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Saúl Ibargoyen

 
 

COMENTARIOS GENERALES SOBRE SU OBRA (3)




El poeta debe aferrarse a su verdad


Cree en la persistencia de la poesía como "la voz más antigua de la especie" y posee una trayectoria de varias décadas que se ha materializado en numerosos libros, antologías, traducciones y premios. Aún con lo anterior (y tomando en cuenta que es asiduo de los festivales de poesía más importantes) el poeta uruguayo Saúl Ibargoyen no da muestra alguna de cansancio. Vital es un calificativo apenas justo para este poeta que transita el mundo completamente entregado a la vida literaria y que continúa alimentando una extensa producción en la que se pueden destacar los libros Grito de perro, El escriba de pie (por el que obtuvo el prestigiado premio "Caros Pellicer" en el 2002) y Entreversos, de reciente aparición. En las siguientes líneas va el testimonio de una conversación que da cuenta de las rutas esenciales en la obra de Ibargoyen y de algunas visiones irrenunciables sobre la responsabilidad del poeta para con el lenguaje y el mundo.

A.M- Después de la lectura de El escriba de pie y de Grito de perro, me queda la sensación de que tu poesía está hecha con una cantidad casi ilimitada de sustancias, pero veo también que tu empeño es claro en lograr mucho más que la simple enumeración. Más bien pareciera que todos los núcleos y migajas (usando ese sentido de reciclación del megapoema) constituyen eso que llamás "(h)entropiones" y establecen un sistema abierto, cargado de vocablos y significantes que hablan entre sí. Así, tu universo poético presenta un espacio donde conviven mugres y energías, perros y sanguijuelas, huesos adelgazados, costras y grasa triturada, sin alterar el alto vuelo lírico. ¿De dónde nace esa ambición totalizante?.

S.I- Tal vez nazca de las experiencias iniciales de la infancia, que son la clave escondida de la creatividad poética, clave que -en contradicción aparente- se nutrirá de las adquisiciones de la cultura y de la vida en los años siguientes. Dicha clave será la serpiente que tratará, en un gesto inútil, de morderse la cola. En mi caso, pues, las vivencias de la primera infancia, que se dieron en un ámbito semirrural o suburbano conformado en un zona de terrenos que se dedicaban al cultivo de frutales y viñas. Eran pequeñas propiedades con sus casas, sus divisorias, sus árboles, su tierra oscura y grávida siempre. Había perros de variado pelaje, gatos escurridizos y pájaros: gorriones, cardenales, golondrinas, benteveos. Y gallinas numerosas y ovejas aisladas y vacas de Holanda manchadas de blanco y negro. Mi familia vivía en un chalet afrancesado, y ésa fue mi segunda casa a los pocos días de nacer; yo arribé a este mundo en Montevideo, a unos kilómetros de allí, de ese barrio llamado Manga que la ciudad luego absorbió. Había estación de ferrocarril y los trenes nocturnos traían destellos, humos, pitidos, sonoridades que hacían temblar los campos: eran los dragones que también poblarían mi imaginario de esos años. Por la calle de terracería que daba al frente del chalet, pasaban gitanos vendiendo sus ollas de cobre; tenían fama, no comprobada, de ladrones de infantes. A veces alguno de nuestros canes aparecía muerto, con las tripas destrozadas por sórdidos venenos o vidrio molido. Había naranjas y uvas y manzanas cerca de nuestras manos y de los dientes que aprendían a ser feroces... Es decir, aquel niño respiraba en una especie de inmenso cosmos variable y dinámico, nunca repetido, jamás anodino, limitado por el orden familiar pero asimismo infinito. Ese cosmos se iría reduciendo con los cambios de casa, con el vivir en pensiones, con las carencias materiales, con los hábitos clasemedieros. En cierta ocasión, mi tío Samuel, hermano de mi padre que vivía en Lyon, quiso llevarme con él. Fue mi primer gran viaje imaginario, pues mi madre se opuso a esa propuesta. Eso también ayudó a que mi ánima ratificara su tendencia a la expansión y al caos. Pero la "sed de infinito" de Lautréamont se confirmó en mí, hasta hoy. De todo esto salen, creo, todas esas acumulaciones totalizantes: el feísmo de la realidad, los sonidos discordantes del mundo; la angustia por la ausencia de un dios o frente a la injusticia y la insolencia del poder, vendrían después.

A.M- Esa injusticia y esa insolencia marcarían, entonces, tu preocupación profunda por el destino del hombre, de la mujer y de la naturaleza, flecha que atraviesa de tajo tu poesía. Sin dejar de mencionar la visible flecha del riesgo, algo que se manifiesta en una escritura que muchas veces se siente capaz de abordar y retar al lenguaje, retorcerlo, hacerlo una materia maleable y, quizás, insólita, pero sin nunca perder la claridad. Saúl, ¿es deber del poeta hablar claro?

S.I- Lo que pasa es que la claridad es tan relativa como la oscuridad. ¿Cómo ser claro a veces para el posible receptor de tus versos si ninguna claridad te ilumina? El deber del poeta está en el aferramiento a su verdad, en la renuncia a cualquier claudicación ideológica o estética. Si un verso es claro o luminoso en todo un libro, no significa que forzosamente sea "entendible", sino que provoca en el receptor un estado nuevo, una resonancia no conocida, un efecto a partir del cual sólo puede aceptarse un compromiso ascendente, no el de un lector que atiende un simple género literario llamado poesía. Además, lo claro o lo oscuro es también una cuestión de momento cultural; es un asunto que depende también del receptor históricamente considerado. Hay oscuridades que iluminan... Pensemos nada más en el Neruda de las Residencias, en el Lorca de Poeta en Nueva York, en los surrealistas del inicio, hasta en Huidobro y los poetas sufís... Los ejemplos abundan.

