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Saúl Ibargoyen

 
 

BASURA Y MÁS POEMAS





CONTAR CANTANDO Y CANTAR CONTANDO: SAÚL IBARGOYEN

Saúl Ibargoyen nació en Montevideo, Uruguay, en 1930. Poeta, narrador, periodista, actualmente es jefe de redacción de la revista Plural de Excélsior. Entre sus numerosos libros deben señalarse: Palabra por palabra, Erótica Mía, Epigramas a Valeria, Ciudad, Exilios, Catálogo, de este Mundo (poesía); Fronteras de Joaquín Coluna, Quién manda aquí, Los dientes del Sol (cuentos); Noches de espadas y La sangre interminable (novela).
Asimismo con el poeta argentino Jorge Boccanera publicó en México tres antologías de la poesía latinoamericana: Amorosa, Rebelde y Contemporánea. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, portugués, ruso, bielorruso, polaco, alemán y francés. El escritor acaba de publicar por La Universidad del Valle de México Basura y más poemas.
Excelente libro de poesía, sólo que bajo un título que confunde a sus lectores. ¿Por qué Basura en un libro de poemas?

—Muchas veces, cuando un autor publica un nuevo libro y más allá de presentaciones, notas bibliográficas y entrevistas, queda al descubierto lo que el público -por llamar así a lo que en realidad es un conjunto complejo de públicos-ignora de las obras que antecedió a esa publicación. Por lo tanto, en esos casos, el nuevo libro aparece como un hecho aislado, fueron de dos contextos: el literario en general y el referido a la historia personal del escritor.

—¿Y esto de quién es culpa?

—No se trata de culpar a nadie, pero esto es algo que sucede a diario en América Latina. Tiene que ver con los sistemas educativos, con la industria editorial, con la publicidad, con las políticas culturales, con la situación económica, etcétera. Así puede pasar también que la aparición de un libro aunque sea de poesía -género poco solicitado por los lectores-, permite justamente que su autor sea objeto de interés para crítica y público.
Un premio de cierta resonancia puede, obviamente, generar atención sobre obras y personas, pero lo deseable sería que esa atención fuera permanente, y que resultara correspondida con la mejor calidad literaria.

—¿Cómo piensas combatir ese eterno olvido en que se encuentra el escritor?

—Algo de esto he pensado luego de la presentación de mi libro de poemas Basura, que editara en Toluca la Universidad Autónoma del Estado de México. Es decir, tuve otra vez la certeza de que, al menos en nuestro continente, casi todos los escritores aunque publiquemos somos en verdad inéditos. Ni siquiera nos leemos bien entre autores de un mismo país, así como sigue existiendo una notoria falta de conocimiento y de comunicación entre los intelectuales y artistas de nuestras naciones. Esto puede verse como una interpretación negativa de los fenómenos socioculturales, de la circulación de productos de la cultura, de la dinámica de los medios de comunicación, de los concursos y encuentros literarios internacionales, del intercambio y los acuerdos entre gobiernos e instituciones - Se trata, sencillamente, de recordar lo que tantos escritores hemos comprobado en incontables ocasiones. En el ámbito de las industrias de la cultura, la difusión está ligada inevitablemente a que el producto literario sea considerado una mercancía.

—¿Mercancía?

—Sí, porque hasta el propio autor llega a ser manipulado como tal y en estos casos, sería ingenuo pensar que él no lo percibe así, con los jugadores de fútbol, por ejemplo sucede algo similar: Estas apreciaciones, si bien entregadas de modo resumido, no implican que paralicemos nuestra actividad creativa ni que renunciemos a la difusión de nuestra obra en libros, revistas, periódicos, etcétera. Uno produce para los otros, por más que sepa de antemano la relativa repercusión de su obra.

—¿Qué significa ser un best seller?

—Bueno, hay autores que venden millones de ejemplares, pero siempre hay y habrá por mucho tiempo miles de millones de personas que ni se enteran de eso. Actualmente tenemos unos mil millones de analfabetas en el planeta azul llamado Tierra. Pese a la acelerada y mágica multiplicación de las computadoras, todo indica que las penurias de la cultura material y espiritual aumentarán en las próximas décadas, así como crecen la deuda externa y los malestares sociales.

—¿En dónde reside la soledad de un escritor?

