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Robar el mundo

Robar el mundo de la fiel mesura
que hay en los ojos de un caballo.
Un sello robar de la hermosura de un cabello.
Un sello de mujer y de hermosura.
No robar nada.
Contemplar la altura de un pájaro y del sol,
de esto y de aquello que de la oscura noche,
del destello del claro día, en nuestros ojos dura.
¡Ay!, convertirse en sapo, en charco, en vaso,
¡en cualquier cosa!
¡en rosa, en beso, en huso!
Mejor, no convertirse en nada de eso,
si bástanos con aplacar el paso,
con aplacar el alma que Dios puso,
para ganar el Paraíso a peso.



De: Poesía 1945-1969

CARLOS EDMUNDO DE ORY

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