A.M- Hablando de momentos culturales, lo más seguro que esta entrevista sea colgada en la web (cosa nada extraña hoy día), y me pongo a pensar que ninguna pitonisa hubiera predicho hace diez años que la Internet se convertiría en uno de los rincones predilectos para poetas y/o amantes de la poesía de este tiempo. Hay miles de sitios web con diversa calidad y popularidad, centenas de antologías virtuales, publicaciones en pdf a un clic de distancia, etc. ¿Qué opinión te merece el actual boom de sitios sobre poesía? ¿No le ves alguna trampa?

S.I- Bueno, si hay trampa sería la de una supersaturación que llevaría a la producción poética leída en pantalla a un estatus de masificación, tal vez de facilismo o de abaratamiento. Porque la informática ya forma parte de la cultura de masas, lo cual es bastante obvio. Todo está en cómo se utilice este medio tecnológico, pero para tal cosa no hay reglas ni controles ni tampoco puede haber limitaciones o prohibiciones: sería absurdo. El asunto está quizás en que la difusión de la poesía y su vinculación estética con la informática, deberían estar muy ligadas a las formas tradicionales de producción y divulgación, hasta a los sistemas de enseñanza en los distintos niveles. De todos modos, aunque la computadora parece ir tomando ventajas en éste y otros sentidos (bibliotecas virtuales, portales, páginas web y otros recursos que has mencionado y no entiendo muy bien), el soporte papel y la lectura en viva voz continuarán todavía por bastante tiempo. Nada es eterno: los libros y las computadoras tampoco. Quedará la poesía como la voz más antigua de la especie. Al menos, eso espero.

A.M- Esperamos. Y decime, ¿con cuáles poetas (vivos o muertos) te sentís vinculado, hermanado?

S.I- Son muchos. En algunos de ellos hasta puede uno leer los versos que aún no han sido escritos, porque el tiempo de la poesía es otro tiempo. Es que a veces importa más un par de líneas que una obra completa, o es relevante saber percibir con cuál de sus voces el poeta nos habla en un texto determinado. Aun así, puedo nombrar a Kahyyam, Rumi, los clásicos árabes, cierto Neruda, Girondo, Vallejo, Eluard, mi compatriota Lautréamont, tantos poetas del tango y el bolero y la canción popular de tantas partes, los islandeses medievales, Becerra, Drummond de Andrade, Bandeira, Pessoa, Quasimodo, Arnaut Daniel, los autores de Gilgamesh, Maiakosvski, Seferis, Herrera y Reissig, Eliseo Diego, Whitman, Darío, Marosa di Giorgio: otra compatriota... Y casi todos los recogidos por Jorge Zalamea en su maravilloso libro La poesía ignorada y olvidada: bardos-magos esquimales, bosquimanos, pieles rojas, nahuas, quechuas, huitotos... Recuerda que Zalamea afirmaba que en poesía no hay países subdesarrollados...

A.M- Tremendo libro, cierto. Y me viene a la mente aquí Roque Dalton, que nada tenía de subdesarrollado (no somos salvadoreños pero estoy seguro que vemos a Roque como alguien muy nuestro). Por ahí leí que en el año 1960, el entonces Director de la Policía Nacional de El Salvador se expresó del poeta guanaco como "un elemento de lo más peligrosísimo para la tranquilidad nacional" (sic). ¿Conservamos los poetas algún mínimo rasgo de "lo más peligrosísimo"?

S.I- A estas alturas, creo que ya nos miran en función de otros asuntos; salvo que algún día comiencen a vernos como "terroristas verbales". Da la impresión de que la función del poeta, en esta América Latina de hoy, ha cambiado mucho con relación a los años 60 y 70. Creo percibir, aun entre no pocos colegas de obra valiosa, democráticos y progresistas, una tendencia a ajustarse a los cánones implacables del poder cultural, privado u oficial; no sugiero servilismo o abdicación, sino que el sistema sabe captar y aun puede absorber las propuestas de los poetas más allá de éstos. No los neutraliza pero los suaviza. También pueden, con todo y obra, ser convertidos en mercancía cultural e ideológica. Y hasta se ha conformado una especie de elite cosmopolita que, como dijo alguien, "es la izquierda divina o ligth que se reparte el pastel, junto a los oportunistas y conservadores de siempre". No sé qué diría Roque Dalton, a los 30 años de asesinado, aunque existe un movimiento fuerte, constante, empujado por gente joven que, a través de revistas, pequeñas editoriales, presentaciones callejeras, encuentros regionales, nacionales e internacionales -a veces con apoyos de gobiernos progresistas o instituciones de enseñanza-, etc. Este movimiento es el que nos otorga mayor confianza y mayor estímulo para que la poesía siga siendo tarea de todos, no de uno, como señaló Lautréamont hace más de 130 años. La poesía, en una última instancia, en cuanto actividad esencialmente desinteresada y en tanto expresión espiritual transformadora e irrevocable, va de a poquito que es como come el pajarito.

A.M- Saúl Ibargoyen poeta, pero además animal polígrafo, escritor todoterreno. Sabemos que pasás de la novela al cuento y de estos al periodismo y la traducción con agilidad camaleónica. ¿Cuál es tu cancha favorita, dónde Ibargoyen se siente más propiamente Ibargoyen?

