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listado de poemas por primeros versos letra d

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842 poemas con la letra "d"

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Medallones (I) de Rubén Darío
De las eternas musas el reino soberano recorres, bajo un soplo de vasta inspiración, como un rajah soberbio que en su elefante indiano por sus dominios pasa de rudo viento al son. Tú tienes en su canto como ecos de Océano; se ve en tu poesía la selva y el león; salvaje luz irradia la lira ...
Exposición de Jesús Munárriz
De las niñas que fueron sus mamás quedan nombres en lápidas, apenas. Les han sobrevivido sus muñecas, éstas que con miradas de cristal y permanente asombro hoy nos ven contemplarlas, desfilar ante sus pequeñeces y en nuestros rostros buscan algún rasgo...
De las nueve de la noche en adelante... de Jaime Sabines
De las nueve de la noche en adelante, viendo televisión y conversando estoy esperando la muerte de mi padre. Desde hace tres meses, esperando. En el trabajo y en la borrachera, en la cama sin nadie y en el cuarto de niños, en su dolor tan lleno y derramado, su no...
Signos de Jeannette Lozano
De las piedras profundas un agua cristalina refleja el oro y el bronce, la cara del buey, las puertas y los nardos que tu partida deshacía. * Quiero acariciar tus cabellos cansados, agitar el légamo, adentrarme en el germen intocado de tu nostalgia y ser casi muerta en la agonía desde siempre, ...
Orfismo de Rodolfo Häsler
De las tinieblas de la casa inferior, una figura llena de majestad ascenderá por un momento, en cuerpo de diosa, acaso una heroína. No es seguro cuál sea su destino, presa de amor, bajo el peso de sus faltas, en el fuego de la lira, Eurídice, la amada de Orfeo que vive en el infierno. ...
Vida, pasión y muerte del anti-hombre (IV) de Pedro Geoffroy Rivas
De légamos profundos, inconforme, Levantándose absurda, desmedida, Monstruosa de protestas, Agria voz que me agobia, Que me empuja, Que me alza y me sumerge. Ronca voz que desconoce las palabras, Ancho grito sin fondo, Hosco alarido Descubriéndome entrañas...
Máscaras africanas (1) de Antonio Armenteros Álvarez
De lejos como máscaras africanas nos vemos en esta ciudad, en la fijeza áspera de su representación. Afuera se arremolinan los excesos, nos compadecen Cuando te admiraba dormir como naturaleza imprecisa, mientras dormías, salté el marco de madera. ...
Polvo (fragmentos II) de Guadalupe (Pita) Amor
De lo gris me salí, y al polvoriento gris he retornado. ¡Cuanto yo concebí, sólo fue imaginado, que el realizar a mí me está velado! Va a perderse mi huella... Sólo soy llamarada del destino; una loca centella que tiene el desatino de pretender que el polvo sea divino. ...
Espuma de Evaristo Ribera Chevremont
De lo ligero de la madrugada; de lo sutil en lo fugaz -neblina, vapor o nube- queda en el mar fina, fluyente y tremulante pincelada. De lo que el mar en su extensión afina -perla en matización, concha irisada-, queda un halo brillante en la oleada. Halo que en pulcra irradiación culmia. ...
De lo poco de vida que me resta... (Rima LI) de Gustavo Adolfo Bécquer
De lo poco de vida que me resta, diera con gusto los mejores años por saber lo que ha otros de mí has hablado. Y esta vida mortal y de la eterna lo que me toque, si me toca algo, por saber lo que a solas de mí has pensado. De: Rimas, leyendas y narraciones
De lo que hemos soñado… (Poema XV) de Luis Raúl Calvo
De lo que hemos soñado pocas cosas han traspasado el umbral de la casa. En ese maltrecho límite que separa lo vivido y lo no vivido la mirada se detiene en esos cuerpos que han pasado una y mil veces por el mismo sitio. A veces uno se pregunta si en esas raudas marchas sin destino ...
Un día sobresale de Pablo Neruda
De lo sonoro salen números, números moribundos y cifras con estiércol, rayos humedecidos y relámpagos sucios. De lo sonoro, creciendo, cuando la noche sale sola, como reciente viuda, como paloma o amapola o beso, y sus maravillosas estrellas se dilatan. ...
