable contenido ("confín o límite de un Estado"). Un Estado necesita forzosamente un límite; una nación, no. Por eso pensamos que una zona fronteriza es más una nación que un encuentro entre dos Estados.

Actualmente, en la práctica el término frontera es manejado más bien como un indicador de separaciones, divisiones, rompimientos, lejanías, y no pocas veces en cuanto un obstáculo a traspasar, a derrotar. En la demarcación de fronteras, a veces violenta o arbitraria, entre Estados y naciones o en la definición de entidades nacionales o regionales, suele no tomarse en cuenta -y la Historia lo comprueba- nada menos que el sustrato cultural de comunidades enteras y hasta sus componentes humanos de la mera cotidianidad. Las razones o sinrazones políticas, geopolíticas, militares y económicas así lo deciden y resuelven. El término "balcanización" se aplica a situaciones extremas, que en el mundo de hoy ofrecen los dramáticos ejemplos de varias zonas de Palestina, con el ominoso muro levantado por Israel, o la reciente y arbitraria invención de Kosovo, o los pujos secesionistas que amenazan a Bolivia, o la muralla futurista en el sur de Estados Unidos. Corresponde esto, sin duda, a la famosa divisa imperial: "Dividir para reinar".

Pero, ¿existen fronteras absolutamente fijas, con o sin bardas, con o sin agentes que las preserven, con o sin rigurosos puestos fronterizos, con o sin cazadores de inmigrantes, con o sin acuciosas aduanas, con o sin reglamentos más o menos flexibles? Y si un río, por ejemplo, forma parte de una frontera, ese río -como el heraclitano- nunca repetirá sus aguas, así como las fronteras tampoco nunca se repiten a sí mismas. No hay tal fijeza, porque -es obvio decirlo- las fronteras, en especial las culturales, respiran, se mueven, se trasladan.

Esto nos recuerda la leyenda de los dos monjes budistas que contemplaban el vaivén de una bandera sometida al viento. Uno preguntó: "Dime, ¿el viento mueve a la bandera o la bandera mueve al viento?" La respuesta fue: "Todo movimiento tiene un doble origen: en este caso, ambos lo generan y son también parte de la sustancia secreta del movimiento. Luego, buscarán su momento de reposo, que es una de las caras del movimiento."

Decíamos que las fronteras, como las arenas del desierto, son ajenas a la quietud. Sucede que soplan las brisas y los vientos y las tormentas de la Historia, que jamás dejan de soplar, y la aparente inmutabilidad de las marcas fronterizas se vuelve vacilante, insegura, temerosa. Algo parecido cuando las fronteras entre castas, clases, familias, clanes, tribus y grupos sociales se rompen o amenazan romperse, porque en verdad estamos rodeados de fronteras ideológicas, de límites materiales, de bardas invisibles, de contenciones psicológicas.

Estas rápidas reflexiones tienen su explicación, si es que la necesitan, en cuanto al hecho de que otros vientos nos llevaron a vivir, hace años y de los dos lados, a un punto de la frontera norte de Uruguay: la ciudad de Rivera y su junción con Livramento. Fue allí, precisamente, adonde aprendimos a percibir la movilidad de los límites fronterizos; allí, en el encuentro contradictorio y solidario a la vez de dos ciudades tan similares como distintas, aprendí asimismo que las líneas de separación, con sus marcos y sus garitas y sus controles aduaneros, no tenían mayor sentido. Porque, como se sabe, se trataba y se trata de una frontera seca y abierta: uno puede cruzarla varias veces al día -a pie o en carro o a caballo o en bicicleta- en ambos sentidos sin que haya que presentar ningún documento. Cruzar "la línea" es un suceso cotidiano, al punto de que esa línea imaginaria -pese a sus señales y referentes físicos- parece que se ha borrado de la mentalidad fronteriza. Por ejemplo, la Plaza Internacional permite a cualquier persona poner simultáneamente un pie en Uruguay y otro en Brasil. Si hasta dicha plaza tiene dos nombres, o sea, el mismo: uno en español y otro en portugués. En tiempos no muy alejados, también sucedía que algún muerto por violencia política o pasional, drogas o contrabando o infarto, quedaba con la cabeza en un país y con los pies en la nación vecina. Entonces el cuerpo solía ser movido hacia uno u otro lado según las conveniencias delictivas o el grado de conflictividad o lo que fuere. También podíamos preparar el café de un lado y luego cruzar la calle, al otro lado, para comprar el azúcar y regresar a nuestra taza con su contenido aún caliente.

En Brasil el golpe de Estado ocurrió el 31 de marzo de 1964; nosotros vivíamos en ese momento en Sant'Ana do Livramento, abrazada a la uruguaya Rivera. Ciudades fundadas la primera en 1823 y la segunda en 1862, "para asegurar la frontera". A consecuencia del golpe de Estado, el tráfico y el tránsito en ese punto se volvieron súbitamente ásperos, dificultosos. La "línea" fronteriza casi transparente por el uso histórico, definió de un lado a una dictadura de contenido fascista, y del otro confirmó por oposición una democracia que pronto demostraría sus debilidades internas.

Esta información, que se parece a una crónica histórica, tiene como objetivo orientar al posible escucha o lector sobre algunas de las condiciones que se presentaban en aquel ámbito fronterizo y que sin duda estimularon y condicionaron, en definitiva, nuestra escritura narrativa.

En verdad, en aquellos años nuestro arribo a una frontera ya conocida por algunas visitas en época de vacaciones, se produjo por razones de mera necesidad. Significaba ese arribo un cambio casi total en cuanto a modalidad de vida, de códigos sociales, de pensamiento. Dicho cambio se fue procesando con diferentes pausas, de acuerdo con innumerables sucesos de la existencia personal y colectiva que no es de necesidad enumerar. Una especie de exilio voluntario.

