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A Dorila

Te engaas, mi Dorila,
si juzgas que rendido
de amar sin esperanza
se ver el pecho mo;
que no, no es tan tirano,
cual dicen, el Dios nio,
y sabe aun con las ansias
dar premios exquisitos.
Son necios los amantes
que llaman su dominio
cruel, y que maldicen
sus cadenas y grillos.
Dorila, yo te adoro;
y el ardor en que vivo,
es el premio y la gloria
que el adorarte pido.
Peno ay triste! mas tengo
en tu rostro divino
de mis crueles ansias
un dulce y cierto alivio:
pues aun cuando mi pecho
ms agitado miro,
volviendo a ti los ojos
ledo que da y tranquilo.
Y si del rostro amable
el influjo benigno
me es negado, y ausente
mi fuego es ms activo,
tu dulce nombre entonces
tiernamente repito,
y un nuevo fuego enciendo,
con que aplaco el antiguo.
Ay! de esta suave llama
los amantes deliquios
slo es dado gozarlos
a quien sabe sentirlos.
Zagala, no te engaes,
que aun el ms afligido
pagado est, si logra
dar a tiempo un suspiro.



Seleccin: Francisco Hernndez
y Csar Arstides


JOSÉ MARÍA BLANCO WHITE

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