Pamplinas de Rafael Alberti
De lona y níquel, peces de las nubes, bajan al mar periódicos y cartas. (Los carteros no creen en las sirenas ni en el vals de las olas, sí en la muerte). Y aún hay calvas marchitas a la luna y llorosos cabellos en los libros. Un polisón de nieve, blanqueando las sombras, se suicida en los jardines. ...
Ausencias de Alfonso Reyes
De los amigos que yo más quería y en breve trecho me han abandonado, se deslizan las sombras a mi lado, escaso alivio a mi melancolía. Se confunden sus voces con la mía y me veo suspenso y desvelado en el empeño de cruzar el vado que me separa de su compañía. Cedo a la invitación...
Oceánidos de Blanca Andreu
De los bosques salados llegan ciervos que son delfines brincando en su belleza como arcos celestes . Parecen hechos de hojas de olivo tras una lluvia de luz de luna . Como potros como campanas saltan brillan salpican sueños .
Octógono fosforecente de Tilo Wenner
De los cabellos pezuñas endiabladas, corazones configurados por la ausencia de los sonidos en la flor azul sobre el tejado rojo Los moribundos no alcanzaron la altura del disco rayado De los peregrinos sobre las huellas bajo los tallos gigantes en las axilas de la mujer santa. ...
Lubina de Juan Rulfo
De los cerros altos del sur, el de Luvina es el más alto y el más pedregoso. Está plagado de esa piedra gris con la que hacen la cal, pero en Luvina no hacen cal con ella ni le sacan ningún provecho. Allí la llaman piedra cruda, y la loma que sube hacia Luvina la nombran Cuesta...
De los días sin lluvia y huracanes... de Nora Méndez
De los días sin lluvia y huracanes que golpeaban los vidrios y las mechas verdes de hojas regresaba mi muerte nadie había allí para celebrarla nadie allí para escucharla con su llanto profundo y su claridad hermosa sólo el maná en boca de sus enemigos las trenzas de colores torcidas en las sábilas ...
El verdugo de José de Espronceda
De los hombres lanzado al desprecio, de su crimen la víctima fui, y se evitan de odiarse a sí mismos, fulminando sus odios en mí. Y su rencor al poner en mi mano, me hicieron su vengador; y se dijeron Que nuestra vergüenza común caiga en él; se marque en su frente nuestra maldición; ...
En los pistilos de María Baranda
De luz te vi nacer donde la estirpe de un sol de sangre entre las nubes límpido alumbra la voz de las raíces. Si entro en tu sueño me despierto, amanecen las sombras por tu alcoba, en tu nombre se enciende verde el mundo donde estallan luciérnagas de lumbre. ...
el siseo lejano de las aguas... de Esteban Moore
de manera que se sólo ver * el siseo lejano de las aguas que desciende de las altas cumbres/ despierta a las codornices -que con agilidad y repentina gracia -sacuden su plumaje/ aletean -en el nido/ --esas aves que no han visto nunca/ del deshielo la desatada furia de los torrentes/ observan ...
De manera de Blanca Andreu
De manera que sólo inevitablemente escucho los ansiosos los lenguajes escucho y era verdad que los sentía como mata- deros gastados por la luna cortada de la anemia y era verdad la sangre que se curva cubierta de tortugas soldados tártaros infantes era verdad y me protegía. ...
Cuando los pueblos se harten de Gabriel Impaglione
de máquinas de triturar utopías, de bombas inteligentes y débitos automáticos, colocaré las tablas de mi mesa en cualquier calle para vocear a los cuatro vientos: se regalan palabras en desuso. Entonces de mano en mano alas manuscritas, olas abecedarias, rojos vendavales, ...
De mi desdicha espantosa... de José Martí
De mi desdicha espantosa Siento, ¡oh estrellas!, que muero; Yo quiero vivir, yo quiero Ver a una mujer hermosa. El cabello, como un casco, Le corona el rostro bello: Brilla su negro cabello Como un sable de Damasco. ¿Aquélla? ...Pues pon la hiel Del mundo entero en un haz, Y tállala...
