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palabra virtual

Jos Gorostiza    
    Editora del fonograma:    
    Voz Viva de Mxico. UNAM    
por Jos Gorostiza    

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

Ms que vaso -tamben- ms providente... (Muerte sin fin)


Mas qu vaso tambin ms providente!
Tal vez esta oquedad que nos estrecha
en islas de monlogos sin eco,
aunque se llama Dios,
no sea sino un vaso
que nos amolda el alma perdidiza,
pero que acaso el alma slo advierte
en una transparencia acumulada
que tie la nocin de l, de azul.

El mismo Dios,
en sus presencias tmidas,
ha de gastar la tez azul
y una clara inocencia imponderable,
oculta al ojo, pero fresca al tacto,
como este mar fantasma en que respiran
peces del aire altsimo
los hombres.

S, es azul! Tiene que ser azul!
Un coagulado azul de lontananza,
un circulante amor de la criatura,
en donde el ojo de agua de su cuerpo
que mana en lentas ondas de estatura
entre fiebres y llagas;
en donde el ro hostil de su conciencia
agua fofa, mordiente, que se tira,
ay, incapaz de cohesin al suelo!
en donde el brusco andar de la criatura
amortigua su enojo,
se redondea
como una cifra generosa,
se pone en pie, veraz, como una estatua.
Qu puede ser si no si un vaso no?
Un minuto quiz que se enardece
hasta la incandescencia,
que alarga el arrebato de su brasa,
ay, tanto ms hacia lo eterno mnimo
cuanto es ms hondo el tiempo que lo colma.
Un cncavo minuto del espritu
que una noche impensada,
al azar
y en cualquier escenario irrelevante
en el terco repaso de la acera,
en el bar, entre dos amargas copas
o en las cumbres peladas del insomnio
ocurre, nada ms, madura, cae
sencillamente,
como la edad, el fruto y la catstrofe.
Tambin mejor que un lecho para el agua
no es un vaso el minuto incandescente
de su maduracin?
Es el tiempo de Dios que aflora un da,
que cae, nada ms, madura, ocurre,
para tornar maana por sorpresa
en un estril repetirse indito,
como el de esas elctricas palabras
nunca aprehendidas,
siempre nuestras
que aluden el amor de la memoria,
pero que a cada instante nos sonren
desde sus claros huecos
en nuestras propias frases despobladas.
Es un vaso de tiempo que nos iza
en sus azules botareles de aire
y nos pone su mscara grandiosa ay,
tan perfecta,
que no difiere un rasgo de nosotros.
Pero en las zonas nfimas del ojo,
en su nimio saber,
no ocurre nada, no, slo esta luz,
esta febril diafanidad tirante,
hecha toda de pura exaltacin,
que a travs de su ntida substancia
nos permite mirar,
sin verlo a l, a Dios,
lo que detrs de l anda escondido:
el tintero, la silla, el calendario
todo a voces azules el secreto
de su infantil mcanica
en el instante mismo que se empean
en el tortuoso afn del universo.




JOS GOROSTIZA






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