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El enterrado





                                                                   A Federico




Buen amigo, en la tarde completa estoy sintiendo
tu vivir. Dime. Escucho. Yo te escucho, acabado,
bajo la tierra leve que amorosa descansa
sobre tu pecho. ¿Alientas? ¿Qué ronca voz caliente,
propagándote, siento que hasta el pecho me sube,
desde las graves, hondas raíces con que me hinco
en tu memoria, amigo, vivo amigo, enterrado?
Siento todas las flores que de tu boca surten
hacia la vida, verdes, tempranas, invencibles.
¿Qué suena, duro, oscuro, con voz de sangre o mina,
secreto abismo o pecho que hueco hoy amontona
viento, poder, y expulsa tu voz hasta mi oído?
¿Lloras? ¿Cantas? ¿O vives, solo vives sin llanto,
hombre de luz extinta que reposado aguardas,
sabio de ti y del mundo, bajo la tierra leve?

    Yo no sé. Sé que miro florecillas, que u aire
gentil orea las briznas ligeras que aquí brotan.
Y sé, sé que mis plantas sacudidas comprenden
tu clamorosa vida bajo tus dientes blancos.

    Por eso, sí, por eso, bajo la tarde extrema,
dolorosa, que en sangre se transmuta crujiendo,
escucho. ¡Ah, ciegos hombres que banales marcháis
pisando un pecho! ¡Ah, ciegos, delirantes que un día
segasteis una vida poderosa! ¡Ah, espumas
instantáneas, ah, humanos sin mañana, ah, olvido!
¡Ah, corazón constante que, inmortal tú, retumbas!









De: Poemas varios (1927-1967)
Biblioteca de Premios Nobel
Antología Poética
Alianza Editorial, S. A. Madrid 1977

VICENTE ALEIXANDRE

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