—Decía que uno produce para los demás, a pesar del acto en apariencia solitario de la escritura, y de la actitud narcisista o de descarga psíquica contenida en esa operación intelectual y también física pues se escribe con todo el cuerpo. Y es precisamente ahí, en esa concientización hacia uno mismo, en esa valoración adecuada del hecho de escribir, en esa ratificación práctica de una vocación raigal, que el escritor latinoamericano se afirma como una persona histórica, que se identifica -aún contradictoriamente-, con destinos más amplios que su biblioteca o su mesa de trabajo.

—¿Y cómo fue tu aventura lingüística con Basura?

—Luego de la aparición de mi Basura y más poemas, he intentado reflexionar sobre la temática y el ámbito lingüístico del libro, tratando de vincularlo críticamente con poemarios anteriores, hasta con las tres novelas, una de ellas aún inéditas y los tres volúmenes de cuentos que forman mi obra narrativa, más algún relato suelto. Creo que trabajar en más de un género, y no digo nada novedoso, resulta tan necesario como refrescante para un escritor. No sólo porque debe apelar a mayores conocimientos y mañas del mero oficio, sino porque esto quiero decir un mejor tratamiento de la misma vida. Y sabemos que, si bien todo género admite todo tema, hay asuntos que se desarrollan más creativamente según el género elegido. Así, sería hasta vulgar decir que El Quijote no cabe en un soneto y que Li Po no necesita cien páginas para un texto poético.
Pero es indudable -y no estoy apostando a la disolución de los . géneros: poesía, drama, relato, ensayo, testimonio, etcétera. Se mezclan cada día más, disimulando o destituyendo sus fronteras tradicionales, esto no es nuevo, como algunos sostienen, sobre todo quienes abren los ojos y creen que recién el Sol sale para los demás, para mí el asunto radica en contar cantando y en cantar contando. No hay recetas, por suerte, en este menester de la escritura. Y tanto que, cuando alguien propone terminar con los géneros, quizá lo que pretende es inventar otro...
Pienso que suele haber, aparte del género que uno elija, una manera de metaforizar o de forjar un sistema de metáforas que une a la poesía y al relato, al drama y a la novela, al testimonio y al ensayo. Pero esta unión, al menos es mi experiencia, encierra también una distancia pues en un poema generalmente trasladamos -aún con elementos narrativos- la descripción de un estado de ánimo que viene a ser el fragmento íntimo de un personaje casi siempre no representado, mientras que en una novela optamos por ofrecer el personaje a plenitud, ordenado hasta donde sea posible y necesario, según sus fragmentos anímicos, físicos, sociales, culturales, epocales, etc. y en constante relación con los demás protagonistas. Cada uno deberá tener su voz, su manera de caminar, su modo de morir, sus razones de comportamiento, sus errores propios, su ritmo al respirar.

—¿Y planes para este año de 92?

—Este año aparecerá ni novela inédita Soñar la muerte. Tiene unas cien páginas nada más, y es el fruto de un olvido, pues debía formar parte de Noche de espadas. Esta, la segunda novela que publiqué, fue escrita en México y editada primero en Cuba y luego en Uruguay. Sucedió que simplemente y tal vez porque no tengo computadora ni buena memoria, olvidé redactar un capítulo pese a su importancia: nada menos que el atentado fallido contra la vida del personaje central, con todas las implicancias metafísicas, sociales y políticas del caso. Cuando la novela estaba terminada, me di cuenta de la omisión, pero agregar el capítulo significaba reescribirla casi en su totalidad. Admití mi inexperiencia, solicité por escrito disculpas a mis personajes y al cabo de 28 meses inacabables logré definir este relato que titulé Soñar la muerte (título que resume los de dos novelas de dos estupendos escritores latinoamericanos: Soñar la guerra del mexicano Jesús Gardea y Morir con Aparicio del uruguayo Hugo Giovanetti: también tuvo que ver Unamuno en esto del título, sobre todo por el último soneto que escribió.

(CLARENCE VITTUR, “Contar cantando y cantar contando: Saúl Ibargoyen”, Nuevos horizontes, No 106, 1992)



ALGUIEN PIDE UN CABALLO
SAÚL IBARGOYEN


Sí, alguien pide un caballo. Preferí titular así, de forma metafórica, el comentario de este libro que se llama Basura y más poemas, y es del poeta uruguayo Saúl Ibargoyen (n. 1930). Porque este libro editado en México, es un pedido de auxilio tan o más desesperado que el de: “Mi reino por un caballo” de la tragedia de Shakespeare.
El lado oscuro, antipoético y hasta repulsivo, es asumido desde el título como grito de denuncia y consecuentemente, como postulación por la negativa del mundo que se desearía habitar. En forma expresa, el poeta se impone la expresión antipoética:

Basura es el nombre
de las palabras que arrastro
de las lágrimas escuchadas
en un vientre
que la violencia del amor
inflama y destruye
……..

