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listado de poemas en audio por primeros versos letra l

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1352 poemas con la letra "l"

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Cosas de mujer de Eyra Harbar
La primera vez la sangre, como hija, caminó por la vida con su verdad, y fue siempre hasta el final anunciando la fertilidad y todos sus tiempos. (Selección: Juan Daniel Perrotta)
En el Instituto y en la Universidad de Federico García Lorca
La primera vez no te conocí. La segunda, sí. Dime si el aire te lo dice. Mañanita fría yo me puse triste, y luego me entraron ganas de reírme. No te conocí. Sí me conociste. Sí te conocí. No me conociste. Ahora entre los dos se alarga impasible, un mes, como un biombo de días grises. ...
Sonatina de Rubén Darío
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro; y en un vaso olvidada se desmaya una flor. El jardín puebla el triunfo ...
Sonatina de Rubén Darío
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro; está mudo el teclado de su clave sonoro, y en vano, olvidada, se desmaya una flor. El jardín puebla...
Dame ungüento de carne, loba de Félix Grande
La prisa despareja con que miro tu piel la premura apretada con que altero tu cuerpo y este desasosiego en que empapo mi lengua para hablarle a tu carne y lamer a tu voz son como ávidas gotas de estaño compasivo que busca aminorar las grietas de la muerte La planta de la edad ...
La procesión del entierro... de Jaime Sabines
La procesión del entierro en las calles de la ciudad es ominosamente patética. Detrás del carro que lleva el cadáver, va el autobús, o los autobuses negros, con los dolientes, familiares y amigos. Las dos o tres personas llorosas, a quienes de verdad les duele...
Prólogo, a las puertas del paraíso de Manuel Ponce
La promesa— El prólogo de las Vírgenes se terminó en una noche. Dios, sin tinta ni papel, le dio cuerpo cimbreante de voces, y todos sus caracteres de fuego tres veces joven quedaron en la serpiente y dos malogrados dioses. Porque podéis, si queréis, comprender, aguas...
Prosa y poesía de Eduardo Lizalde
La prosa es bella -dicen los lectores-. La poesía es tediosa: no hay en ella argumento, ni sexo, ni aventura, ni paisajes, ni drama, ni humorismo, ni cuadros de la época. Eso quiere decir que los lectores tampoco entienden...
La prosa es bella de Eduardo Lizalde
La prosa es bella —dicen los lectores—. La poesía es tediosa: no hay en ella argumento, ni sexo, ni aventura, ni paisajes, ni drama, ni humorismo, ni cuadros de la época. Eso quiere decir que los lectores...
Doña Pilar de Carlos Penelas
La puerta de su casa nos invita a pasar. La virtud y las manos son formas de Breogan. La elemental cocina y el banco familiar nos muestran el secreto de la cordialidad. En ella hay siempre tiempo para estar y pensar. Y una taza de caldo y un pedazo de pan. ...
Vencimiento (III) de Filoteo Samaniego
La puerta del alma medio abierta: por allí, te exilias del ardor del día, preservándote. Más acá, serías como un fantasma tachonado de agujas, miradas y dicterios Incesante herencia de crepúsculos, revives el mar, la ola elemental, el eco transparente y mágico. Pero el reino ...
Ventanas de otros días (16) de John Freddy Galindo
la puerta sigue abierta y los ojos extraviados Hay mujeres en el techo y recuerdos decorando las cortinas La ventana está cerrada y un susurro se hace eco Entre la rendija y el sol existe un universo entre mi muerte y la muerte tan solo este momento ...
La pura letra del mar de Blanca Varela
La pura letra del mar despierta el alma el cuerpo duerme todavía único tono el agua contra el agua instrumento cortante el viento pulsa el instante son uno ahora mar y viento no hay reposo sólo el bélico dúo amoroso...