En primer lugar, pudimos ratificar algún hallazgo de aquella fugaz experiencia de visitas anteriores: nuestro país no era tan homogéneo en lo social, lo religioso, lo étnico, lo cultural y lo lingüístico como desde la primaria se nos había enseñado. La ideología predominante (aun dentro de una propuesta democrático-burguesa), desde todo el aparato disponible apoyado en el sistema educativo, indicaba que Uruguay era un país republicano, de economía agropecuaria, de lengua española, población blanca, religión católica, profundamente influido por Europa -sobre todo Francia- y ¡libre de indios! Pocos negros había, resultado de haber sido Montevideo en el siglo XVIII el único puerto autorizado para el ingreso de esclavos africanos cuyo destino estaba en otros países. Mercado colonial de la negritud más que una plaza donde se necesitara un tipo de fuerza de trabajo como el del sistema de plantaciones del Caribe, por ejemplo. Hoy por hoy, se estima que un 9% de la población reconoce sus ascendentes en la negritud; según el Pocket Atlas de Merriam Webster Inc., 86% de blancos, 8% de mestizos, 6% mulatos o negros. (Agreguemos que investigadores como Felipe Arocena y Sebastián Aguiar ofrecen mayor amplitud en cuanto a la diversidad del país: descendientes de indígenas, 4.5%; de suizos y rusos, 10,000; de libaneses, 50,000; de armenios, 16,000; de judíos, 20,000; de árabes, 500; de peruanos, 2,500. Y en cuanto a creencias religiosas, una insospechada variedad.)

Anotamos ahora el haber escuchado en la infancia y la adolescencia, y algo más hacia acá, frases terribles salidas de integrantes de capas medias y clase alta (gente educada y de agradables modales), celebrando que en Uruguay los indios charrúas y de otras etnias habían sido oficialmente liquidados por la represión estatal en 1832, tema casi traumático en nuestra historia, sobre el que han escrito admirablemente Acevedo Díaz y Tomás de Matos. ¿Y la negritud?, pues malvivía en los barrios marginales de la capital y las ciudades o pueblos de provincia, en el campo… y en la frontera, casi cayéndose para el otro lado. "Ahí están bien", escuché una vez en la voz de alguien, un militar fazendeiro cuyo nombre se me borró.

La negritud oriental -que tanto estudiara Ildefonso Pereda Valdés-, descendiente de varias naciones de esclavos de origen afro, tiene que ver actualmente con determinados valores de cultura, como el carnaval con su colorido no europeizante y sus ritmos incanjeables; con la música popular y el deporte, sobre todo el fútbol; con ciertas modalidades de convivencia, nucleamiento y búsquedas identitarias; con ciertas proclividades a la participación social; con su aporte a la fuerza de trabajo nacional. No son muchos, y pocas veces llegan a salvar el techo que la sociedad siempre les ha impuesto, aunque no de modo explícito, o sea, más bien de hipócrita discriminación. Pero su adaptación a los ámbitos medios y populares es extraordinaria. Pedro Figari asumió artísticamente la negritud, al igual que continuadores como Ruben Galloza y Mary Porto Casas. Aun como imagen la negritud es utilizada en las artesanías y en algunos productos for export.

En segundo lugar, pude descubrir (ya van más de cuatro décadas…) lo que muchos sabían por la mera práctica fronteriza y lo que otros recién comenzaban a examinar: que Uruguay no era un país monolingüe. El francés estaba considerado como la lengua por excelencia de la cultura. Esto ha cambiado bastante, bajo las presiones globalizadotas del capitalismo salvaje aunque el portugués está propuesto en los programas actuales. Debe recordarse que en ciertos momentos de la historia uruguaya, se hablaba portugués en casi todo el territorio nacional, y hasta guaraní; el portugués retrocedería con la extensión de la escuela primaria desde finales del XIX para permanecer al otro lado de la frontera con Brasil, ayudando a la confirmación del portuñol; éste se transformó así en una barrera de contención de la vieja lengua imperial.

En tercer lugar, me encontré con otro país o, como dirían los antropólogos, "con el Uruguay profundo". O sea, la diversidad o la multiculturalidad ya sugerida en el punto primero, plena de válidas supervivencias e innovaciones culturales. Y en esa diversidad cabía, por encima y por debajo de las clases sociales, las ideologías, el imaginario social y el color de la piel, una axiología bien diferenciada: la fronteriza. Porque esos valores, que funcionan fluidamente en un contexto físico e ideológico determinado por los avatares históricos (organización republicana, dictaduras oligárquico-militares, fijación de fronteras, cotizaciones cambiarias, flujos de mercancías, corrientes mediáticas, drogas, contrabando, free shopps) y por los sistemas religiosos (catolicismo, protestantismo, evangélicos, cultos de origen afro -umbanda, quimbanda, candomblé- y aun indoafricano, a más de curanderismo y artes adivinatorias), no tienen equivalencia con los predominantes en la capital. En la "gran aldea" o "gran ciudad" todo parece más "civilizado", más "moderno", más vinculado con la movida actualidad el mundo, por más que exista una creciente interacción entre Montevideo y lo que nosotros bautizamos literariamente como Rivamento. Y en cuarto lugar, los elementos y factores antes mencionados nos sugirieron, casi desde el inicio de la radicación en la frontera, tal vez de una manera secreta, que algo nuevo iba a ocurrir con la escritura, y no sólo con ella. Particularmente, la presencia del "portuñol", esa mezcla del portugués del sur brasileño con el español del norte, del este y del sur uruguayos, de la cual se han percibido tres o cuatro variantes en otros tantos sitios fronterizos. Los valiosos trabajos de investigación que sobre este asunto se han efectuado en la Facultad de Humanidades en nuestro país, nos liberan de un comentario más completo, a más de nuestras limitaciones para examinar tema tan rico y complejo. Pero digamos que no se trata de una mezcla equilibrada entre dos idiomas, surgida del habla en el siglo XIX -quizá en el XVIII- a consecuencia de las luchas entre los imperios de España, Portugal y Brasil en esa zona, sino que el portuñol tiene un mayor componente de portugués que de español. Eso es lógico, como se ha dicho, pues el portugués llegó a hablarse en casi todo el territorio de lo que hoy es Uruguay. Al producirse su retroceso, según se vio, no sólo se mantuvo en el lado fronterizo uruguayo, sino que, al irse conformando el portuñol, éste se transformó también, reiteramos, en una barrera para que el portugués no regresara a tierras uruguayas. Sólo algunos kilómetros, no más. Pero, hoy mismo, en ciertos departamentos hay bolsones de portugués o portuñol, o se le usa con alguna frecuencia en el habla diaria, ya bastante adentro del territorio nacional. Además, con los nuevos acuerdos comerciales, el turismo, los intercambios culturales, los medios de comunicación, el estudio más generalizado, etcétera, el portugués va interactuando sin violencia y sin colonizarlos en los espacios actuales, alcanzados por la llamada modernidad.

