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La espina
de Rafael Maya


    Editora del fonograma:
    Palabra Virtual

en la voz de Carmen Feito Maeso    


La espina



De todo cuanto he sido:
del hombre universal que he ambicionado
realizar, vanamente, prolongando
hacia los cuatro lados de la vida
todas las ramas de mi ser, y, a veces,
dando, en sólo una flor, toda la fuerza,
y toda la virtud en un perfume.
De todo cuanto he sido:
del rey ilusionado
—corona de papel, cetro de caña—
que he fingido encarnar, entre las gentes,
sin otro reino que la dura piedra
donde he puesto los pies, ni otro ejercicio
que el callado y constante de las lágrimas;
del mendigo azaroso
que otras veces he sido, recatando
entre guiñapos, la perfecta gloria
de haber robado mi caudal de estrellas
en alta noche y en cualquier arroyo;
De todo cuanto he sido:
del constructor de nubes,
del fabricante de palacios de humo
que en el desierto alzó torres y cúpulas,
y ha llenado la selva de balcones;
del que sacó las bestias mitológicas
de la dorada cárcel de la fábula
para hacerlas danzar en el tablado;
del bufón y del príncipe
que he sabido llevar, bajo mi capa,
para sorpresa del pesado vulgo;
De todo cuanto he sido:
del viajero que lleva los caminos
y ríos de la tierra, paralelos
al curso de sus venas, y del manso
observador de los tizones rojos
que calientan la cara del invierno,
y descongelan, en el libro amigo
la perezosa flor de la metáfora.
De todo cuanto he sido:
del ambiguo flautista
que amenizó los inmortales diálogos
de otro tiempo, y del músico ruidoso
que restalla sus cobres en la plaza
para que se encabriten los corceles;
del cantor gemebundo
que hace pasar la luna por las cuerdas
de su instrumento, en el perdido barrio,
y del loco que grita
su razón contra el cielo, y se golpea
imaginariamente con los astros;
de todo cuanto he sido
no conservo ni el hábito ni el cetro,
ni el anillo, ni el látigo,
ni la canción siquiera,
ni ese ligero rastro de ceniza
que deja todo ser, si arde o si muere,
ni una letra perdida en una página,
ni una palabra en el espacio errante,
ni un grito entre la noche. ¡Nada! ¡Nada!
De todo cuanto he sido
me queda únicamente,
larga, inflexible y empapada en sangre,
esta bárbara espina,
única realidad que sustentaba
la apariencia de todos mis disfraces.



De: Poesía



RAFAEL MAYA


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