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Paradiso (fragmento)
de Jos Lezama Lima


    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Amrica Latina. UNAM

en la voz de Jos Lezama Lima    


Paradiso (fragmento)



Rodaba ya el primer cuadrante de la medianoche y Jos Cern tarareaba y quera pasar ms dentro del silencio. La noche caa incesante como si se hubiera apeado de un normando caballo de granja. Cern se senta apoyado por el traqueteo de los mnibus, los dialogantes esquinados, disciplinantes y procesionales del Gran Uno. La brisa tena algo de sombra, la sombra de hoja, la hoja mordida en sus bordes por la iguana columpiaba de nuevo a la noche. La noche agarraba por los brazos, sostena en su cada al reloj de pared, divida el cuerpo de la harina con su pndulo de obsidiana. Cern senta la claridad lunar delante que oscilaba como la silueta del pjaro Pong, desde el mar hasta la caparazn de la tortuga negra. La blancura descenda hasta ese capazarn y se hacan visibles para la lectura sus veinticuatro cuadrados emblemticos.

No, no era la noche paridora de astros. Era la noche subterrnea, la que exhala el betn de las entraas trasudadas de Gea. Su imago reconstrua un cangrejo rojo y crema saliendo por un agujero humeante. Se haba despedido de Fronesis? Se volvera a encontrar en el puente Rialto en el absorto producido por la misma cancin? Cerca estara Focin en acecho? Esas preguntas pesaban como un tegumento de humo y holln en cada una de sus pisadas. Senta dos noches. Una, la que sus ojos miraban avanzando a su lado. Otra, la que trazaba cordeles y laberintos entre sus piernas. La primera noche segua los dictados lunares, sus ojos eran tambin astros errantes. La otra noche se tea con el humillo de la tierra, sus piernas gravitaban hacia las entraas terrenales. Bajaba los prpados, le pareca ver sus ojos errantes describiendo rbitas elpticas en torno al humillo evaporado o el animal carbunclo.

Una era la noche estelar que descenda con el roco. La otra era la noche subterrnea, que ascenda como un rbol, que sostena el misterio de la entrada en la ciudad, que aglomeraba sus tropas en el centro del puente para derrumbarlo. Cosa rara, el claroscuro buscaba ms el color rojo cremoso del cangrejo que el dibujo de BUS muelas tiznadas de negro. Se sonri con cierto temor incipiente, ver como en dos carteles lumnicos, muy cerca uno de otro, muela de cangrejo y carie dental. Condescender con esa ligera broma, le permiti apresurar el paso, como si le prestasen una capa para hacerse indistinto en la noche. As la noche no tendra que perseguirlo ni l se vera obligado a arengarla, dando manotazos en la neblina, cortando los prrafos como si rompiese el encaje de la araa. Senta, separando los caaverales de la Orplid, la curvatura del pescuezo de un caballo de bronce, por donde ascendan los termitas profesionales. El caballo, de granito rojo o gris nocturno, pasaba por debajo del arco de triunfo y contemplaba durante mucho tiempo las carteleras con el nico teatro en esos confines de las playas no descubiertas. Noche de los idumeos, escudo de granadillo de la caballera hitita, flanco derecho en la batalla de Cannas. La arcilla mezclada con el polvo de carbn, haca espesar las sombras hasta dar manotazos. Forz la mirada para no ver el caballito de bronce en el centro de la isleta, el rabo era de color escarlata y toda la crin del pescuezo estaba embadurnada de amarillo. En el claroscuro del fondo se vean pasar tachonazos verdes, amarillos, blancos. Era la noche verdosa, sombra, desde luego, pero muy cerca del rbol, a la entrada del puente que se hunda a cmara lenta.