Si aparecen aquí tantas referencias históricas, interpretadas desde una perspectiva muy personal, es porque en la frontera tuvimos acceso a la certeza de que éramos ciudadanos históricos, pues el hecho de adquirir bastante práctica en una lengua o dialecto como el portuñol, nos ubicaba en una tradición lingüística y escrituraria muy reciente. "El río de la historia: en él estamos", pudimos pensar sin demasiada imaginación. Y para tener un sitio en ese río debíamos agregarle una cuota de aguas y espumas aún no definidas. En puridad de verdad, nadie había utilizado en Uruguay el portuñol como lengua literaria; varios escritores (José Monegal, Alfredo Gravina, Agustín R. Bisio, Enrique Amorim, Paulina Medeiros, Olintho María Simoes y otros) habían apelado a palabras o frases sueltas de sus personajes, en su mayoría campesinos o gauchos o peones o habitantes de mínimos pueblos perdidos en medio de poderosas haciendas patriarcales. Pero hasta ahí.

Este fue, sin duda, el más grande desafío que me propuse como narrador. Sin embargo, para pasar del habla portuñolesca a la escritura creativa, se necesitó un tiempo de maduración, reflexión, estudio más amplio e informal del portugués y lecturas de poetas, narradores y ensayistas muy admirables, que en Brasil abundan. Mientras, continuaba escribiendo poesía, mejor dicho, poemas, pero sin que el portuñol se engarzara a esa producción; poemas que publicaba en Montevideo, aunque también en revistas brasileñas y argentinas. Mientras hacía eso y trabajaba en varios y diferenciados oficios, logré adentrarme en muchos rincones fronterizos. Descubrí también, en ambos lados, lo que la propaganda oficial ocultaba o quería ocultar: una miseria inédita para mí, sólo sospechada; una miseria que no parecía tocar fondo. Relacionada sí (porque todos los carenciados son parientes) con la pobreza clasemediera de mi infancia y adolescencia, pero en la que nunca faltó comida ni oportunidad de completar por lo menos los estudios de secundaria.

Otros rincones de frontera fueron los cabarets, los antros de varias categorías, las canchas de básquetbol, los pequeños estadios de fútbol, los bares, los "terreiros" del culto umbanda, las viviendas precarias en los barrios más empobrecidos, los clubes políticos en los que se gestaban las luchas locales, los cuarteles en donde "los sospechosos de comunistas" o sindicalistas o empleados de la banca debíamos presentarnos cada tanto cuando la etapa predictatorial (era dura la vigilancia en ambos lados de la frontera), las parroquias adonde me reunía a tomar unas cañas con un par de curas amigos; el ámbito de la enseñanza oficial, pues yo daba clases de letras hispanoamericanas en secundaria y preparatoria (Carlos Reyles, Garcilaso, José Hernández, Rulfo y Carpentier, entre otros autores) a alumnos de ambos lados… Muchos rincones, pues, y siempre el portuñol volando y llegando y desvaneciéndose y reapareciendo… Era curioso, y hasta algo perturbador, por ejemplo, escuchar a un alumno leer un soneto de Lope de Vega o un parlamento de Pedro Páramo con aquel acento y aquella dicción de frontera que se adhirieron para siempre a mis oídos.

Y que, por la mera oralidad que aún no me abandona, pasaron a mi escritura narrativa. El resultado fue una serie de cuentos redactados luego de mi regreso a Montevideo (el inicial se publicó en el diario El Popular), y la primera novela empezada en esa ciudad, 1974, y terminada y publicada en México, en 1982, ya en el exilio. Luego vinieron otros textos, escritos aquí y allá, al ritmo de viajes y nuevas residencias, hasta agrupar una saga de cinco novelas y un volumen de cuentos de 400 páginas, a más de algunos relatos sueltos. (Varios críticos han atendido esta producción: Fernando Aínsa, Rosa María Grillo, Jaime Labastida, Rómulo Cosse, Francoise Perus, Jorge Albistur, Hugo García Robles, Concepción Zayas, William D. Foster, Guillermo Samperio, Magdalena Coll, Alejandro Expósito, Pedro Orgambide, Hugo Giovanetti… Mi primer volumen de cuentos Fronteras de Joaquim Coluna fue finalista en el Premio Casa de las Américas, La Habana, 1973. Tres de esos relatos fueron traducidos al francés, al polaco y al croata. Curiosamente, en el número 67 de la revista virtual Agulha, en una extensa ponencia de la profesora Rosario Peyrou, mis libros y el nombre de su autor fueron omitidos por completo; no es difícil obtener alguno de esos títulos en Uruguay. Además, las referencias al portuñol fueron banales e insuficientes.)