S.I- En verdad, al cabo de más de cuatro décadas, casi dejé el periodismo cultural; preparo algunas notas, comentarios o reseñas de libros para revistas amigas cada dos o tres meses. Prefiero, y en parte vivo de eso, la coordinación de talleres y cursos de poesía, además de trabajar en Ediciones Eón, donde ayudo a la publicación de libros ajenos y hasta propios, a más de editar la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea, que sale por acuerdo especial con la Universidad de Texas en El Paso, Texas, EU. Con relación a ese tránsito del verso a la prosa, en verdad tiene que ver con mi vocación tempranera -desde niño- por la narración oral primero y más tarde, al ser alfabetizado con los viejos métodos silábicos que aseguraban buena ortografía, por la escritura cuentística. Mis cuentos iniciales fueron escritos a los siete u ocho años; recuerdo que uno fue un plagio inconsciente de un relato de Tolstoi, y otro -sobre un hecho real: un veloz tiroteo en plena calle de mi casa- estuvo influido por la literatura policiaca que gustaba a mi padre. Pero luego de años de no escribir narrativa, porque la poesía me comía las neuronas y las musas iban y venían, volví al cuento para describir o representar mis vivencias de tres décadas en la frontera norte de Uruguay con Brasil. La adquisición del portuñol, una mezcla movible y riquísima del español norteño de mi país con el portugués del sur de Brasil, resultó una especie de iluminación lingüística, una anagnórisis cultural profunda. A partir de 1971 hasta ahora, en todos mis cuentos y mis cinco novelas, esa resonancia permanece ya como una elemento consustancial a la escritura y a la interpretación de mi propio lugar en estos costosos mundos. En fin, soy criatura de frontera, y a donde llego, trato de inventar una frontera, o sea, una zona en acción perpetua, en respiración incesante, que une y separa al mismo tiempo. Eso permite una adecuación menos dolorosa y angustiante a la dura realidad de estas épocas de guerra, de violencia demencial, de terrorismos de Estado, de enriquecimiento salvaje, de miseria globalizada, de incontables depredaciones, pero también de posibilidades excepcionales -con base científica y tecnológica- al servicio de la justicia social y el desarrollo espiritual a los que la especie no debe renunciar. Pero el sistema predominante parece apresurarse aún más hacia un gran desastre terrícola imposible de imaginar... Regresando a la pregunta, en mí la creatividad versal y prosística se dan casi bajo el mismo signo: la energía liberada del inconsciente busca aplicarse en una dirección imprevisible. A veces surge un poema (relato fracasado), a veces un relato (poema fallido). No lo puedo explicar mejor.

A.M- Terminemos con ésta: ¿te ha susurrado algo últimamente la cabeza de perro que encontraste aquella vez?

S.I- Ese perro -en cuya calavera, que aún conservo y cuido, inserté un diente propio, y con la que platico en ocasiones- todavía ladra silenciosamente cada noche. Sé bien que jamás podré representar con palabras ese silencio; pero me ayuda a escribir y hasta a cantar.


Entrevista con Saúl Ibargoyen por Alan Mills (México DF, julio 2005)



Saúl Ibargoyen
Por Concepción Bados Ciria



Saúl Ibargoyen pertenece a la «generación de la crisis», denominada así por Ángel Rama para referirse a los autores uruguayos que se inician como escritores entre los años sesenta y setenta. Desde 1954, Ibargoyen ha publicado unos cincuenta títulos, que comprenden tanto novela como poesía. Vive en México desde hace más de treinta años y recientemente ha obtenido la ciudadanía mexicana, si bien realiza anualmente viajes a su país natal, de donde, por cierto, provienen tanto la temática como el particular lenguaje que se plasma en su obra en prosa.

En efecto, el marco denominador de su obra narrativa lo conforma el uso de una mixtura lingüística denominado portuñol. A decir de los críticos, esta forma de expresión es conocida como una suerte de sublenguaje empleado por gentes sin educación, de dudosa moral y de escasos conocimientos. El portuñol acumula e integra rasgos lingüísticos fronterizos de Brasil y Uruguay, a su vez, amalgamados con experiencias semánticas de otras latitudes de América Latina. Ibargoyen hace suya esta forma de comunicación y, si bien no es nueva en las letras uruguayas, sí es cierto que Ibargoyen incorpora el portuñol como rasgo distintivo y fehaciente en su obra en prosa.

En este sentido, Fernando Ainsa señala que Saúl Ibargoyen ha creado un «territorio independiente» en las letras uruguayas a partir de la ciudad de Rivamento, en la que ha refundido el nombre de dos capitales, una uruguaya, brasileña la otra*. Como resultado, Ibargoyen ha hecho posible un espacio de indiscutible autonomía ficcional y ha fijado los hitos de una saga que recupera cien años largos de historia de este territorio sudamericano enclavado en la frontera.

Sus cuatro novelas, La sangre interminable (1982), Noche de espadas (1987), Soñar la muerte (1993) y Toda la tierra (2000), son la expresión de un universo que piensa y se construye en mulato; un universo de fronteras entre dos países diferentes que se reconocen a través de una historia común que se conforma de amor y de muerte, de prostíbulos y juegos de azar, de familias señoriales y de circos ambulantes, de supersticiones ocultas y de locos sueltos, de violencia y aparecidos. La antología Cuento a cuento (2002) donde se recogen tres colecciones -Fronteras de Joaquín Coluna (1975), Quién manda aquí (1986), Los dientes del sol (1987)- se suman en temática y lenguaje a las cuatro novelas de Ibargoyen. A esta obra en prosa se suma La última copa, una última novela pendiente de publicación.

Saúl Ibargoyen ha publicado dos antologías de poesía: El poeta y yo (2000), El escriba de pie (2002) y un reciente poemario Entreversos (2005). Su obra poética está hondamente relacionada con sus experiencias vitales y, en este sentido, no elude ningún contenido, ya sea social, político, científico, elegíaco o erótico. Como su obra en prosa, la poesía de Ibargoyen apunta un intento de traspasar fronteras, de cruzar límites, con la intención de «contrabandear» ideas y tendencias, de «universalizar», en definitiva, la esperanza.


NOTA * Fernando Ainsa. Nuevas fronteras de la narrativa uruguaya. Montevideo, Trilce, 1994.


Lunes, 5 de diciembre de 2005



ENTREVISTA

1) ¿Cuáles han sido las circunstancias de la escritura en su reciente novela, La última copa?

