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listado de poemas por primeros versos letra r

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190 poemas con la letra "r"

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Roe mi frente dura...(Poema VII) de Jacobo Fijman
Roe mi frente dura el lobo de la media noche. Una escondida estrella arrima su sosiego. Entre todos los soles ya se me canta aceite de júbilos. Siento en mis manos venir la estrella de la mañana.
La Nada / Nada Prefigura de Antonio Armenteros Álvarez
Rogarle a la mano: Por favor no ser mi mano . ¿Y si sucede? Me tornaré irreal como los personajes de mis versos. Me encantaré con ellos. He practicado el ritual de los obedientes y nada. He practicado el ritual de los iletrados y nada. He practicado el error de los sin nada... y nadie. ...
rogelio grande amó cuatro pedazos... de Rogelio Guedea
rogelio grande amó cuatro pedazos de su carne del mismo modo como amó a dos mujeres que lo mataron de odio o de tristeza. las dos cosas juntas porque son lo mismo. una viene antes que después pero vienen firmes como huella o pisadura y se quedan enterradas de por siempre ...
Cerezas de Ramón Xirau
Rojas las cerezas, rojo el claustro iluminado de vidas limpias. Claridad. ¿El sol, cántico de fuego? Rojas las cerezas— todo luz, todo mar todo claustro.
Renata de Gonzalo Rojas
rojasgonzalo@difícil la situación tuya Ajmátova Anna Ajmátova Respuesta a ras de arrullo virtual: entendido descifrado e-mail hermoso a escala de amor hermoso fechado hoy en Monterrey, un beso, ¿dónde queda Monterrey? Alabado sea México porque es esdrújulo como el Hado, ...
Entonces de Silvia Guerra
Rojo, del cielo halo o la parte. Así, por serlo en eso que inclina me inclina. Volver los remas de la infancia eso reminiscencia parte alguna flor tardía, una novia un abeto florido en navidad mentira, de mentira plásticos y bucólicos buscados. En el recuerdo antes del tropo antes de la mudanza ...
La víbora invisible de Franz Tamayo
Romance aymara Qué sabor tiene el perfume que exhala tu oscura tez Como una flor se consume mi beso en tu oscura tez. Qué tibio imán invencible envuelve tu oscura tez? Una víbora invisible virtió su magia en tu fez! Desmayan en pleno vuelo Las aves si oyen tu voz. ...
Un castellano leal de Duque de Rivas
Romance Primero Hola, hidalgos y escuderos de mi alcurnia y mi blasón, mirad como bien nacidos de mi sangre y casa en pro, esas puertas se defiendan; que no ha de entrar, vive Dios, por ellas quien no estuviere más limpio que lo está el sol. No profane mi palacio un fementido traidor ...
El canto de Carilda Oliver Labra
Rómpanme los vestidos, quítenme la locura, pulan con ese látigo mi sitio de estar sola, tráiganme los infiernos, pongan mi cama dura; no temo a los tiranos ni al cáncer ni a la ola. Déjenme sin pecado, sin sol, sin biblioteca; ya huérfana de todo no sentiré ni tedio. Escóndanme ese pan, ...
Este sordo acezar (1) de Jorge Riechmann
Rompe el alba desolada friolenta y comienzo a vivir a mediodía empiezo a interpretar las tenaces máscaras de ruinas y atino apenas a orientarme por el sol al anochecer caigo sin haber hecho otra cosa que acumular materia prima para ocho o nueve vidas verdaderas humanas ...
Nocturno de Néstor Martínez
Rompe el cristal del silencio cantar de grillos y ranas, la luna y su séquito de estrellas emergen del horizonte la noche tiende su alfombra, luz fantasmal se posa sobre la tierra, danzan las sombras al compás de la algarabía pasa la luna y su séquito de estrellas Selección del ...
Altazor o el viaje en paracaídas (canto III) de Vicente Huidobro
Romper las ligaduras de las venas Los lazos de la respiración y las cadenas De los ojos senderos de horizontes Flor proyectada en cielos uniformes El alma pavimentada de recuerdos Como estrellas talladas por el viento El mar es un tejado de botellas Que en la memoria del marino ...
Romanza sentimental de Dámaso Alonso
Romperemos, extáticos, la Luna en el cristal del agua. Romperemos, extáticos, la Luna blanca, diciendo: ¡Vete ya, que te cantaron bastante!...¡Anda! Romperemos, extáticos, la Luna en el cristal del agua, y ella,- la pobre- seguirá besándonos, redondita, burguesa y ...