Sin embargo, un hecho que transformó mi noción de escritura (nuevo uso del significante, nueva elaboración y percepción del significado) y aun de ciudadano de muchas banderas, resultó sin duda de que al abrirme al portuñol, me abrí luego a las maravillas lingüísticas del español de América, en vivo y en directo. Nicaragüismos, cubanismos, colombianismos, chilenismos, mexicanismos, guanaquismos, chapinismos, paraguayismos, chicanismos, etcétera, se abrazaron al portuñol, tal vez para siempre…

Este trabajo así históricamente acumulado, representó un cuestionamiento del propio idioma materno, del desarrollo histórico y cultural del país y de la propia ubicación en una realidad asombrosamente cambiante, aunque no menos injusta y desgarradora. Realidad que para mí confirman aquellas fronteras respiradas junto con tantas personas y personajes, y que se han identificado a su vez con las incontables fronteras culturales que, a partir sobre todo de México y Cuba, me enseñaron a percibir el cosmos latinoamericano como una multiplicada y colorida bandera que nuestros pueblos tejen día con día. Espero que las esquivas musas me permitan agregar algo más de mi trabajo literario fronterizo a este insoslayable esfuerzo incluyente, colectivo y liberador.


(Texto leído en la Biblioteca Nacional, Montevideo, con ocasión de recibir el autor su nombramiento como miembro de la Academia Nacional de Letras de Uruguay, el 17 de diciembre de 2008. Se publica con varios cambios posteriores a su lectura que no alteran el sentido de la propuesta.)



SAÚL IBARGOYEN

Cuál es tu recuerdo más antiguo?


Mi recuerdo más antiguo es de los tres años. Vivíamos en las afueras de Montevideo, un sitio de casas aisladas y em medio de viñedos y plantíos de árboles frutales. Mi madre estaba recogiendo unas naranjas y una rama afilada lastimó seriamente su ojo izquierdo. La imagen de aquella sangre, surcando su rostro, sigue viva en mis retinas de más adentro. A veces creo que el primer recuerdo consciente fue ver pasar el dirigible alemán Graf Zeppelin, a comienzo de los 30, pero ya no estoy seguro de eso.



Cómo era el niño Saúl?


Un niño está hecho de muchos niños, no es una identidad fija; es algo en formación (o deformación) permanente. Pero puedo decir que era tímido (lo soy ahora, aunque menos), balbuceante y muy movido sí, inquieto, de los que viajan aun dentro de su casa, buscando siempre el sol y el verde de los primeros años, trepando árboles, jugando con mariposas y lagartijas, en contradicción con ese otro aspecto de tendencia al aislamiento... que aún no me abandona. Me interesaban todos los objetos de la casa, pues había muebles y alfombras de mejores tiempos, y bibliotecas con ediciones raras. O sea, fui conformando un mundo personal com productos de la cultura mezclados con el ámbito natural. Pienso que soy fiel todavía a esa actitud.



El primer amor?


Uno revive un recuerdo para vivir outra vez lo vivido, pero nunca respiramos dos veces el mismo aire. A los ocho años besé a una niña de mi edad, aprovechando que ella tenía en las manos las bolsas de papel con la compra del pan y la leche para el desayuno. Fue en la ciudad de Colonia del Sacramento, adonde mi hermana y yo pasábamos las vacaciones de verano en la residencia de unos tíos. Luego de besarla, abrí la puerta de la casa, muy caballerosamente, para que pasara, sin que mi confundido corazón supiera qué decir ni qué esperar. De ese silencio aprendería muchas cosas, poco a poco.



Cuál fue la primera musa?


En verdad, no sé cuál fue la primera. Se mezclan rostros, voces, cabelleras claras u oscuras, gestos, risas, lagrimeos, rechazos, risas de ironía o dolor, aceptaciones no deseadas, paisajes urbanos, trenes, borracheras, autobuses, aviones, amenazas, barcos, playas amarillas, astros encendidos, culpas, riñas, dejaciones, sufrimiento sin destino, alegrías similares a la inalcanzable felicidad... En definitiva, se trata de crear a la Musa Universal, la Musa subjetiva, la Musa en mí (como diría Rubén Darío). En este asunto, cuanto más sabemos más ignoramos.



La primera vez en Rivamento?


Llegué a Rivamento por primera vez hace más de 50 años, junto con mi primera esposa, a visitar a unos primos-cuñados que vivían en su hacienda cerca de la frontera y de una estación de ferrocarril. A mitad de los 60 radicamos en la parte uruguaya de Rivamento, varios años, hasta que volví a Montevideo por causas complejas que no tienen relación con la pregunta. Y más allá de exilios, viajes y varios etcéteras, siempre regreso a un lugar que ha tenido y tiene gran relevancia en mi vida. Y tanto fue así que he tratado de expresar eso en novelas y cuentos y ensayos y entrevistas, pues al mal aprender el portugués y el portuñol, entendí lo poco que sabía de mi español uruguayo/montevideano/ríoplatentse, y más tarde latino-americano. Lector de Erico Verissimo, Jorge Amado, el fenomenal Guimarães Rosa, el gran Drummond de Andrade, Clarice Lispector, Adonias Filho, Graciliano Ramos, etc.etc., de los cuales hice algunas traducciones, pero hablante de un desarticulado portuñol, solo pude inventar una modalidad de escritura que sigue influyendo aunque escriba en español de América Latina. Es decir, por haber conocido muchos aspectos fronterizos y sus niveles culturales y sociales diversos, y por la necesidad de sostener como testimonio personal un mundo que tanto há cambiado de 55 años para acá, elaboré mi propio portuñol. Y mi obra portuñolesca se ha estudiado en Francia, Alemania, España, Uruguay, Camerún, México. En fin, la frontera es para mí un estandarte y lo alzo hasta donde mi palabra lo permita.



Las manias y supersticiones?


Tengo la obsesión de no dejar cajones abiertos ni zapatos lejos uno de otro, de no pensar lo mejor para que no suceda lo peor, de no abandonar mi idea de justicia social, de escribir algo que ayude a alguien, de sacar la lotería y fundar una editorial para poetas pobres y comedores populares mientras la sociedad capitalista no sepa resolver su propia crisis y su carencia espiritual y moral... Ah, tampoco puedo ver el desperdicio de luz eléctrica, de agua, de alimentos. El resto lo dejo para mi psicoanalista.



Una canción?


"Volver" cantada por Gardel.



Un poema?


Rubaiyat de Omar Khayyam.



Y cuando los ojos se cerran?


Empieza la mirada de adentro.



Un epitafio?