Todo hecho de escritura es circunstancial, también el hecho o acto de lectura. En cuanto a esta mi quinta novela las circunstancias fueron provocadas por la insistencia del director de Ediciones Eón, Rubén Leyva, quien con mucha y discreta tenacidad me fue conduciendo hasta las hojas en blanco; casi me puso la pluma en la mano -pues escribo todo así, a la antigüita. Tal vez ya existía como un destino de escriturar determinadas temáticas apoyadas en experiencias de vida, o quizá no fueran temas sino tranches de vie en tránsito hacia una inevitable metaforización. O sea, pulsiones que en una circunstancia precisa encontraron su tiempo de nacer.

2) ¿Por qué siente la necesidad de hacer público algo tan privado, tan íntimo?

No sé si hubo esa necesidad. Además, en literatura existe una vagarosa o indefinible frontera entre lo subjetivo y lo social; también en la existencia diaria y en sus incontables expresiones. Aun sin una propuesta decididamente autobiográfica, ciertos elementos muy personales se filtran tanto en un verso como en las características de un personaje. Pero, en definitiva, siempre serán representaciones. ¿Ese personaje es el escritor o una representación suya, más o menos incompleta, nunca total? ¿Ese gesto es una simbolización de un gesto real o un retrato gestualmente elaborado? Pero, ¿importa en verdad esa diferencia entre realidad y representación? Lo esencial es que se logre un relato convincente, con cuanta información estética sea posible y con una propuesta que se instale en función de un intento renovador, es decir, apegado a una tradición pero creciendo fuera de ella.

3) ¿Considera que es de alguna manera un ejercicio de la memoria o se podría incluir la novela dentro del género autobiográfico?

Creo que en parte me adelanté a esa pregunta. Existe en ese relato, como en todo lo que uno escribe, una ineludible labor de memorización que es el apoyo de las coyunturas ficticias. Se trata de fabular, y de tal modo que lo inventado formará parte de lo autobiográfico: como un proceso al revés. Y tan así puede resultar que en posteriores escritos narrativos -si llegan a producirse- la experiencia o circunstancia de escritura de La última copa estará de seguro como factor autobiográfico, menos que como un mero asunto formal o de estilo. Sostengo además que una cosa es la memoria hacia lo literario y otra es la memoria hacia lo vivido: en ésta la vivencia corporal (el vómito, la amarga sabrosura del vino, las noches enajenadas, el desorden sensorial, el tiempo fragmentado, las relaciones confusas, las crudas inenarrables, etc.) se expande en otras dimensiones. Aun así, reconozco que el proceso de escritura de esta novela fue agotador: me dejó en estado de vacío, de horror ante la propia nada. Algo de catarsis, sí.

4) Usted es narrador, traductor, ensayista y, desde luego, poeta, ¿cree que todos estos géneros juegan una complicidad en su obra?

Sí, hay algo de eso. Lo más evidente sería, quizá, la aplicación de un similar sistema metafórico -diría Bajtin- el que, asimismo, aparece con frecuencia en la manera de hablar, en el complejo discurso cotidiano. En cierto sentido, la metaforización de la oralidad pasa a la escritura, y no de ésta a aquélla. Por lo tanto, insisto, el sistema de metáforas se cumple casi igualmente en todos los géneros. Digo "casi" por razones que sería irrelevante anotar. Solamente que "la escritura en mí", parafraseando a Rubén Darío, muestra explícitamente ese apego a la oralidad, porque en definitiva la verbalización primigenia, fundamental, viene de ahí. Claro que las voces poéticas a las que uno apela se distinguen de las voces narrativas, o de la voz que trato de otorgarle a un poema traducido (aunque la traducción sea sólo una aproximación).

5)

En cuanto poeta, acaba de publicar dos nuevos libros, ¿cómo desarrolla ese universo tan propio y un lenguaje único dentro de la actual poesía latinoamericana?

Sigo apostando a lo subjetivo en el arte, aun en el marco de ciertas tradiciones y legados culturales. En otras ocasiones he reiterado la idea, nada original, de que cada poeta debe fundar su propio "ismo", su propia tradición, su verdad no intercambiable, su modo de escarbar la médula de cada palabra, su sed del nombre secreto de los seres y las cosas, su ars poetica irrenunciable e invendible. Todo eso tal vez defina lo que tú llamas "lenguaje único". Mis recientes poemarios, ¿Palabras? y Poeta semi-automático, escritos en los últimos diez años, tienden a plantear, en el primero, las dudas metafísicas sobre el verbo poético en sí y para sí, más allá de las pulsiones temáticas y las angustias de tono ético. Y en el segundo, un reconocimiento a la herencia surrealista (directa e indirecta) que se fue acumulando irregularmente en mi escritura desde hace décadas. Dicen que el surrealismo ha muerto, fagocitado por la posmodernidad neobarroca, entonces ¡viva el surrealismo! Mi amigo Floriano Martins estaría de acuerdo.

6) Los temas en su obra aparecen y desaparecen con el paso de los años. ¿Considera importante en su trayectoria recuperar algunos temas olvidados?

¿Existe el olvido en poesía? Pero es verdad, temas van y vienen; a veces no son temas, sino la máscara de deseos, frustraciones, impulsos, símbolos, imágenes, etc., que el inconsciente acumula y entreteje. A veces los sucesos sociales -con su cauda de injusticia, de corrupciones, de sórdidas impunidades, de guerras imperiales, de sucia violencia, de agresiones ideológicas, etc.- se transforman o producen impulsos que se unen con la energía interna. De esa unión convulsiva puede surgir una expresión épica o una figuración de amores rotos. Nunca se sabe. Hay temas, sí, arraigados a la infancia, que son recuperados con cierto ritmo. El poeta no debe dejar morir al niño que está en él, que no duerme, atento siempre. Si lo ve agonizar, debe aplicarle una buena respiración boca a boca… Los temas, pues, no tienen fecha de aparición, así como la creatividad trabaja en su propio tiempo histórico.



