sitemap
Palabra Virtual
sguenos en twitter

Si utilizas un telfono mvil o celular o bien una tablet asegrate que el browser sea compatible con flash para poder escuchar los poemas.

Comparte el poema con tus amigos

Copia y pega este enlace en un mensaje instantneo o de correo electrnico

Comparte el poema en tu blog o pgina personal

Copia y pega este enlace en tu blog o pgina personal





Idilio salvaje
de Manuel Jos Othn


    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Mxico. UNAM

en la voz de Claudio Obregn y Gastn Melo    


Idilio salvaje



A Alfonso Toro



A fuerza de pensar en tus historias
y sentir con tu propio sentimiento,
han venido a agolparse al pensamiento
rancios recuerdos de perdidas glorias.

Y evocando tristsimas memorias,
porque siempre lo ido es triste, siento
amalgamar el oro de tu cuento
de mi viejor romn con las escorias.

He interpretado tu pasin? Lo ignoro,
que me apropio, al narrar, algunas veces
el goce extrao y el ajeno lloro.

Slo s que, si t los encareces
con tu ardiente pincel, sern de oro
mis versos, y esplendor sus lobregueces.


I

Por qu a mi helada soledad viniste
cubierta con el ltimo celaje
de un crepsculo gris?... Mira el paisaje,
rido y triste, inmensamente triste.

Si vienes del dolor y en l nutriste
tu corazn, bien vengas al salvaje
desierto, donde apenas un miraje
de lo que fue mi juventud existe.

Mas si acaso no vienes de tan lejos
y en tu alma an del placer quedan los dejos,
puedes tornar a tu revuelto mundo.

Si no, ven a lavar tu ciprio manto
en el mar amarguisimo y profundo
de un triste amor o de un inmenso llanto.


II

Mira el paisaje: inmensidad abajo,
inmensidad, inmensidad arriba;
en el hondo perfil, la sierra altiva
al pie minada por horrendo tajo.

Bloques gigantes que arranc de cuajo
el terremoto, de la roca viva;
y en aquella sabana pensativa
y adusta, ni una senda ni un atajo.

asoladora atmsfera candente
de se incrustan las guilas serenas
como clavos que se hunden lentamente.

Silencio, lobreguez pavor tremendos
que viene slo a interrumpir apenas
el balope triunfal de los berrendos.


III

En la estepa maldita, bajo el peso
de sibilante grisa que asesina,
irgues tu talla escultural y fina
como un relieve en el confn impreso.

El viento, entre los mdanos opreso,
canta como una msica divina,
y finge bajo la hmeda neblina,
un infinito y solitario beso.

Vibran en el crepsculo tus ojos,
un dardo negro de pasin y enojos
que en mi carne y mi espritu se clava;

y destacada contra el sol muriente,
como un airn, flotando inmensamente,
tu bruna cabellera de india brava.


IV

La llanura amargusima y salobre,
enjuta cuenca de ocano muerto,
y en la gris lontananza, como puerto,
el peascal, desamparado y pobre.

Unta la tade en mi semblante yerto
aterradora lobreguez, y sobre
tu piel, tostada por el sol, el cobre
y el sepia de las rocas del desierto.

Y en el regazo donde sombra eterna,
del peascal bajo la enorme arruga,
es para nuestro amor nido y caverna,

las lianas de tu cuerpo retorcidas
en el torso viril que te subyuga,
con una gran palpitacin de vidas.


V

Qu enferma y dolorida lontananza!
Qu inexorable y hosca la llanura!
Flota en todo el paisaje tal pavura
como si fuera un campo de matanza.

Y la sombra que avanza, avanza, avanza,
parece, con su trgica envoltura,
el alma ingente, plena de amargura,
de los que han de morir sin esperanza.

Y all estamos nosotros, oprimidos
por la angustia de todas las pasiones,
bajo el peso de todos los olvidos.

En un cielo de plomo el sol ya muerto,
y en nuestros desgarrados corazones
El desierto, el desierto... y el desierto!


VI

Es mi adis...! All vas, bruna y austera,
por las planicies que el bochorno escalda,
al verberar tu ardiente cabellera,
como una maldicin, sobre tu espalda.

En mis desolaciones qu te espera?
ya apenas veo tu arrastrante falda
una deshojazn de primavera
y una eterna nostalgia de esmeralda.

El terremoto humano ha destruido
mi corazn y todo en l expira.
Mal hayan el recuerdo y el olvido!

An te columbro, y ya olvid tu frente;
slo, ay, tu espalda miro cual se mira
lo que huye y se aleja eternamente.


ENVO

En tus aras quem mi ltimo incienso
y deshoj mis postrimeras rosas.
Do se alzaban los templos de mis diosas
ya slo queda el arenal inmenso.

Quise entrar en tu alma, y qu descenso,
qu andar por entre ruinas y entre fosas!
A fuerza de pensar en tales cosas
me duele el pensamiento cuando pienso!

Pas...! Qu resta ya de tanto y tanto
deliquio? En ti ni la moral dolencia,
ni el dejo impuro, ni el sabor del llanto.

Y en mi qu hondo y tremendo cataclismo!
Qu sombra y qu pavor en la conciencia,
y qu horrible disgusto de mi mismo!



De: Obras, 1928

Seleccin: Jos Emilio Pacheco



MANUEL JOS OTHN


Copyright Derechos reservados del titular.

Los poemas, poemas con voz, videos y libros en pdf presentados en este portal son propiedad de sus autores o herederos o titulares de los mismos.



regresar a la pgina anterior 































Los poemas, poemas con voz, videos y libros en pdf presentados en este portal son propiedad de sus autores o herederos o titulares de los mismos.

El Portal de la Palabra Virtual no persigue ningn fin de lucro ya que tiene como objetivo exclusivamente el carcter cultural y educativo de difundir la poesa hispanoamerica.



Copyright 2006-2008 Palabra Virtual Inc. Todos los derechos reservados.
Copyright 2006-2008 Virtual Word Inc. Worldwide Copyrights.

176 visitantes activos
en este momento


           visitas nicas