"Viajero, sigue tu rumbo: las palabras no están aquí".



Un lema?


¡Poetas del mundo: unánse al mundo!



Poesia o narrativa?


Cantar y contar: todo va entretejido em mi trabajo.



Saúl a los diecisiete...y después de los ochenta, qué dirian uno al otro?


El de 80 al de 17: "Eras muy joven para entender lo que pasó";
El de 17 al de 80: "Estás muy viejo para comprender lo que vendrá."



Los años de plomo?


La dictadura neofascista en Uruguay, la muerte y la ausencia de los seres más queridos.



La salida de Uruguay?


Lucha clandestina, represión, dos o tres meses de cárcel, exilio.



Por qué Mexico?


Fue el país más receptivo en cuanto al asilo, entre 1975 y 1978. En mi caso, no hubo otras opciones.



Y la vuelta...si es que se vuelve?


Uno va y viene entre dos países tan distintos, cada año de almanaque y cada instante de vida interior... Es un viaje a dos puntas: ¿de dónde se parte, a dónde se llega? Hay un dicho árabe: "Somos extranjeros que pasamos por la tierra.".



Entrevista concedida para Jotaele (Artur Montanari) MARCO ZERO / Primavera de 2013



LA REGIÓN FRONTERIZA URUGUAYO-BRASILEÑA Y EL PORTUGUÉS EN LA PROSA CONTEMPORÁNEA URUGUAYA [1]

En 1825, cuando se funda la República Oriental del Uruguay, el Norte del país estaba en su mayoría poblado por brasileros, y la lengua de comunicación era principalmente el portugués. Desde entonces el uso del portugués fue reprimido y combatido en varias campañas de "nacionalización". La diversidad étnica y lingüística que se mostró en el Norte fue vista como un peligro a la unidad nacional. El Norte uruguayo, por eso, y por su situación geográfica alejada del centro político de Montevideo, siempre ocupó una posición marginal en el país, a pesar de su importancia histórica, económica y social. Fue en el Norte que se desarrollaron las guerras de independencia y donde con la sublevación de los trabajadores azucareros empezó a crecer el movimiento revolucionario de los Tupamaros. La región siempre fue una de las más pobres del país aunque cuenta con grande áreas de economía agropecuaria fuerte. Desde el punto de vista histórico y social no se debería subestimar el continuo contacto fraternal entre uruguayos y brasileros que se mantuvo en la región fronteriza y que fue desprestigiado en otras partes del país durante mucho tiempo. Recién bajo los cambios recientes, como el auge económico de Brasil y la implementación del MERCOSUR, empezó una reevaluación del contacto binacional en la frontera y del portugués en el Uruguay [2]. Éste, aunque bajo la influencia de una continua política lingüística, se mantiene hasta el día de hoy en los departamentos de Artigas, Rivera, Salto, Tacuarembó y Cerro Largo. Se trata de diferentes variedades diatópicas del portugués, propiamente uruguayas, que difícilmente se dejan separar claramente por isoglosas [3]. Fueron designadas con diferentes nombres como "carimbao", "brasilero", "bayano", "entreberado", "misturado" o "portuñol". El término "portuñol" es - al contrario de los dialectos - de proveniencia urbana y fue creado por la clase alta culta, con base en términos como "franglais" [4]. No obstante el término fue en el habla coloquial ampliamente adaptado por todas las clases sociales y también por los propios hablantes del portugués uruguayo [5]. Con esto la expresión perdió su connotación negativa y se volvió una palabra neutra a la cual cada uno designa su propia evaluación sea positiva o negativa. En el ámbito científico se impusieron los términos "Fronterizo" (Rona, Hensey), "Dialectos Portugueses del Uruguay" (DPU) - que fue introducido por Adolfo Elizaincín, Luis Behares y Graciela Barrios, y luego empleado ampliamente hasta el día de hoy - y recientemente "Portugués Uruguayo" por Ana Maria Carvalho.

Los DPU fueron pródigamente estudiados, principalmente por los profesores de la Universidad de la República Adolfo Elizaincín, Luis Behares y Graciela Barrios. Así demostraron que los DPU exponen una variación alta que proviene de la falta de normalización lingüística y del empleo de variantes que provienen del sistema español. Para ellos, los DPU son principalmente dialectos rurales que conservan elementos arcaicos y que con la continua política represiva de lingüística que se inició en el siglo XIX, fue poco a poco substituido por el español. Fue así que se empezó a instalar una situación diglósica en la que la variedad menos prestigiada, los DPU, fue restringida al uso en el ámbito hogareño. Carvalho destacó recientemente una nueva situación del contacto lingüístico. La persistencia de las variedades uruguayas del portugués también en el ámbito urbano, donde está en un permanente contacto con la norma urbana del Portugués Brasilero. De esta manera el Portugués Uruguayo se encontraría en un cambio lingüístico en el cual rasgos arcaicos lentamente son sustituidos por variantes modernas.

La represión lingüística también contribuyó a un desenvolvimiento social desigual. Por eso en los últimos años aparecieron iniciativas a favor de una educación bilingüe en la frontera además de un intensivo trabajo de reconocimiento del portugués en el Uruguay como expresión nacional. Desde el año 2003 se introdujo por el "Programa de Educación Bilingüe Español-Portugués" en varias escuelas de la frontera, la educación bilingüe, cuya meta es formar individuos bilingües en expresión oral y escrita. En este programa el uso de las diversas variedades diatópicas también es permitido y apreciado [6].

