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Funerales
de Jaime Garca Terrs


    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Mxico. UNAM

en la voz de Jaime Garca Terrs    


Funerales



1

Lo perdimos de vista,
y al final encontramos
tras de mucho buscar y trajinar, slo sus restos
cual si lo hubieran devorado
insectos energmenos.
Bien lo reconocimos por un diente quebrado,
por una cicatriz que le llegaba al hueso,
por la noche y el da cuyas puertas
se abran en su calavera.
Luego miramos a otro lado,
pensando, madurando frases
con qu romper el pblico silencio.
"Era todo un seor", alguno dijo
sin conviccin bastante.
Mentamos a la viuda y a los hijos, en fin
qu triste cosa.


2

Flor primognita del sol
Ruega por l
Veneno singular en sus entraas
Ruega por l
Cueva de los designios
Ruega por l
Selva desnuda tras el canto
Ruega por l
Plido son de la engaada gente
Ruega por l
Techo que le prest sombra nutricia
Ruega por l
Humo de las angustias
Ruega por l


3

Otros hombres han ido por esta misma calle,
indiferentes, olvidados,
haciendo con sus vidas un lamentable nudo ciego.
Ayer o diez aos atrs o veinte siglos antes
otros hombres han cerrado los prpados
y contra todos los pronsticos
han resuelto proseguir su camino.
Algunos rastros se descubrentodava
de su paso tambaleante,
barandas, asombros,
bastardos ecos de sus conversaciones.
Y aun antes
muchos otros murieron otras muertes
y nos legaron puos de ceniza
que nuestros pies profanan hoy sin misericordia.


4

Llegados a la hora de vsperas
la gente nos cont sus destrucciones:
de cmo se metieron en la tierra
y quemaron los pueblos y a sus habitantes.
Qu tienen estos daos, que se vuelven
apenas un hervor vaco?

Tal vez nos perderemos ro arriba,
sin cosa de comer, sin aparejo
ni voz hermana que seale rumbos;
hallaremos quiz
puntas de flechas y combates
vidos de cobrar carne de prjimo;
pero ya no podemos detenernos.
Llevamos los despojos del amigo
y con ellos domamos el miedo y la esperanza.


5

Escndete. Que nadie vea
la punta de tus sueos
ni tu catica raz.
Es peligroso.

La mayor parte de los compaeros
sospecha lo que ahora sabes;
pero no est dispuesto que lo miren.
La rueda de los aos nos ha hecho partcipes
del tributo comn, y pagaremos.

Djate conducir entreverado;
hagan cuanto hicieren
nadie ver la yerta sonrisa de tus labios.


6

Todos participamos en el juego
y conocemos nuestras responsabilidades.
En el fondo
no habr vencedores ni vencidos,
pero conviene demostrar un inters altivo
por las diversas fases del torneo.
Al fin y al cabo nos jugamos
en ello nuestra carne,
nuestro buen seso, lo vivido.
Ser mejor examinar de cerca las encrucijadas
y elegir el camino ms seguro,
el movimiento que nos llene la cabeza
de febriles recuerdos,
la jugada que ponga los puntos ms fogosos
encima de las es de nuestro corto tiempo.
Ya maana vendrn otros temblores:
la luna clsica podr carsenos de bruces.
Por lo pronto sigamos como bamos.


7

A ratos nos quedamos
mudos a reventar, como teidos
de fatal reticencia.

Y de cualquier manera qu diramos?
Las tempestades nos ensean poco
y la brisa nos trae apenas un plaido.
Mientras los viejos rboles florecen
nosotros nos tornamos arenisca
derramada.

La luz que nos sedujo
nos olvid despus y navegamos
mirndonos los unos a los otros,
fascinados por no s cul destello,
duermevelas que siguen a flote por inercia
entre los usuales desperdicios.


8

Este pan, estas mantas,
estos aguamaniles enfangados,
ofrendo a quienes duermen con la cara hecha trizas,
a quienes nada piden y permanecen dando,
a los que cada da, con manos que no tienen,
recogen su cosecha de llamas en el campo.

Menos vale mi ofrenda, pero me purifica
porque suda la pena de mis escamoteos
azogando el comercio de tantas horas flacas.
Recbanla esos brazos
cada vez ms ausentes, ms annimos
y quebranten por ella la costra del ocaso.


9

Relampaguea la derrota
en tres o cuatro deudos que nos piden
razones y detalles del suceso,
un pormenor siquiera para seguir llorando.

El suelo est sembrado de gusanos;
en seco y en desnudo cae nuestra palabra.
El rayo de tiniebla gana fcil terreno
hasta el meollo mismo de la casa.

Ha vuelto en andas negras
quien erguido sali;
queda all su figura,
quedan sus viejas ropas hoy sin dueo,
el llorar de los suyos, el abismo
por delante.


