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Blanca Orozco de Mateos

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La ciudad inocente
de Thelma Nava

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Detrás estaba el mar    

    Editora del fonograma:    
    Voz Viva de México. UNAM    
por Thelma Nava    
  

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

La ciudad inocente


Ciudad, enorme templo sordo
Fayad Jamís


I

Ciudad antropófaga
¿por qué caminas en nosotros y te mueves como una bestia que la sombra confunde?
Te desperezas en todos los habitantes que te identifican
en esa cierta debilidad por el otoño, hábilmente disimulada.

Nada puedes hacer cuando te derriban el último sueño
y te construyen catedrales amarillas para obligarte a no pensar
en un pasado al que te obstinas en aferrarte.

Inocente de todo mal,
desoída, muda y sorda, estatua que la tierra sepulta a medias.
De todas partes llegan y te miran. Te acosan y tú los escuchas como una loca que nada comprende.

¿Quién se atreve a acusarte de corruptora, tú, enorme vientre
de innumerables hijos que te inventan un nombre, una emoción secreta, una lágrima turbia?

Por el viento te mueves y pareces escuchar a los que dejan todas sus armas al frente de la casa
a los que mueren de hambre y sed.

Dicen que tu pueblo es triste,
tristes tus habitantes de mesetas que no conocen el mar.
Contra ti navegamos nuestros sueños de rojas tortugas
nuestras túnicas de abandonados, nuestro siempreacceder de cada día.

Hay tiempos para salir de ti y buscarte en los ojos purísimos de otros días,
en los caminos emprendidos por nuestro corazón,
en el estallido de los cuerpos en la luz.
               ¿Por qué los que se van ya no regresan?


II

No somos ya los que nombran a las flores en la casa de los grandes señores.
Perdida está la facultad del vaticinio.
No sabemos congregarnos más para atraer la lluvia
y la danza no es ya un elemento decisivo.
Tenemos sueño. Ahuyentamos la soledad de cualquier modo,
alargamos la noche en los tobillos
inventamos la risa para bailar en la casa del absurdo.

Estamos solos y eso basta.
Más solos cada día, más ajenos de nuestro principio.

En ti, ciudad desierta
¿cuántos pueden decir que conocen verdaderamente el amor?



De: El primer animal



THELMA NAVA






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