En el contexto de la nueva apreciación del portugués en el Uruguay, el estudio crítico del uso del portugués en obras artísticas uruguayas de varias épocas puede ser muy valioso en cuanto a descubrir la historia social del portugués en el Uruguay, y también puede apoyar a iniciativas ya iniciadas como el programa de educación bilingüe. Así por ejemplo, el uso del portugués en obras literarias uruguayas, dependiendo de su realización, puede ser un medio para distribuir y evaluar el portugués en el Uruguay, y por lo tanto - aunque con posibilidades restrictas - un medio de política lingüística y social. El portugués ya fue registrado en obras de autores uruguayos "clásicos" como Bartolomé Hidalgo, Eduardo Acevedo Díaz, Enrique Amorim, Javier de Viana, Adolfo Montiel Ballesteros, Juan José Morosoli, Carlos Reyles, Serafín J. García, Osiris Rodríguez Castillos, Eliseo Salvador Porta, Agustín Bisio y José Monegal [7]. Pero hasta el día de hoy son muy escasos los estudios literarios que se ocupan del tema y en su mayoría se reducen a comentarios complementarios [8]. En mi tesis analizo ejemplarmente el uso del portugués y la representación de la región fronteriza uruguaya-brasileña en la prosa contemporánea uruguaya, mediante las obras de Ademar Alves, Agamenón Castrillón, Nelson Ferreira, Saúl Ibargoyen, Tomás de Mattos e Ignácio Olmedo [9]. Fue el objetivo del trabajo descubrir los motivos que llevaron a los autores a la producción de textos multilingües, analizar en detalle la realización de este multilingüismo literario en relación a los motivos y las estrategias textuales, tanto como el análisis crítico de la representación de la región y del portugués (con su funciones, su estatus etc.) en los textos.

Las obras seleccionadas se mostraron diversas en sus temáticas, estilos, perspectivas y formas de representación. Aunque se pudieron localizar temáticas actuales que reaparecen en las obras analizadas. Varias de las obras examinan críticamente la historia uruguaya, sea por ejemplo para enfrentar al pasado de la dictadura militar, o para cuestionar la construcción de la identidad nacional como una unidad étnica y lingüística. La perspectiva desde un espacio marginalizado desde el norte uruguayo, parece a veces facilitar una crítica de la visión centralizada, de ahí la falsedad de algunos conceptos que son fundamentales para la construcción de la nación o la importancia de algunos problemas sociales que normalmente son ignorados se vuelven notables. El tema de la frontera es central, particularmente en las obras de Saúl Ibargoyen Islas. En sus obras el autor contradice al concepto de la nacionalidad bien definida. Él tematiza las fronteras para demostrar la fragilidad de cualquier límite, sea nacional, ideológico, étnico, lingüístico o social. Los personajes de sus obras narrativas son en todo sentido fronterizos; ellos son étnica - lingüística - religiosa - social y culturalmente "mezclados" y viven de los dos lados de la frontera uruguaya-brasileña. También los personajes de Ignacio Olmedo son en este sentido prototipos fronterizos.

Muchas de las obras literarias uruguayas que fueron publicadas después de la dictadura militar, se enfrentan con este pasado reciente y discuten el problema del totalitarismo. Tratando temas históricos, los autores Saúl Ibargoyen, Tomás de Mattos y Nelson Ferreira, cuestionan aparte de esto la credibilidad de documentaciones históricas y memorias del pasado, para discutir también las condiciones para el aumento de conocimiento. Se nota que en estas obras, en las cuales continuamente se desdibujan las fronteras entre la realidad y la ficción, es central la idea de que la ficción puede ser un medio de acercarse a la verdad y ampliar su conocimiento. Otro tema recurrente en las obras analizadas, fue los cambios estructurales y sociales en el campo uruguayo que se desarrollaron en el siglo pasado. La sociedad antes primordialmente rural caracterizada por tradiciones rurales tanto como la violencia, el machismo y la pobreza se vuelve cada vez más urbana por causa de la urbanización y modernización progresiva. La vida rural es en estas historias desglorificada y se representada como muy violenta y llena de privaciones. El Norte es en estas historias una región aislada y abandonada, a la cual la autoridad pública no llega, y por lo tanto rigen leyes propias.

Estas imágenes se contrastan con las representaciones folclóricas, en las cuales el gaucho o paisano es elogiado como un héroe nacional. Este realismo en la literatura uruguaya se inició en la primera mitad del siglo XX con el criollismo. La mayoría de las representaciones actuales, no obstante, se diferencian con énfasis de este criollismo y no sólo por su forma. Así por ejemplo, el interés principal detrás de estas representaciones (algo) realistas de la vida rural, muchas veces no es la crítica social, sino la observación de procesos psicológicos, la cuestión de problemas éticos, la desmitificación del pasado o la creación de un lugar literario aislado y mítico.

Un caso especial entre las representaciones analizadas, es el retrato nostálgico que Agamenón Castrillón da en Cuentos de El Barón de Carumbé. Los cuentos cortos deben entretener y recorren para esto a la tradición del cuento oral. Pero el autor no recae a una representación tradicional o folclórica, ya que no reproduce estereotipos y se sirve de varios elementos modernos. La tradición del cuento oral, que tiene una gran importancia en esta zona, también fue retomada en algunos textos de Tomás de Mattos, Saúl Ibargoyen e Ignacio Olmedo.

Todos los autores se distancian de la literatura uruguaya rural "tradicional", tanto gauchesca como pos-gauchesca (criollismo, nativismo), sirviéndose de elementos modernos como la multiperspectividad o la fragmentación del texto. También el uso del habla coloquial jamás apunta a un pintoresquismo, sino más bien a objetivos estilísticos y/o temáticos como la multiperspectividad, el realismo o la crítica de la política homogeneizadora. Una excepción son los textos tempranos de Ademar Alves, que en su forma están bastante cerca al criollismo realista. Es una selección consiente que el autor tomó para crear textos de fácil interpretación y con la que espera llegar también a un público "obrero". De este modo el autor continúa en la escritura su militancia política y social que había iniciado como miembro de los tupamaros. En sus textos más recientes cambió hacia un estilo más periodístico.