El avance de Cern dentro de la noche eran ya las tres menos cuarto, pudo precisar tan indeciso como inquieto, fue turbado cuando su absorto ingurgit. Una casa de tres pisos, ocupando todo el ngulo de una esquina, lo tirone con un hechizo sibilino. Toda la casa luca iluminada y el halo lunar que la envolva le hizo detener la marcha, pero sin precisar detalles; por el contrario, como si la casa evaporase y pudiese ver manchas de color que despus se agrupaban esos agrupamientos le permitan ir adquiriendo el sentido de esas distribuciones espaciales. La casa en sus tres pisos repeta el mismo ordenamiento interior: una pequea pieza seguida de un saln. En el saln se distribuan parejas y pequeos grupos que parecan hablar apretando los labios. No obstante, la convergencia de esas personas en la medianoche, no mostraban ese conocimiento que se tiene de la casa de todos los das, o la que se visita con reglada continuidad. Parecan extraos que por primera vez hubieran coincidido en esa unidad espacial, aunque entre los asistentes unos parecan familiares y otros ms solemnes y estirados, revelaban un trato por el oficio, la vecinera o la coincidencia de la infancia en colegio, playa o excepcionales momentos de peligro o de placer.

Le sorprenda la totalidad de la iluminacin de la casa. Chorreaba la luz en los tres pisos, produciendo el efecto de un ascendit que cortaba y subdivida la noche en tajadas salitreras. Era una gruta de sal, un monte de yagruma, una lnea interminable de moteados de marfil, gaviota, dedales de plata y la sorprendente sutileza con que la lechuza introduce sus tallos de amarillo en la gran masa de blancura. Cuchicheaban, sumergan la conversacin, reaparecan dndose un golpecillo en la nariz. Las pecheras sobresalan como un pavn con la cresta de palo. No era la blancura sorprendente de la cresta de diamantes, era la blancura espesa del palo. Opalescencia, palores, licustre, vida que desfallece a la orilla del mar. Pero hasta all un abullonado crescendo de la luz, hinchado en bolsa de celentreo, mordiendo implacablemente el verde en la lnea horizontal de la iguana, inflando sus carrillos como en una aleluya de marina consagracin. Sin sonar los zapatos, pareca que soplaran la puerta de espejo, como si fueran a comenzar a bailar, pues sus pasos al acercarse eran medidamente lentos y aterciopeladamente ceremoniosos. Pero no, se acercaban para preguntar un telfono o un manantial de chocolate. Daban las gracias, se retiraban, apenas se oan sus slabas.

Cern adelant la cabeza, despus la ech hacia atrs, como quien quiere cristalizar la luz. Pero lo segua acompaando con gran nitidez ese cuadrado de luz. La casa lucfuga, muy clavada en su esquina, con una luz que descenda, a medida que se iba endureciendo, tironeada por el cangrejo cremoso, hacia la hibernacin subterrnea. El topo clavado por el rabo, el conejo dominical, el gato moviendo sus bigotes como si fuera a unir dos palabras, esperaban al visitador sorprendido por el retroceso del balano y la aparicin del casquete de cornalina. La luz aglomerada tir tambin de Cern, senta que se iba sucediendo el tranquilo oleaje de las slabas:


Ceido el amanecer, los
blancos de Zurbarn, pompas
del rosicler. Los anillos
estarn con el pepino y el
nabo de las huestes de
Satn. Cualquier fin es el
pavo, tocado por la cabeza,
pero ya de nuevo empieza a
madurar por el rabo
.