("Basura")

Ya García Lorca en "Poeta en Nueva York", y antes Baudelaire en sus "Cuadros parisinos", de "Las flores del mal", habían visto en la fealdad de la ciudad y de las cosas, el mejor símbolo de la ausencia de espiritualidad. Saúl propone también un cuadro apocalíptico:

Basura es el nombre
de la piel que arrastro
es la iniciación de ese peregrinaje sin concesiones, más cósmico que individual, que sobreentiende, dolorosa-mente, que hoy se juega quizás por última vez, el destino del mundo.

(Hay) Pájaros que viajan
levantando en el pico
un pedazo de hombre ensangrentado.

Libro el suyo de desesperación, donde, sin embargo, no está ausente el amor. El amor de carne y hueso, y siempre en visión universalista.
Basura y más poemas, es el último libro de poesía de Saúl. Más ríspido y desolado que los que le conocíamos. Dio, puede decirse en síntesis, el salto de la advertencia a la constatación de la tragedia, porque en versos que hoy parecen tan lejanos, decía:

Hijo mío:
Cada día es todo más difícil y oscuro.

Quién sabe si mañana
tocaremos el mar con estos dedos
si podremos sentir
el olor de la hierba que nace,
si veremos la sombra
que las hojas dejan caer en el suelo.

("Carta a propósito del mundo", en “De este mundo", 1993).

Y en Basura v más poemas, parece firmar que no se toca más el mar con los dedos, que no podemos sentir el olor de la hierba que nace, que no vemos la sombra de las hojas que caen.
El hombre optimista que era Saúl, que en medio de un exilio pudo decir

Dónde está mi patria?
No puedo ya volver:
Está conmigo.
encontrará en la tierra de Juan Rulfo y de Octavio Paz, nuevos motivos de canto pleno.

(LEONARDO GARET, “Alguien pide un caballo”, El pueblo, Salto, 29 de febrero de 1992)



VERDADERA POESÍA, JUAN GELMAN

La poesía, la más desamparada de las artes de la palabra: Saúl Ibargoyen
Tiene más valor de uso que de cambio, afirma