Los autores analizados sitúan sus historias en el norte uruguayo, una región de la cual son oriundos o la que conocen muy bien por vivencia propia. Algunos se aprovechan de la representación del espacio marginalizado para abrir nuevas perspectivas que muchas veces contradicen a los discursos dominantes. El ambiente descrito puede ser rural, pero no pocas veces es urbano, así que ya no se puede relacionar la literatura del interior uruguayo exclusivamente con una literatura rural. La presencia de la frontera y del país vecino Brasil, varía según la región retratada. En las historias de Ignacio Olmedo y Saúl Ibargoyen, que toman lugar en los departamentos de Artigas y Rivera, en regiones que lindan directamente con el Brasil, los caracteres se mueven de forma igual de los dos lados de la frontera y las fronteras no son nítidas. Sus personajes indiferente a su nacionalidad, se autodefinen como fronterizos. Ya en las historias de Ademar Alves, que toman lugar en Bella Unión (que también es muy fronterizo, pero que no cuenta con un centro de intercambio transnacional comercial y cultural) la nacionalidad tiene más importancia y las diferencias culturales son perceptibles a pesar del contacto amistoso entre uruguayos y brasileros. Algunos parajes como Moirones de Tomas de Mattos y Carumbé de Agamenón Castrillón se sitúan tan aislados, que los contactos con otros lugares son importantes pero se dan rara vez. La frontera con Brasil está en los dos lugares ficticios presente y al mismo tiempo lejos. El contacto con Brasil se da en estos lugares como en la ciudad de Tacuarembó, representada en otras obras de Tomás de Mattos y Nelson Ferreira, primordialmente por medio de visitas esporádicas, el consumo de productos contrabandeados y principalmente por la herencia portuguesa/brasilera notable en la región. Todos los lugares están distanciados del centro político y cultural de Montevideo, así que la influencia del vecino Brasil no pocas veces parece ser mayor que la de la capital Montevideo. Las relaciones entre uruguayos y brasileros representadas en las obras analizadas en sus diferentes épocas son muy positivas y muchas veces amigables. Una excepción es la disputa entre los doctores Dantas Junior y Don Cándido en la novela Luciérnagas en un frasco de Nelson Ferreira, que es provocada por conflictos profesionales y políticos en una época de tensos conflictos políticos al final del siglo XIX. Este episodio adoptado por Ferreira para su novela, se basa en fuentes históricas.

La forma y la extensión del uso del portugués en los textos primordialmente españoles también varía con la región representada y con los conocimientos de lengua del autor. Los motivos para la integración del portugués pueden ser tanto personales como funcionales. Al final, la decisión del autor de incluir el portugués, muchas veces reúne varios aspectos como experiencias propias, motivos estilísticos y/o temáticos. Argumentos personales a favor de la creación de un texto multilingüe es el bilingüismo experimentado o vivido por los autores. Algunos de los autores como Agamenón Castrillón y Fabián Severo [10] crecieron con los DPU y sienten el deseo de expresarse también en forma escrita en esta lengua que les es propia. El deseo de expresar lo vivido es intensificado en los casos de Saúl Ibargoyen, Agamenón Castrillón y Fabián Severo por la nostalgia provocada por la distancia de las regiones y/o situaciones retratadas. Por otra parte varias razones estilistas pueden llevar a la introducción del portugués. Con el uso adicional de otra variedad lingüística, en especial cuando se trata de una variedad de otro idioma, el autor amplía sus posibilidades de expresión con innumerables elementos semánticos, fonológicos y sintácticos. Estos son instrumentados por los autores de diferentes modos. Algunos se restringen a un uso ocasional de palabras o expresiones portuguesas sueltas, que tal vez son de difícil traducción o que aportan una nueva melodía al texto. Otros emplean el portugués de un modo más amplio y lo extienden por neologismos o juegos de lengua. El uso de diferentes variedades lingüísticas además facilita la creación de distintas formas de expresarse según los personajes retratados y así apoya a la multiperspectividad. Con frecuencia la introducción del portugués en las obras también sirve para una representación convincente de las circunstancias históricas o actuales. Esta intención, no obstante, no se debería confundir con la de una representación estrictamente realista. El portugués, por el contrario, puede ocupar muchas otras funciones como el de simbolizar la herencia portuguesa en el Uruguay o la diversidad de perspectivas, grupos sociales y/o idiomas. El uso de una variedad diatópica de un idioma oficialmente "extranjero" puede también reflejar una crítica lingüística - un motivo que Saúl Ibargoyen y Fabián Severo destacaron en sus entrevistas.

El portugués en sus diversas variantes aparece en los libros analizados en su mayoría como un fenómeno uruguayo, ya que él es principalmente hablado por uruguayos o - cuando se trata de historias que toman lugar en el siglo XIX - de brasileros residentes en el Uruguay. Con esto el portugués es representado como un patrimonio uruguayo y el Uruguay como un país bilingüe. Representaciones como éstas pueden apoyar a un cambio de opinión en la población de la cual, según la encuesta llevada a cabo para la tesis, sólo alrededor de un 50 % estima la presencia del portugués en el Uruguay o del "portuñol" como un patrimonio nacional.

Al realizar las variedades lingüísticas no normalizadas en la literatura, los autores necesitan enfrentar el problema de darle una forma escrita sin perder la naturalidad de la expresión. Buscando esa forma escrita para el portugués uruguayo, los autores encontraron diferentes soluciones. Algunos se orientaron en la ortografía española y las reglas de pronunciación del español uruguayo, mientras que otros prefirieron basarse en la ortografía brasilera. De estas dos formas que de grosso modo diferencian los estilos de realización del portugués en las obras analizadas, un ejemplo de texto fue citado en la encuesta en cuanto a la comprensión por parte de los participantes. Los dos textos, a pesar de la falta del contexto de los mismos, fueron comprendidos por la gran mayoría de los participantes. Esta aparente facilidad de comprensión se basa en la similitud entre el portugués y el español - principalmente en el léxico - tanto como en el conocimiento por lo menos básico del portugués de parte de muchos uruguayos, causado por la cercanía y el continuo contacto con Brasil. Los autores por lo tanto pueden, al integrar el portugués en sus obras, contar con una base de entendimiento de parte de los lectores uruguayos y no necesitan recurrir a menudo a métodos de traducción para asegurar la comprensión del texto. Para que el portugués uruguayo aparezca en la escritura del modo más natural posible, los autores recurren a varios marcadores de oralidad. Estos pueden ser la representación de peculiaridades fonológicas como la diptongación de una vocal por medio de la ortografía, el uso de interjecciones, diminutivos, superlativos o de regionalismos, la expresión de una interrupción en la conversación mediante tres puntos, o la falta de congruencia en el sintagma nominal. Además el fenómeno de la variación lingüística y el code-switching son reproducidos en algunos textos y enriquecen los textos estilísticamente. No obstante darle a la variedad oral con fuerte variación una forma escrita fija, no es fácil. Así Fabián Severo comenta que por causa de esta problemática, él mismo es tentado a reescribir sus textos y que especialmente por parte de hablantes de los DPU le llegaron críticas por no haber realizado la variedad que ellos utilizan:


