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La gatomaquia (7)
de Flix Lope de Vega


    Editora del fonograma:
    Entre Voces

en la voz de Jos Luis Ibez    


La gatomaquia (7)



SILVA VII


Al arma toca el campo micigriego
contra Marramaquiz, gato troyano;
viento sube, aunque oprimido en vano,
a la regin elementar el fuego;
inquietan de los aires el sosiego,
con firme agarro de la uosa mano,
bandera que con una y otra lista
trmulas se defienden de la vista,
no permitiendo, pues no dejan verse,
que las colores puedan conocerse,
respondindose a coros
las cajas y los pfanos sonoros,
y al paso que se alternan,
siguiendo el son marcial los que gobiernan;
y luego los soldados,
de acero y de ante y de valor armados,
agujas del cabello por espadas,
y slo descubriendo las celadas,
por delante mostachos,
y por detrs plumferos penachos,
marchando con tal orden que la planta
donde el que va delante la levanta
estampa el que le sigue,
sin que el bastn del capitn le obligue;
y al son de las trompetas resonantes,
las picas a los hombros, los infantes,
en quien la variedad y los colores
formaban un jardn de varias flores,
a la manera que el abril le pinta
en cultivada quinta;
las picas de los bravos marquesotes
de varas de medir y de virotes,
y ya de los plebeyos
baquetas de Babiecas y Apuleyos,
sin escuadras gallardas
que llevaban en forma de alabardas
aquellos cucharones
con que suelen sacar alcaparrones,
y con las palas como medias lunas,
las sabrosas de Crdoba aceitunas
(Crdoba, donde nacen andaluces
Gngoras y Lucanos);
y encendidas las cuerdas en las manos,
no de Miln dorados arcabuces
llevaba la lucida infantera,
mas de huesos de piernas de carnero,
que gatos de uno y otro pastelero
trujeron a porfa,
(que no fueron de gato de ventero,
sospechosos en tales ocasiones),
y de huesos de vaca los caones
para batir la torre.
Con esto, Micifuf el campo corre
y pone cerco al muro,
armado de un arns cncavo y duro
de un galpago fuerte,
que sin salir de s le hall la muerte;
la cabeza adornada
de un sombrero, la falda levantada,
de un trencelln ceido,
el pasador y hebilla guarnecido
con pluma verde escura,
seales de esperanza con tristeza,
aunque la justa causa le asegura.
Con tanta gentileza
al caballo arrimaba
la estrella de la espuela,
y con la negra rienda le animaba
a la obediencia del dorado freno,
de espuma y sangre lleno,
que sin tocar los cspedes volaba;
ni es nuevo el ver que vuela,
pues que pintan con alas al Pegaso
volando por las cumbres del Parnaso;
que vemos en Orlando el Hipogrifo,
monstruo compuesto de caballo y grifo.
Mas, si dudare alguno de que hubiese
caballos tan pequeos,
parecindole sueos,
y a la naturaleza le quisiese
quitar de milagrosa el atributo,
aunque sea sin fruto,
la tcita objecin quedar llana
con irse de aqu a Tracia una maana
que est desocupado
de los negocios de mayor cuidado
y ver los pigmeos,
que en la regin de trogloditas feos
tambin los pone Plinio,
que hizo de estos monstros escrutinio,
y en las lagunas del egipcio Nilo
otros autores, por el mismo estilo,
que escriben que, trayendo de Etopa,
donde hay bastante copia,
dos pigmeos a Roma gente grave,
se murieron de clera en la nave.
Homero les da patria al medioda,
con su intrprete Estacio;
Mela, de Arabia en el ardiente espacio
que el sol fnix mayores monstros cra,
puesto que, aunque confiese tales nombres,
Aristteles niega que son hombres.
Ni en su Ciudad de Dios pas en olvido
el divino africano los pigmeos;
y Juvenal umbrpedes los llama,
sin otros que han negado y defendido
esta opinin, que divulg la fama.
Pero, pues pintan monstros semideos,
que por los montes van de rama en rama
las poticas trullas,
diciendo que batallan con las grullas,
no ser mucho que haya semihombres.
Estos, con cierta patria y ciertos nombres,
en la misma regin caballos tienen,
de donde nuestros gatos se previenen;
que hacer de solo un codo
hombres naturaleza,
como pintor que muestra la destreza,
a un naipe todo un cuerpo reducido,
y los caballos no del propio modo,
mayor monstrosidad hubiera sido
de su instrumento ilustre y poderoso;
que mal pudiera andar hombre mueca
en el lomo espacioso
de un gigante Babieca;
as que la objecin [no] es de provecho,
pues queda el argumento satisfecho;
dems de que el lector puede, si quiere,
creer lo que mejor le pareciere;
porque si se perdiese la mentira,
se hallara en poticos papeles,
como se ve en Homero, describiendo
a la casta Penlope, que admira,
por los amantes necios y creles,
tejiendo y destejiendo,
sin dejarla dormir de puro casta.
Y lo contrario para ejemplo basta,
haciendo deshonesta
Virgilio a Dido Elisa por Eneas,
como le rie Ausonio,
aunque logr tan falso testimonio,
menos las aguas que pas leteas
donde escribi Merln con cuales iras
castigan al poeta las mentiras.
Mas vuelve, oh Musa, t, para que pueda
ayudarme el favor de tu gimnasio,
que para la que queda,
aunque parece poco,
al seor Anastasio
Pantalen de la Parrilla invoco,
porque de su tabaco
me de siquiera cuanto cubra un taco.

