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Hay un pas en el mundo
de Pedro Mir


    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Amrica Latina. UNAM

en la voz de Pedro Mir    


Hay un pas en el mundo



(6 Momentos de Esperanza)


Hay
un pas en el mundo
colocado
en el mismo trayecto del sol,
oriundo de la noche.
Colocado
en un inverosmil archipilago
de azcar y de alcohol.
Sencillamente
liviano,
como un ala de murcilago
apoyado en la brisa.
Sencillamente
claro,
como el rastro del beso en las solteras
antiguas
o el da en los tejados.
Sencillamente
frutal, fluvial. Y material. Y sin embargo
sencillamente trrido y pateado
como una adolescente en las caderas.
Sencillamente triste y oprimido.
Sinceramente agreste y despoblado.



En verdad.
Con tres millones
suma de la vida
y entre tanto
cuatro cordilleras cardinales
y una inmensa baha y otra inmensa baha,
tres pennsulas con islas adyacentes
y un asombro de ros verticales
y tierra bajo los rboles y tierra
bajo los ros y en la falta del monte
y al pie de la colina y detrs del horizonte
y tierra desde el canto de los gallos
y tierra bajo el galope de los caballos
y tierra sobre el da, bajo el mapa, alrededor
y debajo de todas las huellas y en medio el amor.
Entonces
es lo que he declarado.
Hay
un pas en el mundo
sencillamente agreste y despoblado.



Algn amor creer
que en este fluvial pas en que la tierra brota,
y se derrama y cruje como una vena rota,
donde el da tiene su triunfo verdadero,
irn los campesinos con asombro y apero
a cultivar
cantando
su franja propietaria.
Este amor
quebrar su inocencia solitaria.
Pero no.
Y creer
que en medio de esta tierra recrecida,
donde quiera, donde ruedan montaas por los valles
como frescas monedas azules, donde duerme
un bosque en cada flor y en cada flor de la vida,
irn los campesinos por la loma dormida
a gozar
forcejeando
con su propia cosecha.
Este amor
doblar su luminosa flecha.
Pero no.
Y creer
que donde el viento asalta el ntimo terrn
y lo convierte en tropas de cumbres y praderas,
donde cada colina parece un corazn,
en cada campesino irn las primaveras
cantando
entre los surcos
su propiedad.
Este amor
alcanzar su floreciente edad.
Pero no.
Hay
un pas en el mundo
donde un campesino breve
seco y agrio
muere y muerde
descalzo
su polvo derruido,
y la tierra no alcanza para bronca muerte.
Odlo bien! No alcanza para quedar dormido.
En un pas pequeo y agredido. Sencillamente triste,
triste y torvo, triste y acre. Ya lo dije
sencillamente triste y oprimido.



No es eso solamente.
Faltan hombres
para tanta tierra. Es decir, faltan hombres
que desnuden la virgen cordillera y la hagan madre
despus de unas canciones.
Madre de la hortaliza.
Madre del pan. Madre del lienzo y del techo.
Madre solcita y nocturna junto al lecho...
Faltan hombres que arrodillen los rboles y entonces
los alcen contra el sol y la distancia.
Contra las leyes de la gravedad.
Y les saquen reposo, rebelda y claridad.
Y los hombres que se acuesten con la arcilla
y la dejen parida de paredes.
Y los hombres
que descifren los dioses de los ros
y los suban temblando entre las redes.
Y hombres en la costa y en los fros
desfiladeros
y en toda desolacin.
Es decir, faltan hombres.
Y falta una cancin.



Procedente del fondo de la noche
vengo a hablar de un pas.
Precisamente
pobre de poblacin.
Pero
no es eso solamente.
Natural de la noche soy producto de un viaje.
Dadme tiempo
coraje
para hacer la cancin.



Plumn de nido nivel de luna
salud del oro guitarra abierta
final de viaje donde una isla
los campesinos no tienen tierra.

Decid al viento los apellidos
de los ladrones y las cavernas
y abrid los ojos donde un desastre
los campesinos no tienen tierra.

El aire brusco de un breve puo
que se detiene junto a una piedra
abre una herida donde unos ojos
los campesinos no tienen tierra.

Los que la roban no tienen ngeles
no tiene rbita entre las piernas
no tiene sexo donde una patria
los campesinos no tienen tierra.

No tienen paz entre las pestaas
no tienen tierra no tienen tierra.



Pas inverosmil.
Donde la tierra brota
y se derrama y cruje como una vena rota,
donde alcanza la estatura del vrtigo,
donde las aves nadan o vuelan pero en el medio
no hay ms que tierra:
los campesinos no tienen tierra.
Y entonces
de dnde ha salido esta cancin?
Cmo es posible?
Quin dice que entre la fina
salud del oro
los campesinos no tienen tierra?
Esa es otra cancin. Escuchad
la cancin deliciosa de los ingenios de azcar
y de alcohol.