Sola de Rafael Alberti
La que ayer fue mi querida va sola entre los cantuesos. Tras ella, una mariposa y un saltamonte guerrero. Tres veredas: Mi querida, la del centro. La mariposa, la izquierda. Y el saltamonte guerrero, saltando, por la derecha. De: Marinero en tierra
La que cuenta mi dote... de Juan Carlos Suñén
La que cuenta mi dote no me anda buscando, pero junta las cáscaras de mi alma; y ello a pesar de muertosde fortuna, de mujeres de celda. Cuando junte sus voces en la mía, cuando ponga en mis labios la palabra que espero, yo ofreceré a su sed copas iguales. Cuando ponga en mis ojos ...
Vocales para Hilda de Gonzalo Rojas
La que duerme ahí, la sagrada, la que me besa y me adivina, la translúcida, la vibrante, la loca de amor, la cítara alta: tú, nadie sino flexiblemente tú, la alta, en el aire alto del aceite original de la Especie: tú, la que hila en la velocidad ciega del sol: tú, la elegancia de tu presencia ...
Cubilete de Héctor Urruspuru
La que escribía como hombre y el que escribía como mujer- se encontraron - en la esquina del sexo y de la duda y se prodigaron, sí, que se prodigaron como si este mundo cruel acabara mañana ellos dados echados desde un cubilete caliente. (Selección: Juan Daniel ...
La adivina del barrio de José Antonio Cedrón
La que leyó la vida de vecinos y amigos la que predijo novios con fortuna cartas de amor y bodas en futuro esa adivina nunca tuvo tiempo para alejar los dedos de la mesa y viajó por las líneas de las manos ajenas. La que llenó la vida de los otros entre cuatro deseos ...
Poema auto-referencial de Lauren Mendinueta
La que sin ser yo No es otra La de tirantes dedos para acariciar El espino Escribe Pocos añosPocas horas No menos de mil No más de mil Recoge La herida de la tierra amarga Para protegerse De la orgullosa espesura Sostenida por siete pájaros azules Su soledad No derrama pájaros ...
Elegía en la muerte de un perro de Miguel de Unamuno
La quietud sujetó con recia mano al pobre perro inquieto, y para siempre fiel se acostó en su madre piadosa tierra. Sus ojos mansos no clavará en los míos con la tristeza de faltarle el habla; no lamerá mi mano ni en mi regazo su cabeza fina reposará. Y ahora, ¿en qué sueñas? ...
La rabia... de Helena Ramos
La rabia es áspera y salada como sangre, y hay que tragarla tragarla tragarla para que nadie vea que nadie ¿Vale la pena? Saberlo es la grandeza que no tengo. En este pequeño tiempo de caminos torcidos nada es pequeño y sin derecho a la derrota. ...
Periplo de José Kozer
La racha canta la racha canta el huracanado viento en los batientes de la ventana: el golpe es verde, verde y cruje la corteza del árbol del jardín, crujen las dos blancas mecedores junto al aljibe llenándose, el agua del viento huracanado...
Imagen de Rubén de Fernando Antonio Silva
La rapidez del momento se graba en la imagen cada mirada cada pose la misma persona que va cambiando ante el ojo mágico de la cámara a la sutil suavidad del pincelazo en la tela al cariñoso movimiento de la línea en la caricatura o los trazos ágiles de ilusiones ópticas en el afiche ...
Páginas en blanco (VI)black and white de Severo Sarduy
La raya negra y el battello, el monte siamo tutti, el barco blanco sobre el agua blanca y la fijeza de los pájaros sobre la Salute. Pase, il fait beau del otro lado del otro lado, digo, del río. Estamos todos.
Sentar cabeza de Enrique Molina
La raza blanca la raza negra la raza roja la raza amarilla: yo sólo conozco la raza violeta y la raza verde y la raza de tu lengua que descifra el agua y el fuego Seré rico tú sabes con la miseria y el hambre que hace correr los ríos rico de errores de desollado y de piedra sobre la cabeza ...
Entremés olímpico de Gastón Fernando Deligne
La raza de Saturno, derribada por el ligero soplo de una idea, baja a morar sobre la triste Gea, en una lamentable desbandada. Con su atributo y distintivo, cada dios osa abrir nueva pelea; y mueve la dolosa contra-idea, penetrante y sutil como una espada. A devolver sonrojo por sonrojo ...
