☰ menú
 


listado de poemas por primeros versos letra n

a-b-c-d-e-f-g-h-i-j-k-l-m-n-o-p-q-r-s-t-u-v-w-x-y-z

792 poemas con la letra "n"

. < 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 > .

La esquivez vencida de Juan Meléndez Valdés
No temas, simplecilla; del dichoso galán pastor no tardes la ventura; apenado a tí corre; su ternura premio al fin halle y su anhelar, reposo. De rosa en la coyunda el cuello hermoso pon al yugo feliz; la copa apura que amor te brinda, y de triunfar segura entra en lides süaves ...
Buenos Aires de Marilina Rébora
No tendrá Buenos Aires un río de cobalto ni en sus cofres tesoros de vivas esmeraldas, pero el cielo celeste es bandera en lo alto y extensa pampa verde se brinda a sus espaldas. Falto de Budas de oro o faroles de piedra, alminares curiosos o jardines alados, ...
Piedras de Eduardo Langagne
no tenemos la casa todavía. tenemos piedras; algunas. trozos de pan, algo de vino tenemos pero la casa no; sin embargo tenemos oscuridad, porque luz no tenemos todavía; tenemos algunas lágrimas y besos. otras cosas igualmente ridículas tenemos, pero la casa no. ...
Rimbaud de Gonzalo Rojas
No tenernos talento, es que no tenemos talento, lo que nos pasa es que no tenemos talento, a lo sumo oímos voces, eso es lo que oímos: un centelleo, un parpadeo, y ahí mismo voces. Teresa oyó voces, el loco que vi ayer en el Metro oyó voces. ¿Cuál Metro si aquí no hay ...
Rimbaud de Gonzalo Rojas
No tenernos talento, es que no tenemos talento, lo que nos pasa es que no tenemos talento, a lo sumo oímos voces, eso es lo que oímos: un centelleo, un parpadeo, y ahí mismo voces. Teresa oyó voces, el loco que vi ayer en el Metro oyó voces. ¿Cuál Metro si aquí no hay...
Los pies desnudos de Edel Morales
No tengo nada. Sólo el amor de una muchacha y mis párpados abiertos. Así puedo correr sobre la hierba húmeda y punzante. Sabiendo que...
Nocturno de Carlos Pellicer
No tengo tiempo de mirar las cosas como yo lo deseo. Se me escurren sobre la mirada y todo lo que veo son esquinas profundas rotuladas con radio donde leo la ciudad para no perder tiempo. Esta obligada prisa que inexorablemente quiere entregarme el mundo con un dato pequeño. ...
Nocturno de Carlos Pellicer
No tengo tiempo de mirar las cosas como yo lo deseo. Se me ocurre sobre la mirada y todo lo que veo son esquinas profundas rotuladas con radio donde leo la ciudad para no perder tiempo. Esta obligada prisa de inexorablemente quiere entregarme el mundo con un dato pequeño. ¡Este mirar...
Silabario escolar de Derek Walcott
No tenía dónde registrar el avance de mi trabajo salvo el horizonte, ningún lenguaje salvo los bajíos en mi largo paseo hasta casa, por lo que extraje toda la ayuda que mi mano derecha pudiera aprovechar de las algas cubiertas de arena de lejanas literaturas. El rabihorcado era mi fénix, ...
Beast of burden de Regis Iglesias Ramírez
No tenía la intención de ser, eso ya lo sabías, tu bestia de carga. Pude, sí, hacerte saltar y elevarte sobre mí y estallar tus entrañas lacrimosas y gastadas. Veo esa pupila que arde. Podría, entonces, ser una bestia de carga sobre esos melones de piel. ¿Sabes? No soy tan casero ...
no termino de acostumbrarme... de Rogelio Guedea
no termino de acostumbrarme a ver mi casa rodeada de tanta agua. me duelen los barcos de cádiz. me duelen los pañuelos del adiós. extraño los mercados de oaxaca. extraño a la tía tita. ¿te acuerdas de la tía tita? por qué no la olvido. mujer. por qué la tía tita viene como ola ...
Al niño que vende berros de Carilda Oliver Labra
No tiene padres, claro...Lo sé por tu indecisa manera de mirar. Lo sé por tu camisa. Eres pequeño y grande detrás de la canasta. Respetas los gorriones. Un centavo te basta. La gente va vestida por adentro de hierro. No te oyen...Has gritado dos o tres veces: ¡berro! Pasan indiferentes ...