Ruptura y lejanía de Rogelio Sinán
Rompiste —lloro y súplica— hacia meta benigna tus amarras postrimeras, y del oleaje a estelas ya ligeras bebí, solo, visiones de poeta. Enloquecida al viento, mi veleta sur y oeste de aguas lisonjeras buscaba entre mis lágrimas sinceras la noche que me vio sin alma quieta. iQué triste...
Dama huasteca de Octavio Paz
Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su sexo la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas, dos...
Rondo a mi alrededor... de Juan Carlos Lemus
Rondo a mi alrededor La palpitación me sobra y me presiento Reo de la habitación Me quedo Sobrevivo En esta habitación Con mis metros de tristeza Enquistados en los huesos Sé que llegan tiempos peores Para un preso cuando queda libre (De: Yo fauno)
A Rosa de Alberti, que tocaba, pensativa, el arpa de Rafael Alberti
Rosa de Alberti allá en el rodapié del mirador del cielo se entreabría, pulsadora del aire y prima mía, al cuello un lazo blanco de moaré. El barandal del arpa, desde el pie hasta el bucle en la nieve, la cubría. Enredando sus cuerdas, verdecía alga en hilos la mano que se fue. Llena de suavidades ...
Rosa de papel de Juan Antillón
Rosa de papel la que se escribe la de letras pétalos la de color de la tinta que usemos la rosa con aroma de concepto la de pulpa carne de abeto impresa en sentimiento la flor así nacida del momento amoroso tiempo germinal que se dice del encuentro Rosa de sombras ...
Rosa del aire, pétalo vencido... de Salvador Novo
Rosa del aire, pétalo vencido; onda en el mar del Tiempo sin arena; caricia, sed, espuma, gloria, pena ; breve fulgor del astro presentido. Día fugaz apenas poseído que forja y bruñe grávida cadena; triunfo que en la memoria se enajena, posesión del recuerdo...
Pureza en el tiempo de Alí Chumacero
Rosa desvanecida sobre el túmulo, al germinar del tiempo derrumbada en una tumultuosa transparencia. Veo la gloria en ella, pues los días hijos son del espacio donde mueren como el eco infinito de mis ojos. Levanto el rostro, miro los naufragios y mis hermanos muertos...
En que da moral censura a una rosa, y en ella a sus semejantes de Sor Juana Inés de la Cruz
Rosa divina que en gentil cultura eres con tu fragante sutileza magisterio purpúreo en la belleza, enseñanza nevada a la hermosura; amago de la humana arquitectura, ejemplo de la vana gentileza en cuyo ser unió naturaleza la cuna alegre y triste sepultura: ¡cuán altiva en tu pompa, ...
Mensaje a Juana Rosa Pita de María Cristina Orantes
Rosa fragante, enseña desplegada, rosa de miel, de luz, de primavera, entre todas las rosas la primera, de la inquina y las sierpes alejada. Rosa, por dulces sorbos habitada, de las palabras laboriosa obrera, en tela de concierto delineada y del sutil aroma prisionera. ...
Puta de Carmen González Huguet
Rosario dixit No es el reptil que tienta con su boca ávida desde el viejo manzano del bien y el mal. Ni Lilith, ni una de tantas nefandas encarnaciones del pecado. Ni vedette proletaria, ni siquiera la devaluada y tropical sacerdotisa de Venus con que desean confundirla sus dizque adoradores. ...
Un ángel pasa de Luzmaría Jiménez Faro
Rosas con alas en el aire mudas. Latido sin latido de la sangre. Relámpago de pura luz sin trueno. Música que, sin notas, acompaña. La voz amada sin rumor alguno. Hay un silencio pleno de alegría...
Rossana, Rossana y Rossana volvían del baile... de Marosa di Giorgio
Rossana, Rossana y Rossana volvían del baile en el aire oscuro de la noche de antes del alba. El pelo suelto, las enaguas de raso hasta el suelo, cayeron unas agujas largas como espinas de grandes pescados. El contorno de las peras era brillante, parecían docenas de dibujos...
Rostro contra rostro... de Roberto Juarroz
Rostro contra rostro, piedra contra piedra, para que el tiempo no se pudra y conserve su forma de cinta de colores. Tiempo contra tiempo paciencia contra paciencia, hasta que la piedra tome el dibujo del rostro y el rostro la carne de la piedra. Corriente de la mirada que no cambia si mira ...
rota... de Jacqueline Goldberg
rota en los comienzos sin tierra sin nadie que me sigacon la única puerta atravesada en la piel De: A fuerza de ciudad Selección de la autora
Ofertorio de Dolors Alberola
Rota y muerta, Señor, tan astillada y pertrecha y fugaz y arrepentida y segura y dudosa oscurecida, triunfadora y vivaz, muy humillada, blanca y limpia, Señor, y arrodillada, pendenciera, Señor, y consentida, quejumbrosa, Señor, y enmudecida, retadora, Señor, y enamorada, ...