Repudia la razón de Sergio Cordero
La razón es inútil, no es humana. Es la ínfima parte que nos toca de Dios. Y lo demás, lo nuestro, está en los sentimientos, la flaqueza. Porque saberte débil es sentir que estás vivo, porque la perfección te da la fuerza y el poder matar. Te da la muerte, la muerta perfección. ...
Sobrevivir ocho estrofas de comentario a las palabras del Buda de Mirko Lauer
La realidad entera está en llamas, y no puedes mejorarla como frase. En los límites de la pérdida la realidad completa se aglomera en un hacinamiento volátil. Lo tuyo y lo de otro se consumen reclinadas contra la retina, puesto sobre la lisa palma de tu mano. Sólo el amor es la cosa grave, ...
Aproximación de los cuerpos de Luis Raúl Calvo
La rebelde aproximación de los cuerpos no es una extraña coincidencia. Algo fluye en los líquidos celestes, en un vano intento por restaurar el orden perdido. En las madrigueras fluviales quien pierde en un minuto de su vida, el terror obsceno por las sanas costumbres ha salvado a un hombre. ...
Escena de costumbres de David Huerta
La región que buscabas en el azul del sábado es una reliquia desprendida del corazón húmedo del aire: una zona de poca fortuna Para la riqueza de tus manos rectas y dolorosas, metidas en el azar de un brusco acercamiento o penetradas por el disturbio de una desnudez ...
Nuevo amor de Salvador Novo
La renovada muerte de la noche en la que ya no nos queda sino la breve luz de la conciencia y tendernos al lado de los libros de donde las palabras escaparon sin fuga, crucificadas en mi mano, y en esta cripta de familia en la que existe en cada espejo y en cada sitio la evidencia del crimen ...
La historia y poetas de Juan Gelman
La respiración del lenguaje establece la sucesión de miserables morales. Los otros, ya se sabe: sus silencios no cierran nunca y dan vuelta la esquina con bocas que no sueñan. Los morales, legales y dudosos, hablan pesadillas sin fin. El distraído pide algo que no haga pensar. ...
Misterios Gloriosos de Manuel Ponce
LA RESURRECCIÓN Vuelva la muerte a su fosa después que en la sombra inerte, luchando en lid silenciosa, rompió capullos de muerte invencible mariposa. LA ASCENSIÓN ¿Por qué, domador de azares, vuelves a tus patrios lares y a la paz donde te subes, siendo pescador de mares, ...
Rebelión de Delmira Agustini
La rima es el tirano empurpurado, es el estigma del esclavo, el grillo que acongoja la marcha de la Idea. ¡No aleguéis que es de oro! ¡El pensamiento no se esclaviza a un vil cascabeleo! Ha de ser libre de escalar las cumbres, entero como un dios, la crin revuelta, la frente al sol, al...
La Rita de Baldomero F. Moreno
La Rita tiene que tiene tal meneo cuando anda, que arriba mueve los senos y que abajo las enaguas. La nariz tiene picuda y la mejilla picada, y una melena cortita de greñas tristes y lacias en que clava una peineta, cual su boca, desdentada. Azares de su destino la trajeron a esta casa, que es hermana ...
La rosa es una rosa es una rosa... de Fernando del Paso
La rosa es una rosa es una rosa. Tu boca es una rosa es una boca. La rosa, roja y rosa, me provoca: Se me antoja una boca temblorosa. La roja, roja sangre rencorosa de la rosa, que quema lo que toca, de tu boca de rosa se desboca y me moja la boca, ponzoñosa. La pena, pena roja de mi vida, ...
Casida de la rosa de Federico García Lorca
La rosa no buscaba la aurora: casi eterna en su ramo, buscaba otra cosa. La rosa, no buscaba ni ciencia ni sombra: confín de carne y sueño, buscaba otra cosa. La rosa, no buscaba la rosa. Inmóvil por el cielo buscaba otra cosa. De: Diwan del Tamarit
Muerte de Rilke de Eduardo Langagne
La rosa no viene a mi poema, viene la espina de la rosa. Pero no llega hasta el papel la espina, se clava en la palma de la mano de Rainer María Rilke. De ahí brota una gota de sangre y se...