Cern segua su caminata en la medianoche y oy de pronto cmo se levantaba una musiquilla. Era un tiovivo, una estrella giratoria y un whip. El tiovivo con pequeos caballos velazqueos, regalados de pechos y ancas, rojos, amarillos, negros. Detrs de los rifosos iban unas carrozas, hechas para tas con nios muy pequeos. Un provecto se vea que engrasaba los motores para entreabrir el domingo. Los carros de whip tenan una capota hmeda que cenia al coche para evitar el goteo de los grillos. Pareca que el ltigo restallaba sobre la msica temblona. El provecto acariciaba la capota del whip, para escurrir el agua que se deslizaba dentro del coche. Gamuzaba los caballos avivando sus monturas y sus ijares. Encenda la estrella y la iba revisando asiento por asiento, la confianza en su eje, su movilidad, el cierre de sus puertas. Comenz a darle vueltas al manubrio y la msica empez a refractarse, a desprender como centellitas. Pasaban los globos de cristal entre los caballos y las carrozas. Pero ninguno de ellos se rompa contra un belfo o contra las ancas. Eran como grupos de abejas que seguan rumbos videntes, paseando entre los rifosos, describiendo gozosas el crculo de la estrella giratoria y establecindose sobre la capota, despus de alejar el grillo goteando. El hombre muy viejo que cuidaba el pequeo parque infantil, pareca un limosnero anclado all para pasar la noche. Pero quera justificar su trabajo, hacer algo, quera que por la maana le regalaran unas cuantas pesetas. La musiquilla durante toda la noche apareca como el comps de su trabajo sin tregua. Pero lo mismo poda hacer ese trabajo en la media noche, que esconder un feto en uno de los carros de la estrella, poner flores pestferas en la boca de los caballitos velazqueos o soltar una tuerca del whip para que sus cervezados tripulantes descendieran al sombro Orco. Se cimbreaba al caminar, con los movimientos de un gusano recorriendo cuadrados blancos y negros. Despus de unos plumerazos, se dirigi a uno de los asientos de la estrella y pareci agazaparse ms que adormecerse. Agazapado, remedaba el agua silenciosa que escurra el grillo en una gota que tena el tamao de su excremento.

Cern sigui avanzando en la noche que se espesa, sintiendo que tena que hacer cada vez ms esfuerzo para penetrarla. Cada vez quedaba un paso le pareca que tena que extraer los pies de una tembladera. La noche se haca cada vez ms resistente, como si desconfiase del gran bloque de luz y de la musiquilla del tiovivo. Le pareci ver un bosque, donde los rboles trepaban unos sobre otros, como el elefante apoyando las dos patas delanteras sobre una banqueta, y sobre el lomo del elefante perros y monos danzando, persiguiendo una pelota, o saltando sobre un ramaje, para caer de nuevo sobre el elefante. La transicin de un parque infantil a un bosque era invisiblemente asimilado por Cern, pues su estado de alucinacin mantena en pie todas las posibilidades de la imagen. No obstante sinti como un llamado, como si alguien hubiese comenzado a cantar, o un nadador que despus de unir sus brazos en un tringulo issceles se lanza a la piscina, ms all de la empalizada. Era un ruido inaudible, la parbola de una pistola de agua, una gaviota que se duerme mecida por el oleaje, algo que separa la noche del resto de una inmensa tela, o algo que prolonga la noche de una tela agujereada por donde asoman su cabeza de clavo unos carretes de ebonita. Era un pie de buey lo que pisaba a la noche.

Se sinti Cern como obligado a mirar hacia atrs. El cuidador haba emprendido una marcha frentica desde el asiento de la estrella giratoria, donde pareca adormecerse, hasta la cerca que rodeaba el parque infantil. Una oblicuidad lunar asumi la blancura y Cern pudo percibir en aquel rostro una espinilla negra, a la que la prolongacin de la blancura daba como el tamao de una lengua que resbalara a lo largo de la nariz. Miraba el guardador a uno y otro lado como un osezno tibetano enredado en el fsforo de su propio crculo. La cara se le embadurnaba con el sudor y esa agua acaudalada le bajada por las orejas formando un volante arete napolitano. La cara trasudada y el carbn de la noche a su lado, le daba el aspecto del timonel de una mquina infernal. Temblonas sus rodillas golpeaban la madera del crculo del parque infantil y as esa lnea divisoria comenz tambin a temblar formando como un aquelarre, donde cada una de las clavadas estacas comenz una danza grotesca dentro del redondel protegido por la oblicuidad lunar.

Aquel bosque que haba entrevisto al final de su marcha, donde los monos y los perros saltaban sobre un elefante que se hunda y elevaba, se le fue acercando. La casa misma pareca un bosque en la sobrenaturaleza. Se vea el entrelazado ornamento de la verja que serva tambin de puerta. En su centro, un cuadrado de metal muy reluciente, donde estaba la cerradura. El tamao de esta ltima revelaba que necesitaba una llave de excesivas dimensiones, como para abrir el portn de un castillo. Por el costado de la casa se vea un corredor aclarado por la blancura lunar. El final del corredor permita penetrar en una extensa terraza, que estaba rodeada de un jardn descuidado, donde faltaban las podaderas y el ejercicio voluptuoso. Se atrevera Cern por aquel corredor, cuyo recorrido era desconocido y su final, en la terraza, ondulaba como la marea descargada por un espejo giratorio?

