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CUADERNOS CONTRA EL ÁNGEL
Cuando Bartolomé traduce la tormenta interior y la diluye en el lenguaje derivante que se olvida del objeto de su fuga, produce en el lector la convicción de un gesto de verdad. Pese a esta aparente contradicción entre la desmesura "lírica" y la realización formal del texto, Bartolomé revela una voz inconfundible en la nueva poesía mexicana. O quizás gracias a la contradicción misma. Su poesía se muestra en conflicto con sus propios mecanismos, con un alto grado de problematización material. Revela, y esto es verdaderamente un motivo de alegría, considerando los momentos poéticos que se viven en México, una conciencia poética insobornable frente a las recaídas acríticas en formas ya gastadas por el uso.
Yo vengo a recoger el lenguaje del viento/ aunque a usted le moleste/ pajarraco. Los versos son del poeta chiapaneco Efraín Bartolomé. Y corresponden a su más reciente poemario: Cuadernos contra el ángel que edita la Universidad Autónoma de Querétaro dentro de su colección Premios. Y el poeta mismo lo anuncia en la página nueve: Este cuaderno pesa Es pura luz Es pura sombra: es mi sangre total cargada de sentido.
Cuadernos contra el ángel (que le valió un premio más a Bartolomé) es un poemario cargado de propuestas en donde, sin complacencias, el ángel rilkeano se transforma, más bien, en el ángel de Baudelaire y, en un viaje a los infiernos -la vida profunda, interna, del poeta- ambos, el poeta y su ángel, proceden a cuestionar quizá no a la vida, pero sí a la poesía.
Cada nuevo libro de Efraín Bartolomé es un prodigio de claridad y profundidad. Como en aguas tranquilas y hondas se transparentan imágenes y conceptos en una armonía plena.
La poesía de Efraín Bartolomé no precisa de premios para personificarse, pero resulta alentador que se premie una obra en plenitud. Cuadernos contra el ángel es sin duda un gran libro de poesía; uno de los mejores libros publicados en lo que va de 1988.
En un sólido planteamiento, el tema universal de la muerte obtiene, en dimensión y profundidad, un trato de poeta mayor. Cuadernos contra el ángel, donde cada verso es más poético que el anterior, las imágenes más desbordadas y más íntimas y el ritmo interno se va intensificando a medida que los sentimientos allí expuestos son más angustiantes, crueles o dolorosos.
El ángel con el que se bate Bartolomé, no es el que indigesta pantagruelistamente su entorno y sus circunstancias con lecturas y poetas que incrusta carnavalalescamente en sus vísceras, como ocurre con Orlando Guillén; ni tampoco es el ángel terrible de Rilke, sino el ángel negro caído del árbol del dolor, el que corroe la herida cuando la sombra crece; porque cuando el ángel desciende, la caja de Pandora del interior del hombre se abre y fluyen de ella todos los males del mundo.
Lo mejor del libro es el contraste: los versos ampulosos y larguísimos se refrenan en la tercera sección ("Admonición del ángel") y ahí encuentran la mejor expresividad de lo breve. La virtud del poeta, la desmesura, es también su peligroso riesgo.
Efraín Bartolomé era una apuesta segura para cualquier crítico. Su poesía hablaba de un talento no sólo claro, sino a la vez empeñoso y dispuesto a la superación. Dicho talento alcanza un momento definitivo en Cuadernos contra el ángel, donde una serie de circunstancias concurren a darle al libro su magnífico nivel.
No hay un verso flojo en el poemario, todos ellos se encuentran escritos con la paciencia de quien sabe que la estructura corresponde necesariamente a la idea, a la concepción: el poema es unión entre el qué decir y el cómo decirlo y en Efraín Bartolomé tal unión puede reconocerse sin trucos retóricos.
¿Necesita presentación Efraín Bartolomé? ¿La necesita su excelente Cuadernos contra el ángel? Sabemos, como él seguramente sabe, que la Diosa ha tenido a bien posarse entre sus versos.
Al término del siglo, luego de la incursión poética por los tantos entresijos del hacer humano, de la desmitificación de todo y de la construcción de mitos nuevos, seculares, Cuadernos contra el ángel en coincidencia con la propuesta de otros escasos poetas, rescata para la poesía el sentido no confesional pero religioso de propiciación, pasión, muerte y vida.
Otro texto igualmente magistral (e inconseguible, para mayor detalle) Cuadernos contra el ángel de Efraín Bartolomé. La inclusión de este texto de Bartolomé, uno de nuestros líricos más dotados, es una de las decisiones que, a mi modo de ver, justifican la aparición de un libro como el que comento.
Nota. Algunos comentarios sobre los libros: |
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