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Para la abuela, que hablaba con pjaros creyndolos ngeles
de Hugo Gutirrez Vega


    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Mxico. UNAM

en la voz de Hugo Gutirrez Vega    


Para la abuela, que hablaba con pjaros creyndolos ngeles



I

La abuela abra las puertas de la maana;
entraba el sol por el balcn cerrado
y un rayo se pegaba a sus gafas solares.
El da andaba ya por los corredores
abrillantando las plumas del pjaro ciego,
jugando un rato con los peces anhelantes
en un marecito engaoso,
y con el caracol de filos negros
en su playa de cristal.
La claridad giraba por los cuartos vacos
y se esconda entre las cortinas.
De las gafas de la Abuela brotaba el da
y bajo mi cama se enroscaban los vientos.
Cerraba los ojos y regresaba al sueo.
Las sbanas me daban una noche que slo exista ah
y que se prolongaba por unas horas,
mientras la maana maduraba
y se caa a pedazos en las calles de color naranja
y en el cielo azul y tonto de los trabajos para vivir.


II

Un polvo limpsimo, casi ms fino que el aire de esta maana
se levant cuando abrimos la tumba de la Abuela.
La caja se deshizo, y el crneo que tena an su blanca trenza
cay con tanta gracia, que la tierra se neg a entrar en l.
Quin dijera!; t que tanto temas morirte sola
has pasado diez aos en la tumba hablando con tus ngeles,
percibiendo las voces de tantas insolentes primaveras.
La muerte es grande dices, y la vida se concentra en tu trenza.
No hemos perdido nada. La maana sigue entrando a la casa;
Entrando sin cesar.
Si nada cesa t nunca cesars.
La muerte grande te bes en las mejillas
y nosotros lloramos y remos.
Estamos contigo.
Tu memoria no se detuvo nunca.


III

Ciudad que entre mis sueos cobijada
eres siempre mejor de lo que eres.
La luz de tu cercana madrugada
asesina la noche que prefieres.

Yo sueo que mi vida retirada
apacienta las tardes en tu orilla.
Te vi en mi juventud desmelenada,
ahora me fundo con tu propia arcilla.

So, Ciudad, y el sueo inauguraba
mi voluntad de ser sin desconcierto.
En la noche tu luna levantaba

la esperanza de ser sin movimiento.
La tolvanera que me diera el viento
en mi vida tu calma disipada.


IV

El vendaval
que tiene a Extremadura
cogida por el cuello,
trajo sueos de un tiempo acongojado.
En qu caverna fraguse el material
de estos delirios
que a todos lastimaron?
Qu presencia sin rostro
dispers por los cuartos
sus airados lebreles?
La aurora entr.
Nosotros, mudos,
vencidos por el ngel ms terrible,
sentimos su mirada.
Es la tormenta la feroz autora
de estos sueos rugientes?
O, tal vez, slo es cmplice del ngel?
Vendr la paz.
Sobre Plasencia
el viento sembrar sueos mejores.
Los de ayer fueron hijos de la lluvia,
de esta larga tormenta
que el aire rompe
y que a la tierra enturbia.



HUGO GUTIRREZ VEGA


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