DATOS DE LIBROS

La última copa, Ediciones Eón, Col . Días de vino y rosas, México, 2006.
¿Palabras?, (Premio XXXIV Juegos Florales de San Juan del río, Qro.), Tintanueva Ediciones, México, 2006.
Poeta semi-automático, Col. Ex libris, Universidad de Guanajuato, 2006.


Entrevista hecha por Miguel Ángel Múñoz



Momento propicio para asesinar a un Poeta
ABRAHAM VILCHIS


Para Saúl Ibargoyen, que su
"nombre no conteste jamás los llamados de la muerte"
W. B. Yeats

Los poetas son personas peligrosas, pero necesarias. Son personas peligrosas, necesariamente. Sin embargo, lo son desinteresada, fatalmente, por amor e ignorancia y por azar: están entre nosotros. Una desgracia ineludible, me temo.

En realidad, los poetas son verdaderamente peligrosos porque siempre mienten. Cuando, por ejemplo, un poeta habla de amor en realidad habla de que en un cuarto no caben dos y de que la Luna, aún siendo huraña, cruza por el cielo desnuda. Cuando ellos, los poetas de género indefinido, hablan de amor, en realidad están diciendo que la vida bien puede redefinirse utilizando la técnica de piedra, papel y tijeras, o bien, ejerciendo el derecho a bostezar. También, justo es decirlo, cuando hablan del amor se muestran indecisos, hasta reticentes; quizá por un resabio de pudor o ingenuidad pues de él se alimentan y ya nada más puede ser inventado. Después ya no habrá imágenes pulverizadas ni cuerpos engordados por el blancor del tiempo. ¿Qué más?

Cuando un poeta habla de cualquiera de los temas llamados "Trascendentales", en realidad está haciendo notar cómo ya no queda papel debajo de ninguna palabra o cómo es que se extravió la dulce mirada de Emma Bovary. Y es mejor no preguntarles acerca de la Vida, del Ser ni de cualquier Absoluto porque contestarán citando las mil posibilidades del centro geométrico de un espejo enrarecido por los años ?otro mentiroso?, o afirmando que tu sombra se ausenta de ti acosada por cada noche, asediada por el cambiante sol y ya nunca buscará ayuntarse exactamente otra vez con ese tu cuerpo que ya no podrá reconocer. Tonterías.

En ocasiones describen aquello que, aún encontrándose en cualquier lugar, nadie ha descubierto porque no es mensurable: nadie se ha preguntado por ello; y entonces los poetas lo convierten en pasto de sus extravíos, verbigracia: "La muerte es verde". "La palabra es nada para empezar de la nada". "Si hablas de mi olor/ escucho tu perfume". Todo, palabras sin sentido.

Pero cuando los poetas hablan de La Verdad es cuando más notoria-mienten, inventan palabras, razones y voquibles para indefinir los rectos senderos. A diferencia de Sócrates ?no es extraño que los haya desterrado de la República?, los poetas nos guían aún más adentro de la caverna mintiendo otra salida. Afirman que si te acercas viajando por estas calles y plazas que vienen del sur, los espacios y los tiempos cambian sus máscaras y así te vas de lo que soy; pues si caminamos y hablamos como en otro viaje las veredas mueven sus aguas espumosas y las avenidas sueltan sus túneles verdes… porque estaba ciego de ruido, sordo de contactos. Todo, mentiras.


Cuando dicen la verdad, se les debe asesinar.


ENTREVISTA A SAÚL IBARGOYEN POR TESSY AZAMBUYA


1-¿Qué es lo que influye en vos a la hora de crear?

No me considero un creador sino un creativo. Crear, crean los dioses a partir de la nada. Más bien, uno recicla sustancias, imágenes de la vigilia o el sueño, representaciones sensibles y racionales que surgen sin aviso o con señales no siempre claras, como meros atisbos. A veces se precisa de una larga fermentación interior, que no puede medirse; a veces, una pulsión determinada o un deseo que muere o un deseo que nace o renace... Casi de todo, menos de ideas previamente definidas. Eso me pasa casi tanto en poesía como en narrativa. Pero todo, en definitiva, es memoria oscura que la verba poética trata, inútilmente, de iluminar.

2-¿Cómo asumís el hecho de ser reconocido? ¿Considerás necesaria la ayuda de un psicólogo en tu ámbito de trabajo?

Ser reconocido -en un ámbito deformado por las confusiones culturales de la modernidad tardía y la globalización salvaje-, aunque muy lenta y someramente y al cabo de décadas de trabajo literario, publicaciones, viajes, etc., es causa de satisfacción y alegría que uno debe compartir. Aunque uno nunca sabe hasta dónde alcanza el efecto de lo realizado. Por eso en mí se da como una contradicción: saberse en parte reconocido y en parte ignorado o aun rechazado. Pero es el juego dramático de la vida misma. En cuanto a psiquiatras y psicoanalistas, varios y sobre todo tres, me han ayudado en años muy difíciles, sobre todo como parte de la terapia, a vincular la creatividad y sus indescifrables raíces con los procesos mentales y emocionales que hasta se volvían contra mí mismo. Fue una experiencia profunda, vital: el ser humano común que soy sufrió mucho, y a veces aún tiembla, pero el poeta resultó favorecido: más libre, más fuerte, más tenaz... tal vez por mis genes vascos.

3-¿Creés que la exposición de tu trabajo ante otras personas y sus respectivas opiniones podría acarrearte problemas psicológicos?