Basura y más poemas es el almanaque del tiempo interior (casi ocho años) y de la experimentación lingüística del uruguayo Saúl Ibargoyen, quien después de su exilio en México (1976-1984) volvió a su tierra natal (de 1984 a 1990) y se sintió atraído por la cantidad de gente que vive de la basura en una ciudad como Montevideo que tiene apenas millón y algo de habitantes, y que pertenece a un país que curiosamente es de subconsumo no de consumismo, pero que posibilita la sobrevivencia de más de 40 mil personas gracias a la recolección de papel, metal, vidrio y desperdicios orgánicos.
Así explicó el autor por qué el libro tiene este nombre, Basura y más poemas. La poesía, la más desamparada de todas las artes de la palabra, según Ibargoyen, tiene en este caso un valor de uso por encima del valor de cambio porque la producción poética no es mercancía, sino algo que se entrega a los demás simplemente.
Poeta, narrador, crítico, periodista, editorialista y traductor, Saúl Ibargoyen agradeció la heroica asistencia de todos enmedio de algunas dificultades como las de antenoche en el Museo Mural de Diego Rivera: no le permitían pasar, le negaron el uso de la estancia más amplia y de micrófono, acomodaron sillas en el vestíbulo del museo, lo sentaron frente a una mesa maltratada y sin un fieltro que dignificara el momento, además del ruido de sirenas de ambulancias y patrullas que provenían de la cercanía de la calle, los ladridos agudos de la perrita "Frida" conformaban una atmósfera sumamente peculiar para la presentación de un libro.
Superando con inteligencia y sentido del humor estas vicisitudes, Saúl Ibargoyen se sometió a la crítica de dos colegas y amigos poetas argentinos. Primero, a la de Juan Gelman, en voz de Margarita Martínez, ya que él tuvo que viajar a España el 2 de diciembre por la noche. Basura y más poemas es una obra publicada por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y la portada corresponde al diseño de Roberto Fabelo. Respecto de Basura y más poemas, Juan Gelman escribió que se trata de un libro de verdadera poesía... de una voluntad de distinta palabra (aquí toma palabras del autor) que nada tiene que ver con confundidos verseadores del esfumado trópico dariano ni con la triste mentirología de arrugados poetas estatuarios ¡Nada que ver! Estas son palabras escritas con intención de sangre.
En este libro, añade Gelman, las palabras son piedras tozudas, palabras que "se incendian y retuercen, ya nunca volverán a llorar". Este libro tiene la trama de luchas, exilios, olvidos y memorias del poeta, pero esa trama no consiste en la sucesión de los poemas, sino en la profundidad del material escrito. Ibargoyen domina el lenguaje de la poesía lejos de la gestualidad que procura atraer la atención y el éxito fácil; en cambio, usa un lenguaje de limpidez espléndida que no habla del dolor, sino que duele y que esperanza aunque no menciona a la esperanza.
Este libro de versos sorprendentes y tan hondos prueba, porque es poesía verdadera, que el verdadero tema de la poesía es la poesía, aquélla que en Basura y más poemas muestra su virtud: revelar lo que la palabra calla y mostrar su infatigable persecución de la belleza, considera Juan Gelman.
Jefe del Departamento Editorial de la UAEM y Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer 1991 para obra publicada (por el poemario Navegaciones), Pedro Salvador Ale leyó un texto titulado Basura o la enfermedad del que regresa.
La poesía de Saúl Ibargoyen crece, debatiéndose como la ceiba, bajo el derrumbe de esta civilización de fin de milenio, de este sistemático derruirse del mundo. Ibargoyen asume con certeza poética la visión de la barbarie contemporánea, tal vez podamos describirlo como el poeta que describe y abomina los basurales del hombre pero que con la palabra intenta modificarlos para hacerlos renacer de otro modo, prosiguió Pedro Salvador Ale.
Más adelante comentó que Saúl Ibargoyen nos muestra en un lenguaje duro y áspero los secretos da su visión; nos enseña que la lectura de Basura y más poemas se hace con la sangre y con los sentidos y en la mayor parte de sus poemas lo descriptivo sirve como puente para la reflexión, la cual más que expresada como un acertijo de palabras es una confesión al mostrar las entrañas.
Según Pedro Salvador Ale, Saúl Ibargoyen es un poeta vertical, unificador, por lo tanto su poesía no es íntima sino solidaria, no es apartada sino social, aunque toda poesía en principio lo sea. Saúl Ibargoyen, continuó Pedro Salvador Ale, ha roto con el lenguaje utilizado en otros poemarios. En éste enseña la médula no tan sólo metafóricamente sino en los términos de expresión más descarnados como si quisiera por esos rumbos llegar a la luz, a la transparencia.
El reciente volumen de Ibargoyen está dividido en dos partes: "Basura y algo de amor", donde el lector podrá encontrar 39 poemas escritos por el actual jefe de redacción de la revista Plural. Aquí anotamos un fragmento de "Como esos perros": Y esta historia sigue / porque somos como ciertos animales / como esos perros atados / a una fibra carnal y retorcida / pues no saben amar sin dolor. / Animales que se rascan / con uñas propias / las escamas que crecen entre su piel. /...

(BEATRIZ GONZÁLEZ GARDUÑO, “Verdadera poesía, Juan Gelman”, El día, 5 de diciembre de 1991)



