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La gatomaquia (3)
de Flix Lope de Vega


    Editora del fonograma:
    Entre Voces

en la voz de Jos Luis Ibez    


La gatomaquia (3)



SILVA III


Distaba de los polos igualmente
la mscara del sol, y Cinosura,
primera cuadriltera figura,
con la estrella luciente
que mira el navegante,
bordaba la celeste arquitectura;
velaba todo amante
por el silencio de la noche obscura,
y el indiano clima el sol arda,
en dos mitades dividido el da,
cuando, gallardo, Micifuf valiente
paseaba el tejado de su dama,
que sangrada en la cama
la tuvo el accidente
dos das, que falt sol al tejado
y estuvo la cocina sin cuidado,
no por la altura de los siete suelos,
mas por el sobresalto de los celos.
Iba galn y bravo:
un cucharn sin cabo,
destos de hierro de sacar buuelos,
por casco en la cabeza,
que en ella tienen la mayor flaqueza,
pues no suelen morir de siete heridas,
(por quien dicen que tienen siete vidas),
y un golpe en la cabeza los atonta:
as la tienen a desmayos pronta;
broquel de cobertera,
espada de a caballo, que antes era
cuchillo viejo de limpiar zapatos,
que l sola llamar timebunt gatos;
y por las manchas de los pies y el anca
natural media blanca,
y capa de un bonete colorado
abierto por un lado;
plumas de un pardo gorrin, cogido
por ligereza, pero no por arte.
As rondaba el nuevo Durandarte
galn favorecido,
porque son los favores de la dama
guarnicin de las galas de quien ama.
Dos msicos traan instrumentos,
a cuyo son y acentos
cantaban dulcemente;
y as, llegando del balcn enfrente
de Zapaquilda bella,
cantaron un romance, que por ella
compuso Micifuf, poeta al uso,
que l tampoco entendi lo que compuso.
Mas, puesta a la ventana
con serenero de su propia lana,
hasta que Bufala
le trujo un rocadero
que por ms gravedad y fantasa
sirvi de capirote y serenero,
y en medio de lo grave
del romance save
les dijo con despejo,
parecindole versos a lo viejo,
que jcara cantasen picaresca;
y as, cantaron la ms nueva y fresca,
que, para que lo heroico y grave olviden,
hasta las gatas jcaras les piden:
tanto el mundo decrpito delira!
Aqu se resolvi la dulce lira,
y en dos lascivos ayes,
andolas, guirigayes
y otras tales bajezas,
cantaron, pues, las brbaras proezas
y hazaas de rufianes:
que stos son los valientes capitanes
que celebran poemas
de aquellos que, en extremas
necesidades, viven arrojados
al vulgo, como perros a leones;
que la virtud y estudios, mal premiados,
mueren por hospitales y mesones.
Verdes laureles de Virgilios y Enios,
perecer la virtud y los ingenios!
Mas quin le mete a un nombre licenciado
ms que en hablar de slo su tejado?
Que no le vio la escuela ms licencia;
que es todo lo dems impertinencia.

Cuando aquesto pasaba,
Marramaquiz estaba
inquieto y acostado,
treguas pidiendo a su mortal cuidado;
pero como el amor le desvelaba
dio, de sentido falto,
desde la cama un salto,
compuesta de pellejos,
otro tiempo conejos,
que en el Pardo vivan
y en la cola sus cdulas traan
para seguridad de sus personas;
mas, ay, muerte cruel! a quin perdonas?
Salt, en efecto, como el conde Claros,
y armndose de ofensas y reparos
vino de ronda al puesto por la posta,
por ver si haba moros en la costa,
y no siendo ilusin el pensamiento,
que del alma el primero movimiento
pocas veces engaa.
No suele dbil caa
en las espadas verdes esparcidas
del aire sacudidas,
hacer manso rido
con ms veloz sonido,
como rugi los dientes;
ni entre los accidentes
del erizado fro
al enfermo sucede
aquel ardor contrario,
como de ver tan loco desvaro,
que apenas le concede,
entre uno y otro pensamiento vario
respiracin y aliento,
de la vida instrumento,
helado y abrasado
entre ardores y hielos;
que al fro de los celos
frgido fuego sucedi mezclado,
que con distinto efeto,
en un mismo sujeto
viven, siendo contrarios:
la causa es una y los efectos, varios.