"Siempre que releo mi libro, tengo ganas de cambiarle expresiones porque como el portuñol cambia según el hablante, el contexto, la circunstancia, cada vez que lo leo, lo pronuncio de forma diferente. Otra gran dificultad es que los hablantes del portuñol cuando leen mis poemas dicen: "eso no es portuñol" porque ellos (cada uno) lo habla de forma diferente." [11]


La realización del portugués en las obras analizadas es muy variada. Algunos solamente lo integran tímidamente en pocos trechos y/o en una forma que se parece bastante al portugués brasilero normalizado. Otros lo recrean de una forma más convincente, creativa y detallada. Así Saúl Ibargoyen crea partiendo del "portuñol" una propia lengua literaria para la cual también recurre a otros dialectos latinoamericanos. En sus obras el portugués es ampliamente integrado tanto en el estilo directo, indirecto como en la voz del narrador. Al final la forma y la extensión de la integración del portugués depende del propósito de la integración y del conocimiento de lengua del autor que precisan ser analizados específicamente en cada caso. Hay que subrayar que todas las obras analizadas ofrecen interesantes lecturas que traspasan el foco muy restricto de este artículo. En mi tesis traté de evaluar las obras en su totalidad, lo que también fue importante para considerar los aspectos del análisis en relación a su peso en las obras. En algunas los temas del norte uruguayo, de la frontera y del portugués son secundarios, lo que no significa que sean insignificantes.

Resumiendo, se puede decir que la región fronteriza uruguaya-brasileña y el portugués adoptan varias formas en la prosa contemporánea uruguaya. Ellos representan un "otro" Uruguay, que no corresponde a la imagen oficial, pero que en el sentido histórico, cultural y lingüístico, es de gran importancia para el Uruguay. Las relaciones transfronterizas mantienen una cultura transnacional que es excepcional. El portugués en el Uruguay sigue vivo y adquiere nuevas formas. En el año 2010 Fabián Severo publicó Noite no Norte, probablemente el primer libro uruguayo que está por entero escrito en "portuñol". Junto con otros artistas, él está por crear un grupo que reúne artistas que se dedican a la región fronteriza uruguayo-brasileña en sus obras. No sólo por eso vale la pena observar las futuras representaciones de la región e integraciones del portugués en la literatura uruguaya. Del mismo modo sería interesante hacer un estudio de la integración del español en la literatura riograndense. Ésta demuestra una fuerte influencia del español aunque el bilingüismo en el Sur de Brasil se manifiesta de forma diferente que en el Uruguay.



[ ] Este texto pretende mostrar un resumen de mi tesis de maestría, entregada en febrero del 2011. Por falta de espacio aquí sólo se podrán dar los resultados sin entrar en el análisis de las obras que llevaron a éstos.
[2] Véase también: Ligia Chiappini/Maria Helena Martins: "Nem tudo é amor na Sarandi", en: Chiappini/Martins (Org.): Cone Sul: fluxos, representações e percepções, São Paulo: Hucitec, 2006, p. 11.17, aquí p. 17.
[3] Adolfo Elizaincín/Luis Behares/Graciela Barrios: Nos falemo brasilero. Dialectos portugueses en Uruguay, Montevideo: Amesur, p. 13.
[4] Idem p. 12.
[5] Una encuesta realizada para la tesis demostró que "portuñol" es la designación más usada para referirse a las variedades portuguesas del Uruguay. También los hablantes de las variedades como los escritores Agamenón Castrillón y Fabián Severo usan este término y lo defienden. (Véase las entrevistas anexas a la tesis).
[6] Claudia Brovetto/Javier Geymonat/Nicolás Brian: "Una experiencia de educación bilingüe español - portugués en escuelas de la zona fronteriza", en: Brovetto/Geymonat/Brian (ed.): Portugués del Uruguay y educación bilingüe, [2006], S. 9-47.
[7] Brenda V. de López: Lenguaje fronterizo en obras de autores uruguayos, 2ª ed., Montevideo: Editorial Nordan-Comunidad, 1993[1967], S. 24.
[8] Una excepción son algunos textos de Fernando Aínsa que son muy relevantes en cuanto a la obra de Saúl Ibargoyen. Véase p. ej. Fernando Aínsa: Nuevas fronteras de la narrativa uruguaya (1960-1993) , Montevideo: Ed. Trilce, 2003
[9] Los escritores Ademar Alves, Agamenón Castrillón, Nelson Ferreira, Saúl Ibargoyen, Tomás de Mattos y Fabián Severo me concedieron muy amablemente entrevistas y compartieron conmigo sus valiosas ideas sobre el norte uruguayo, la literatura y sus obras. Les agradezco mucho por su hospitalidad, su apoyo, su honestidad y su interés. Sin este aporte muy valioso de parte de los escritores mi tesis no hubiera podido tenido el mismo grado de información. ¡Gracias!
[10] Fabián Severo publicó en el año 2010 su primer libro Noite no Norte que está escrito en "portuñol". El libro no fue incluido en el análisis por causas metodológicas, ya que se trata de un libro poético.
[11] Fabián Severo en una entrevista dada para la tesis en 2011.



Por Antje Hübel Revisión de texto: Andreína Machado






 

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