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Viaje

...Cabellera era de trenes
la tarde. Y era una sed
de rutas la mar salada.

Y a mi corazón le dije
-como a un perro-:
                     "¡Vamos! ¡Hala!"

...A mi corazón, que estaba
latiendo y llorando, sordo,
sobre la tierra desnuda
y desolada.


DÁMASO ALONSO




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