De la Habana ha venido un barco de Rafael Alberti
De mi ventana huye el barco venido ayer de La Habana. ¡Saltemos del lecho al barco, lucero de la mañana! A pasar por tu azotea, me echarás una naranja y un zapatito de oro, lleno de almendras y agua. ¡A las Antillas me voy por unas mares de menta amarga! ...
Conocimiento del paisaje de David Escobar Galindo
De miel espesa, antigua, es la piel de tus hombros, imagen firme, humana, de mujer envolvente. Toda aroma quizás como leche espumosa toda sabor quizás como azúcar sin miedo, leve sudor de fruta sobre un muro pensando. Fruta de madurez perdida en el zodíaco, toda brillo quizás como intensa ...
Poesías sueltas de Miguel de Cervantes
De Miguel de Cervantes, a los éxtasis de nuestra beata madre Teresa de Jesús Virgen fecunda, madre venturosa, cuyos hijos, criados a tus pechos, sobre sus fuerzas la virtud alzando, pisan ahora los dorados techos de la dulce región maravillosa que está la gloria de su Dios mostrando: ...
Voz de las aves de Gertrudis Gómez de Avellaneda
De mirto entre ramos, con tierna alegría, su nombre cantamos porque es melodía. ¡Antonia!...¡qué blanco, qué ledo sonido!... Jamás gorjeando de amor en el nido, daremos al viento, del sol a presencia, más grato concento, más dulce cadencia, más bella canción. ...
De modo que Cervantes era manco de Reinaldo Arenas
De modo que Cervantes era manco; sordo, Beethoven; Villon, ladrón; Góngora de tan loco andaba en zanco. ¿Y Proust? Desde luego, maricón. Negrero, sí, fue Don Nicolás Tanco, y Virginia se suprimió de un zambullón, Lautrémont murió aterido en algún banco. ...
La manía del viento de Luis Alberto Arellano
De nada sirve volarrodeado de puro aire Es mejor remontar las alas entre la negra tierra Entre el risco metálico En lo profundo del silencio Volar ahí a brazada molida con lo pétreo Habría que luchar con el polvo desde su origen de polvo con su condición de roca en desgaste ...
Palabras Hermosas de Jorge Galán
De nada valen las palabras hermosas estas o cualquier otras de qué vale que tus ojos sean pájaros que se roben el alba de los faros esa que es una espada que en las aguas se hunde como en un corazón y de qué vale la gaviota, inusitada siempre, que en tu mano descansa de ese vuelo ...
Ebriedad de Dios (2) de Luis Armenta Malpica
De niña me enseñaron que yo era una manzana y el hombre era el cuchillo. Las mujeres teníamos que lograr que nos pelaran se hundieran hasta el mango en nuestra carne y le dieran salida a las semillas. Ya en espiral -con nuestra piel deforme, oscura por el tiempo- ...
Escena de infancia de Jorge Riechmann
De niño encendí hogueras para quemar lombrices de tierra vivas. Veraneaba entonces en el valle de Hecho. La crueldad de quienes torturaban sapos me asqueaba, alguna vez llegamos a las manos. Lombrices: carne rosa hasta la indefensión, universales anillos de sufrimiento ...
Corteza de Fabio Morábito
De niño me gustaba desprenderla, limpiar el tronco, dejar al descubierto la verde urgencia de otra capa, sentir abajo de los dedos la rectitud del árbol, sentirlo atareado allá en lo alto , en otro mundo, indiferente a mis mordiscos, capaz de sostenerse sin corteza, capaz...
Voces de Carlos Penelas
De niño mi madre me decía que las voces no desaparecen, que flotan en el cielo, que solo los poetas podían escucharlas y recogerlas. Que las voces del pasado se escuchan en el bosque encantado o en soledad. O en los manteles flameados de los hoteles de extravagantes ciudades. ...
Coplas de Tirso de Molina
De no hallar en mis amores el número de mi mesa sabe Dios cuánto me pesa. Cuéstame hartos desvelos celos bastardos, mal nacidos celos. No soy carne ni pescado, y aunque mi sazón es corta sé muy bien lo que me importa. Mi gusto aprendió en Toscana, pues hallo el arte de amar ...