10

Algo y nada es el tiempo,
que en sus propias entraas muere y nace
tambin de s.
Llegamos y partimos sin que cuente
nuestro deseo;
y aunque todos nos vamos
el tiempo sobrevive.
Yo soy, t eres, l; nosotros todos
somos algo de tiempo, y este mismo,
siendo a su vez un algo de nosotros,
nos reduce a la nada con su nada.
Pero su algo es ms que nuestro algo,
y su nada lo es muy menos que la nuestra;
esperemos entonces un algo ms que el tiempo,
que de las garras temporales
nos redima venciendo nuestra nada,
junto con la del hoy tirano victorioso,
a modo de poder, fuera del da,
contemplar ese algo y esa nada
trocados en un todo inagotable, ajeno
al nacimiento y a la muerte, libre
de la gris sucesin de los momentos.



11

Ya no dejaban que nos furamos;
crean en ageros y seales,
posean
muchos libros de sueos, con figuras
que slo a sus intrpretes hablaban,
y en sus orculos confiados
pretendan leer nuestro destino.

Al cabo nos hicieron prometerles
un templo y un taer de gran campana,
los cuales mantuvieran alejados
de aquella tierra suya, para siempre
la tempestad, el rayo y toda especie
de crmenes violentos.


12

Es la misma comedia de colores
en donde los hechizos alternan con las mscaras:
incandescentes hambres azuladas, el verde
protagonista que se vuelve negro,
la gran tortura gris con sus esbirros
enfundados en oro y pedrera.

De hoy en adelante nuestros ojos
inventarn paisajes a cada parpadeo
mezclando con la ms inverosmil
de las sombras un brillo pantagrulico.

Y a la vez, ramillete de los das,
nada valdr sin tu rojizo
amor, nevado levemente
por el amanecer,
sin las anaranjadas ambiciones
tan tuyas o tan mas
que brotan en antigua, sulfrea cadencia.

Ya sabemos en suma
cul ha de ser el desenlace,
pero nos gusta conversar de trecho en trecho,
amndonos un poco, matizndonos,
hurtando medias luces
antes de columbrar el ltimo teln.


13

Rayo principio, rayo terminal
Ruega por l
Bodega de los mares
Ruega por l
Soplo que anima las constelaciones
Ruega por l
Camino circular del universo
Ruega por l
Enorme cuerpo cuya piel nos cubre
Ruega por l
Silencio que nos nombra
Ruega por l

Ansiedad milenaria sin sosiego
Ruega por l
Costura de su traje
Ruega por l
Vena vaca, con su sangre llena
Ruega por l
Sereno corazn del remolino
Ruega por l
Aluvin de pasiones
Ruega por l


14

Aqu reposa, caminante,
mi duda quejumbrosa.
Mis verdades
reducidas a polvo
acrecientan el polvo que levantas.


15

Pides que me levante. No podr.
Tengo las manos y los pies rados
y un fretro de pino por encierro.
Lo s, lo s, las puertas de la casa
ya no sirven, igual que las ventanas;
es preciso pintar los cuatro muros,
cortar la yerba que se arremolina;
hace falta dinero para todo.
Y s tambin que mi mujer me llama
cuando gimen los hurfanos o no se portan bien.
Pero se me han podrido las pupilas, los dedos,
vastas porciones de mi cuerpo, y pronto
perder lo dems.
Mejor haras si dijeras
a los parientes ms cercanos
que me sueen, me traigan en su sangre
y rieguen el ciprs que ests mirando,
una vez por semana cuando menos.
Tarde o temprano, necesariamente
vendr la primavera;
querr sentirlo, cmo crece, cmo
van sus races absorbiendo muertes
para ayudarme a renacer un da
entre nuevos retoos y perfumes,
desnudo de mi carne y de mis huesos


16

Si los hmedos ojos consiguieran
lavar los males que sin tregua lloran,
gustoso cambiara
para curar mi pena
las alhajas ms ricas por galones de llanto.
Pero no es verdad, buenos amigos.
As como el roco
fomenta las mazorcas del maz incipiente,
las quejas multiplican el peso de la cruz,
las lgrimas provocan otras lgrimas
cultivando la pena y abriendo ms heridas.
Sufre saa mayor de la fortuna
quien despus de sufrir alguna pena
con lgrimas la inunda todava;
el rostro seco y mudo, por contraste
a la fortuna maravilla y doma.
Aleja, pues, tu llanto, plumilla plaidera,
y acabe sin demora la tediosa resea
de cuanto llamas infortunio;
la dureza jams ha sucumbido
delante de blanduras.
Si quieres desamar a la fortuna
tendrs que dar la cara, seca y muda.



De: Todo lo ms por decir



JAIME GARCA TERRS


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