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La gatomaquia (1) y soneto
de Flix Lope de Vega


    Editora del fonograma:
    Entre Voces

en la voz de Jos Luis Ibez    


La gatomaquia (1) y soneto



LA GATOMAQUIA DEL LICENCIADO TOM DE BURGUILLOS



DE DOA TERESA VERECUNDIA AL LICENCIADO
TOM DE BURGUILLOS



Con dulce voz y pluma diligente,
y no vestida de confusos caos,
cantis, Tom, las bodas, los saraos
de Zapaquilda y Micifuf valientes.

Si a Homero coron la ilustre frente
cantar las armas de las griegas naos,
a vos, de los insignes marramaos,
guerras de amor por sbito accidente.

Bien merecis un gato de doblones,
aunque ni Lope celebris, o el Taso,
Ricardos o Gofredos de Bullones;

pues que por vos, segundo Gatilaso,
quedarn para siempre de ratones
libres las bibliotecas del Parnaso.





A don Lope Flix del Carpio,
soldado en la armada de su Majestad
.



SILVA PRIMERA


Yo, aquel que en los pasados
tiempos cant las selvas y los prados,
stos vestidos de rboles mayores
y aqullas de ganados y de flores,
las armas y las leyes,
que conservan los reinos y los reyes,
agora, en instrumento menos grave,
canto de amor suave
las iras y desdenes,
los males y los bienes,
no del todo olvidado
del fiero taratntara, templado
con el silbo del pcaro sonoro.

Vosotras, musas del castalio coro,
dadme favor, en tanto
que con el genio que me distes, canto
la guerra, los amores y accidentes
de dos gatos valientes;
que como otros estn dados a perros
o por ajenos o por propios yerros,
tambin hay hombres que se dan a gatos
por olvidos de prncipes ingratos,
o porque los persigue la fortuna
desde el columpio de tierna cuna.

T, don Lope, si acaso
te deja divertir por el Parnaso
el holands pirata,
gato de nuestra plata,
que infesta las marinas
por donde con la armada peregrinas,
suspende un rato aquel valiente acero,
con que al asalto llegas el primero,
y escucha mi famosa Gatomaqua.
As desde las Indias a Valaquia
corra tu nombre y fama,
que ya por nuestra patria se derrama
desde que viste la morisca puerta
de Tnez y Biserta,
armado y nio, en forma de Cupido,
con el Marqus famoso
de mejor apellido,
como su padre, por la mar dichoso.
No siempre has de atender a Marte airado,
desde tu tierna edad ejercitado,
vestido de diamante,
coronado de plumas, arrogante;
que alguna vez el ocio
es de las armas cordial socrocio,
y Venus, en la paz, como Santelmo,
con manos de marfil le quita el yelmo.

Estaba, sobre un alto caballete
de un tejado, sentada
la bella Zapaquilda al fresco viento,
lamindose la cola y el copete,
tan fruncida y mirlada
como si fuera gata de convento.
Su mesmo pensamiento
de espejo le serva,
puesto que un roto casco le traa
cierta urraca burlona
que no dejaba toca ni valona
que no esconda por aquel tejado,
confn del corredor de un licenciado.
Ya que lavada estuvo,
y con las manos que lamidas tuvo,
de su ropa de martas aliada,
cant un soneto en voz medio formada
en la arteria bocal, con tanta gracia
como pudiera el msico de Tracia,
de suerte que cualquiera que las oyera,
que era solfa gatuna conociera
con algunos cromticos disones,
que se daban al diablo los ratones.

Asombase ya la Primavera
por un balcn de rosas y alheles,
y Flora, con dorados borcegues,
alegraba risuea la ribera;
tiestos de Talavera
prevena el verano,
cuando Marramaquiz, gato romano,
aviso tuvo cierto de Maulero,
un gato de la Mancha, su escudero,
que al sol sala Zapaquilda hermosa,
cual suele amanecer purprea rosa
entre las hojas de la verde cama,
rub tan vivo, que parece llama;
y que con una dulce cantilena
en el arte mayor de Juan de Mena,
enamoraba el viento.
Marramaquiz, atento
a las nuevas del paje,
(que la fama enamora desde lejos)
que, fuera de las naguas de pellejos
del campanudo traje,
introduccin de sastres y roperos,
doctos maestros de sacar dineros
alababa su gracia y hermosura,
con tanta melindrfera mesura,
pidi caballo, y luego fue trada
una mona vestida
al uso de su tierra,
cautiva en una guerra
que tuvieron las monas y los gatos.
Psose borcegues y zapatos
de dos dediles de segar, abiertos,
que con pena calz, por estar tuertos;
una cuchara de plata por espada;
la capa colorada,
a la francesa, de una calza vieja,
tan igual, tan lucida y tan pareja,
que no ser lisonja
decir que Adonis en limpieza y gala,
aunque perdone Venus, no le iguala,
por gorra de Miln, media toronja,
con un penacho rojo, verde y bayo
de un muerto, por sus uas papagayo,
que diciendo: Quin pasa?, cierto da,
pens que el rey vena,
y era Marramaquiz, que andaba a caza,
y hall para romper la jaula traza;
por cuera, dos mitades que, de un guante,
le ataron por detrs y por delante,
y un puo de una nia por valona.
Era el gatazo de gentil persona
y no menos galn que enamorado;
bigote blanco y rostro despejado,
ojos alegres, nias mesuradas,
de color de esmeraldas diamantadas,
y a caballo en la mona pareca
el paladn Orlando, que vena
a visitar a Anglica la bella.