Despojos de Carmen Alardín
De noche alguien evoca la esperanza. Ella nos habla de las cicatrices que va cubriendo el tiempo. Y tú, dentro del aire, allá muy...
Entrando en Río de Janeiro de Enrique Díez-Canedo
de noche La noche, reina negra, desciende hasta sus mares. Para el baño la ornaron sus doncellas. En sus pechos de sombra luminosos collares. En sus crespos cabellos...
Insomnio con palabras de Gioconda Belli
De noche las palabras transcurren de puntillas discretas andan entre los objetos temerosas del ruido se descalzan Sobre mis hombros insomnes aletean el poema me saca de la cama Tanto silencio rodea mis dos manos estas que forman signos señales de humo lazos para llegar a otros ...
Las afueras (V) de Jaime Gil de Biedma
De noche, cuando desciendas. Pero es inútil, nunca he de volver a donde tú nacías ya con forma de recuerdo. Quizá súbitamente crece la sangre. Crece la sangre hasta mucho más lejos que aquel brazo. Nadie más que la mano desarmada, la tenue palma y este dolor.
Una sonrisa en la oscuridad de William Ospina
De noche, cuando vuelvo de los algodonales, cuando a pesar del ardor de los latigazos y la ulceración de las muñecas soy el único rincón de la sombra que se arquea en sonrisas; cuando miro la estrella nerviosa y solitaria y entiendo que hay un lazo que une a mi corazón con la estrella, vuelve...
La lengua de las mareas (2) de Christian Formoso Bavich
De noche. En mi espejo oceánico soy un cuadro. Un cuadro de abortos inconclusos. De: La lengua de las mareas Selección: Guido Ferrer
De nuevo llega el mes de las avellanas y el silencio.... de Julio Llamazares
De nuevo llega el mes de las avellanas y el silencio. Otra vez se alargan las sombras de las torres, la plenitud azul del huerto familiar. Y en la noche se escucha el grito desolado de las frutas silvestres. Sé muy bien que éste es el mes de la desesperanza. Sé muy bien que, ...
Diario de tu cuerpo (III) de Hugo Gutiérrez Vega
De nuevo llegas a mi casa. Conoces el camino y sabes que mis cosas se han amoldado a ti. En el espejo queda tu reflejo. En la tarde de la ciudad, bajo las máquinas; en la tarde amarillenta, sucia, habitada de sombras, manchada por las prensas, vociferante río de niebla ...
La última isla de Jorge Teillier
De nuevo vida y muerte se confunden como en el patio de la casa la entrada de las carretas con el ruido del balde en el pozo. De nuevo el cielo recuerda con odio la herida del relámpago, y los almendros no quieren pensar en sus negras raíces. El silencio no puede seguir siendo ...
Nocturno de José María Eguren
De Occidente la luz matizada Se borra, se borra; En el fondo del valle se inclina La pálido sombra. Los insectos que pasan la bruma se mecen y flotan, y en su largo mareo golpean las húmedas hojas. Por el tronco ya sube, ya sube La nítida tropa De las larvas que, en ramas ...
Alegría de Fernanda de Castro
De pasadas tristezas desengaños, amarguras recogidas en 30 años de viejas ilusiones, de pequeñas traiciones que encontré en mi camino. De cada injusto mal, de cada espino, que en mi pecho dejó la mancha oscura de una nueva amargura… De cada crueldad, que el luto...
Diurno doliente de Pablo Neruda
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida ...
Adiós de Estanislao del Campo
De pesar una lágrima sentida No brote, no, de tus hermosos ojos: ¿Por qué llorar mi muerte si mi vida Era un erial de espinas y de abrojos? No puede ser mi luz el dulce brillo Que derrama en efluvios tu pupila, Y es mi infierno el que irradia del anillo Que otro en tu mano colocó, Lucila. ¿Qué iba a hallar ...
Material nupcial de Pablo Neruda
De pie como un cerezo sin cáscara ni flores, especial, encendido, con venas y saliva, y dedos y testículos, miro una niña de papel y luna, horizontal, temblando y respirando y blanca y sus pezones como dos cifras separadas, y la rosal reunión de sus piernas en donde su sexo ...