En verdad, esos problemas no dejan de existir, desde que leíamos en las clases de primaria nuestras tareas, hasta los cientos de lecturas poéticas, conferencias, entrevistas, etc., en no pocas ciudades y no pocos países. Y las exposiciones por escrito, los libros sobre todo, que quedan a merced de lectores inesperados, exigentes, distraídos, prejuiciados, ilustrados, impreparados, sensibles, invulnerables... Y la llamada crítica, que en general lee lo que quiere leer. Al principio, me preocupaban todas las opiniones: si eran negativas, producían desánimo circunstancial; si eran positivas, daban fuerza pero también uno pensaba que no eran merecidas. Como cantó Atahualpa Yupanqui: "Si me alaban condiciones, me voy". Pero el asunto era que estaba yo demasiado pegado a mi obra, como mejillón a la roca. Luego, cuando sobrevino la distancia, que tiende a agrandarse cada día, pude ya leer o escuchar con equilibrio cualquier tipo de opinión, pues nadie tiene en esto la verdad en la bolsa; a más de que un crítico más riguroso que yo mismo con respecto a lo que escribo, no hay, seguro que no. Finalmente, como dijo don Quijote, uno debe ser digno hijo de la propia obra. Añado, ni más ni menos que ella: distinto, cada uno en su dimensión.

4-¿Sentís tu trabajo como una suerte de liberación personal?

Siempre es una descarga psíquica (cognitiva, sensorial, emocional) y aun física, al punto que esa induable liberación puede ocasionar estados de verdadera catatonia, como me sucedió luego de escribir mi novela "La última copa" o algún poema extenso, "Canción del escriba de pie". Es que se produce un desgaste energético excepcional, que yo acepto así pues no hago distinción entre carne y espíritu (incluyo en este término a los valores completos de la psiquis, lo que podríamos denominar sentimientos, impulsos, representaciones, imaginarios insondables, emociones, etc.); un desgaste que de modo simultáneo quema energía en dos dimensiones que están entrelazadas. Esto parte de una concepción mística, sin duda: el ser humando real, concreto, como una unidad carne-espíritu que tiende a rasgarse, ubicada en un tiempo histórico que se mueve en el tiempo sin historia del Cosmos.

5-¿Es posible que la forma de vida de un artista pueda tener aspectos psicológicos negativos?

Es, más que posible, seguro, sobre todo en comparación con los valores que se manejan en la existencia social. Negativos, pues, pero con relación a qué. Contradecir el discurso social predominante (y todo discurso social es, de algún modo, autoritario), significa hacer funcionar la psicología del creativo en sentido opuesto o en enfrentamiento con los otros; o sea, las instituciones públicas o privadas, los medios, la familia, el Estado, etc. Pero esos aspectos pueden, en contradicción aparente, ayudar a la tarea del artista. Curiosamente, no pocas veces el producto de ese mismo artista será tomado como un fruto de la cultura nacional. Porque el sistema, en definitiva, creer tener bastante capacidad de absorción para neutralizar o apropiarse tanto del producto como del artista. Suele lograrlo.

6-¿Creés que de alguna manera sos capaz de influenciar a tu público? Si la respuesta es sí, ¿qué pensás de esto?

Sí, creo que sí. Al menos, dispongo de numerosos comprobantes de aprobación directa: de viva voz, con aplausos, en los medios escritos, por carta, poemas dedicados, en los talleres de poesía, por e-mail. Hasta dónde llega esa influencia, no lo sé, ya que la expansión de la obra se da ahora mucho por internet; además, es algo recíproco, como una avenida de doble vía. O sea, pienso que sería un suceso natural, fuera de toda vanidad poética personal, y que empezó hace milenios con la comunicación oral, y que uno solamente cumple aportando sus voces a una gran voz, al canto general, como dijo Neruda. Claro, siempre alegra saber que nos escuchan, que nos leen, que nos memorizan, que podemos hacer que nuestra verdad se una a otras verdades.

7-Con cada publicación de tu obra, ¿considerás necesaria una preparación psicológica previa? En caso afirmativo, ¿en qué consiste dicha preparación?

La preparación, o algo así, implica una especie de reflexión o abordaje que se da en un campo muy escondido de la conciencia. A veces, uno intenta forzar una imagen trabajando o no con restos de otras ya asumidas, o con la basura de los sueños; uno recicla. Hablo no de la publicación sino más bien del proceso creativo en su inicio, que nunca se repite en lo exacto. La publicación genera en mí una expectativa, una ansiedad, un estado de pasión que no han decaído pese a que son muchos los libros y los textos publicados. Nunca hay una primera vez, nunca hay una última. Esto sí se parece a l'amor humano.7. La preparación, o algo así, implica una especie de reflexión o abordaje que se da en un campo muy escondido de la conciencia. A veces, uno intenta forzar una imagen trabajando o no con restos de otras ya asumidas, o con la basura de los sueños; uno recicla. Hablo no de la publicación sino más bien del proceso creativo en su inicio, que nunca se repite en lo exacto. La publicación genera en mí una expectativa, una ansiedad, un estado de pasión que no han decaído pese a que son muchos los libros y los textos publicados. Nunca hay una primera vez, nunca hay una última. Esto sí se parece al amor humano.

8-En tus escritos, ¿hasta qué punto mezclás la ficción con la realidad? ¿Sentís que son dos mundos separados o que éstos se fusionan en la vida cotidiana?

¿Son dos mundos en uno, o es un mundo que se divide en dos, ocultando mundos innumerables? De ser así, lo que hago es tratar de develar los universos apócrifos (escondidos, que eso quiere decir), como el dios escondido que buscaba Nicolás de Cusa. Pero aquí también todo es una sola sustancia, a tal pundo que luego de un tiempo interior indeterminado, ya ni sé qué mundo es una y cuál es otra. La tinta del personaje se vuelve sangre, la metáfora se convierte en materia. En esto influye, quizá, una idea materialista dialéctica del acontecer social y del mundo físico.

9-¿Pensás que es posible que con tu obra ayudes a alguna persona con problemas psicológicos?

Es probable, sobre todo con aquellos textos en los que busco, de manera deliberada o no, como en la novela "La última copa", o en "Soñar la muerte" o en los "Graffiti 2000", vislumbrar ciertos procesos del inconsciente, ciertos movimientos del ánima, ciertos valores sociales que por error se toman por expresiones de la psiquis, y que los meros actos no explican y que la palabra puede ayudar a esclarecer. De todos modos, el primer beneficiado soy o sería yo mismo.

