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Da de difuntos
de Jos Asuncin Silva


    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Mxico. UNAM

en la voz de Alvaro Mutis    


Da de difuntos



La luz vaga... opaco el da,
la llovizna cae y moja
con sus hilos penetrantes la ciudad desierta y fra;
por el aire tenebroso ignorada mano arroja
un oscuro velo opaco de letal melancola,
y no hay nadie que, en lo ntimo, no se aquiete y se recoja
al mirar las nieblas grises de la atmsfera sombra,
y al or en las alturas
melanclicas y oscuras
los acentos dejativos
y tristsimos e inciertos
con que suenan las campanas,
las campanas plaideras que les hablan a los vivos
de los muertos!
Y hay algo angustioso e incierto
que mezcla a ese sonido su sonido,
e inarmnico vibra en el concierto
que alzan los bronces al tocar a muerto
por todos los que han sido!
es la voz de una campana
que va marcando la hora,
hoy lo mismo que maana,
rtmica, igual y sonora.
Una campana se queja,
y la otra campana llora,
esa tiene voz de vieja,
esta de nia que ora.

las campanas ms grandes, que dan un doble recio
suenan con un acento de mstico desprecio,
mas la campana que da la hora,
re, no llora.
Tiene en su timbre seco sutiles ironas,
su voz parece que habla de goces, de alegras,
de placeres, de citas, de fiestas y de bailes,
de las preocupaciones que llenan nuestros das,
es una voz del siglo entre un coro de frailes,
y con sus notas se re,
escptica y burladora,
de la campana que ruega,
de la campana que implora,
y de cuanto aquel coro conmemora,
y es porque con su retintn
ella midi el dolor humano
y marc del dolor el fin;
por eso se re del grave esquiln
que suena all arriba con fnebre son,
por eso interrumpe los tristes conciertos
con que el bronce santo llora por los muertos...
No la oigis, oh bronces! No la oigis, campanas,
que con la voz grave de ese clamoreo,
rogis por los seres que duermen ahora
lejos de la vida, libres del deseo,
lejos de las rudas batallas humanas!
Seguid en el aire vuestro bamboleo,
no la oigis, campanas!
Contra lo imposible qu puede el deseo?
All arriba suena,
rtmica y serena,
esa voz de oro
y sin que lo impidan sus graves hermanas
que rezan en coro,
la campana del reloj
suena, suena, suena ahora,
y dice que ella marc
con su vibracin sonora
de los olvidos la hora,
que despus de la velada,
que pas cada difunto,
en una sala enlutada
y con la familia junto
en dolorosa actitud
mientras la luz de los cirios
alumbraba el atad
y las coronas de lirios;
que despus de la tristura
de los gritos de dolor,
de las frases de amargura,
del llanto desgarrador,
marc ella misma el momento
en que con la languidez
del luto huy el pensamiento
del muerto y el sentimiento...
Seis meses ms tarde o diez...
Y hoy, da de muertos, ahora que flota,
en las nieblas grises la melancola,
en que la llovizna cae, gota a gota,
y con sus tristezas los nervios embota,
y envuelve en un manto la ciudad sombra,
ella que ha medido la hora y el da
en que a cada casa, lgubre y vaca
tras el luto breve volvi la alegra;
ella que ha marcado la hora del baile
en que al ao justo, un vestido areo
estrena la nia, cuya madre duerme
olvidada y sola, en el cementerio,
suena indiferente a la voz de fraile
del esquiln grave y a su canto serio;
ella que ha medido la hora precisa,
en que a cada boca, que el dolor sellaba,
como por encanto volvi la sonrisa,
esa precursora de la carcajada;
ella que ha marcado la hora en que el viudo
habl de suicidio y pidi el arsnico
cuando aun en la alcoba, recin perfumada,
flotaba el aroma del cido fnico
y ha marcado luego la hora en que, mudo
por las emociones con que el goce agobia,
para que lo unieran con sagrado nudo,
a la misma iglesia fue con otra novia;
ella no comprende nada del misterio
de aquellas quejumbres que pueblan el aire,
y lo ve en la vida todo jocoserio
y sigue marcando con el mismo modo
el mismo entusiasmo y el mismo desgaire
la huda del tiempo que lo borra todo!
y eso es lo angustioso y lo incierto,
que flota en el sonido,
esa es la nota irnica que vibra en el concierto
que alzan los bronces al tocar a muerto
por todos los que han sido!


Esa es la voz fina y sutil,
de vibraciones de cristal,
que con acento juvenil
indiferente al bien y al mal,
mide lo mismo la hora vil,
que la sublime o la fatal
y resuena en las alturas,
melanclicas y oscuras,
sin tener en su taido
claro, rtmico y sonoro,
los acentos dejativos
y tristsimos e inciertos
de aquel misterioso coro,
con que ruegan las campanas, las campanas,
las campanas plaideras
que les hablan a los vivos
de los muertos!



JOS ASUNCIN SILVA


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