La recatada ninfa, la doncella,
en viendo al gato se mirl de forma
que en una grave dama se transforma,
lamindose, a manera de manteca,
la superficie de los labios seca,
y con temor de alguna carambola
tap las indecencias con la cola;
y bajando los ojos hasta el suelo
su mirlo propio le sirvi de velo:
que ha de ser la doncella virtosa
ms recatada mientras ms hermosa.

Marramaquiz, entonces, con ligeras
plantas batiendo el tetn caballo,
que no era Piedehierro o Piedegallo
le dio cuatro carreras,
con otras gentilezas y escarceos,
alta demostracin de sus deseos;
y, la gorra en la mano,
acercse galn y cortesano
donde le dijo amores.
Ella, con las colores
que imprime la vergenza,
le dio de sus guedejas una trenza;
y al tiempo que los dos marramizaban
y con tiernos singultos relamidos
alternaban sentidos,
desde unas claraboyas que adornaban
la azutea de un clrigo vecino,
un bodocazo vino
disparado de sbita ballesta,
ms que la vista de los ojos presta,
que, dndole a la mona en la almohada,
por de dentro morada,
por de fuera pelosa,
dej caer la carga, y presurosa
corri por los tejados,
sin poder los lacayos y criados
detener el furor con que corra.
No de otra suerte que en sereno da
balas de nieve escupe y, de los senos
de las nubes, relmpagos y truenos
sbita tempestad en monte o prado,
obligando que el tmido ganado
atnito se esparza,
ya dejando en la zarza,
de sus pungentes laberintos vana,
la blanca o negra lana
(que alguna vez la lana ha de ser negra);
y hasta que el sol en arco verde alegra
los campos que reduce a sus colores,
no vuelven a los prados ni a las flores;
as los gatos iban alterados
por corredores, puertas y terrados,
con trgicos mallos,
no dando, como trtolas, arrullos,
y la mona, la mano en la almohada,
la parte occidental descalabrada,
y los hmidos polos circunstantes
baados de medio mbar, como guantes.

En tanto que pasaban estas cosas,
y el gato en sus amores discurra
con ansias amorosas
(porque no hay alma tan helada y fra
que Amor no agarre, prenda y engarrafe)
y el ms alto tejado enterneca,
aunque fuesen las tejas de Getafe,
y ella, con ifiafe
se defenda con semblante airado,
aquel de cielo y tierra monstruo alado,
que vestido de lenguas y de ojos,
ya decrpito viejo con antojos,
ya lince penetrante,
por los tres elementos se pasea
sin que nadie le vea,
con la forma elegante
de Zapaquilda discurri ligero
uno y otro hemisfero,
aunque con las verdades lisonjera;
y en cuanto baa en la terrestre esfera,
sin excepcin de promontorio alguno,
el cerleo Neptuno,
plasmante universal de toda fuente,
desde Bootes a la Austral Corona
y de la zona frgida a la ardiente...

Eso dijo la Fama, que pregona
el bien y el mal; y en viendo su retrato
se eriz todo gato,
y dispuso venir, con esperanza
de galardn que un firme amor alcanza.
Los que vinieron por la tierra en postas
trujeron, por llegar a la ligera,
slo plumas y banda, calza y cuera;
los que habitaban de la mar las costas
(tanto pueden de Amor dulces empresas)
vinieron en artesas,
mas no por eso menos
hasta la cola de riquezas llenos;
y otros, por bizarra,
para mostrar despus la gallarda,
en cofres y bales,
sulcando las azules
montaas de Anfitrite;
y alguno que a disfraces se remite
por no ser conocido,
en una caja de orinal metido.

Con esto, en muchos siglos no fue vista,
como en esta conquista,
tanta de gatos multitud famosa
por Zapaquilda hermosa.
Apenas hubo teja o chimenea
sin gato enamorado,
de bodoque tal vez precipitado,
como Calisto fue por Melibea;
ni ratn pareca,
ni el balbuciente hocico permita
que del nido saliese,
ni queso ni papel se agujeraba
por costumbre o por hambre que tuviese;
ni poeta por todo el universo
se lament que le royesen verso;
ni gorrin saltaba,
ni verde lagartija
sala de la cncava rendija.

Por otra parte el dao compensaba
que de tanto gatazo resultaba,
pues no estaba segura
en sbado morcilla ni asadura,
ni panza ni cuajar ni aun en lo sumo
de la alta chimenea,
la longaniza al humo,
por imposible que alcanzarla sea,
exenta a la porfa en la esperanza,
que tanto cuanto mira tanto alcanza.

