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Blanca Orozco de Mateos

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Oda a la sangre
de Ricardo Molinari

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Poetas de Amrica

    
    Editora del fonograma:
    CBS

por Mara Rosa Gallo    
  


Oda a la sangre


A Alberto Morera


Esta noche en que el corazn me hincha la boca duramente,
sin pudor, sin nadie, quisiera ver mi sangre corriendo por la tierra:
golpeando su cuerpo de flor,
-de soledad perdida e inaguantable-
para quejarme angustiosamente
y poder llorar la huida de otros das,
el color spero de mis viejas venas.
Si pudiera verla sin agona
quemar el aire desventurado, impenetrable,
que mueve las tormentas secas de mi garganta
y aprieta mi piel dulce, incomparable;
no, las mareas, las hierbas antiguas,
toda mi vida de eco desatendido!

Quisiera conocerla esplndida, saliendo para vivir fuera de m,
igual que un ro partido por el viento,
como por una voluntad que slo el alma reconoce.
Dentro de m nadie la esper. Hacia qu tienda o calor ajeno saldr alguna vez
a mirar deshabitada su memoria sin paraso,
su luz interminable, suficiente.
Quisiera estar desnudo, solo, alegre,
para quitarme la sombra de la muerte
como una enorme y desdichada nube destruida.

Si un da no furamos tan extraos, defendidos,
que oyramos gemir las hierbas igual que un sediento hbito peregrino,
limpios del humor sucio, corruptivo,
me cortara las venas de amor
para que se escuchase su retumbar;
para vestir mi cuerpo solitario
de un largusimo fuego delicioso.

Pero no ha de llegar nunca ese tiempo mgico,
como no llega la felicidad
donde no vive el olvido, una voz muerta,
apagada voluntariamente.
Ni mar ni cielo ni flor ni mujer: nada;
nadie la ha visto llevar su rosa vulnerable,
su desierto extraviado entre intiles bocas.
Qu duro silencio la cubre!
Ya no s dnde llega o la distrae la vida
o desea dejarla
desprendida.
Dnde se angosta su piel imposible,
su lento signo enigmtico: llama de esencia sin despedida.

A travs de la carne va llorando,
metida en su foso sin cielo,
en su noche despreciada,
con su lengua eterna, contenida.
Qu gran tristeza la vuelve a la vida sin cansancio;
al reposo, cerrada.

La muerte inmensa vela su sueo sin alborada!

Nadie sabe nada, nunca. Nada.
Todo es eso. Ansiedad vuelta hacia dentro,
sorda, detestable; alejada!

Majestuosa en su mundo obscuro, volver a su raz
indefinida, penetrante, sola.
Tal vez un ro, una boca inolvidable,
no la recuerden.



De: Odas y otros poemas



RICARDO MOLINARI


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