Automutilación de Dulce Chacón
No tiene sino un surco en la espalda. Un tajo. Allí donde dio cobijo a un sueño. No tiene dolor sino memoria del espanto. Un hueco y el recuerdo de su mano asistida de furias. Mujeres de carne y verso. Antología poética femenina en lengua española del siglo XX. . ...
Para que entre tu cuerpo de Patricia Medina
No tienes nombre, pero llevas tu origen ceñido a mi garganta como un collar de fuego que me abre las puertas para que entre tu cuerpo. Bienvenido, tú, el vulnerable, a quien contengo y doy a luz. Yo soy la odiada cuando me creés silicio, carcelera, corazón confuso. Espectral es la carne ...
Casaca de púrpura de Eliseo Diego
No tienes otro amigo. Tú no tienes nada, no tienes más, tú no tienes otro amigo. Sólo un gato. Sus orejas...
Ausencia de Manuel Machado
No tienes quien te bese tus labios de grana, Ni quien tu cintura elástica estreche, dice tu mirada. No tienes quien hunda Las manos amantes en tu pelo hermoso, y a tus ojos negros no se asoma nadie. Dice tu mirada que de noche, a solas, suspiras y dices en la sombra tibia las terribles cosas... ...
Lo inacabable de Alfonsina Storni
No tienes tú la culpa si en tus manos mi amor se deshojó como una rosa. Vendrá la primavera y habrá flores... El tronco seco dará nuevas hojas. Las lágrimas vertidas se harán perlas de un collar nuevo; romperá la sombra un sol precioso que dará a las venas la savia fresca, loca...
Joya abolida para el alma de Giovanni Quessep
No todo está perdido, piensas, aguijoneado por el impulso de una redención, aún es tiempo de que renazca el árbol sacrificado por el verano. Así pasas la vida, la fortuna, imaginando el azul y el mar por ti cantado, miras la noche que transcurre sin una blancura, joya abolida para el alma. ...
No todo lodo viene de la lluvia... de Carlos Barbarito
No todo lodo viene de la lluvia ni toda desnudez supone deseo. Una sombra no significa presencia de luz. La luz se rompe cuando parece más fuerte. ¿De qué lado sopla el viento cuando alguien pisa las hojas secas y no se entristece por ellas? De: Árbol desatado (inédito)
Zona catastrófica de Domingo F. Faílde
No toleran los dioses la felicidad de los hombres. Perversos, sin duda, bienestar, placer o dicha, que el orden contravienen o desafían la espada o arrancan a los astros sus secretos designios, porque son como antorchas e incendian los templos, hurtándose al arbitrio del resplandor ...
Colibrí 50 de Thelma Nava
No transcurre el tiempo cuando la soledad del hombre está desierta los actos cotidianos nos sitian estrellas como estatuas apagadas velan nuestro silencio Acaso el roce de la música suscita un movimiento un gesto un pequeño...
Memoria a la inversa de Enrique Gómez - Correa
No vacilar a la orilla de un abismo Tender la mano al infinito de repente Un pájaro de alas prehistóricas Un árbol con las facultades mentales perturbadas Ver la vegetación inmensa de la noche De extremo a extremo los espíritus imbatibles El reloj pronuncia la violencia Es sideral...
Lágrima de Jaime Gil de Biedma
No veían la lágrima. Inmóvil en el centro de la visión, brillando, demasiado pesada para rodar por mejilla de hombre, inmensa, decían que una nube, pretendían, querían no verla sobre la tierra oscurecida, brillar sobre la tierra oscurecida. Ved en cambio a los hombres que sonríen, los hombres ...
Doyers Street de José María Fonollosa
No vendrá. De verdad. No vendrá nunca. Mi cuarto es muy modesto para el éxito. Ni hallaría la casa tan siquiera. Mi cuarto es muy austero para amigos. Nadie viene a reunirse entre estos muros. Mi cuarto es también frío y muy pequeño. ¿Cómo cobijar, pues, un gran amor? ...