El corredor era todo de ladrillos y su techo una semicircunferencia igualmente de ladrillos rojos. A lo largo del corredor se vean en mosaicos de fondo blanco, lanzas, llaves, espadas y clices del Santo Grial. La lanza penetraba en un costado del que ascenda un bastn, la llave franqueaba la entrada a un castillo hechizado, la espada de las decapitaciones en una plaza pblica y los caballeros del rey Arturo se sentaban alrededor de la copa con sangre. Los emblemas de los mosaicos estaban tratados en rojo cinabrio, la lanza era transparente como el diamante, un gris acero formando la espada encajada en la tierra como un phalus, y cada trbol representaba una llave, como si se unieran la naturaleza y la sobrenaturaleza en algo hecho para penetrar, para saltar de una regin a otra, para llegar al castillo e interrumpir la fiesta de los trovadores hermticos. Una guirnalda entrelazaba el Eros y el Tnatos, el sumergimiento en la vulva era la resurreccin en el valle del esplendor. Despus de atravesar el corredor, que era el costado de toda la extensin de la casa, Cern sali a una terraza del mismo tamao que el corredor. En uno de sus ngulos ms distantes pudo percibir un dios Trmino, su graciosa cara era en extremo socarrona, al centro de la piedra se vea muy prolongado el bastn flico. La carcajada que rezumaba el rostro de Trmino, era de la misma ndole que la alegra que ordenaba su gajo estival. Al lado de la piedra del dios socarrn, se vea una mesa, que tapada por el dios ofreca una oscuridad indescifrable. Se vea que all pasaba algo, pero qu era lo que esconda ese pedazo de oscuridad, qu era ese escudo que tapaba el rostro en el momento en que iba a ser esclarecido por la oblicuidad lunar.

El hechizo de la casa estaba en los escalonamientos que ofreca su entrada. Estaba construida sobre un mogote y la escalerilla para penetrarla se apoyaba sobre la tierra que tena como dos metros de altura. Esa altura donde estaba la casa, le prestaba todo su encantamiento. En lo alto de sus columnas chorreaban calamares, los que se retorcan a cada interpretacin marina para receptar los consejos lunares. El avance de cada columna estaba interrumpido por peanas con pinas de estalactitas y en cada una de las hojas de su corona, se extendan y bostezaban lagartos cuya inquietud describa crculos infernales con sus ojos, mientras su cuerpo prolongaba el xtasis durante toda la estacin. Entraban y salan de la piedra las agujas; las abejas, el lince y el perezoso jugaban sin romper el silencio nocturno en la copa de un rbol formado por la luz cristalizada. Una mezcla de pulpo y estalactita trepaba por aquellas columnas inundadas de reflejos plateados. La casa pareca sin moradores, o stos estaban adormecidos como el lagarto durante el otoo. Mientras duraban sus sueos, iban unindose la gota de agua que forma la estalactita y la gota de la tinta del calamar, ablandando una piedra que repta y asciende en la medianoche. Cern volva ya por el corredor, cuando sinti como la obligacin dictada por los espritus de los hijos de la noche, de precisar qu era lo que pasaba en el ngulo ocupado por el dios Trmino, donde se vean dos bultos amasijados por el espesor de la nocturna.

Atraves de nuevo el corredor, se par frente a la terraza. Recorri todo el cuadrado que pareca brotar una blancura como una pequea hierba. Fue calmosamente a la esquina del dios, con los dos bultos que la oscuridad tornaba en una capa hinchada cubriendo un saco de plomo. Al lado del dios Trmino, vio dos espantapjaros disfrazados de bufones, jugando al ajedrez. Uno adelantaba la mano portando el alfil, la mano se prolongaba en la oblicuidad lunar. Record que en francs los alfiles son llamados fous, locos, y que estn representados en trajes de bufones. El otro espantapjaros estaba en la actitud de esperar la oblicuidad que avanzaba, la locura que como una estrella errante iba a exhalar la noche, el salto que iba a dar el bufn en su danza grotesca. Estaba escrito con un carbn en la mesa, el verso de Mathurin Rgnier: Les fous sont aux cheos, les plus proches des rois, los locos en el ajedrez son los ms inmediatos a los reyes. Contemplados por Cern, los dos bufones, rendidos al sueo, doblaron sus cuerpos y se abandonaron al xtasis del lagarto, como si sobre sus cabezas hubiera cado la gota de agua que forman las estalactitas, unida a la gota de la tinta del calamar.