10-¿Alguna vez en tu vida concurriste a terapia o recurriste a un psicólogo? Si la respuesta es sí, ¿te ayudó en algo?

Sí, varias veces, según anoté antes. Y me ayudó de manera extraordinaria. Aprendí mucho de mí, que significa aprender mucho de lo humano genérico e históricamente determinado; aprendí a distinguir lo metafísico de lo psíquico; aprendí a dialogar con la soledad; aprendí a ser más tolerante y paciente; aprendí a escuchar mejor a los otros y al mundo; aprendí a salir de mí, a desapegarme; aprendí más de las raíces íntimas de la creatividad y del deseo... Pero ese aprendizaje, sin terapias desde hace tiempo y ya superada la adicción al alcohol, todavía no termina. Nunca terminará, y eso es fuente de angustia a veces, aunque también de exigente creatividad. Que las musas me asistan, y que a nadie que las merezcan, abandonden.


SAÚL IBARGOYEN: "EL EXILIO PRODUJO EN MÍ UN DESGARRAMIENTO INCURABLE"


SAN SALVADOR, EL SALVADOR. Él no necesita presentación, lo dice su vasta obra. Saúl Ibargoyen es la pluma enciclopédica que canta con ironía, amargura y belleza el "empobrecimiento material, ideológico y espiritual" que sus ojos han visto a lo largo y ancho de Latinoamérica. Nacido en Montevideo, Uruguay en 1930, llegó como refugiado político a México en 1976. Sin duda, el exilio es un parteaguas en la vida de Ibargoyen y al mismo tiempo, es una espuela vital en su obra que recorre la poesía, la novela, el cuento y el ensayo.

En esta entrevista arremete contra los gobiernos neoliberales, "las traiciones de la izquierda" y los "indecentes productos materiales, espirituales e ideológicos" que se ven "como nunca se registró en la Historia".

El uruguayo-mexicano también les dedica unas palabras a esos "poetas reconocidos que se lo pasaron o pasan muy bien" sin excluir a esos "narradores de ultraderecha como el marqués Vargas Llosa". Su tono sociopolítico nos recuerda a otro de los grandes que ya no está entre nosotros: José Saramago.

¿Qué expectativa tiene en su visita a El Salvador en vísperas de iniciar el Octavo Encuentro Internacional de Poetas "El turno del ofendido"?

La de otras veces en que tuvimos la alegría de participar: un rencuentro o, mejor dicho, la continuación de encuentros anteriores con poetas amigos y con la joven tradición que Metáfora ha logrado establecer en el ámbito socio/literario de El Salvador y otros países. Su consigna, al amparo de Roque Dalton podría ser "poetas del mundo, uníos".

A propósito de esta octava edición dedicada a la memoria de la poeta salvadoreña Matilde Elena López y en la cual concurren un importante número de mujeres, ¿qué lectura hace usted de la presencia de la mujer latinoamericana en el ámbito de la poesía?

Sin la presencia de las poetas en nuestro continente, muchas cosas carecerían de sentido histórico. Tendríamos otra sensibilidad, seríamos menos de lo que somos ahora. ¡Vivan las musas!

"El turno del ofendido" es el título de un trabajo que nació de la pluma del poeta salvadoreño más importante del siglo XX en nuestro país: Roque Dalton. Tanto Dalton como usted han creado poemarios y textos en suelo mexicano, pero ¿cuándo fue que escuchó por primera vez de este poeta?

Fue por el muy querido amigo Mario Benedetti, quien había publicado algo sobre él, creo que una extensa entrevista. Luego, en México, la cercanía con su obra se acentuó. Yo había llegado a México como asilado político un año después del asesinato de Dalton. Allá formamos una brigada con su nombre, en apoyo a las luchas liberadoras del pueblo salvadoreño, y en particular al Frente Farabundo Martí [para la Liberación Nacional] (FMLN). Hace unos meses lo recordamos en un acto en homenaje a Dalton. A usted se le conoce como "el pronunciador de las eses de la vida: sangre, sudor, semen, saliva, sentimientos, sobrevivencias, sur", palabras que atraviesan gran parte de su obra, no obstante, ¿qué papel ha jugado el exilio en su obra y su visión de mundo una vez que tuvo la posibilidad de volver a su tierra, la cual encontró con otro rostro, otro estado?

Más allá de la letra "ese", que es una representación simbólica en mi trabajo, el exilio -que nunca termina- produjo en mí un desgarramiento incurable, sólo atenuado por los viajes que hago a mi patria (o matria) cada año. El regreso, con el fin de la dictadura (1973-1985) y la recuperación de la democracia formal, burguesa, significó el rencuentro con una realidad golpeante. El país estaba casi en ruinas, había un deterioro general, y aunque las fuerzas populares seguían luchando por mejorar el estado de cosas, los cuatro gobiernos neoliberales que siguieron a la dictadura, en muy poco o nada beneficiaron al pueblo. Eso provocó en mí una gran desazón, era otro país: empobrecido en lo material, en lo ideológico, en lo espiritual. Además, hubo traición en las filas de la izquierda, hubo intento de liquidacionismo, de destruir, por ejemplo, al Partido Comunista para debilitar así el Frente Amplio, coalición y movimiento que, pese a todo, es desde el 2005 la fuerza de gobierno.

Todo eso generó en mí un ánimo muy amargo y decidí regresar a México. Ese conjunto de experiencias pasaron, claro, a la poesía y a la narrativa como un acto de fe tanto con relación a mí mismo como respecto a quienes siempre han peleado en Uruguay por las mejores causas nacionales y populares.

A pesar que su vida terrenal ha fluctuado por su país entre el sur (Uruguay) y el norte (México) y giras por el mundo, ¿la poesía acaba con los alambrados y las huellas del exilio?

