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Cuando t venas, venas hacia la muerte...
de Vicente Gerbasi


    Editora del fonograma:
    Colaboracin: Beatriz Gerbasi

en la voz de Vicente Gerbasi    


Cuando t venas, venas hacia la muerte...



Cuando t venas, venas hacia la muerte,
porque as son nuestros pasos en los das:
hacia las montaas detenidas en los crepsculos;
hacia las ciudades que esperan las noches con luto y alegra,
tostando el pan, preparando dramas en los aposentos,
derramando rojo vino en las penumbras;
hacia los puertos donde la barcas
dan descanso a los vagabundos;
hacia los pequeos caminos rojos,
donde nos duele el cuerpo del asno,
donde nos duelen los pies del mendigo,
donde nos duele el canto de la triste quinquina;
hacia nuestra futura vivienda,
con el susurro leve del naranjo
a cuya sombra estaremos en la mirada del hijo,
como en una hora del cielo,
del presentimiento y de la angustia.
T venas, y el mundo estaba debajo de tus pasos,
y debajo de tus noches, y debajo de tus soledades.
S, tu existencia haba creado sus cielos huracanados
sus aguas tumultuosas, sus nubladas lejanas,
y las tempestades agitaban los mares de tu corazn
con truenos y estrellas cadas
en las oscuras soledades del alma,
con naufragios y voces de mujeres
perdidas en la extensin de las olas y los pases.
Soabas con fantasmales buques en la sombra,
esos que llevan banderas de luto
y viajan hacia los puertos de podridos aceites
y antiguos desperdicios.
Y la furia levantaba ondas en la oscuridad de tu muerte,
perseguida por brillos lunares,
como una oleaginosa superficie negra
con vuelos de lentas aves relucientes,
ah donde los astros gotean sus azules licores,
en ese espacio del misterio devorador,
con islas iluminadas en nuestra soledad.
Tu juventud llamaba a las ciudades del mundo,
a los vientos que soplan contra viejas murallas,
a la gente que vive en las oscuras minas,
a marinos que yacen bajo cruces del mar.
T, el viajero, el insomne, el descontento
el que levantaba las manos hacia los relmpagos,
el que vea pasar las bahas
como la orilla serena y brumosa de la tristeza.
Sabas soportar las lejanas, siempre tan del corazn.
Sabas llegar.
Y eras ah el annimo, el oscuro, el devorado,
tendido en la noches calientes,
como los sacos, como los barriles,
a orilla de los grandes navos.
Un campesino te daba una copa de aguardiente.
Y an era la noche oscura como un tambor,
salvaje como las patas, las uas y los dientes del tigre.
La noche, la noche llena de rumores de tamarindos,
los cocoteros movidos por una brisa
que te devolva a otro tiempo,
al tiempo de tu aldea con campanas,
de tus mares del verano
con barracas cerca del amanecer.
T estabas dormido bajo las estrellas de otro mundo.
Padre mo, padre de mi universal angustia.
Y de mi poesa.


De: Mi padre, el inmigrante, 1945

Colaboracin poema con voz: Beatriz Gerbasi



VICENTE GERBASI


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