Instancia a mi amante para que pierda toda envoltura circunstancial de Julieta Valero
No vengas por la ruta ruidosa ni por la calle que ya te olfatea, te sabe, ni a la hora prevista, ni a las tres de la añoranza, ven en extraño celuloide, ven sin las piernas, con todos tus poros aplaudiendo el discurso de un duce, tu boca, y entera tú, plaza de mayo, igual a esa gente que tiene ...
Cielo blanco de Hamlet Lima Quintana
No veo el cielo madre, sólo un pañuelo blanco no sé si aquella noche yo te estaba pensando o si un perfil de sombras me acunaba en sus brazos pero entré en otra historia con el cielo cambiado. No me duele la carne que se fue desgarrando me duele haber perdido las alas...
Anverso de Homero Aridjis
No veo tu sonrisa entre mis labios apurar la prolongada espera en tu abandono de luciérnaga a la noche; sólo tengo asida entre mis brazos la inexpresable lucha de penetrar en el bosque sin fondo de tu sueño que empieza en la penumbra. Sólo el afán de arañar las escamas de la tierra ...
No ves el río de llanto... de Antonio Porchia
No ves el río de llanto porque le falta...
No vine de la guerra de Agustín Labrada Aguilera
No vine de la guerra, nadie lloró por mí al conjurar los actos del aciago linaje con que se van los héroes. No me hice a los océanos ni volví con un farol a hipnotizar las aves. Eso no importa. Toqué la rueca que me concedió el tiempo, pude hilar sus luces y sus sombras, sin aprender ...
La negra melodía de Agustín Labrada Aguilera
No volveré hasta mi calle azul, mi antigua novia, la negra melodía que recompone el alma. Nunca podré rehacer una sonata que en su incendio rescate aquella tarde, tus piernas y mi asombro. Estos dibujos son ya polvo pasado y tú: la nada, perdida en un aullido sobre los pastizales. ...
La caída de Leticia Luna
No volveremos nunca a ver la caída de la estrella en el charco a caminar los desiertos de luna con el Sueño que nos enlazó el ombligo No se verán más lágrimas en el dolor del cementerio que ve partir a los amigos No más el polvo del eucalipto y el ciprés cubriendo el Tercer Mundo con la estela...
No voy... de Gabriel Impaglione
No voy hasta ti, de tí regreso esperándote. Salgo de tu piel para abrazarte. Voy y vengo a tu alrededor y te celebro y me ensancho hasta ocuparte. Selección: el autor
Deseo de Gonzalo Osses – Vilches
No vuelvas, mejor no vuelvas. Si lo haces, me consumirá la pena, arderé de rabia y moriré de celos. Porque yo sé que si tú vuelves, si alguna vez regresas será por mil razones pero no será por mí. Selección: Guido Ferrer
Cielo boca abajo de Damaris Calderón
No, el cielo no se tiende como un paciente anestesiado sobre la mesa El paciente en su camilla anestesiado de sí mismo no mira al cielo espera el corte el bisturí que haga saltar al potro de su infancia y las canciones natales que volverán ...
Unidad de Amado Nervo
No, madre, no te olvido; mas apenas ayer ella se ha ido, y es natural que mi dolor presente cubra tu dulce imagen en mi mente con la imagen del otro bien perdido. Ya juntas viviréis en mi memoria como oriente y ocaso de mi historia, como principio y fin de mi sendero, ...
En donde la memoria es una torre en llamas de Olga Orozco
No, ninguna caída logró trocarse en ruinas porque yo alcé la torre con ascuas arrancadas de cadainfierno del corazón. Tampoco ningún tiempo pronunció ningún nombrecon su boca de arena porque de grada en grada un lenguaje de fuego los levantóhasta el cielo. ...
La voz a ti debida (II) de Pedro Salinas
No, no dejéis cerradas las puertas de la noche, del viento, del relámpago, la de lo nunca visto. Que estén abiertas siempre ellas, las conocidas. Y todas, las incógnitas, las que dan a los largos caminos por trazar, en el aire, a las rutas que están buscándose su paso con voluntad oscura ...
Meditación en el umbral de Rosario Castellanos
No, no es la solución tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoi ni apurar el arsénico de Madame Bovary ni aguardar en los páramos de Ávila la visita del ángel con venablo antes de liarse el manto a la cabeza y comenzar a actuar. Ni concluir las leyes geométricas, contando las vigas ...