Miraba a Zapaquilda en la ventana
hablando con su amante,
sin miedo de la luz de la maana
que coronaba el ltimo diamante
del manto de la noche, que iba huyendo,
y cantando y taendo
los msicos, con tanto desenfado
como si fuera su tejado el Prado;
que nunca los amantes
previnieron peligros semejantes:
as los embeleca
Amor, de Ceca en Meca,
como, olvidado Antonio con Cleopatra,
la gitana de Menfis que idolatra,
que, ciego de su gusto, no tema
el Csar, que siguindole vena;
porque si fue romano Octavano,
tambin Marramaquiz era romano;
y si valiente Csar y prudente,
no menos fue prudente que valiente;
que en su tanto, los mritos mirados,
Csar pudiera ser de los tejados.
Como, detrs del rbol escondido
mira y advierte con atento odo
el cazador de pjaros el ramo
donde tiene la liga y el reclamo,
para en viendo caer al inocente
jilguero, que los dulces silbos siente
del amigo traidor, que le convida
a dura crcel con la voz fingida;
y apenas dve las plumas revolando
entre la liga, cuando
arremete y le quita, no piadoso
sino fiero y crel; as el celoso
Marramaquiz atento
esperaba el primero movimiento
del venturoso amante, que deca
con dulce mirlamiento:
Dulce seora ma,
cundo ser de nuestra boda el da?
Cundo querr mi suerte, que yo pueda
llamaros dulce esposa,
que entonces para m ser dichosa?
Ay, tanto bien el cielo me conceda!
Mas fue nuestra fortuna
que Jpiter jams por ninfa alguna,
(aunque se transformaba
en buey que el mar pasaba,
en stiro y en guila y en pato)
nunca le vieron transformarse en gato;
por si alguna vez gatiquisiera,
de los amantes gatos se doliera.
Con voz enamorada,
doliente y desmayada,
la gata responda:
Maana fuera el da
de nuestra alegre boda,
pero todo mi bien desacomoda
aquel infame gato fementido,
Marramaquiz, celoso de mi olvido,
que en llegando a saber mi casamiento
hubiera temerario araamiento,
y estimar vuestra vida
me tiene temerosa y encogida;
que es robusto y valiente,
y, en materia de celos, impaciente.
Mejor ser matadle con veneno.
Aqu, de furia lleno,
respondi Micifuf: Por un villano
pierdo el favor de vuestra hermosa mano?
l, seora, lo estorba?
Es, por ventura ms que yo valiente?
Tiene la ua corva
ms dura que la ma,
o ms agudo y penetrante el diente?
Entre la mostachosa artillera,
qu hueso de la pierna o espinazo
se me resiste a m? qu fuerte brazo?
Yo no soy Micifuf? Yo no desciendo
por lnea recta, que probar pretendo,
de Zapirn, el gato blanco y rubio
que despus de las aguas del diluvio
fue padre universal de todo gato?
Pues, cmo agora, con desdn ingrato
tenis temor de un maullador gallina,
valiente en la cocina,
cobarde en la campaa
y referir por invencible hazaa
dar a Garraf, un gato, mi escudero,
(que fuera de ser gato forastero
es agora tan mozo
que apenas tiene bozo),
una guantada con las uas cinco,
si de repente dio sobre l un brinco?
Qu Cipn del africano estrago!
Qu Anbal de Cartago!
Qu fuerte Pero Vzquez Escamilla,
el bravo de Sevilla!
Por esos ojos que a la verde falda
de las selvas hurtaron la esmeralda,
que si entonces me hallara en el tejado
que no llevara, como se ha llevado,
el queso y el relleno.
Y queris que le mate con veneno?
sa es muerte de prncipes y reyes,
con quien no valen las humanas leyes,
no para un gato brbaro, cobarde
cuyas orejas os traer esta tarde,
y de cuyo pellejo
si no me huye con mejor consejo,
har, para comer con ms gobierno,
una ropa de martas este invierno.

