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Palabras para palabras
de Agustín Pérez Pardella



palabra virtual


    Agustín Pérez Pardella lee sus poemas

    
    Editora del fonograma:
    Archivo de la Palabra de Radio Universidad Nacional de La Plata

por Agustín Pérez Pardella    
  

    
  


Palabras para palabras


No pregunten mi nombre. No techen
mi estatura. Nadie endurezca el brazo
de mi angustia con el vicio del odio.
Nadie me vuelque en grito y juramento
con raudos empellones de trompetas.
No juren con mi voz los numerados.
Nadie llore la gracia de ser hombre.
Nadie crea en el canto de la fuerza.
Nadie se busque donde no ha sufrido.
Nadie suba con suelas por mi sangre.
Nadie me salve con piedad de uranio.
No soy el huracán; no soy la estrella.
Soy apenas el junco y la cigarra.
Soy la paz de tu frente verdadera.
Tu corazón descalzo, tus amores
de arados y cosechas. Tengo herencia
de leche en las entrañas. Nada se
acaba en mí; me sobrevive el pulso
de la tierra. Me sobrevivo en andas
y abrazado al Amor de los amores.
Fui antes del miedo y alguna vez,
cansado, por simular ausencia
imito la dureza de los muertos
para sentir un mundo de raíces
como vendas de pan sobre los huesos.
No tengo miedo, pero tengo casa.
Hijos, padres, y piel y mandamientos.
Nada sé de hombres grandes con la peste
del bronce en las entrañas. Nada sé
de la bomba y la bacteria. Sólo
sé que estoy vivo. Enteramente vivo
y apretado a la sangre como si
lo más mío se extinguiera y me
dejara a solas con el cuerpo. Tú
que sabes tu vida ayúdame a
decir esta obra negra que ya nos
acumula en la ceniza con el himno
y el párrafo vibrante. Algo nos crece
atrás como el vacío, y nos roza
la carne y conduce la voz y las
maneras. Algo nos abandona. Algo
se queda atrás con nuestra vida. Algo cae
de nosotros como un hijo. Cuando uno
se mira y ve su sangre ya madura
en amor, honda en familia; cuando
la vida se torna carcajada y el
hombre se acostumbra a la sonrisa;
crecen atrás los árboles del miedo;
crecen atrás los negros uniformes,
crecen atrás las uñas de la muerte,
y muy atrás sigue creciendo un aire
de banderas, puñales y tambores.



De: Palabra y sangre



AGUSTÍN PÉREZ PARDELLA


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