Acción de gracias de Carlos Germán Belli
No, no sé bien si me veré en los altos de una farmacia frente al Mar del Sur, en una noche de Setiembre tibio; en cambio amanecido a las orillas de una laguna en medio del desierto, exactamente nueve meses antes (que Huacachina así se llama el punto); no se cual será la visión...
Los ángeles vengativos de Rafael Alberti
No, no te conocieron las almas conocidas. Sí la mía. ¿Quién eres tú, dinos, que no te recordamos ni de la tierra ni del cielo? Tu sombra, dinos, ¿de qué espacio? ¿Qué luz la prolongó, habla, hasta nuestro reinado? ¿De dónde vienes, dinos, sombra sin palabras, que no te recordamos? ...
No, no, memoria... de Fina García Marruz
No, no, memoria del pasado día vengas sobre este sol y césped santo. No vuelva yo a invocar refugio tanto de lo que así se crece en despedida. Quédeme tu intemperie y mi porfía de caer, de volver de nuevo a alzarme, no la raída pasamanería que alza mi polvo y que tu luz deshace. ...
Invocación de Romeo Murga
No, Señor Jesucristo ¡Yo no soy como todos! yo pronuncio tu nombre con honda devoción. Aunque arrastre mi cuerpo sobre todos los lodos, alzo como una hostia roja mi corazón. Y la elevo hasta Ti, hasta tu crucifijo que aún guarda las heridas de la Santa Pasión. Tú me habrás de mirar ...
Reflexiones de Laura Cárdenas
No, yo no puedo echarle la culpa a él. Si cuando nos casamos hubiera entendido que no había necesidad de tants cosas, que no iba a pasar nada, que el suelo no se iba a resquebrajar ni caer uuna gran tormenta cuando yo bajara y oyera mi voz. Pero me forcé, quise ser una mujer como todas, ...
Ah ... la vida de mi país de Claudia Herodier
No. No es nacer. Ni siquiera dormir. Es soñar. Inquirir. Preguntar. No llegar hacia la puerta. Ni siquiera abrir una ventana. No. No es nacer. Es gemir. Llorar. apenas sonreír. Y seguir y seguir y seguir... Llorar. Gemir. Tragar. Callar. Esputar la sangre. Morir. ...
Sinverbo de María Eloy - García
no/ tampoco y sin duda/ sí/ no obstante/ y por eso / quién o cómo / sobre qué / o bajo cuántos / pocos libres altos bosques / bastante / nuestros primeros finitos y qué pronto tarde / su íntima respuesta / y según / al fin / y después de todo / por encima únicamente sus largos brazos ...
Urbe de Maurice Echeverría
No: no los otros son mejores el niño atrofiado en el sentido de que no están conscienteslos odia sus formas de ajar los odia a todos de irrumpir en la realidadestán allí, cicatrizados, nada saben y su brutalidadoh indigestos consiste en lamer hospitales histéricos ...
Noche del amor insomne de Federico García Lorca
Noche arriba los dos con luna llena, yo me puse a llorar y tú reías. Tu desdén era un dios, las quejas mías momentos y palomas en cadena. Noche abajo los dos. Cristal de pena, llorabas tú por hondas lejanías. Mi dolor era un grupo de agonías sobre tu débil corazón de arena. ...
Cómo pesa el amor de Gioconda Belli
Noche cerrada ciega en el tiempo verde como la luna apenas clara entre las luciérnagas. Sigo la huella de mis pasos, el doloroso retorno a la sonrisa, me invento en la cumbre adivinada entre árboles retorcidos. Sé que algún día se alzarán de nuevo las yemas ...
Nocturno de Juan Gil - Albert
Noche de las estrellas te estremeces con un fluido oscuro. En tus arpegios de soledad escucho la hermosura de la existencia. ¡Oh lumbres fugitivas en cuyo seno mora irreparable la verdad! Qué sombrías esperanzas abres a quien te mira recostado desde la dulce tierra y se incorpora ...
Tristissima Nox de Julian del Casal
Noche de soledad. Rumor confuso hacer el viento surgir de la arboleda, donde su red de transparente seda grisácea araña entre las hojas puso. Del horizonte hasta el confín difuso la onda marina sollozando rueda y, con su forma insólita, remeda tritón cansado ante el cerebro iluso. ...