Entre esta generosa ilustre gente
vino un gato valiente
de hocico agudo y de narices romo,
blanco de pecho y pies, negro de lomo,
que Micifuf tena
por nombre, en gala, cola y gallarda
clebre en toda parte
por un Zapinarciso y Gatimarte.
Este, luego que vio la bella gata,
ms reluciente que fregada plata,
tan perdido qued, que noche y da
paseaba el tejado en que viva,
con pajes y lacayos de librea,
que nunca sirve mal quien bien desea;
y sucediole bien, pues luego quiso,
oh gata ingrata!, a Micifuf Narciso,
dando a Marramaquiz celos y enojos.
No s por cual razn puso los ojos
en Micifuf, quitndole al primero,
con sbita mudanza,
el antiguo favor y la esperanza.
Oh cunto puede un gato forastero,
y ms siendo galn y bien hablado,
de pelo rizo y garbo ensortijado!
Siempre las novedades son gustosas:
no hay que fiar de gatas melindrosas.
Quin pensara que fuera tan mudable
Zapaquilda, crel y inexorable,
y que al galn Marramaquiz dejara
por un gato que vio de buena cara,
despus de haberle dado
un pie de puerco hurtado,
pedazos de tocino y de salchichas?
Oh, cun poco en las dichas
est firme el amor y la fortuna!
En qu mujer habr firmeza alguna?
Quin tendr confianza,
si quien dijo mujer dijo mudanza?

Marramaquiz, con ansias y desvelos,
vino a enfermar de celos,
porque ninguna cosa le alegraba.
Finalmente Merln, que le curaba,
gato de cuyas canas, nombre y ciencia
era notoria a todos la experiencia,
mand que se sangrase;
y como no bastase,
vino a verle su dama,
aunque tena en un desvn la cama,
a donde la carroza no poda
subir, por alta, y por la estrecha va;
pero, en fin, apeada,
entr de su escudero acompaada.
Mirndose los dos severamente,
despus de sosegado el accidente,
l con mallo habl y ella con mirlo,
que fuera harto mejor pegarla un chirlo;
pero por alegralle la sangra
le trujo su criada, Bufala,
una pata de ganso y dos ostiones.
l se quej con tmidas razones
en su lenguaje mizo,
a que ella con vergenza satisfizo;
quejas que, traducidas dl y della,
as decan: Zapaquilda bella,
por qu me dejas tan injustamente?
Es Micifuf ms sabio? Es ms valiente?
Tiene ms ligereza, mejor cola?
No sabes que te quise elegir sola
entre cuantas se precian de mirladas,
de bien vestidas y de bien tocadas?
Esto merece que un invierno helado,
de tejado en tejado
me hallaba el alba al madrugar el da,
con espada, broquel y bizarra,
ms cubierto de escarcha
que soldado espaol que en Flandes marcha
con arcabuz y frascos?
Si no te he dado telas y damascos
es porque t no quieres vestir galas
sobre las naturales martingalas,
por no ofender, ingrata a tu belleza,
las naguas que te dio naturaleza;
pero en lo que es regalos, quin ha sido
ms cuidadoso, como t lo sabes,
en cuanto en las cocinas, atrevido,
pude garrafiar de peces y aves?
Qu pastel no te truje, qu salchicha?
Oh terrible desdicha!
Pues no soy yo tan feo;
que ayer me vi, mas no como me veo;
en un caldero de agua que de un pozo
sac, para regar mi casa, un mozo;
y dije: Esto desprecia Zapaquilda?
Oh celos! oh piedad! oh amor! reilda.

No suele desmayarse al sol ardiente
la flor del mismo nombre, y la arrogante
cerviz bajar humilde, que la gente
por la loca altitud llam gigante;
ni queda el tierno infante
ms cansado despus de haber llorado,
de su madre en el pecho regalado,
que el amante qued sin alma. Oh cielos,
qu dulce cosa amor, qu amarga celos!
Ella, como le vio que ya exhalaba
blandamente el espritu en suspiros,
y que piramizaba
entre dulces de amor fingidos tiros,
porque no se le rompa vena o fibra
el mosqueador de las ausencias vibra
pasndole dos veces por su cara;
volvile en s, que aquel favor bastara
para libralle de la muerte dura.
Y luego, con melfera blandura,
le dijo en lengua culta:
Si tu amor dificulta
el que me debes, en tu agravio piensas
tan injustas ofensas;
que aunque es verdad que Micifuf me quiere
y dice a todos que por m se muere,
yo te guardo la fe como tu esposa.
Ces con esto Zapaquilda hermosa
sellando honesta las dos rosas bellas;
que siempre hablaron poco las doncellas,
que, como las viudas y casadas,
no estn en el amor ejercitadas.

Bajaba ya la noche,
y las ruedas del coche
tachonadas de estrellas
brilladores diamantes y centellas
detrs de las montaas resonaban;
los pjaros callaban
dejando el campo yermo,
cuando los pajes del galn enfermo
en el alto desvn hachas metan,
que alumbrar la carroza prevenan.
Entonces los amantes,
(que son los cumplimientos importantes),
ella por irse, y l quedarse a solas,
se hicieron reverencias con las colas.



De: La gatomaquia del Licenciado Tom de Burguillos



FELIX LOPE DE VEGA


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