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Nada permanece tanto como el llanto (I, XVIII)
de Jacques Viau



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    Poesía trunca

    
    Editora del fonograma:
    Palabra de esta América

por René Depestre    
  

    
  


Nada permanece tanto como el llanto (I, XVIII)


I

¿En qué preciso momento se separó la vida de nosotros,
en qué lugar,
en qué recodo del camino?
¿En cuál de nuestras travesías se detuvo el amor
para decirnos adiós?
Nada ha sido tan duro como permanecer de rodillas.
Nada ha dolido tanto a nuestro corazón
como colgar de nuestros labios la palabra amargura.
¿Por qué anduvimos este trecho desprovistos de abrigo?
¿En cuál de nuestras manos se detuvo el viento
para romper nuestras venas
y saborear nuestra sangre?
Caminar... ¿Hacia dónde?
¿Con qué motivo?
Andar con el corazón atado,
llagadas las espaldas donde la noche se acumula,
¿para qué?, ¿hacia dónde?,
¿Qué ha sido de nosotros?
Hemos recorrido largos caminos.
Hemos sembrado nuestra angustia
en el lugar más profundo de nuestro corazón.
¡Nos duele la misericordia de algunos hombres!
Conquistar nuevos continentes, ¿quién lo pretende?
Amar nuevos rostros, ¿quién lo desea?
Todo ha sido arrastrado por las rigolas.
No supimos dialogar con el viento y partir,
sentarnos sobre los árboles intuyendo próxima la partida.
Nos depositamos sobre nuestra sangre
sin acordamos de que en otros corazones el mismo líquido ardía
o se derramaba combatido y combatiendo.
¿Qué silencios nos quedan por recorrer?
¿Qué senderos aguardan nuestro paso?
Cualquier camino nos inspira la misma angustia,
el mismo temor por la vida.
Nos mutilamos al recogemos en nosotros,
nos hicimos menos humanidad.
Y ahora,
solos,
combatidos,
comprendemos que el hombre que somos
es porque otros han sido.


XVIII

Salvo la palabra del hombre
Todo ha concluido en estas regiones.
Sobre la tierra los árboles y los niños.
Bajo la tierra... los hombres.
Todo ha trascurrido como si nada temiera la muerte.
Fue tan abundante la cosecha del odio,
tan numerosa la prole de catafalcos.

A todos tocó sangre,
a todos tocó silencio
Volvió la vida a la tierra.
Volvió la palabra al silencio.
Volvió la luz a la tiniebla.
Qué labor emprender ahora que el hombre concluye esta jornada?
Los muertos no llaman a los vivos.
Han dejado de escudriñar.
Nosotros les prestamos pensamientos y palabras.
Los muertos no apetecen.
No piden.
Son los vivos quienes precisan de nuestra palabra.
La vida se derrumba,
algo queda,
hay una herencia que defender.
Nombres que prolongar.
Ay de nosotros si no recogemos la simiente abatida,
si no modelamos con polvo de nombre
el corazón que la tierra reclama.
Hombres,
avivad el fuego.
Mujer, ata a tus ovarios semen y al corajudo
que la vida exige ser vida,
que el amor proclama la necesidad de ir más allá
de nuestras vidas.



De: Poesía trunca: Poesía latinoamericana revolucionaria



JACQUES VIAU


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