Marramaquiz, aunque lo supo tarde,
haba hecho alarde
de sus gatos amigos,
y hall que para tantos enemigos
era su gente poca;
mas como la defensa le provoca,
las armas al asalto prevena,
supuesto que tena
poco sustento para cerco largo;
y cuidadoso de su nuevo cargo,
ms triste y desabrido
que poeta afligido
que ha parecido mal comedia suya,
o bien la de su cmico enemigo,
andaba por la torre;
y viendo que su esposo la socorre,
Zapaquilda, ms llena de aleluya,
ms alegre, contenta y ms queta
que aquel mismo poeta
si ha parecido mal, siendo l testigo,
la del mayor amigo.
Prevenido, en efeto,
de toda defensin y parapeto,
sac sus gatos animoso al muro
por todas las almenas y troneras,
vestido de banderas,
que en alto, y de diversos tornasoles,
eran entre las nubes arreboles;
y, coronado de diversos tiros,
soldados de valor y archimargiros,
opuestos a la furia del contrario.
Como se mira altivo campanario
de aldea donde hay vias,
para bajar despus a las campias,
cubierto por el tiempo de las uvas
del escuadrn de tordos
que en aquella sazn estn ms gordos,
cuando los labradores
limpian lagares y aperciben cubas,
as la negra cpula tena
de soldados, de tiros y a tambores,
no menos valerosa gatera.
Quien viera el pie que el escuadrn cea
de Micifuf, y el chapitel armado
de uno y otro gatifero soldado,
dijera que tal vista no fue vista
de Dario ni de Jerjes,
ni tanto perdign haciendo asperges
en ninguna conquista,
ni la vio Escipn, ni el rey Ordoo,
como en Crtago aqul, ste en Logroo;
y aunque entre la de Ostende,
pero sin nobis dmine, se entiende.
Ver tanto gato negro, blanco y pardo
en concurso gallardo,
de dos colores y de mil remiendos,
dando juntos maullos estupendos,
a quin no diera gusto
por triste que estuviera,
aunque perdido injustamente hubiera
un pleito, que es disgusto,
despus de muchos pasos y dineros
para leones fieros?

Prevenidos, en fin, para el asalto,
mueven a sobresalto
los nimos valientes
las retumbantes cajas;
previenen uas y acicalan dientes,
calando juntas las celadas bajas,
que en las frentes bisoas
ms eran de sartn que de Borgoas;
pero en silencio los clarines roncos,
que sonaban a modo de zampoas,
puesto a la margen de unos verdes troncos
que no importa saber de lo que fueron,
de pies en uno Micifuf bizarro,
cuando del sol el carro,
que Etontes y Flegn amanecieron,
atrs iban dejando el medioda,
dijo a su belicosa infantera
que atenta le escuchaba,
que aunque era gato, Cicern hablaba:
Generosos amigos,
de mis afrentas y dolor testigos:
la honra, que los nimos produce,
a tan ilustre empresa me conduce;
sta sola me anima:
quien no sabe qu es honra, no la estima.
Miente el que dijo, y miente el que lo estampa.
que un bel fugir tutta la vita escampa;
pues mejor viene agora,
que un bel morir tutta la vita honora.
Es la virtud del hombre
la que le inclina a los ilustres hechos;
digna es la fama de valientes pechos.
Hoy habis de ganar glorioso nombre;
ninguna fuerza o amenaza asombre
el que tenis de gatos bien nacidos;
que estos viles alardes
(porque en siendo traidores son cobardes),
ya estn medio vencidos
con slo haber llegado a sus odos
que yo soy quien os gua.
A Anbal pregunt Scipin un da
que cul era del mundo el ms valiente;
y l respondi feroz, con torva frente:
Alejandro el primero,
el segundo fue Pirro, yo el tercero.
Si entonces yo viviera
cuarto lugar me diera.
Al arma acometed, yo voy delante,
y el no tener escalas no os espante,
que no son necesarias las escalas
si en vuestra ligereza tenis alas.
Dijo; y vibrando un fresno en la udosa
mano, al muro arremete,
y con l mata siete,
Mas, Zurrn, Maufrido, Garrafosa,
Ociquimocho, Zambo y Colituerto,
gatazo que, de roja piel cubierto,
cri la mondongufera Garrida,
aunque toda su vida
ms enseado a manos y cuajares
que a nobles ejercicios militares.
Mas, son tan eficaces las razones
formadas de los nclitos varones,
como Alcato escribe, cuando asidos
llevaba de una cuerda de los labios
el anfitronades Alcides
cuantos hombres prestaban odos
a la elocuencia de los hombres sabios.

