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Sonetos a mi padre (I, III, IV)
de Carilda Oliver Labra


    Editora del fonograma:
    Tednus - Cubaliteraria

en la voz de Carilda Oliver Labra    
Colaboración: Eduardo Ortiz Moreno    
Página web de Voces que dejan huellas    


Sonetos a mi padre



I

Padre entonces que hacías la esperanza  
empeñado de hijos, de hipoteca:
resucito tu mano nunca seca
que no supo de piedra ni de lanza.  

Te enfermaba el insomnio cuando juez
pues querías salvar tantos ladrones...  
¡Que ya siempre te píen los gorriones y  
que tengas juguetes una vez!  

Ahora invento que duermes y que existe
tu costumbre de beso, tu alto asombro.
Ahora muevo mi vida con escombro;  

ahora soy de verdad la niña triste
que no puede apoyarse ya en tu hombro
porque, padre, en enero te moriste.  


II

Ha llegado el dolor violentamente  
como llega la lluvia tras la aurora;  
hoy sonrío de modo diferente:
con lágrima invisible que no llora.  

(Y me digo en secreto: quizás pasa  
y es injusto que sepa de este duelo,  
y hasta sigo esperando en mi desvelo
por si pide la llave de la casa ...)  

No lo puedo creer... Te necesito,
estas muerto, mi padre, muertecito.
Jaque mate te dieron esta vez;  

pero loca, en delirio sobrehumano,  
yo levanto tu pieza con la mano  
y te pongo a jugar el ajedrez!


III

Me he vestido de blanco, verde, rojo,
porque el luto no rima con amor.
Hace tiempo, mi padre, que tu ojo
rechazaba tinieblas y fulgor.

Que no caiga el granizo ni la nieve
en tu tumba inocente y extranjera,
que te cante al nacer la primavera
y una flor te perfume el día nueve.

Te reservo la gloria de tu cuarto,
un destello feliz de sol, que aparto,
el poquito de tierra en que naciste,

y la toga, los libros, el serrucho.
Ya no basta quererte mucho, mucho:
te moriste mi padre, te moriste.


IV

Tu sillón de dentista... ¿dónde está?
Tu violín de estudiante... ¿cómo suena?
Enterrabas centavos en la arena
y otros nombres ponías a mamá.

Guardo todas tus cartas y retratos.
En mi sueño tu próstata se cura.
Por el fondo del patio y la ternura
me caminan tus últimos zapatos.

Quiero verte salir en un postigo.
Ven, fantasma; ven, ángel oportuno.
Ya no sé lo que hago, lo que digo.

Porque quiero beber el desayuno
con mi padre, mi sabio, mi mendigo,
en Calzada de Tirry ochenta y uno.


De: Las sílabas del tiempo



CARILDA OLIVER LABRA


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