El llanto fracasado de Jaime Sabines
Roto, casi ciego, rabioso, aniquilado, hueco como un tambor al que golpea la vida, sin nadie pero solo, respondiendo las mismas palabras para las mismas cosas siempre, muriendo absurdamente, llorando como niña, asqueado. He aquí éste que queda...
Rozamos a veces una zona... de Roberto Juarroz
Rozamos a veces una zona que parece vacía hasta de espacio, pero en la cual percibimos un ritmo que nunca ha entrado en ninguna música. Desde entonces sabemos que el vacío tiene un ritmo y también que detrás de la vida y de la muerte y debajo de todas...
Amaranta de Rafael Alberti
Rubios, pulidos senos de Amaranta, por una lengua de lebrel limados. Pórticos de limones, desviados por el canal que asciende a tu garganta. Rojo, un puente de rizos se adelante e incendia tus marfiles ondulados. Muerde, heridor, tus dientes desangrados, y corvo, en vilo, al viento te levanta. ...
La ronda de noche de Medardo Angel Silva
Rueda como una lágrima en la atmósfera fina, la voz del campanario antiquísimo: la una... y su eco pasa, leve como una ave marina, sobre los techos blancos de escarcha de la luna. Finge una lanzón la antigua torre de San Alejo, a cuyo extremo brilla, temblando una estrellita... ...
El vampiro de Efrén Rebolledo
Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos por tus cándidas formas como un río, y esparzo en su raudal crespo y sombrío las rosas encendidas de mis besos. En tanto que descojo los espesos anillos, siento el roce leve y frío de tu mano, y un largo calosfrío me recorre y penetra hasta los huesos. ...
f- (de Urca*) de Graciela Cros
Ruega por cardamomo, por benjuí, por canela; en aguardiente de jengibre empapa su pobreza de padres Ruega en quejumbrosa instancia: confuso monje, corazón descalzo sitiado por los días, reminiscente, obtuso Ruega el extranjero, niño eslabón que fuera oscilante fantasma elusivo ...
Poema para la Virgencita del Teatro Cervantes de Raúl González Tuñón
Ruega por mí, que tengo pasta de santo y de bandido. Mi corazón es tierno como un niño dormido. Ruega por mí, que tengo alma de evangelista, sangre de aventurero. ¡Ruega por mí, que nunca tuve un smoking! Por mí que heredé el perro de Carlitos Chaplin y amo las altas torres...
Idilio eterno de Julio Flórez
Ruge el mar, y se encrespa y se agiganta; la luna, ave de luz, prepara el vuelo y en el momento en que la faz levanta, da un beso al mar, y se remonta al cielo. Y aquel monstruo indomable, que respira tempestades, y sube y baja y crece, al sentir aquel ósculo, suspira... y en su cárcel de rocas... ...
Vesper marino de Medardo Angel Silva
Rugió el lascivo mar a la manera de un sátiro de barbas temblorosas, al poner tu presencia en la ribera tu gracia peculiar sobre las cosas. Joyas raras y sedas olorosas prestigiaban tu dulce primavera y al deshojarse tus palabras era cual si estuvieran deshojando rosas. ...
Ruinas perdidas en campo... de Miguel de Unamuno
Ruinas perdidas en campo que lecho de mar fue antes de hombres, tus cubos mordieron el polvo, Madrigal de las Altas Torres. Tú la cuna de Isabel, tumba de don Juan, fatídico brote, cayó en Salamanca dorada y en Ávila fúnebre corte. Medina del Campo sueña cigüeñas, cornejas al borde ...
Cantarcillo de Pedro Calderón de la Barca
Ruiseñor que volando vas, cantando finezas, cantando favores, ¡oh, cuánta pena y envidia me das! Pero no, que si hoy cantas amores, tú tendrás celos y tú llorarás. ¡Qué alegre y desvanecido cantas, dulce ruiseñor, las venturas de tu amor olvidado de tu olvido! En ti, ...
Rumor de diez noches... de Menchu Gutiérrez
Rumor de diez noches en diez diferentes estancias. Después, se dejaba dormir. En vano yo retaba al sueño gentil de su cayado, lo salpicaba con el rocío que germina en las palmeras; invariablemente era su presencia y no la mía la tentadora, la travesía, el cuidado, la gangrena. ...