Cern volva ahora al cuadrado de donde haba partido. La misma ofuscadora cantidad de luz y los mismos grupos de murmuradores. Un ritmo guiaba sus pasos:


Un collar tiene el cochino,
calvo se queda el faisn,
con los molinos del vino
los titanes se hundirn.
Navaja de la tonsura,
es el cero en la negrura
del relieve de la mar.
Naipes en la arenera,
fija la noche entera
la eternidad... y a fumar
.


Fue ascendiendo por la escalera. Pudo ver unos salones vacos y otros llenos de murmuradores minuciosos, que acercaban las palabras a los odos como para que el silencio no fuera interrumpido. Al llegar al tercer piso, not que de una de aquellas capillas brotaba una exacerbada proliferacin lucfuga. Reinaba una luz de volatinero, semejante a la que en el circo acompaa al cuerpo que salta como un pjaro, slo que aqu el parecido estaba en los ms opuestos confines, pues la luz bata en torno a la ms extremada inmovilidad. Al salir de la escalera, se inmoviliz momentneamente, not que de repente una persona se levantaba del coro de los conversadores y que despus de mirarlo como para reconocerlo comenzaba a hacerle seas con la mano para que se acercara. Cern penetr en la cmara de los conversadores silenciosos. Era la hermana de Oppiano Licario la que lo haba llamado yo saba que usted vendra esta noche ltima. No pude llamarlo, desconoca la direccin de su casa, sin embargo, yo saba que usted no faltara esta noche le dijo a Cern, con un desesperado dolor sereno. Cern comprendi de sbito que aquella fiesta de la luz, la musiquilla del tioviovo, la casa trepada sobre los rboles, el corredor con sus mosaicos, la terraza con sus jugadores extendiendo la oblicuidad lunar, lo haban conducido a encontrarse de nuevo con Oppiano Licario. Record el relato de doa Augusta, su bisabuelo muerto, con uniforme de gala, intacto, que de pronto, como un remolino invisible, se deshaca en un polvo coloreado. La cera de la cara y las manos, con su urna de cristal, de Santa Flora, ofreciendo una muerte resistente, dura como la imagen del cuerpo evaporado. La cera repentinamente propicia al trineo del tacto, ofreciendo un infinito deslizamiento. De nuevo la voz de su padre, escondido detrs de una columna, y dicindole con voz fingida: cuando nosotros estbamos vivos, andbamos por un camino, y ahora que estamos muertos, andamos por este otro. Cobr vivencia de la frase "andar por el otro camino". Ascendi la imagen de Oppiano Licario, pero ya solo en el mnibus, con todos los dems asientos vacos, sonando sus colecciones de medallas, mandando a detener al caballito de sus dracmas griegos, con sus pechos y sus ancas desproporcionados en relacin con la cara y con las patas pequeas que rotaban sobre un tambor. El inmenso tambor de la noche, un tambor silencioso, que fabricaba ausencias, huecos, retiramientos, desconchados por los que caba un brazo de mar.

Venga conmigo, vamos a verlo dijo la hermana de Oppiano Licario. Triguea plida, con ojos azules que parecan una balanza que soportase un peso desconocido, tal vez un pez entrevisto entre el claroscuro de su plata y la noche posada en el rbol de coral. Su piel, extremadamente pulimentada, mostraba el contrapunto de sus poros, hecha invisible la entrada y salida de la aguja que haba elaborado esa malla. Su piel era la defensa de su intelligere, su rgano de visin, penetracin y rechazo. Desde el aire hasta la mano que cea su mano, daban una excusa o se justificaban en su piel. Su nombre era Ynaca Eco Licario, le decan sus familiares Ecoh, mostraba como su hermano una total confianza religiosa en s misma y ese s mismo estaba formado por dos lneas que se interceptaban en un punto. Y ese punto era el encuentro entre su azar y su destino. Su misterio estaba en que a veces su piel temblaba, sin saber quin dictaba ese temblor.