POESÍA VERDADERA

Nos reúne hoy un hecho poco usual en estos tiempos: la presentación de un libro de verdadera poesía. Porque (aunque cada tanto traicione a la grey incurriendo en la prosa, excelentemente por lo demás) Saúl Ibargoyen es un poeta, un poeta de verdad, mercadería que no abunda en ninguna parte del mundo. Basura y más poemas es "una voluntad de distinta palabra —tomo palabras del autor— que nada tiene que ver con "confundí dos verseadores del esfumado trópico dariano" ni con "la triste mentirología de arrugados poetas estatuarios". Nada que ver. Estas son “palabras escritas con intención de sangre".
El poeta dice en el prólogo dirigido al lector que su libro tal vez fue producto de la necesidad de esclarecer hasta el hueso lo que suele llamarse destino. Su destino. Un destino personal y colectivo que en estos poemas se manifiesta con desesperación a la intemperie y palabra de carnada, pero nunca desolada. Se encuentran aquí huesos difíciles, arroces descompuestos, tetas de cuero confuso, pezones de trapo alucinado, cobijas cagadas por la muerte, viejos perros totalmente entristecidos, sucios ladrillos de silencio, jugos de verdadero morir, y cuanta sangre fue quemada al encontrarse con su destino sudamericano. En este libro las palabras son piedras, "Las tozudas palabras —cito— se incendian y retuercen:/ ya nunca volverán/ a llorar".
Este libro tiene la trama de luchas, exilios, olvidos y memorias del poeta. Pero esa trama no consiste en la sucesión de los poemas sino en la profundidad del material escrito. El problema del destino se plantea esencialmente como problema del lenguaje de la poesía y el poeta lo resuelve sin salir del dominio del lenguaje de la poesía. Nada más lejos de esa "gestualidad" que procura, atraer la atención y el éxito fácil, es decir, esa poesía gesticulante y exhibicionista de la forma que se sirve exteriormente de sí misma para ciarse a conocer.
En cambio, se encentrará en este libro un lenguaje de limpidez espléndida que no habla del dolor sino que duele, que desde su "hueserío masticado" —como dice el autor— esperanza aunque no mencione a la esperanza. Se torna aquí realidad el consejo de Huidobro: "No cantéis a la rosa, oh poetas./ Hacedla florecer en el poema."
"Porque toda palabra —dice Ibargoyen— es un idioma sin término/ un sistema de olores gestándose/ una sola voz soltando/ sus plumas oxidadas/ su estrecho sabor/ de desmenuzadas zanahorias".
Este libro de versos sorprendentes y tan hondos —"En cada calle/ está la tumba de mi padre", dice, y también "ese olor de hombre que se niega/ a la cortadura mortal", y tantos otros cuya cita completa sería el libro entero— prueba, porque es poesía verdadera, que el verdadero tema de la poesía es la poesía. La poesía que en Basura y más poemas muestra su virtud: revelar lo que la palabra calla y mostrar su infatigable persecución de la belleza, de la "tijí” de la que habla Aristóteles como encuentro hijo del azar y la dicha.
Se trata de perseguir el milagro. Decía Dylan Thomas que nadie trabaja en el ardiente oficio de la poesía si no es en busca del milagro. Lo milagroso que tienen los milagros —decía Chesterton— es que efectivamente a veces se producen. Por ejemplo, este milagro:

          Acepta pues que en esto así sigamos
          el viento tendrá un sitio
          en nuestras manos
          ese impulso del aire desatado
          que las banderas suelen respirar.

Autor del milagro: Saúl Ibargoyen.

(JUAN GELMAN, 3 de diciembre de 1991)



LA BASURA EN EL OJO

A finales de siglo, todo es posible. La literatura se ha convertido en una manera distinta de observar, analizar y comprender el mundo. Cada palabra, cada frase, cada oración, cada conjunto de oraciones, están cargadas de historia. El posmodernismo aparece como un modo de decir adiós al siglo. El arte es historia decía Heidegger. La poesía transita tiempos difíciles, resbaladizos, cambiantes y, sin embargo, sigue nombrando lo que no tiene nombre (recuerdos de Pessoa). Los textos se acumulan; un vaivén de poetas viajeros y sedentarios se dan cita en las páginas blancas, y ¿para qué sirve la poesía? Una posible respuesta, sería la del mismo Heidegger citado: La obra hace conocer abiertamente lo otro, Revela lo otro; es alegoría. O bien, lo que Ibargoyen nos dice en relación a sus libros: esclarecer hasta el hueso no sólo temas, situaciones, hallazgos, viajes, ánimos, desencuentros, frustraciones, infancias y desmemorias, sino el inevitable proyecto, íntimo y multitudinario, que suele llamarse destino. Sea como fuere y ante respuestas diversas, lo que tenemos seguro es que el poema nos afecta más o menos distinto: ese nudo de imágenes, nos ponen a soñar o nos despiertan. Atrás de la imagen y su signo, hay otro signo y múltiples imágenes. El mundo se acomoda y reacomoda, se mueve, se agita y nos agita. En cada poema se recrea nuestro tiempo y espacio: Basura es el nombre/ de la piel que arrastro, escribe Ibargoyen y nos mueve; respiramos de la ciudad los muros y estas gentes, quizá nada ajenas a la Imagen del poeta. Tiempos cambiantes, decíamos, y de tránsito difícil, como el ritmo cambiante de las cosas y la vida, como el ritmo cambiante del poeta. Tiempos cambiantes y una invitación no indescifrable, a perdernos un poco, a dejarnos caer en las palabras de Aquellos ojos observan nueva mente/ el humo que vuela desde/ las páginas calcinadas por el tiempo

(JESÚS FOSALES, “La basura en el ojo”, Instituto Mexicano de Cultura, Morelia, Michoacán, 8 de noviembre de 1991)






 

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