Pero ya los agravios
de Micifuf la guerra comenzaban:
ya los gatos trepaban
la torre por escalas de sus uas,
ms fuertes garabatos
que los de tundidores y garduas;
ya por la piedra entre la cal metidas,
sin estimar las vidas,
suban gatos y bajaban gatos,
los unos como bueyes agarrados,
que clavan en las cuestas las pezuas;
los otros, como bajan despeados
fragmentos de edificio que derriban,
que de su mismo asiento se derrumba.
A cual sirven de tumba,
despus que del vital aliento privan,
las losas que le arrojan;
a cual de vida y alma le despojan
en medio del camino.
No despide en obscuro remolino
ms balas tempestad de puro hielo,
que bajan plomos de la torre al suelo.
All muri Galvn, all Trebejos,
que le acert la muerte desde lejos
dndole con un cntaro en los cascos,
y otros con ollas, bcaros y frascos.
As suelen correr por varias partes
en casa que se quema los vecinos
confusos, sin saber a dnde acudan.
No valen los remedios ni las artes:
arden las tablas, y los fuertes pinos
de la tea interior el humor sudan;
los bienes muebles mudan
en medio de las llamas;
estos llevan las arcas y las camas,
y aquellos, con el agua, los encuentran;
estos salen del fuego, aquellos entran;
crece la confusin, y ms si el viento
favorece al flamfero elemento.

Mas como el alto Jpiter mirase
desde su Olimpo y estrellado asiento
la batalla crel de sangre llena,
temiendo que quedase
en competencia tan feroz y airada
la mquina terrestre desgatada,
justo remedio a tanto mal ordena.
Dioses, no es justo dijo que la espada
sangrienta de la guerra
se muestre aqu tan fiera y rigurosa,
aunque es la misma de la griega hermosa,
y que, muertos los gatos, esta tierra
se coma de ratones;
porque se volvern tan arrogantes
que ya considerndose gigantes,
no teniendo enemigos de quien huyan
y el nmero infinito disminuyan,
sern nuevos Titanes,
y querrn habitar nuestros desvanes.
Con esto luego enva
de obscuras nieblas una selva espesa,
y la batalla cesa,
revuelto en sombras de la noche el da;
y desde aquel, con inmortal porfa,
los unos y los otros prosiguieron,
aquellos en la ofensa,
y estos en la defensa;
pero, durando el cerco, no tuvieron
remedio ni sustento los cercados;
tanto, que a Zapaquilda desfigura
el hambre la hermosura,
vueltas las rosas nieve:
por onzas come, por adarmes bebe.
Marramaquiz, que ya morir la va,
con amante osada,
pero sin que le viesen los soldados,
sali, por un resquicio, a los tejados,
de una tronera que en la torre haba,
para coger algunos pajarillos.
Iba con l Malvillos,
que a este slo fi su atrevimiento,
y por partir la caza del sustento;
y estando, oh dura suerte!,
acechando a la punta de un alero
un tordo que cantaba,
la inexorable muerte,
flechando el arco fiero,
traidora le acechaba.
Qu prevenciones, qu armas, qu soldados
resistirn la fuerza de los hados?
Un prncipe que andaba
tirando a los vencejos
nunca hubieran nacido,
ni el aire tales aves sostenido!
le dio un arcabuzazo desde lejos.
Cay para las guerras y consejos,
cay sbitamente,
el gato ms discreto y ms valiente,
quedando aquel feroz aspecto y bulto
entre las duras tejas insepulto;
pero muerto tambin, como era justo,
a las manos de un Csar siempre augusto.

Llev Malvillos, plido, la nueva,
que de su fe y amor llora[n]do en prueba
se mesaban las barbas a porfa,
como tudescos, muerto el que los gua;
mas deseando verse satisfechos
del sustento forzoso,
rindieron las almenas y los pechos
al hroe sin victoria victorioso;
y Micifuf, con todos amoroso,
porque le prometieron vasallaje,
hizo luego traer de su bagaje,
con mano liberal, peces y queso.
Alegre Zapaquilda del suceso,
mud el plido luto en rico traje;
diole sus brazos, y a su padre amado,
y el viejo a ella en lgrimas baado;
y para celebrar el casamiento
llamaron un autor de los famosos,
que estando todos en debido asiento,
en versos numerosos,
con esta accin dispuso el argumento,
dejando alegre en el postrero acento
los ministriles, y de cuatro en cuatro
adornado de luces el teatro.



De: La gatomaquia del Licenciado Tom de Burguillos



FELIX LOPE DE VEGA


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