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Mar de fondo (XIV)

Antes de que llegara el tiempo de la fiebre, un tacuazn devor a la guacamaya que alegraba lo srdido del patio.

Mi padre, conmovido por mi desesperacin, construy una trampa grande y resistente, con tablones del aserradero.

En su interior dispuso granos de maz, agua bendita y huevos de gallina negra.

Despus la dej al pie del nanche donde mi guacamaya perdi el combate con el hambre del animal.

Pasaron las semanas y lo primero que haca levantndome era revisar la caja de madera.

Al no encontrar la presa, cambiaba los cebos por otros menos simblicos y ms apetitosos.

Una maana de noviembre, cuando ya no pensaba en la captura, pude ver al asesino al fin cautivo, parapetado al fondo de su instinto.

Alguien puso un machete en mi mano y abri ligeramente una puertecilla.

Sent que el arma pesaba una tonelada de plumas. O voces que me instaban a la venganza.

Muerto de miedo, dej ir el machete hacia el cuerpo de la bestia y slo abr los ojos cuando un chillido espantoso sali volando de la trampa, dejndome en la frente mapas de sangre.



Seleccin: Eduardo Miln y Ernesto Lumbreras

FRANCISCO HERNÁNDEZ

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