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Miguel Ángel Gómez

cartabierta

Por Jorge Carrol

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Dibujo de su amigo el poeta Enrique Molina.


                                                                      Quiero minar la tierra hasta encontrarte
                                                                      y besarte la noble calavera
                                                                      y desmordazarte y regresarte.

                                                                          Miguel Hernández


Miguel Ángel Gómez es uno de los tantos poetas olvidados y éste es un intento de abrir su recuerdo de par en par, de traerlo desde su interminable pampa de ausencias.

Miguel Ángel nació a fines de diciembre de 1911 en la misma ciudad en la que murió asesinado, inexplicablemente en 1959: Buenos Aires. En vida publicó 4 libros de poemas - La rosa sobre los vientos, 1934; Aurora, 1941, Tierra melancólica, 1943, que recibiera el Premio Municipal, y “Cancionero”, 1953- pero fundamentalmente era un vital hacedor de actividades poéticas, por eso colaboró activamente en los principales periódicos de nuestro país, Uruguay, México y en Caballo Verde para la poesía, la revista española dirigida por Pablo Neruda.

Gracias a la generosidad de su hijo Sergio, la Revista Ilustrada de Poesía El Jabalí, publicó en su Nº 4 - Año III, 1995 - algunos poemas suyos y una bella y conmovedora carta que le escribiera Miguel Hernández, el pastor-poeta de Orihuela, en Madrid en mayo de 1933 y que, como Homenaje-Antídoto Contra El Olvido, me permito reproducir cibernéticamente, en esta tierra tan proclive a las ausencias.

Querido Miguel Ángel: Anoche me ha dado Pablo tu carta y la alegría de ver que te acuerdas de mi en la Argentina. Yo te había echado desde que te fuiste al lado del corazón en que guardo a mis mejores amigos, y allí te olvidé para acordarme de ti cuando hablara de los poetas de América con los de aquí, y sobre todo con Pablo (¿Hace falta aclarar: Pablo Neruda?) Ya me dirás cuando sale tu libro, del que quiero ser lo que tú del mío. En el momento en que te escribo no tengo ningún poema, absolutamente ninguno para mandarte. Estoy de lo más dejado de la poesía que puedas imaginarte desde hace meses. He pasado cerca de un mes en mi pueblo - Orihuela - con mi novia y ahora me encuentro aquí un poco desesperanzado como tantas veces. Se me presentan los días que espero bastante oscuros y Madrid me tiene harto por ahora. Es posible que me veas aparecer de pronto por tu Buenos Aires y es posible que no vaya nunca. Me daría una alegría inmensa saber que las gestiones de los Tuñón, de los que espero noticias directas desde una vieja carta mía, acaben favorablemente para mí y entonces creo que se me despejarían algunos horizontes y pasaría a donde sé que me esperáis varios amigos de verdad. Voy a ver si de aquí a dos o tres días hago alguna cosa para mandarte y recojo alguna fotografía. Pablo me tiene pedido también desde hace mucho tiempo para el número próximo de Caballo Verde y no he podido darla nada hasta hoy. Me alegra mucho esperar una revista de tus manos. Di a los Tuñón que les mandé mi libro por Pablo y que supongo lo habrán recibido. He sabido de algún homenaje a Raúl, de lecturas suyas. Echo mucho de menos su compañía y la de Amparitos, que siempre me guardaba una sonrisa, la mejor, para mí. Quiero hacer muchas cosas y no hago ninguna. A Molinari también mandé el libro. Quisiera saber de él. Creo que Rafael no piensa ir por ahora. Dejaré la carta a medio escribir para preguntarle y saber lo que piensa. Pediré poemas a todos para tu revista. Haré cuando pueda por satisfacer tus preguntas y deseos. Espera a que termine la carta para ver lo que dejo por cumplir.

Reanudo la carta hoy, día del Corpus, 11 de junio. Esperaba poder tener una fotografía para mandarte y un poema: sólo te mando éste, el único que puedo mandarte, porque tengo otros, dos mayores y puramente lírico-personales, pero uno de ellos, una elegía a Gracilazo, saldrá en Cruz y Raya en el número-homenaje a vuestro siempre impresionante cisne. El otro es para la Revista de Occidente, porque necesito dinero, Miguel Ángel, que tú sabes que no ando muy sobrado. Quisiera mandarte otra cosa mejor, pero no tengo. Trabajo muy poco, y ahora he comenzado una cosa teatral, para presentarla al premio Lope de Vega. Tengo muchas esperanzas. Perdóname que haya tardado tanto tiempo en contestarte. Seguramente recibirás éste dentro de un mes y habrá salido tu revista.

Que tenga yo noticias tuyas en poco tiempo más. Que me mandes algún poema para conocer. He dicho a todos nuestros poetas y amigos que me pides poemas, y algunos me han prometido mandarte. No confíes mucho, porque si no se los arrebato yo del bolsillo no moverán la mano para enviártelos seguramente. No te digo más. Tengo muchas ganas de conocer tu tierra, que te tiene tan enamorado como a mí la mía.

Abrazos siempre. Miguel.


Miguel Hernández, el poeta-pastor, murió en las cárceles franquistas en 1942 sin conocer jamás Argentina y muy pocos conocen -ni aun en las más sesudas antologías- los bellos poemas de Miguel Ángel Gómez.

          Escucha sus aullidos entre la blanda niebla.

          Sufre. Somos nosotros.

          ¿Oyes tu corazón que la jauría acosa?

          Nosotros vamos solos, pronto a exterminarnos,
          envueltos por la niebla...


Muy pocos también recuerdan que Miguel Ángel Gómez fundó el grupo Canto, integrado entre otros por los poetas Enrique Molina, Olga Orozco, Daniel Devoto, Castiñeira de Dios, Fernández Unsaín, J. R. Wilcock, Carlos Alberto Álvarez, Eduardo Jorge Bosco, Basilio Uribe y Eduardo Jonquiéres.

Pero así es La Poesía: señora de olvidos y dadora de ausencias.

          ¡Adiós, pueblo! ¡Adiós, olvido!
          ¡Adiós, estrella! ¡Adiós, ángeles!
          ¡Adiós, que me voy conmigo!
          ¡Adiós, no me busque nadie!


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Texto autógrafo de Miguel Ángel Gómez.

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Cadáver exquisito, de su amiga la poeta Olga Orozco y Valerio Peluffo.

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