La poesía, o eso que llamamos así, es también un gesto liberador y compartido, o de lo contrario poco importa a la sensibilidad actual en un momento determinado. La lengua poética, que debe ser cada vez más babelizada, puede operar en la conciencia del receptor en cuanto un cuestionamiento a los discursos oficiales y/o dominantes, al discurso único que es sostenido por el pensamiento fundamentalista que circula sobre todo a través de los medios de comunicación de masas. No sólo aprovechar la riqueza intrínseca de la lengua, sino generar nueva riqueza lingüística y espiritual en un mundo acosado por la violencia política, bélica, económica, cultural, ideológica, educativa, religiosa… Una poesía sin fronteras, como ha sido desde hace siglos, pero llevando esas fronteras allende sus mismos límites.

¿Qué papel juega lo poesía, el poema, la creación en un México que se hunde en la violencia y en una Centroamérica cada vez más se empañada por este fenómeno? Pienso que no tiene un papel decisivo en cuanto a aminorar esos desastres. En parte, mi respuesta anterior atiende a esta pregunta. Es decir, no debemos exagerar la función de la poesía ni menos sacralizar al poeta. Habría que discutir justamente esa función en el mundo actual y en nuestro continente. En verdad, las luchas liberadoras y democráticas se dan abajo, desde el barro social, como alguien dijo. Si los poetas son sensibles a esa lucha y la acompañan del modo que sea, con o sin versos, habremos avanzado bastante.

¿Cuál es su lectura del papel que desempeña la izquierda latinoamericana en el poder?

Hay que mirar país por país. ¿Cuáles son realmente los gobiernos de izquierda? En ninguno de ellos, salvo la República de Cuba, la izquierda tiene el poder. Tiene el gobierno, que es otro asunto. En Ecuador, Bolivia y Venezuela, con matices y diferencias, tenemos relevantes avances en lo social, lo económico y lo político, con independencia de la definición que hagan de sí mismas los partidos gobernantes, a más de que se presentan nuevos actores políticos de enorme peso en las decisiones. Las etnias indígenas, por ejemplo, y las distintas organizaciones de trabajadores, a más de la costosa reconstrucción de las fuerzas de izquierdas tradicionales, muy lastimadas por dictaduras o autoritarios gobiernos de derecha.

En el Uruguay de hoy, con gobierno de centroizquierda, se aplican en contradicción con el programa del Frente Amplio (extensa coalición y movimiento que ganó claramente las elecciones de 2004 y 2009), lineamientos económicos con rasgos neoliberales. Y, en el marco de una economía creciente, se desatiende la distribución de la riqueza, con lo que se niega lo ofrecido al pueblo, es decir "país productivo con justicia social".

El tema da para mucho, ver qué pasa en Paraguay, Nicaragua… Se agudizarán, sin dudas, los conflictos internos y la presión del imperio será cada vez mayor. No es nada casual el acuerdo institucional entre Chile, Perú, Colombia y México. Debemos apostar a la unidad latinoamericana, que ya demostró eficacia en más de un asunto, y profundizarla en todo lo que sea posible. La lucha será larga y nadie nos va a regalar nuestra soberanía y la justicia para nuestros pueblos. Usted ha hablado del "cambalache cultural e ideológico que vivimos y "de las mafias culturales". ¿A qué se refiere en concreto cuando menciona esos términos?

Esa expresión viene del conocido tango de Enrique Santos Discépolo, del año 1935, cuya letra es en sí, bien posmoderna. Y es que se registra una mezcla indecente de productos materiales, espirituales e ideológicos como nunca se había registrado en la Historia. Se beatifica a un Papa que protegió la corrupción y la pederastia; se acude al terrorismo democrático por parte de un premio Nobel de la Paz, quien se ocupa de administrar tres guerras al mismo tiempo; se bombardea a Libia por "razones humanitarias" en la crisis que aún no acaba, se otorgan miles de millones de dólares a quienes la provocaron, mientras cientos de miles de personas pierden empleos y casas. Hay gente que contrae matrimonio debajo del agua, en burbujas especiales, y hay quienes estrenan trajes de baño tejidos con hilo de oro. La revista "Forbes" ubica a un conocido narcotraficante mexicano entre los hombres más ricos del mundo… Para qué agregar más, solo dando un vistazo a las fotos de la impúdica "boda del siglo" alcanza. Ah, las mafias culturales… Son parte de cómo en una país se organiza la cultura para darle a los intelectuales del sistema determinadas prebendas, becas, viajes, premios, buenos puestos públicos, etc. Y los otros -la mayoría- quedan fuera. No importa lo valioso de su trabajo o su dedicación constante. Hay sectarismo, hay intereses turbios, hay discriminación ideológica.

¿La poesía (los poetas) tienen aún enemigos en este siglo XXI como los hubo en el anterior?

A veces los enemigos de los poetas son ellos mismos. Se creen que son pequeños dioses o simplemente no escriben bien. En verdad, no tienen más enemigos que los luchadores sociales o los trabajadores que pelean por su salario o los militantes políticos que hacen su lucha por la democracia real y la felicidad colectiva. Hubo y hay poetas reconocidos que lo pasaron o pasan muy bien (o narradores de ultraderecha como el marqués Vargas Llosa). El poeta es un ciudadano como cualquier otro, cuyo don es trabajar las palabras en acuerdo con las musas de todos los tiempos. No es poca responsabilidad. Y debe cantar metiendo en su ritmo la respiración de la época en que vive, pues ese respirar se juntará con las innumerables respiraciones que nos llegan desde el fondo de la Historia.


Entrevista y fotografía. TOMÁS ANDRÉU. Saúl Ibargoyen: "El exilio produjo en mí un desgarramiento incurable". Entrevista concedida en vísperas del Octavo Encuentro Internacional de Poetas "El turno del ofendido". San Salvador. El Salvador C.A. 16 de Mayo de 2011





 

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