Aqu Marramaquiz, desatinado,
cual suele arremeter el jarameo
toro feroz, de media luna armado,
al caballero, con airado ceo,
andaluz o extremeo,
que la patria jams pregunta el toro,
y por la franja del bordado de oro
caparazn, meterle en la barriga
dos palmos de madera de tinteros,
acudiendo al socorro caballeros
a quien la sangre o la razn obliga,
al caballo inocente, que pensaba
cuando le vio venir, que se burlaba.
Gallina Micifuf dijo furioso,
el hocico limpindose espumoso,
blasonar en ausencia
no tiene de mujeres diferencia.
Yo soy Marramaquiz, yo noble al doble
de todo gato de ascendiente noble:
si t de Zapirn, yo de Balandro,
gato del macedn Magno Alejandro,
desciendo, como tengo en pergamino
pintado de colores y oro fino;
por armas un morcn y un pie de puerco
de Zamora ganados en el cerco,
todo en campo de golas,
sangriento ms que rojas amapolas,
con un cuartel de quesos asaderos,
roeles en Castilla los primeros.
No fueron en cocinas mis hazaas
sino en galeras, naves y campaas;
no con Garraf, tu paje,
con gatos moros, las mejores lanzas;
que yo mat en Granada a Tragapanzas,
gatazo abencerraje,
y cuerpo a cuerpo, en Crdoba, a Murcifo,
gato que fue del regidor Rengifo;
y de dos uaradas
deshice a Golosillo las quijadas,
por gusto de una miza, mi respeto;
y le quit una oreja a Boquifleto,
gato de un albail de Salobrea;
la cola en Fuentiduea
quit de un estirn a Lameplatos,
mesonero de gatos;
sin otras cuchilladas que he tenido,
y la que di a Garrido,
que del Corral de los Naranjos era
por la espada primera,
nico gaticida.
Pero es hablar de cosa tan sabida
decir que el tiempo vuela y no se para,
que no hay cara ms fea que la cara
de la necesidad, y la ms bella
aquella que al nacer con buena estrella,
que alumbra al sol, y que la nieve enfra,
que es oscura la noche y claro el da.
Esa gata crel, que me ha dejado
por tu poco valor, ver muy presto,
siendo aqueste tejado
el teatro funesto
cmo te doy la muerte que mereces
porque mi vida a Zapaquilda ofreces,
llevando tu cabeza presentada,
a Micilda, que es ya mi prenda amada,
Micilda, que es ms bella
que al vespertino sol cndida estrella
Venus que rutilante,
es de su anillo esplndido diamante.
Esta s que merece la fe ma,
mi constancia, mi amor, mi bizarra;
que no gatas mudables,
que si por su hermosura son amables,
son por su condicin aborrecibles,
amigas de mudanzas e imposibles.
Aqu sac la espada ruginosa
de la vaina mohosa,
y a los golpes primeros
se llamaron fulleros,
si bien no hay deshonor desenvainada;
y Zapaquilda, huyendo,
del sbito temor de la sangre helada,
dejse el serenero en el tejado.
Los msicos, en viendo
el belicoso duelo comenzado,
huyeron, como suelen,
que no hay garzas que vuelen
tan altas por los vientos;
dicen que por guardar los instrumentos,
y mil razones tienen,
pues que slo a cantar en ellos vienen;
que mal cantara un hombre si supiera
que haba luego de sacar la espada,
que tanto el pecho altera,
ni pudiera formar la voz, turbada;
que hay mucha diferencia, si se mira,
en dar en los broqueles, o en las cuerdas,
pasar la espada el pecho, o por la lira
el arco, hiriendo las pegadas cerdas.

Andaba entonces Guruguz de ronda
con una escuadra vil de sus esbirros,
cuyo abuelo, nacido en Trapisonda,
curaba hipocondracos y cirros,
y vindolos andar a la redonda
como si fueran Csares o Pirros
los dos valientes gatos,
con fuerte anhelo descansando a ratos,
llegaron a ponerse de por medio,
que fue difcil, pero fue remedio.
Mas, como respetar a la justicia
de gente principal respeto sea,
y lo contrario brbara malicia,
luego Marramaquiz rindi la espada.
Quin habr que lo crea?
Mas viendo Guruguz que no quera
que el amistad quedase confirmada,
sino permanecer en su porfa,
llevlos a la crcel, enojado,
cuando Febo dorado
asomaba la frente
por las ventanas del rosado oriente,
como si azcar fuera, y de colores
en campo verde ilumin las flores.



De: La gatomaquia del Licenciado Tom de Burguillos



FELIX LOPE DE VEGA


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