Miro un brusco tropel de rales
son del ingenio
sus soportes de verde aborigen
son del ingenio
y las mansas montaas de origen
son del ingenio
y la caa y la yerba y el mimbre
son del ingenio
y los muelles y el agua y el liquen
son del ingenio
y el camino y sus dos cicatrices
son del ingenio
y los pueblos pequeos y vrgenes
son del ingenio
y los brazos del hombre ms simple
son del ingenio
y sus venas de joven calibre
son del ingenio
y los guardias con voz de fusiles
son del ingenio
y las manchas del plomo en las ingles
son del ingenio
y la furia y el odio sin lmites
son del ingenio
y las leyes calladas y tristes
son del ingenio
y las culpas que no se redimen
son del ingenio
veinte veces lo digo y lo dije
son del ingenio
nuestros campos de gloria repiten
son del ingenio
en la sombra del ancla persisten
son del ingenio
aunque arrojen la carga del crimen
lejos del puerto
con la sangre y el sudor y el salitre
son del ingenio.



Y ste es el resultado.
El da luminoso
regresando a travs de los cristales
del azcar, primero se encuentra al labrador.
En seguida al leero y al picador
de caa
rodeado de sus hijos llenando la carreta.

Y al nio del guarapo y despus al anciano sereno
con el reloj, que lo mira con su muerte secreta,
y a la joven temprana cosindose los prpados
en el saco cien mil y al rastro del salario
perdido entre las hojas del listero. Y al perfil
sudoroso de los cargadores envueltos en su capa
de msculos morenos. Y al albail celeste
colocando en el cielo el ltimo ladrillo
de la chimenea. Y al carpintero gris
clavando el atad para la urgente muerte,
cuando suena el silbato, blanco y definitivo,
que el reposo contiene.

El da luminoso despierta en las espaldas
de repente, corre entre los rales,
sube por las gras, cae en los almacenes.
En los patios, al pie de una lavandera,
mojada en las canciones, cruje y rejuvenece.
En las calles se queja en el pregn. Apenas
su pie despunta desgarra los pesebres.
Recorre las ciudades llenas de los abogados
que no son ms que placas y silencio, a los poetas
que no son ms que nieblas y silencio y a los jueces
silenciosos. Sube, salta, delira en las esquinas
y el da luminoso se resuelve en un dlar inminente.

Un dlar! He aqu el resultado. Un borbotn de sangre.
Silenciosa, terminante. Sangre herida en el viento
Sangre en el efectivo producto de amargura.
Este es un pas que no merece el nombre de pas.
Sino de tumba, fretro, hueco o sepultura.
Es cierto que lo beso y que me besa
y que su beso no sabe ms que a sangre.
Que da vendr, oculto en la esperanza,
con su canasta llena de iras implacables
y rostros contrados y puos y puales.
Pero tened cuidado. No es justo que el castigo
caiga sobre todos. Busquemos los culpables.
Y entonces caiga el peso infinito de los pueblos
sobre los hombros de los culpables.



Y as
palor de luna
pasajeros
despoblados y agrestes del roco,
van montaas y valles por el ro
camino de los puertos extranjeros.

Es verdad que en el trnsito del ro,
cordilleras de miel, desfiladeros
de azcar y cristales marineros
disfrutan de un metlico albedro,

y que al pie del esfuerzo solidario
aparece el instinto proletario.
Pero ebrio de organo y de ans

y mrtir de los trridos paisajes
hay un hombre de pie en los engranajes.
Desterrado en su tierra. Y un pas

en el mundo,
fragante,
colocado
en el mismo trayecto de la guerra.
Traficante de tierras y sin tierra.
Material. Matinal. Y desterrado.

Y as no puede ser. Desde la sierra
proceder un rumor iluminado
probablemente ronco y derramado.
Probablemente en busca de la tierra.

Traspasar los campos y el celeste
dominio desde el este hasta el oeste
conmoviendo la ltima raz.

Y sacando los hroes de la tumba
habr sangre de nuevo en el pas
habr sangre de nuevo en el pas.



Y esta es mi ltima palabra.
Quiero
orla. Quiero verla en cada puerta
de religin, donde una mano abierta
solicita un milagro del estero.
Quiero ver su amargura necesaria
donde el hombre y la res y el surco duermen
y adelgazan los sueos en el germen
de quietud que eterniza la plegaria.

Donde un ngel respira.
Donde arde
una suplica plida y secreta
y siguiendo el carril de la carreta
un boyero se extingue con la tarde.

Despus
no quiero ms que paz.
Un nido
de constructiva paz en cada palma
Y quizs a propsito del alma
el enjambre de besos
y el olvido.



PEDRO MIR


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