Espectro de Juana de Ibarbourou
La rosa sola en la noche, Más pálida que ninguna Y nadie sabe por qué, Misteriosamente, alumbra. La rosa fina en el viento, La rosa erguida y eterna, Tan sola como una muerta Sobre su cama de piedra. No veo más que la rosa, La rosa que abrió en la tarde ¡La rosa...
Lo fugaz de Ricardo Jaimes Freyre
La rosa temblorosa se desprendió del tallo, y la arrastró la brisa sobre las aguas turbias del pantano. Una onda fugitiva le abrió su seno amargo y estrechando a la rosa temblorosa la deshizo en sus brazos. Flotaron sobre el agua las hojas como miembros mutilados y confundidas ...
La rosa de Jorge Luis Borges
La rosa, la inmarcesible rosa que no canto, la que es peso y fragancia, la del negro jardín en la alta noche, la de cualquier jardín y cualquier tarde, la rosa que resurge de la tenue ceniza por el arte de la alquimia, la rosa de los persas y de Ariosto, la que siempre está sola, ...
La sala del pobre de Cintio Vitier
La sala del pobre gigantesca, nocturna y decorada por manos tan seniles que ya tocan el brocado persa del serafín dilucida mi pecho minuciosamente, abre su diálogo como tristes fauces. Allí los mechones grises y los lazos de luna y cenefa indeleblemente cantan ...
Lo que cava de Juan Gelman
La sangre corcovea en todos los rincones, en el alma superior, en su orgullo, en los perros con olor a furia. El ser amado convierte la humillación en asombro y vengo aquí para decir que te amo. El domingo del payaso prueba la desolación. La emoción contra la pared espera que la fusilen. ...
La sangre es un mar inmenso de Nicolás Guillén
La sangre es un mar inmenso que baña todas las playas... Sobre sangre van los hombres, navegando en sus barcazas: reman, que reman, que reman, ¡nunca de remar descansan! Al negro de negra piel la sangre el cuerpo le baña; la misma sangre, corriendo, hierve bajo carne blanca. ...
El ausente de Alejandra Pizarnik
La sangre quiere sentarse. Le han robado su razón de amor. Ausencia desnuda. Me deliro, me desplumo. ¿Qué diría el mundo si Dios lo hubiera abandonado así? II Sin ti el sol cae como un muerto abandonado. Sin ti me tomo en mis brazos y me llevo a la vida a mendigar...
Lengua de Griselda Álvarez Ponce de León
La sed te seca y el afán te moja; por el poder hilvanas la fatiga y en la punta de flecha el beso hormiga donde enciende la sangre su luz roja. Pistilo de una flor que se deshoja, en la tibia penumbra que te abriga el verbo va medido y se prodiga solo por conseguir lo que se antoja. Palabras...
La flor en la tierra de Julio César Aguilar
La semilla de la muerte que ha de germinar al sol revienta bajo la tierra. Las manos de Dios alegres que desgranando los días cultivan la muerte ya trabajan siempre la tierra desde el único principio de la extensísima vida. Apenas una raíz asciende hacia el infinito, mientras Dios medita ...
Escenario y danza de Jesús Munárriz
La sensación de fin de mundo instalada en lo cotidiano: en el jardín las musarañas, las telarañas en palacio, el cocodrilo en las cloacas, el zopilote en el tejado, ovejas en el comedor, ratas en el cuarto de baño, en la ciudad los cazadores, en la selva los incendiarios, un belén...
El adiós de Olga Orozco
La sentencia era como esos calcos en que el relieve delamor deja un vacío semejante a sus culpas. Me arrojaron al mundo en mi ataúd de hielo. Una tierra sin nombre todavía corrió sobre este rostrocon que habito en la desconocida: era la tierra del castigo. Era la hora en que comienzo ...
Tu voz de Pedro Enríquez
La sierpe de los vientos el dominio del estío la cárcel de la muerte el caballo de las palabras el aullido del silencio la espada del deseo la furia de los días la clemencia de lo absurdo las lágrimas sin consuelo el beso de la sorpresa las habitaciones de la demencia la tormenta ...