Se acerc a la lmina de cristal, el rostro de Oppiano mostraba ya una impasibilidad que no era la de su habitual sindresis, la de su infinita respuesta. Como un espejo mgico captaba la radiacin de las ideas, la columna de autodestruccin del conocimiento se levantaba con la esbeltez de la llama, se reflejaba en el espejo y dejaba su inscripcin. Era la cola de Juno, el cielo estrellado que se reflejaba en el parntesis de las constelaciones. Su cuerpo ya no paseaba por las azoteas, para fijar la errante lectura de los astros. Cerrados los prpados, en un silencio que se prolongaba como la marea, renda la llave y el espejo.

La hermana de Licario desliz en la mano de Cern un papel doblado, al mismo tiempo que le deca: Creo que fue lo ltimo que escribi. Apret Cern el papel como quien aprieta una esponja que va a chorrear sonidos reconocibles. Entre los familiares y amigos que rodeaban el fretro, pudo encontrar un lugar donde sentarse. Todas aquellas personas haban sentido esa inflamacin de la naturaleza para alcanzar la figura, esa irrupcin de una misteriosa equivalencia que siempre haba despertado Oppiano Licario. Lo que gravitaba en la pequea capilla era eso precisamente, la ausencia de respuesta. Cern extendi el papel y pudo leer:


JOS CEM

No lo llamo, porque l viene,
como dos astros cruzados
en sus leyes encaramados
la rbita elptica tiene.

Yo estuve, pero l estar,
cuando yo sea el puro conocimiento,
la piedra trada en el viento,
en el egipcio pao de lino me envolver.

La razn y la memoria al azar
vern a la paloma alcanzar
la fe en la sobrenaturaleza.

La araa y la imagen por el cuerpo,
no puede ser, no estoy muerto.

Vi morir a tu padre; ahora, Cern, tropieza
.


Cern con los ojos muy abiertos atravesaba el inmenso desierto de la somnolencia. Vea a la llamita de las nimas que se alzaba en los cuerpos semisumergidos de los purgados durante una temporada. Llamitas fluctuantes de las nimas en pena. Luego, contemplaba unas fogatas que como rboles se levantaban en el acantilado. Lucha tenaz entre el fuego y las piedras. Despus, eran llamaradas que queran tocar el embrin celeste y a su lado un tigre blanco que daba vueltas circulizadas en torno a las llamas, comenzando a escarbar en sus sombras oscilantes. Lama sin descanso el tigre blanco en la mdula de saco; el espejo con una fuente en el centro, levantaba un remolino traslaticio, llevaba al tigre por los ngulos del espejo, lo abandonaba, ya muy mareado, con el rabo enroscado al cuello.

Iba saliendo de la duermevela que lo envolva. La ceniza de su cigarro resbalaba por el azul de su corbata. Puso la corbata en su mano y sopl la ceniza. Se dirigi al elevador para encaminarse a la cafetera. Lo acompaaba la sensacin fra de la madrugada al descender a las profundidades, al centro de la tierra donde se encontrara con Onesppiegel sonriente. Un negro, uniformado de blanco, iba recogiendo con su pala las colillas y el polvo rendido. Apoy la pala en la pared y se sent en la cafetera. Saboreaba su caf con leche, con unas tostadas humeantes. Comenz a golpear con la cucharilla en el vaso, agitando lentamente su contenido. Impulsado por el tintineo, Cern corporiz de nuevo a Oppiano Licario. Las slabas que oa eran ahora ms lentas, pero tambin ms claras y evidentes. Era la misma voz, pero modulada en otro registro. Volva a or de nuevo: ritmo hesicstico, podemos empezar.



JOS LEZAMA LIMA


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